Historia
LA JUSTIFICACIÓN INTELECTUAL
'Vigilemos sobre nosotros mismos para no abusar creyendo que seguimos la vía estrecha, siendo así que tomamos la vía ancha y espaciosa. Los signos que demuestran que seguimos una vía estrecha son: mortificarse en la comida; vigilar en pie noches enteras; no beber agua más que moderadamente, no tomar pan más que con parsimonia; sorber la bebida purificadora de las humillaciones; soportar los sarcasmos, las burlas, las ironías; restringir la voluntad propia; soportar las contrariedades; no murmurar lo más mínimo ante los ultrajes; no tener en cuenta los insultos; tolerar animosamente las injusticias; no indignarse por las calumnias; no montar en cólera cuando nos humillen; ser humildes cuando nos condenen. Dichosos los que sigan esta vía, porque "de ellos es el reino de los cielos" (9 Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios. 10 Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. 11 Bienaventurados seréis cuando os insulten y[…]Mateo 5:9-12)' (Juan Clímaco, La escala del paraíso 2, 13).

Todos los Padres y los maestros espirituales insisten en que la "ciencia práctica" - que es mucho más una práctica o un método que una ciencia o una teoría- es el presupuesto para llegar a la theoretiké, a la contemplación. La praxis ascética consiste en la tarea de desarraigar los vicios y de plantar las virtudes en el alma, valiéndose de ayunos, de vigilias nocturnas, de un desprendimiento absoluto del mundo y de las cosas mundanas que, aunque sean buenas y hermosas, son causa de preocupaciones y ocasión de tropiezo (amerim nía askétiké), de la lectura de la Biblia y sobre todo de una fidelidad total a la vocación de la soledad, que es un abandono confiado y una reinserción en la gratuidad de la vida evangélica. El asceta es ante todo el monje (ihidojo en siríaco, monacón y monachós en griego), que a través de la purificación de los propios pensamientos, de los propios sentimientos y con el ejercicio de las obras de misericordia, recibe como premio la apátheia, la pureza del corazón. En esta perspectiva la ascesis es un ejercicio práctico y penoso (askéo: Por esto, yo también me esfuerzo por conservar siempre una conciencia irreprensible delante de Dios y delante de los hombres.[…]Hechos 24:16), un combate del corazón y de la mente (agón, podvig en ruso y en serbio), un trabajo espiritual (pónos).

Otro elemento fundamental del ascetismo práctico es la soledad (mónosis). La soledad representa la ascesis típica, el sacramento propio del monasticismo; es "la madre de la filosofía" (Nilo de Ancira), es decir, de la auténtica vida monástica. La soledad, desde la tranquilidad exterior conduce a la tranquilidad del corazón, prepara al hombre para la unión consciente con Dios y engendra ascesis y lágrimas (pénthos). La soledad no es pasividad; es el presupuesto, el campo de batalla para la lucha contra los demonios y los malos pensamientos (logismoí). Antes del encuentro pleno con Dios, antes de experimentar (aísthesis) y de gustar (geusis) aquella paz profunda en plena certeza (pleroforía) que nada ni nadie puede turbar y que es la actividad o la energía del Espíritu (enérgeia tou Pneúmatos) en el hombre, la vida en soledad es un esfuerzo casi sobrehumano; pero sin ella era imposible para la tradición espiritual común la práctica de la perfección monástica. Esto vale para diversos aspectos tanto en el cenobitismo como en el anacoretismo.
Hay tres niveles de soledad: huir de los hombres, observar el silencio, mantenerse en calma (fuge, tace, quiesce: Basilio, Regula brevis 23). Hay diversas prácticas ascéticas a disposición del asceta para proteger la vida de oración y de soledad. Una de las más conocidas guarda relación con el término enkráteia, que es al mismo tiempo templanza, continencia, abstinencia, con la finalidad de conseguir lo que hoy llamaríamos autocontrol. No se trata, como es lógico, de la enkráteia heterodoxa o encratismo, que, en virtud de un dualismo más o menos consciente frente al origen del mundo, condenaba la materia y tendía a imponer a todos los cristianos, como condición para salvarse, la abstinencia del matrimonio y del comer carne y beber vino.
Estas tendencias características del maniqueísmo, incluso cuando amenazaban al ascetismo cristiano de tipo popular, eran rechazadas decididamente por la Iglesia. Tampoco se trata de la enkráteia de los filósofos paganos.
La enkráteia cristiana "es el denominador común de todas las virtudes" (Diadoco de Fotica, Centum capita 42); sus principales preocupaciones son la soledad espiritual y la integridad del cuerpo, mientras que sus prácticas preferidas son la castidad perfecta y la moderación en la comida.
El ayuno es otro aspecto de los más importantes de la enkráteia, muy típico del ascetismo primitivo. Lo practicaron y recomendaron también los filósofos. En efecto, está claro que no puede haber vida intelectual y contemplativa sin que el hombre se someta a una severa disciplina en el comer y en el beber. Los textos en esta materia son demasiado numerosos para poder pasarlos por alto. El ayuno es un acto de purificación y al mismo tiempo una acción meritoria con la que se ganaba el favor de Dios: "Santifica el cuerpo y levanta al hombre al trono de Dios) (Atanasio, De virginitate). Pero al mismo tiempo el ayuno debe moderarse y controlarse. Contra ciertas tendencias heterodoxas los Padres no se cansan de repetir que todos los alimentos son buenos y que la actitud despreciativa contra algunos "sería realmente execrable y absolutamente diabólica".
Para ellos el ayuno es simplemente un medio para "frenar convenientemente las partes inflamables de la carne y poder distribuir a los pobres lo superfluo proveyéndoles de lo suficiente" (Diadoco de Fotica, Centum capita 43) conquistando de este modo las virtudes, especialmente la caridad. La enkráteia basiliana está igualmente orientada por entero a esta caridad social.
El tercer elemento de la enkráteia, característico en los antiguos monjes, son las vigilias nocturnas, una praxis ascética inspirada por la espera "mística" de la llegada del Esposo (1 Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al novio. 2 Y cinco de ellas eran insensatas, y cinco prudentes. 3 Porque las insensatas, al tomar sus lámparas, no tomaron aceite consigo, […]Mateo 25:1-13). En la especulación ascética tenía una gran resonancia el Cantar de los Yo dormía, pero mi corazón velaba, ¡Una voz! ¡Mi amado toca a la puerta! "Abreme, hermana mía, amada mía, paloma mía, perfecta mía, pues mi cabeza está empapada de rocío, mis cabellos empapados de la humedad de la noche."[…]Cantares 5:2: "Durmiendo yo, mi corazón velaba". El elemento negativo de esta praxis era el de domar el sueño excesivo. En la dirección positiva las vigilias se dedicaban al oficio divino, bien para dedicarse a la oración personal y a la meditación de la Escritura, bien con la única finalidad de vencer el deseo de dormir. Conocemos la experiencia eclesial en las comunidades de san Basilio, donde el pueblo se reunía en las vigilias para rezar el oficio junto con los monjes (Basilio, Epist. 207, 3), Los monjes llamados acemetas (= insomnes, "los que no duermen"), cerca de los ambientes mesalianos, practicaban la oración litúrgica continua, sucediéndose cuatro coros (griego, sirio, copto y latino) en la alabanza a Dios de día y de noche. Las corrientes de los ascetas caracterizados por la vigilancia atenta (népsis), llamados los padres népticos, tuvieron una fuerte influencia en la historia del ascetismo.
La ascesis no es fin en sí misma. Está esencialmente al servicio del amor. "Toda ascesis que no tenga amor es extraña a Dios " (Máximo el Confesor, Liber asceticus 36). El asceta, una vez liberado por el ejercicio ascético, entra en la vida del espíritu como en una continua superación de sí mismo, comienza la vida de la metanoia, que es una continua renovación del espíritu.
| AUTOR | ORÍGENES | CAÍDA | REMEDIO | SALVACIÓN |
|---|---|---|---|---|
| Evagrio Póntico († 399) | Al principio todas las criaturas fueron seres espirituales puros, creados para el conocimiento de Dios a fin de unirse con él. | El pecado consistió en que los seres espirituales apostataron de la visión de Dios. Como consecuencia fueron convertidos en almas a las que la misericordia de Dios puso como ángeles, hombres y demonios en diversos cuerpos y mundos, en las que ya no participarían del conocimiento, sino sólo de la contemplación. | La redención de los seres espirituales caídos consiste en la subida de la contemplación al conocimiento, y en ello Cristo juega el papel de mediador, el único ser racional que no ha caído de la de Dios. | La finalidad de la vida monástica no es otra que conseguir el conocimiento y para ello se requieren varios pasos:
|
| Macario el Egipcio (300-390) | Las cosas fueron creadas buenas. | El pecado original es la raíz de todos los pecados. | El bautismo es la iniciación en la lucha espiritual contra el mal. | La manera de conseguir más gracia del Espíritu Santo es a través de la oración, virtud superior a todas las demás, especialmente la oración constante. Para que la oración sea eficaz se precisa del silencio interior y exterior, del que Satanás nos distrae por medio de distracciones y tentaciones. El celibato y la pobreza monásticas son medios de lucha para alcanzar la victoria y unirse con Dios. |
| Juan Casiano († 433) | Las cosas fueron creadas buenas. | La caída original no corrompió totalmente al hombre, sino que le dejó una cierta posibilidad de hacer el bien. Aunque enfermo y caído, el hombre es capaz de realizar actos buenos. | 'Dios, viendo nuestra voluntad inclinarse al bien, viene en nuestra ayuda, nos guía y sostiene.' | Primera etapa o scientia actualis en la vida cenobítica: Para encaminarse a Dios, el primer paso es renunciar al mundo, a los malos hábitos, pasiones y vicios. A continuación se entabla un combate espiritual contra el ”hombre viejo” y los asaltos del diablo. Esa pelea estimula su voluntad y vigoriza sus recursos para alcanzar la perfección. La purificación de los vicios va de la mano con la adquisición de las virtudes, que ahuyentan los vicios e injertan el amor. El amor es el ingrediente esencial para la contemplación de las cosas divinas. Segunda etapa o scientia spiritualis en la vida anacorética: La cima espiritual se alcanza mediante la oración elevada que alcanza el éxtasis con iluminaciones, impulsos y gozo inefable. Desapego pleno de todo lo terrenal y matrimonio espiritual. |