Teología
Lección 3 - Preparación del predicador
Introducción
Por más importante que pueda ser la preparación del sermón, nunca podrá compararse en importancia a la preparación del que entrega el sermón, es decir, del predicador. La preparación del corazón es el gran negocio en que el predicador ha de emplearse: 'Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.' (Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida.[…]Proverbios 4:23). Si hay alguien que ha de hacer suyas estas palabras, ese alguien es el predicador, porque no sólo ha de mirar por sí mismo sino también ha de vigilarse a sí mismo, con vista a la responsabilidad que tiene hacia los demás.
Hay varios requisitos imprescindibles que forjan a un predicador y son los siguientes:
1. Llamamiento
En la vida cristiana el ser siempre es antes que el hacer y lo que hacemos es consecuencia de lo que somos y no al revés. Por eso en las cartas apostólicas se comienza siempre con lo que somos en Cristo, para a continuación seguir con la práctica de aquello que somos.
La vida cristiana comienza con el llamamiento que Dios hace personalmente a cada uno a través del evangelio: 'Llamados a ser de Jesucristo' (entre los cuales estáis también vosotros, llamados de Jesucristo;[…]Romanos 1:6). Por supuesto que todo predicador ha de haber recibido este llamamiento, porque de lo contrario ni siquiera será cristiano y se encontrará en la terrible posición de estar anunciando a otros lo que él mismo no tiene; de estar ofreciendo a los demás, lo que a él mismo le falta. Los grandes pastores y predicadores siempre han puesto mucho cuidado, al hablar a los candidatos al ministerio, en la importancia de asegurarnos de que estamos contados entre los que han recibido la gracia salvadora de Dios. Veamos como ejemplo este texto:
'Un ministro inconverso envuelve en sí la más patente contradicción. Un pastor destituido de gracia es semejante a un ciego elegido para dar clase de óptica, que filosofara acerca de la luz y la visión, disertara sobre ese asunto, y tratara de hacer distinguir a los demás las delicadas sombras y matices de los colores del prisma, estando él sumergido en la más profunda oscuridad. Es un mudo nombrado profesor de canto; un sordo a quien se pide que juzgue sobre armonías. Es como un topo que pretendiera educar aguiluchos; como un leopardo elegido presidente de ángeles.'
(Discursos a mis estudiantes, C. H. Spurgeon)
O este otro:
'Ten cuidado de ti mismo, no sea que te encuentres desprovisto de la gracia salvadora de Dios que ofreces a otros y seas ajeno a la obra eficaz del evangelio que predicas... Ten cuidado de ti mismo no sea que estés perdido mientras exhortas a otros a que no se pierdan; que desfallezcas de hambre mientras preparas alimento para los demás... hay muchos sastres que van en harapos mientras que hacen costosos trajes para otros y hay muchos cocineros que apenas pueden lamerse los dedos mientras preparan suculentos platos para otros. Creedme hermanos, Dios nunca salvó a nadie por ser predicador ni por ser un buen predicador, sino por haber sido justificado, santificado y consecuentemente ser fiel en la obra de su Señor.'
(El pastor reformado, Richard Baxter)
Pero además de este llamamiento a la salvación, el predicador ha de contar con otro llamamiento al ministerio y, concretamente, al ministerio de la predicación. 'Para esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad.' (Y para esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo la verdad en Cristo, no miento) como maestro de los gentiles en fe y verdad.[…]1 Timoteo 2:7). 'Del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles.' (para el cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro.[…]2 Timoteo 1:11). Es decir, que mientras el cristiano que no tiene el ministerio de la predicación ha de tener un llamamiento, el predicador ha de tener dos, y en ello está la distinción entre uno y otro.
2. Don
Cuando Dios llama, equipa y cuando manda, da. En ese sentido es de esperar que si Dios llama a alguien a ejercer el ministerio de la predicación, le otorgue al mismo tiempo los dones necesarios para desarrollar tal función. Uno de los requisitos que el obispo (pastor o anciano) ha de tener es el de ser 'apto para enseñar' (Un obispo debe ser, pues, irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar,[…]1 Timoteo 3:2), lo cual tiene que ver directamente con el ministerio de la predicación. Esa expresión en griego es didaktikos, de donde proviene nuestra palabra didáctico. Es evidente que para la elaboración de un sermón y para la entrega del mismo se precisa un mínimo de claridad, orden y coherencia entre sus partes, de lo contrario el mensaje se perderá porque los oyentes no entenderán nada. Ahora bien, para hacer tal cosa se precisan ciertas cualidades mentales, porque sólo una mente ordenada y analítica puede sintetizar, clasificar, hilar y desarrollar hasta dar forma a esa estructura que se llama sermón. En ese sentido el sermón es un tapiz y el predicador el artesano que a base de hilos sueltos de diferentes colores ha ido, con pericia y paciencia, engarzándolos unos a otros según las reglas de la armonía, hasta llegar a conseguir esa obra.
De nuevo se nos dice que 'el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido' (Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido,[…]2 Timoteo 2:24). Ahí aparece de nuevo la expresión 'apto para enseñar' (didaktikos), como algo necesario en el siervo de Dios que expone la Palabra.
La idoneidad para la enseñanza de la Palabra es lo que volvemos a ver en el mandato que se le da a Timoteo: 'Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.' (Y lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.[…]2 Timoteo 2:2). Esa palabra, idoneidad, indica que alguien es adecuado o competente para realizar una función y esa competencia es algo que solamente Dios puede dar: 'No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios.' (no que seamos suficientes en nosotros mismos para pensar que cosa alguna procede de nosotros, sino que nuestra suficiencia es de Dios,[…]2 Corintios 3:5).
Cuando decimos que el predicador ha de estar dotado por Dios con ciertos dones de enseñanza, no queremos decir que por su parte no tiene nada que hacer. Todo lo contrario, ese don que ha recibido ha de pulirlo, trabajarlo, desarrollarlo y llevarlo a su plenitud. En ese sentido ocurre algo similar con cualquier otro don que podamos haber recibido; es nuestra responsabilidad la de hacer que tales dones lleguen a su máxima utilidad para la gloria de Dios, por nuestra dedicación y esmero en el ejercicio de ellos, de ahí el 'no descuides el don que hay en ti' (No descuides el don espiritual que está en ti, que te fue conferido por medio de la profecía con la imposición de manos del presbiterio.[…]1 Timoteo 4:14). Y no olvidemos que de la pereza o del mal uso que de tales dones hagamos, tendremos que dar cuentas un día (26 Pero su señor respondió, y le dijo: "Siervo malo y perezoso, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. 27 "Debías entonces haber puesto mi dinero en el banco, y al llegar yo hubiera recibido mi dinero con intereses. 28 "Por […]Mateo 25:26-28).
Que la capacidad que el predicador tiene es un don de Dios, ha de ser algo que debe moverlo siempre a humildad: '¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?' (Porque ¿quién te distingue? ¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?[…]1 Corintios 4:7). Uno de los mayores peligros que acechan al predicador es la vanidad y el orgullo, porque su ministerio es de dominio público; durante aproximadamente una hora los ojos de todos están puestos en él y si realiza bien su labor recibirá honor y agradecimiento. De ahí que siempre ha de tener presente que el don no es suyo, sino que le ha sido dado.
3. Carácter
'Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.' (Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza; persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan.[…]1 Timoteo 4:16).
De nada sirve la predicación más elocuente, que no está respaldada por el ejemplo y la vida del predicador. Es relativamente fácil enseñar durante una hora acerca de tal o cual verdad, pero lo verdaderamente importante es vivirla el resto de la semana. Todo nuestro ministerio se puede venir abajo si descuidamos esto y demasiados ejemplos hay en nuestros días de predicadores famosos que han arruinado su testimonio por no haber sabido vivir en privado lo que predicaban en público. Volviendo a Y lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.[…]2 Timoteo 2:2, veamos el orden de cualidades que han de tener los embajadores del evangelio: Primero, ser fieles; segundo, ser idóneos para enseñar; ese orden no es una casualidad sino una necesidad.
La coherencia entre la vida y la predicación del predicador es la condición número uno que siempre ha de tener presente, y por eso ha de ejercer una continua vigilancia sobre sí mismo, sabiendo que está rodeado de debilidades y tentaciones como el que más. 'Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.' (No permitas que nadie menosprecie tu juventud; antes, sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza.[…]1 Timoteo 4:12) fue el mandato de Pablo a Timoteo, y efectivamente el predicador ha de ser un modelo en todas las facetas de su persona, y aunque sea joven se ganará el respeto de los más mayores si ellos ven que hay integridad en él. La ejemplaridad es la base de la autoridad y solamente quien vive ejemplarmente puede esperar consideración y respeto hacia su predicación y ministerio.
Dado el llamamiento tan alto que el predicador tiene y a quien representa y de parte de quien habla es por lo que su testimonio ha de ser intachable, y faltas que en otros cristianos pueden ser tolerables no deben aparecer en él. 'No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado' (No dando nosotros en nada motivo de tropiezo, para que el ministerio no sea desacreditado,[…]2 Corintios 6:3). A los sacerdotes del Antiguo Testamento se les exigía un nivel de santidad más elevado que al resto del pueblo (1 El SEÑOR dijo a Moisés: Habla a los sacerdotes, los hijos de Aarón, y diles: "Ninguno se contamine con persona muerta entre su pueblo, 2 salvo por sus parientes más cercanos, su madre, su padre, su hijo, su hija o su hermano, 3 o por su hermana vir[…]Levítico 21). La razón es muy sencilla: El honor que tenían de ejercer el ministerio ante Dios, conllevaba una responsabilidad mayor de consagración. Pero lo que en el Antiguo Testamento era de carácter ceremonial y físico, es una figura para ilustrar la necesidad de la santidad moral en el ministro cristiano.
Notemos que cuando se dan los requisitos para ocupar cargos de responsabilidad en la iglesia, el énfasis está puesto no en las capacidades académicas sino en las cualidades personales y familiares (2 Un obispo debe ser, pues, irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar, 3 no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso. 4 Que gobierne bien su ca[…]1 Timoteo 3:2-7; 7 muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras, con pureza de doctrina, con dignidad, 8 con palabra sana e irreprochable, a fin de que el adversario se avergüence al no tener nada malo que decir de nosotros. 9 Exhorta a los siervos a que se sujeten[…]Tito 2:7-9). En medio de una sociedad que ha perdido el norte, este principio es más que nunca pertinente para los predicadores actuales.
Sabiendo que el predicador es el instrumento del que Dios se vale para impartir su mensaje de salvación, es por lo que el diablo tratará por todos los medios de destruirlo, lanzando todas sus armas contra él. Si consigue su objetivo, el daño realizado no sólo será hacia el predicador sino también hacia sus oyentes. En una guerra la pérdida de un general puede decidir el curso de la vida de muchos soldados. De ahí que si hay alguien que debe hacer suyas las palabras de 10 Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza. 11 Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo. 12 Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, […]Efesios 6:10-18, ese alguien es el predicador.
4. Motivación
Nadie debe anhelar el ministerio de la predicación por razones equivocadas, porque pronto se encontrará confundido y avergonzado. Las demandas del púlpito son muy elevadas y como no haya una motivación correcta, ese lugar se convertirá en punto desde el que será patente a todos la auténtica incompetencia del que pretende hacerse pasar por lo que no es ni tiene. Pretender imitar a predicadores, mediante sus gestos, estilo o vocabulario, es fácilmente detectable y reprensible. Buscar la promoción personal en el púlpito por vanagloria, exhibición y pretensión de notoriedad, es no sólo una profanación de la predicación sino también una manera segura de provocar a Dios.
El púlpito demanda temor y temblor por parte del predicador. En primer lugar porque sabe que no tiene dignidad propia suficiente para estar ahí y para hablar en nombre de quien habla. En segundo lugar porque sabe que no tiene la competencia necesaria en sí mismo para ocupar puesto tan especial. Por tanto, la humildad ha de estar presente siempre en su actitud.
Sin duda, la gloria de Dios ha de ser la motivación suprema del predicador cada vez que sube al púlpito, no su propia gloria. La gloria de Dios y el ser de provecho a los que escuchan. Toda otra motivación será espuria y peligrosa. 'Que la palabra del Señor corra y sea glorificada' (Finalmente, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor se extienda rápidamente y sea glorificada, así como sucedió también con vosotros;[…]2 Tesalonicenses 3:1), era el deseo del apóstol Pablo y por ello pedía oración a los de Tesalónica. 'Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo' (El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios; el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén.[…]1 Pedro 4:11), es el mandato del apóstol Pedro. Ambos apóstoles señalan que la motivación tras la predicación ha de ser la gloria de Dios.
El mensaje del profeta Malaquías fue dirigido a los sacerdotes, denunciando que la motivación de su ministerio era simplemente cumplir un expediente (6 El hijo honra a su padre, y el siervo a su señor. Pues si yo soy padre, ¿dónde está mi honor? Y si yo soy señor, ¿dónde está mi temor?--dice el SEÑOR de los ejércitos a vosotros sacerdotes que menospreciáis mi nombre--. Pero vosotros decís: "¿En qu[…]Malaquías 1:6-14). Lo que hacían era ejercer una función profesional, sin celo, sin entrega y sin devoción; algo que no quedaba más remedio que hacer y que les suponía una molestia y pesadez. Dios condena sin paliativos esa motivación para el ministerio. Es una lección que todo predicador cristiano ha de tener bien presente, no sea que al ponerse en el púlpito lo haga como una imposición cargante e insoportable, pero que debido a la remuneración económica u otros factores tiene que continuar haciendo.
5. Estudio de la Palabra
'No hay mejor aula para aprender homilética bíblica que el propio cuarto de estudio.'
(La preparación de sermones bíblicos, A. W. Blackwood)
En la sección anterior vimos que la Sagrada Escritura es el manantial adonde el predicador ha de ir a buscar el alimento que va a dar a otros y por eso es imprescindible que pase muchas horas en su compañía. La Sagrada Escritura no va a mostrar sus tesoros sino a aquellos que bucean lo bastante profundo, como para tomar las perlas escondidas que hay en su interior. Si hay un libro del cual el predicador ha de empaparse, ese libro es la Biblia porque esa es la biblioteca de Dios. De no ser así, el predicador se convertirá en un mero vocero de lo que otros predicadores dicen, en un publicador de frases gastadas o en un superficial repetidor de ideas sin filo. Para no caer en esos peligros es preciso ser original y para ser original hay que ir al origen, y el origen de nuestra predicación está en la Sagrada Escritura. Solamente aquél que pasa tiempo estudiándola es auténticamente original, porque está recibiendo algo fresco para dar; ni las voces, ni los trucos retóricos, ni la verborrea, podrán jamás suplir la falta de estudio de la Palabra.
Ese estudio debe ser tanto en extensión como en profundidad. En extensión, lo cual exige que el predicador vaya recorriendo de forma sistemática, en sus lecturas diarias, todo el contenido de la Biblia. Centrarse solamente en unas partes, dejando a un lado otras, supondrá dejar brechas sin cubrir que evidenciarán carencias en su conocimiento de la Biblia. La tendencia a ocuparse solamente de lo que gusta o es más cómodo, saltándose lo más difícil, acabará siendo un perjuicio no sólo para el predicador mismo sino también para la congregación. Pero el estudio ha de ser también en profundidad, de modo que adentrarse en el texto y penetrar en su significado, para descubrir las insondables riquezas y multiformes destellos que tiene la Palabra, es tarea específica del predicador. Es una tardea ardua, que requiere muchas horas de esfuerzo, pero es una tarea que indudablemente dará sus preciosos frutos.
El estudio de la Palabra es imprescindible para el predicador, si quiere alimentar a los suyos con una dieta equilibrada. 'Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina' (Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza; persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan.[…]1 Timoteo 4:16). Tras el cuidado del propio corazón, no hay cosa más importante a cuidar que la doctrina o verdad que vamos a enseñar. De hecho en las cartas pastorales el asunto de la doctrina tiene una gran importancia (Al señalar estas cosas a los hermanos serás un buen ministro de Cristo Jesús, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido.[…]1 Timoteo 4:6; Pero tú has seguido mi enseñanza, conducta, propósito, fe, paciencia, amor, perseverancia,[…]2 Timoteo 3:10; Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina.[…]Tito 2:1) y es porque ya circulaban por las iglesias herejías y errores doctrinales. Si en los tiempos apostólicos era así ¿qué será hoy en día? Por eso es sumamente importante que el predicador tenga una doctrina bien balanceada y no dirigida por las modas teológicas en boga. De estos peligros avisa Pablo a Timoteo, poniéndole en guardia sobre las 'fábulas', 'vanas palabrerías' y 'cuentos de viejas' (4 ni prestaran atención a mitos y genealogías interminables, lo que da lugar a discusiones inútiles en vez de hacer avanzar el plan de Dios que es por fe, así te encargo ahora. 6 Pues algunos, desviándose de estas cosas, se han apartado hacia una van[…]1 Timoteo 1:4,6; 4:7; Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia,[…]2 Timoteo 3:16).
En un pasaje en el que se mezcla, como tantas veces, la oración y la Palabra se dice lo siguiente: 'Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad' (Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.[…]2 Timoteo 2:15). La palabra traducida 'que usa bien' es en griego ortotomeo que literalmente significa 'trazar rectamente'. Es decir, el predicador es un trabajador, usando un instrumento de precisión muy eficaz que es la Palabra, pero ha de hacerlo igual que un cirujano que, sabia y cuidadosamente, usa el bisturí. La Palabra se convertirá en instrumento útil en los labios del predicador, cuando el predicador sea un instrumento sujeto a la Palabra.
Cuando decimos que la Sagrada Escritura ha de ser la fuente adonde el predicador acuda a tomar del agua fresca para sí y para otros, no estamos diciendo que no pueda echar mano de ciertas ayudas complementarias. Sin duda, todo lo que pueda profundizar en el estudio de las lenguas originales, o en las costumbres culturales de aquellos tiempos, será una ayuda preciosa para el enriquecimiento de su predicación. Igualmente la lectura de buenos libros edificantes, así como el estar al tanto de lo que ocurre en el mundo hoy en día, serán herramientas auxiliares que hagan su sermón pertinente. Si puede conseguir algún buen léxico de las palabras griegas y hebreas y algún comentario bíblico de confianza también serán una buena inversión que le reportará innumerables beneficios.
En el Antiguo Testamento instituyó Dios que los israelitas llevaran franjas en los bordes de sus vestidos, poniendo en cada franja un cordón de azul (37 También habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: 38 Habla a los hijos de Israel y diles que se hagan flecos en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones, y que pongan en el fleco de cada borde un cordón azul. 39 Y os servirá el fleco, para que cu[…]Números 15:37-41). La razón de ese mandato fue que tales franjas les sirvieran de recordatorio de los mandamientos de Dios, no dejándose llevar por su propio corazón o por otras influencias. Tener siempre presente la preponderancia de la Palabra, que marca el norte, frente a toda otra tendencia, sea interior o exterior, que quiera desviarlo, es primordial en el predicador. Otro gesto que Dios instituye para subrayar la importancia de estar cerca de la Palabra, es la orden de atar en la mano, fijar en la frente y escribir en los postes de la casa dicha Palabra (8 Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. 9 Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas. […]Deuteronomio 6:8-9), indicando así la importancia de que nuestro hacer (mano), nuestro pensar (frente) y nuestro hogar (casa), estén gobernados por esa Palabra. Si alguien ha de hacer suyo ese mandato, es el predicador.
6. Oración
'Ejercítate para la piedad' (Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad;[…]1 Timoteo 4:7). No hay mejor preparación del corazón que pasar tiempo en la presencia de Dios, en oración y quietud. Ya vimos en su momento lo claras que tenía sus prioridades el apóstol Pedro: 'Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra.' (Y nosotros nos entregaremos a la oración y al ministerio de la palabra.[…]Hechos 6:4). Sin oración el predicador fracasará en el púlpito y, lo que es peor, fuera de él y todo lo que diga será como 'metal que resuena'.
Que la oración es para el predicador algo vital se nos recuerda una y otra vez: 'Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado' (Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.[…]2 Timoteo 2:15). En unos tiempos como los que vivimos, de vértigos, prisas y estrés es preciso que el predicador sepa retirarse de todo eso y buscar en el lugar santísimo la presencia reconfortante de Dios. Es lo que Dios tuvo que recriminar a aquellos falsos predicadores de la antigüedad: 'Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo y lo habrían hecho volver de su mal camino y de la maldad de sus obras.' (Pero si ellos hubieran estado en mi consejo, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y les habrían hecho volver de su mal camino y de la maldad de sus obras.[…]Jeremías 23:22).
Al comprobar la enormidad de la tarea que tiene ante sí, que es exponer la Palabra de Dios, y su insignificancia personal, el predicador, en vez de hundirse, deberá doblar sus rodillas ante Dios, pidiendo la fortaleza necesaria para ministrar, porque 'él da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.' (El da fuerzas al fatigado, y al que no tiene fuerzas, aumenta el vigor.[…]Isaías 40:29). La renovación y la unción sólo pueden venir del trono de la gracia, al cual el predicador ha de acercarse con asiduidad, porque de allí recibe todo lo necesario para su ministerio.
'Hermanos míos, permitidme que os ruegue que seáis hombres de oración. Quizá no tengáis jamás grandes talentos, pero lo haréis bastante bien aun sin ellos, si abundáis en intercesión.'
(Discursos a mis estudiantes, C. H. Spurgeon)
Es vital también que el predicador busque apoyo en oración de intercesores, que le respalden ante el trono de Dios. Un día en la eternidad sabremos cuánto debemos los predicadores a estos guerreros anónimos de la oración, que calladamente rogaron por nosotros.
7. Conclusión
La preparación del predicador no acaba nunca, porque siempre será un alumno, por más experiencia adquirida que tenga, necesitado cada vez de avanzar, corregir y aprender. Jamás debe dar por sentado que ya no necesita más, por haber llegado a un determinado nivel, pues si piensa de esta manera el estancamiento y el retroceso harán acto de presencia de forma inmediata. No se puede vivir de las rentas en ningún aspecto de la vida cristiana, pero mucho menos en el ministerio de la predicación. Por tanto, es imprescindible seguir adelante, con el deseo de que Dios sea honrado y su Palabra proclamada.
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