Estudios bíblicos
La puerta de entrada
'Y para la puerta del atrio habrá una cortina de veinte codos, de azul, púrpura y carmesí, y lino torcido, de obra de recamador; sus columnas cuatro, con sus cuatro basas.' (Y para la puerta del atrio habrá una cortina de veinte codos de tela azul, púrpura y escarlata, y de lino fino torcido, obra de tejedor, con sus cuatro columnas y sus cuatro basas.[…]Éxodo 27:16)


Los materiales con los que estaba hecha la cortina que tapaba la puerta eran cuatro: azul, púrpura, carmesí y lino torcido. Estos van a ser los mismos que volverán a estar presentes en la puerta de la morada y también en el velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo. Eran materiales costosos, primorosamente hechos, que publican el valor regio del que mora en esa estancia. Belleza, ornamentación y colorido, que hablan de un acceso precioso e ilustre.
A esa puerta es adonde debían ser traídas las ofrendas que iban a ser presentadas. Seguramente allí, antes de pasar al atrio donde estaba el altar de bronce, la ofrenda sería examinada para ver si cumplía con los requisitos ceremoniales exigidos. Tras lo cual se le franqueaba el paso a la persona y su ofrenda. Un recordatorio perpetuo para que nos detengamos antes de presentarnos ante Dios, no sea que vengamos de cualquier manera, mediante una ofrenda que no está en consonancia con lo que él es digno de recibir.
La puerta del atrio siempre se orientaba hacia el oriente, lugar por donde sale el sol.