Historia

CONCILIO DE TRENTO

El concilio de Trento es el decimonoveno en la lista de los que la Iglesia católica reconoce como ecuménicos. Su importancia no puede ser exagerada porque en el mismo se definieron las cuestiones doctrinales que habían sido desafiadas por los protestantes, al tiempo que perfiló profundamente el carácter que tuvo la Contrarreforma.

Este concilio tuvo tres etapas definidas por los cuatro papas que sucesivamente estuvieron al frente de la iglesia de Roma durante su desarrollo: Pablo III, Julio III, Pablo IV y Pío IV.

En un sentido se puede afirmar que es el concilio más importante de todos para la Iglesia católica, en vista de la trascendencia de las cuestiones debatidas.

CONCILIO DE TRENTO
Fecha1545-1563
Convocado porPablo III
Bula papalLaetare Hierusalem
Número y fechas de las sesionesTres sesiones; 1545-47; 1551-52; 1562-63
Figuras destacadasPablo III
Julio III
Pío IV
Diego Laínez
Giovanni Morone
Foco centralPoner orden en la Iglesia católica romana.

Detener la Reforma protestante.

Grandes decisionesLa tradición tiene la misma autoridad que la Escritura.

Los apócrifos incluidos en el canon.

La Vulgata declarada Biblia oficial.

Las enseñanzas protestantes sobre la justificación por la sola fe y el pecado original rechazadas.

El número de sacramentos fijado en siete; otorgan la gracia ex opere operato.

La transubstanciación afirmada.

Las normas morales para el clero reafirmadas.

El Índice ampliado grandemente por la adición de escritos protestantes.

Textos notablesResolución sobre las fuentes de la Revelación:
'El sacrosanto, ecuménico y universal Concilio de Trento, legítimamente reunido en el Espíritu Santo, bajo la presidencia de los tres mismos Legados de la Sede Apostólica, poniéndose permanentemente ante sus ojos que, quitados los errores, se conserve en la Iglesia la pureza misma del evangelio que, prometido antes por obra de los profetas en las Escrituras Santas, promulgó primero por su propia boca Nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios y mandó luego que fuera predicado por ministerio de sus Apóstoles a toda criatura como fuente de toda saludable verdad y de toda disciplina de costumbres; y viendo perfectamente que esta verdad y disciplina se contiene en los libros escritos y las tradiciones no escritas que, transmitidas como de mano en mano han llegado hasta nosotros desde los apóstoles, quienes las recibieron o bien de labios de Cristo mismo, o bien por inspiración del Espíritu Santo; siguiendo los ejemplos de los padres ortodoxos, con igual afecto de piedad e igual reverencia recibe y venera todos los libros, así del Antiguo como del Nuevo Testamento, como quiera que un solo Dios es autor de ambos, y también las tradiciones mismas que pertenecen ora a la fe ora a las costumbres, como oralmente por Cristo o por el Espíritu Santo dictadas y por continua sucesión conservadas en la Iglesia católica.
Ahora bien, creyó deber suyo escribir adjunto a este decreto un índice (o canon) de los libros sagrados, para que a nadie pueda ocurrir duda sobre cuáles son los que por el mismo concilio son recibidos. Son los que a continuación se escriben: ... (incluye apócrifos del Antiguo Testamento).
Entiendan, pues, todos, por qué orden y camino, después de echado el fundamento de la confesión de la fe, ha de avanzar el concilio mismo y de qué testimonios y auxilios se ha de valer principalmente para confirmar los dogmas y restaurar en la Iglesia las costumbres.
...Además, para reprimir a los ingenios petulantes, decreta que nadie, apoyado en su prudencia, sea osado a interpretar la Escritura Sagrada, en materias de fe y costumbres, que pertenecen a la edificación de la doctrina cristiana, retorciendo la misma Sagrada Escritura conforme al propio sentir, contra aquel sentido que sostuvo y sostiene la santa madre Iglesia, a quien atañe juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Escrituras Santas, o también contra el unánime sentir de los Padres, aun cuando tales interpretaciones no hubieren de salir a luz en tiempo alguno. Los que contravinieren, sean declarados por medio de los ordinarios y castigados con las penas establecidas por el derecho canónico.

Primer Decreto sobre el pecado original, párrafo V:
Si alguno dice que por la gracia de nuestro Señor Jesucristo que se confiere en el bautismo, no se remite el reato del pecado original; o también si afirma que no se destruye todo aquello que tiene verdadera y propia razón de pecado, sino que sólo se rae o no se imputa: sea anatema. Porque en los renacidos nada odia Dios, porque nada hay de condenación en aquellos que verdaderamente por el bautismo están sepultados con Cristo para la muerte (Por tanto, hemos sido sepultados con El por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.[…]Romanos 6:4), los que no andan conforme a la carne (Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu.[…]Romanos 8:1) sino que, desnudándose del hombre viejo y vistiéndose del nuevo, que fue creado según Dios (que en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos,[…]Efesios 4:22 ss.; No mintáis los unos a los otros, puesto que habéis desechado al viejo hombre con sus malos hábitos,[…]Colosenses 3:9 s.) han sido hechos inocentes, inmaculados, puros, Sin culpa e hijos amados de Dios, herederos de Dios y coherederos de Cristo (y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con El a fin de que también seamos glorificados con El .[…]Romanos 8:17); de tal suerte que nada en absoluto hay que les pueda retardar la entrada en el cielo. Ahora bien, que la concupiscencia o fomes, permanezca en los bautizados, este santo concilio lo confiesa y siente; la cual, como haya sido dejada para el combate, no puede dañar a los que no la consienten y virilmente la resisten por la gracia de Jesucristo. Antes; bien. el que legítimamente luchare será coronado (Y también el que compite como atleta, no gana el premio si no compite de acuerdo con las reglas.[…]2 Timoteo 2:5). Esta concupiscencia que alguna vez el apóstol llama pecado (Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus lujurias;[…]Romanos 6:12 ss.), declara el santo concilio que la Iglesia católica nunca entendió que se llame pecado porque sea verdadera y propiamente pecado en los renacidos, sino porque procede del pecado y al pecado inclina. Y si alguno sintiere lo contrario. sea anatema .

Decretos sobre la justificación:
Canon 9. 'Si alguno dijere que el impío se justifica por la sola fe, de modo que entienda no requerirse nada más con que coopere a conseguir la gracia de la justificación y que por parte alguna es necesario que se prepare y disponga por el movimiento de su voluntad, sea anatema.'
Canon 11. 'Si alguno dijere que los hombres se justifican o por sola imputación de la justicia de Cristo o por la sola remisión de los pecados, excluida la gracia y la caridad que se difunde en sus corazones por el Espíritu Santo y les queda inherente; o también que la gracia, por la que nos justificamos, es solo el favor de Dios, sea anatema.'
Canon 12. 'Si alguno dijere que la fe justificante no es otra cosa que la confianza en la divina misericordia que perdona los pecados por causa de Cristo, o que esa confianza es lo único con que nos justificamos, sea anatema.'

Decreto sobre la eucaristía:
'...después de la consagración del pan y del vino, se contiene verdadera, real y sustancialmente nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo la apariencia de aquellas cosas sensibles...
...que por la consagración del pan y del vino se realiza la conversión de toda la sustancia del pan y del vino en la sustancia del cuerpo de Cristo Señor Nuestro, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su sangre. La cual conversión, propia y convenientemente, fue llamada transubstanciación por la santa Iglesia católica.'