Historia

EUCARÍSTICA

Durante los siglos IX al XI tendrá lugar una disputa referente a la presencia de Cristo en el pan y en el vino de la eucaristía. Los contedientes son casi los mismos que se enfrentaron en la controversia predestinacionista.

Será una cuestión que vuelva a surgir en el tiempo de la Reforma, con las distintas posturas adoptadas por los luteranos y los reformados al respecto.

CONTROVERSIA EUCARÍSTICA
FECHASDESCRIPCIÓNPARTIDARIOS DE LA PRESENCIA CORPORALPARTIDARIOS DE LA PRESENCIA ESPIRITUALPOSTURAS
844-1095La polémica gira en torno al modo de la presencia de Cristo en la Cena.

Pascasio Radberto(790-865)

Hincmaro de Reims

Silvestre II

Lanfranco

Humberto

Rabán Mauro

Godescalco

Ratramno de Corbie

Juan Escoto Erígena

Berengario de Tours(c. 1000-1088)

Pascasio Radberto: Hay una identidad entre el cuerpo del Cristo histórico y el pan y el vino de la Cena: 'En la eucaristía no hay otra carne que la que nació de María, sufrió en la cruz...'.

El pan y el vino se convierten, misteriosamente, en el cuerpo y la sangre de Cristo.

Hincmaro de Reims:
Rabán Mauro: El comer de Cristo en la Cena se realiza por la fe.
Godescalco: La presencia de Cristo en la Cena es la misma que su presencia corporal, en lo que respecta a la sustancia, pero diferente en cuanto a su modo de manifestación.
Ratramno de Corbie: Cristo está presente en la Cena no corporalmente, sino espiritualmente.
Juan Escoto Erígena: La Cena es un memorial y una figura del verdadero cuerpo de Cristo.
Berengario de Tours: El pan y el vino de la Cena ya no son pan y vino comunes, sino sombra y figura del cuerpo y sangre del señor. En la boca se recibe el pan; en el corazón, espiritualmente, la virtud del cuerpo de Cristo.

Berengario fue obligado a retractarse bajo el siguiente juramento:
'Yo, Berengario, creo de corazón y confieso de boca que el pan y el vino que se ponen en el altar, por el misterio de la sagrada oración y por las palabras de nuestro Redentor, se convierten sustancialmente en la verdadera, propia y vivificante carne y sangre de Jesucristo Nuestro Señor, y que después de la consagración son el verdadero cuerpo de Cristo que nació de la Virgen y que, ofrecido por la salvación del mundo, estuvo pendiente en la cruz y está sentado a la diestra del Padre; y la verdadera sangre de Cristo, que se derramó de su costado, no sólo por el signo y virtud del sacramento, sino en la propiedad de la naturaleza y verdad de la sustancia, como en este breve se contiene, y yo he leído y vosotros entendéis. Así lo creo y en adelante no enseñaré contra esta fe. Así Dios me ayude y estos santos Evangelios de Dios.'

Silvestre II