Historia

PADRES NICENOS

El concilio de Nicea (325) marca todo un antes y un después en la vida de la Iglesia. Ningún concilio ha tenido la trascendencia que ése tuvo; fue el primer concilio ecuménico (universal) y allí se sentaron las bases de la doctrina sobre Dios (en lo referente a la Trinidad). Dada su importancia se acostumbra a dividir a los Padres en nicenos y post-nicenos dependiendo si fueron contemporáneos o posteriores a él. Es tal la pléyade de hombres que conforman esta parte de los Padres que resulta una selva intrincadísima de nombres, obras y hechos que van asociados a ellos.

Una de las más grandes figuras eclesiásticas de todos los tiempos es Atanasio; realmente a él, más que a ningún otro, debemos la formulación del Credo de Nicea tal como está. Fue un denodado luchador, y aunque hubo momentos en los que prácticamente estuvo sin apoyos y perseguido, estaba convencido de que luchaba por la verdad y no cejó en su empeño hasta que vio el triunfo de sus tesis.

PADRES NICENOS
NOMBREESCRITOSHECHOS NOTABLESIDEAS NOTABLESTEXTOS NOTABLES
Alejandro de Alejandría
(273-328)
Cartas

Sermones

Sucedió a Aquiles como obispo de Alejandría hacia el 312.

Durante su obispado estalló la controversia arriana.

Al principio trató de ganar a Arrio por medios suaves.

Cuando percibió la obstinación de Arrio, convocó un sínodo de los obispos de Egipto en el que se excomulgó a Arrio y se condenó su doctrina.

Ante la inutilidad de estas medidas hubo que convocar el Concilio de Nicea.

Sufrió grandes penalidades en su lucha contra el arrianismo.

Atribuye el origen del arrianismo a Pablo de Samosata y a Luciano de Antioquía.

Afirma que al Hijo no le falta nada de cuanto el Padre es, siendo su imagen exactísima.

El Logos es Hijo de Dios, no por adopción, sino por naturaleza.

Por esta razón, María es theotokos, es decir, madre de Dios.

El Logos es el medio por el que el Padre ha creado el universo.

'Arrio y Aquiles... han levantado una oficina para luchar contra Cristo, negando la divinidad de nuestro Salvador y predicando que es igual a todos los demás. Han reunido todos los pasajes que hablan de su plan redentor y de su humillación por causa nuestra, y tratan de deducir de ellos la predicación de su impiedad, rechazando en absoluto los pasajes que afirman su divinidad eterna y su inefable gloria en el Padre.'
(Carta a Alejandro de Constantinopla, 1)

'¿Cómo no va a ser una impiedad el decir que la Sabiduría de Dios no existió durante algún tiempo... o que algún tiempo su Verbo estuvo mutilado?... pues quien afirma que el resplandor de la gloria no existía, elimina también la luz original, cuyo resplandor es. Y si la imagen de Dios no existió siempre, es evidente que tampoco existió siempre Aquel cuya imagen es. Además, al decir que no existía el carácter de la subsistencia de Dios, se elimina también a Aquel que se expresa perfectamente en dicha imagen.'
(Op. cit. 7)

'Sobre esto creemos lo mismo que la Iglesia Apostólica cree. En un Padre ingénito, que no tiene causa de su Ser, que es incambiable e inmutable, que es siempre el mismo y no admite incremento ni disminución... y en un Señor Jesucristo, Hijo unigénito de Dios, no engendrado de cosas que no son, sino del mismo Padre, no en una manera corporal, por separación o división como Sabelio y Valentín enseñaron, sino en una manera inexplicable e incomprensible... porque la naturaleza de seres racionales no puede comprender su generación divina por el Padre. Pero los hombres que son guiados por el Espíritu de verdad, no precisan aprender estas cosas de mí, porque en nuestros oídos suenan las palabras de Cristo sobre este asunto: “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo”... en esto solamente es inferior al Padre, en que no es ingénito... Por consiguiente, deberíamos reservar al Padre ingénito su propia dignidad, proclamando que nadie es la causa de su existencia; pero al Hijo hay que reconocerle el honor que le corresponde, atribuyéndole, como dijimos, una generación del Padre que carece de principio y tributándole adoración, aplicándole a él sólo, con piedad y propiedad, las expresiones “fue”, “siempre” y “antes de todos los siglos”; sin negarle de ningún modo la divinidad, antes bien atribuyéndole la total semejanza en todo lo que corresponde a la Imagen y Ejemplar del Padre. Y además de la pía creencia sobre el Padre y el Hijo, confesamos un Espíritu Santo, como las Sagradas Escrituras nos enseñan... Y además también creemos en una, santa, católica y apostólica Iglesia, que nunca será destruida, aunque todo el mundo haga guerra contra ella. Tras esto profesamos la resurrección de los muertos, cuyas primicias fue nuestro Señor Jesucristo, quien realmente, y no sólo en apariencia, tomó un cuerpo de María, la Madre de Dios.' (Op. cit. 12)

Eustacio de Antioquía
(† 337)
Sobre la pitonisa de Endor contra Orígenes

De anima

De engastrimytho adversum Origenem

Estuvo presente en el concilio de Nicea, siendo quien pronunció el discurso inaugural.

Depuesto por un conclio arriano celebrado en Antioquía en el año 326, donde fue acusado de sabelianismo.

A consecuencia de su condena el pueblo de Antioquía se dividió en dos facciones: los partidarios de que Eusebio de Cesarea se hiciera cargo del episcopado de Antioquía y los partidarios de que Eustacio regresara.

'Eustacio, de Panfilia en Side, obispo primero de Berea en Siria y luego de Antioquía, gobernó la iglesia y, al componer muchos trataos contra la doctrina de los arrianos, fue enviado al exilio en Trajanópolis, bajo el emperador Constantino, donde ha estado hasta ahora. Las obras suyas en circulación como Sobre el alma, Sobre el ventrilocuismo contra Orígenes y las Cartas son demasiado numerosas para mencionarlas.'
(Jerónimo, de Viris 85)

Atribuye a Cristo una humanidad completa, explicándose de esta manera los cambios a los que estaba sujeta su alma humana.

De esta manera se salva el escollo planteado por los arrianos, de que el Verbo era criatura.

'Eustacio, el famoso obispo de Antioquía, que ya ha sido mencionado, al explicar el texto en Proverbios: "El Señor me creó en el principio de su camino, antes de sus obras.", escribió contra ellos (los arrianos) y refutó su blasfemia.'
(Teodoreto, Historia eclesiástica 1,7)

'...Sobornaron a una mujerzuela, que hacía tráfico con su belleza, para que les vendiera su lengua y entonces recompusieron el concilio; cuando a todos los espectadores les había sido ordenado que se retiraran, introdujeron a la mujer. Traía un niño en sus brazos, del cual, en alta e insolente voz, afirmaba ser hijo de Eustacio. Eustacio, consciente de su inocencia, le preguntó si podía traer algún testigo para probar lo que decía. Ella replicó que no podía, pero que los jueces equitativos admitirían su juramento. Aunque se dice en la ley que "por boca de dos o tres testigos se decidirá todo asunto" y el apóstol dice "contra un anciano no admitas acusación sino por dos o tres testigos", ellos desecharon esas leyes divinas y admitieron la acusación contra este gran hombre, sin testigos. Cuando la mujer declaró de nuevo bajo juramento que Eustacio era el padre del niño, estos jueces amantes de la verdad le condenaron como adúltero. Cuando los otros obispos, que sostenían las doctrinas apostólicas, siendo ignorantes de estas intrigas, se opusieron abiertamente a la sentencia y aconsejaron a Eustacio que no se sometiera, los maquinadores de la confabulación se dirigieron al emperador y le persuadieron de que la acusación era verdadera y la sentencia de destitución justa, logrando el exilio de este campeón de la piedad y la castidad, como adúltero y tirano. Fue llevado a través de la Tracia a una ciudad de Ilírico.'
(Teodoreto, Historia eclesiástica 1,20)

'La malvada mujer arriba mencionada fue atacada pronto por una severa enfermedad y entonces descubrió la impostura en la que se había enredado, dando a conocer la confabulación, no solo a dos o tres sino a un gran número de sacerdotes. Confesó que había sido sobornada para dar esta falsa y sucia acusación, aunque su juramento no era del todo falso, ya que el padre del niño era un herrero llamado Eustacio.'
(Teodoreto, Historia eclesiástica 1,21)

Eusebio de Cesarea (263‑339)La Crónica.

Historia Eclesiástica.

Los mártires de Tierra Santa.

Vida de Constantino.

'Eusebio de Cesarea en Tierra Santa, fue diligente en el estudio de las Escrituras Divinas y con Pánfilo el mártir un diligente investigador de la Santa Biblia. Publicó un gran número de volúmenes entre los que se encuentran: Demostraciones del Evangelio en veinte libros, Preparaciones para el Evangelio en quince libros, Teofanía cinco libros, Historia Eclesiástica en diez libros, Crónica de la historia Universal y un epítome al final. También Sobre la discrepancia en los evangelios, ... seis libros de Apología para Orígenes, tres libros sobre la vida de Pánfilo, una obra breve Sobre los mártires, un comentario erudito sobre los Salmos y muchos otros. Vivió principalmente en los reinados de Constantino y Constante. Su sobrenombre de Pánfilo surge de su amistad hacia el mártir Pánfilo'.(Jerónimo, De Viris 81)Conocido como el padre de la historia de la Iglesia, pues aunque no fue el primer historiador eclesiástico (Hegesipo y Julio Africano escribieron antes que él pero solo fragmentos sobreviven de sus trabajos), Eusebio fue el primero en componer una historia a gran escala.

Enseñó en la escuela de Cesarea.

Buscó un compromiso intermedio en la controversia trinitaria entre Arrio y Atanasio.

Excomulgado por el sínodo de Antioquía por rechazar la fórmula dirigida contra la doctrina arriana.

Amigo y consejero del emperador Constantino.

Mantuvo posturas antimilenaristas.

'Entonces fue que muchos dirigentes de iglesias soportaron heroicamente terribles tormentos, mientras que otros innumerables sucumbieron al primer asalto, habiendo quedado sus almas entumecidas por la cobardía. En cuanto al resto, cada uno fue sometido a una serie de diversos tormentos: uno era azotado implacablemente, otro hecho víctima del potro y de los garfios hasta la muerte. Cada uno salía de la prueba de una manera diferente: uno era empujado a los abominables e impíos sacrificios y despedido como si hubiera sacrificado cuando en realidad no lo había hecho; otro que ni se había acercado a tal abominación pero de quien se decía que había sacrificado se iba en silencio ante esta falsedad. En cambio otro, medio muerto, era descartado como cadáver, mientras que un hombre que había sacrificado bien dispuesto era sin embargo arrastrado un largo trecho por los pies.'
(Hist. Ecl. 8:3)
Osio de Córdoba (256-357)De laude virginitatis

De interpretatione vestium sacerdotalium

Durante la época de las persecuciones se mantuvo firme, siendo nombrado obispo de Córdoba en el año 295.

Presidió el concilio de Nicea, cuya celebración debe mucho a su empuje.

También presidió el concilio de Sárdica (343).

Al subir el trono Constancio, semi-arriano, Osio se negó a firmar la condenación de Atanasio. Sin embargo, un año después firmó, bajo presión y ya de avanzada edad, la segunda fórmula de Sirmio en la que las posiciones semi-arrianas eran las directrices doctrinales.

Poco después murió.'A causa de su edad y de los muchos trabajos que ha sobrellevado, es digno de toda reverencia.'
(Atanasio, Apología contra arrianos 64)

Firme defensor de la fe de Nicea y de Atanasio.'Respecto al tema de tus cartas esta es mi determinación: No me uniré a los arrianos. Anatematizo su herejía. Tampoco escribiré contra Atanasio a quien nosotros y la iglesia de los romanos y el Concilio entero declaró inocente.'
(carta de Osio a Constancio en Historia de los arrianos de Atanasio, 44)

'Ateo, impío, sin afecto natural, sin temor de Dios, no tuvo en cuenta el afecto de su padre por Osio, ni reverenció su avanzada edad, pues era de cien años... Le hizo tal violencia al anciano, le confinó tan estrechamente que, finalmente, fue unido a la comunión con Valente, Ursacio y sus seguidores, aunque no suscribió la condena contra Atanasio. Pero incluso entonces no olvidó su deber, pues al aproximarse su muerte, tal como expresó en su último testamento, dio testimonio de la fuerza que se había usado contra él y anatematizó la herejía arriana, encargando estrictamente que no fuera aceptada.'
Atanasio, Historia de los arrianos 45)

Atanasio de Alejandría
(296-373)
Contra los paganos.

La Encarnación del Verbo.

Discursos contra los arrianos.

Cartas festales

Cartas sinodales

Cartas encíclicas

Cartas dogmáticas

Comentarios bíblicos.

Vida de San Antonio.

Sermones

Una de las figuras más importantes de toda la historia de la Iglesia.

Apenas tenemos noticias de su origen, infancia y juventud.

Ordenado diácono en su juventud fue ayudante del obispo Alejandro.

Participó en el Concilio de Nicea.

Sucedió a Alejandro como obispo de Alejandría.

El más notorio defensor de su tiempo de la doctrina de la Trinidad.

No hizo componendas políticas para congraciarse con los arrianos, como hicieron algunos emperadores.

Desterrado cinco veces de su ciudad.

Considerado por la Iglesia occidental como uno de los "cuatro grandes doctores de la Iglesia oriental", junto a Basilio el Grande, Gregorio de Nacianzo y Juan Crisóstomo.

'Atanasio, obispo de Alejandría, duramente presionado por las vilezas de los arrianos, huyó a Constante, emperador de la Galia. Volvió de allí con cartas, pero tras la muerte del emperador hubo de refugiarse de nuevo hasta el ascenso de Joviano, cuando volvió a la iglesia, muriendo en el reinado de Valente.'
(Jerónimo, De Viris 87)

Distinguió entre los términos ser engendrado y ser creado, para establecer la diferencia entre la naturaleza del Verbo y la de las criaturas.

Afirmó, contra Arrio, que la generación del Verbo no es un acto de la voluntad del Padre, sino de su esencia.

Salvó el escollo del subordinacionismo, al negar que el Verbo fuera engendrado por el Padre para crear el mundo por su medio.

Usó el término consustancial para definir la unidad de esencia del Padre y del Hijo.

Rechazó el término semejante, usado por los semi-arrianos, como insuficiente para expresar la relación de esencia entre el Hijo y el Padre.

La redención consiste en la deificación.

Enseña la comunicación de propiedades entre las dos naturalezas de Cristo: divina y humana, al estar unidas en una sola persona.

Esa unidad de la persona es lo que prueba que María es θεoτόκoς, o sea, madre de Dios.

No obstante en su cristología no da lugar al alma humana de Cristo.

Enseña la divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y con el Hijo, pues de lo contrario no podría hacernos partícipes de Dios.

Consideraba inválido el bautismo conferido por los arrianos.

'Existe, pues, una Trinidad, santa y completa, de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora; es consistente e indivisible por naturaleza y su actividad es única. El Padre hace todas las cosas por el Verbo en el Espíritu Santo. De esta manera se salva la unidad de la santa Trinidad. Así en la Iglesia se predica un solo Dios, “que está sobre todos (Ef.4:6), por todos y en todos”:”sobre todos”, en cuanto Padre, principio y fuente; “por todos”, por el Verbo; “en todos”, en el Espíritu Santo. Es una Trinidad no sólo de nombre y por pura apariencia verbal, sino en verdad y realidad.'
(A Serapión i:xxviii)

'Si van a aducir la necesidad de un instrumento para crear todas las demás cosas como la razón por la cual hizo Dios solamente al Hijo, toda la creación gritaría contra ellos por decir cosas indignas de

Dios... Si, pues, no es cosa indigna de Dios ejercer su providencia hasta con cosa tan pequeñas como son el cabello de la cabeza, un pajarito y la hierba del campo, no puede ser indigno de él el crearlas.'
(Contra arrianos 2:25)

'Porque el Hijo está en el Padre, tal como nos ha sido dado saber, porque todo el ser del Hijo es propio de la esencia del Padre, como el resplandor lo es de la luz y el arroyo de la fuente; de suerte que quien ve al Hijo, ve lo que es propio del Padre y sabe que el ser del Hijo, por proceder del Padre, está, por consiguiente, en el Padre. También el Padre está en el Hijo, ya que el Hijo es lo que es propio del Padre, de la misma manera que en el resplandor está el sol, y en la palabra la mente, y en el río la fuente. Así también, quien contempla al Hijo, contempla lo que es propio de la esencia del Padre, y sabe que el Padre está en el Hijo.'
(Op. Cit. 3:3)

'Nosotros no adoramos a una criatura... Adoramos más bien al Verbo de Dios, Señor de la creación, encarnado. Porque aun cuando la misma carne sea también en sí misma, parte del mundo creado, sin embargo se ha convertido en cuerpo de Dios.' (Carta a Adelfio, 3)

'El Verbo no sufrió menoscabo al recibir el cuerpo... sino más bien deificó lo que había asumido y, aun más, lo dio gratuitamente al género humano.' (Contra arrianos 1:42)

'El que como hombre dijo: “Ahora mi alma se siente turbada”, dijo también como Dios: “Tengo poder para dar mi vida y poder para volverla a tomar.” Porque el turbarse era propio de la carne, pero el tener poder para dar la vida y tomarla de nuevo... no es propio de hombres, sino del poder del Verbo.' (Op. Cit. 3:57)

'Él se hizo hombre para que nosotros pudiéramos hacernos Dios y se manifestó a través de un cuerpo para que nosotros recibiéramos una idea del Padre.' (Encarnación del Verbo, 54)