Historia

ICONOCLASTA

En la Edad Media, al igual que en otras etapas de la Historia, hubo enfrentamientos por cuestiones teológicas que marcaron a sus protagonistas y dejaron una huella para el resto de los siglos. Tal vez podríamos resumir estas controversias en cuatro: la iconoclasta, la adopcionista, la predestinacionista y la eucarística. La primera de ellas tuvo su radio de acción en la Iglesia bizantina, las tres restantes en la occidental.

La controversia iconoclasta, de icono (imagen), perturbó al Imperio Bizantino en los siglos VIII y IX. Los enemigos de las imágenes argüían la prohibición de No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.[…]Éxodo 20:4 y la posibilidad de idolatría, mientras que los defensores insistían en el simbolismo de las imágenes y en la dignidad de la naturaleza creada. Aunque en la iglesia antigua el uso de retratos de Cristo y los santos estuvo vedado, sin embargo poco a poco fue ganando aceptación popular, hasta el punto de que en los siglos VI y VII los iconos eran objetos sagrados en las provincias orientales del Imperio. En el año 726 el emperador Bizantino León III se opuso al uso de iconos, prohibiendo su uso en el año 730. Entonces comenzó una persecución contra los partidarios de los mismos que perduró durante el reinado de su sucesor, Constantino V (741-775).

Pero en el año 787, la emperatriz Irene convocó el séptimo concilio ecuménico en Nicea, donde los iconoclastas (enemigos de los iconos) fueron condenados y su uso restablecido. Sin embargo, bajo León V los iconoclastas tomaron de nuevo el poder, prohibiendo el uso de iconos en un concilio celebrado en el año 815. Con la muerte del emperador Teófilo en el año 842 y el ascenso de su viuda, Teodora, al trono, se recuperó definitivamente el uso de los iconos, celebrándose desde entonces la Fiesta de la Ortodoxia.

CONTROVERSIA ICONOCLASTA
FECHASPERSONAJES DESTACADOSHECHOS NOTABLESTEXTOS NOTABLES
726-843En cursiva enemigos del culto a las imágenes.

En negrita partidarios del culto a las imágenes.

León III el Isáurico(717-740)

Gregorio III(731-741)

Germán de Constantinopla

Juan de Damasco (650-750)

Constantino V Coprónimo (741-751)

León IV el Cázaro (775-780)

Irene (780-802)

Constantino VI(780-797)

León V el Armenio(813-820)

Migel II el Tartamudo(820-829)

Teófilo(829-842)

Teodora

Antecedentes:

El concilio de Elvira (c. 300) prohíbe, en su canon 36, las imágenes: 'Ordenamos que no haya pinturas en la Iglesia, el objeto de nuestra adoración no debe tampoco ser pintado en las paredes.'

En razón de la difusión social del cristianismo y la entrada en la Iglesia de paganos sin convertir, el culto a las imágenes adquiere amplia popularidad. Gregorio Magno afirma que es lícito el uso de las pinturas en las iglesias porque son como una Biblia para el que no sabe leer, pero condena su culto.

Las imágenes, popularmente, eran consideradas prenda segura de bendiciones y de salud y una garantía de la protección y auxilio de lo alto.

León III el Isáurico, emperador bizantino, persuadido del uso supersticioso de las imágenes, comienza su campaña (726) contra el culto a las mismas.

El pueblo se amotina (727) ante el mandato imperial de derribar una imagen de Cristo. Los monjes y las mujeres principales opositores.

El ejército, partidario de la política iconoclasta del Emperador, destruye esculturas y cuadros, además de ensañarse con los partidarios de las imágenes.

Enfrentamiento entre el Emperador y Germán, patriarca de Constantinopla, a causa de las imágenes.

Gregorio III, obispo de Roma, excomulga a los iconoclastas.

Ascenso al trono de Constantino V Coprónimo, quien acentúa la línea iconoclasta de su padre.

Constantino V rechaza la veneración de las reliquias, la intercesión de María y de los santos y el uso del crucifijo.

Juan de Damasco en sus Discursos sobre las imágenes, pone las bases teológicas de las que luego se servirá el II Concilio de Nicea para la justificación del culto a las imágenes.

Constantino V convoca el Concilio de Hiereia (754) en el que se condena el uso de imágenes y se anatematiza a Germán de Constantinopla y a Juan de Damasco.

Imposición por la fuerza de los decretos de Hiereia: destrucción de imágenes y baño de sangre.

León IV mitiga la política de su padre. A su muerte (780) su mujer, Irene, partidaria de las imágenes, toma las riendas del poder.

Irene convoca el II Concilio de Nicea (787), en el que se derogan los decretos del de Hiereia y se justifica el uso de las imágenes. Distinción entre el culto de latría (reservado a Dios) y culto de dulía (dado a los santos). Distinción entre el culto absoluto (dado a la persona) y el culto relativo (dado a la representación de la persona). Este último culto no tiene por destinatario al objeto, sino a la persona representada en la imagen.

Ascenso de Constantino VI al poder. Su madre Irene conspira contra él y manda que le saquen los ojos.

Destitución de Irene (802) y ascenso de León V el Armenio, enemigo de las imágenes.

León V (815) convoca el Concilio de Santa Sofía en el que se revocan los decretos del II de Nicea.

Ascenso al trono de Miguel II el Tartamudo y tras él su hijo Teófilo, ambos iconoclastas.

A la muerte de Teófilo, su esposa, Teodora, partidaria de las imágenes toma las riendas del poder.

Bajo Teodora, triunfo oficial y definitivo (843) de la veneración de imágenes.

'Habiendo decidido Constantino ultrajar a la Iglesia y combatir la piedad, reunió, como por inspiración de un mal espíritu, un concilio de ciento treinta y ocho obispos, presidido por Teodosio, patriarca de Éfeso. Dio también la Iglesia de Constantinopla a un monje que era obispo de Sillea.
Se ordenó que las imágenes fueran retiradas y se publicó el decreto en pleno mercado para dejar en ridículo a los fieles que las habían rendido culto. A continuación se pronunció anatema contra Germán, que había sido patriarca de Constantinopla, contra Gregorio de Chipre y contra Juan Damasceno, llamado Mansur.'

(Histoire des empereurs Constantin, Heracle et leurs successeurs, por Nicéforo, patricio de Constantinopla, en Histoire de Constantinople III, Cousin, París, 1685, p. 388.)

'En aquellos tiempos, el tirano imperial [Constantino V] destruyó temerariamente el templo de las Blaquernas dedicado a la Madre de Dios y cuyos muros habían estado antes decorados con pinturas que representaban la venida de Dios entre los hombres, sus milagros y su vida hasta el tiempo de la Asunción y Pentecostés. Retirando así todas las representaciones de Cristo entregó la iglesia a la vegetación y a los pájaros. La dejó inculta, cubierta de árboles, de todas las especies aladas y salvajes. Y de frondas de hiedra. Como ornamento utilizó los círculos que describen grullas, cornejas y pavos reales.'
(Vita S. Stephani Junioris)

'Nuestra discusión no versa sobre cuestiones mundanas. Al emperador y a los tribunales seculares les compete juzgarlas. Ahora estamos hablando de cuestiones divinas que no incumben más que a aquel a quien dijo el Verbo divino: "Todo lo que atares sobre la tierra quedará atado en el cielo y todo lo que desatares sobre la tierra quedará desatado en el cielo".
¿Quiénes han recibido este mandato? Han sido los apóstoles y sus sucesores. ¿Quiénes son estos últimos? El que se sienta en el trono de Roma y que es el primero; el segundo es quien se sienta en el trono de Constantinopla. Tras de éstos están los que se sientan en los tronos de Alejandría, Antioquía y Jerusalén. He aquí la autoridad pentárquica de la Iglesia. Ellos son los que tienen autoridad para fallar sobre los dogmas divinos. El emperador y las autoridades civiles están obligados a prestarles su apoyo y a confirmar aquello que decidan.'

(Teodoro el Estudita, carta 129.)

'Debéis saber, oh emperador, que el Dios que te dio el imperio, por quien los reyes reinan y dominan los señores, con ser infinito, se humilló hasta tomar nuestra naturaleza, en todo semejante a nosotros, fuera de pecado. Y en nuestra asumida naturaleza, obró portentos, resucitó a los muertos, alumbró a los ciegos, limpió a los llagados, sufrió la muerte, resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado para siempre a la diestra de Dios Padre. Esta humana naturaleza, que los Evangelios atestiguan, honramos en Cristo y reverenciamos. Y si esto es así ¿quién nos podrá recriminar si veneramos a Cristo en sus imágenes? ¿No son iniciados por este medio los más rudos neófitos facilísimamente en la verdad de nuestra fe?, ¿qué concilio proscribió jamás tan piadosas prácticas?, ¿por ventura, el mismo Jesucristo no nos legó su faz milagrosa por medio de Ancaro?, ¿no nos trasladó la Virgen deípara su imagen por el apóstol san Lucas?, ¿y qué otra doctrina nos enseñan los Padres? Basilio, declarador de los más inefables misterios, dice: Se tributa al prototipo el honor deferido a la imagen. Juan, Boca de Oro, protesta: Amé la imagen, aunque fuese en cera fundida. Cirilo, cítara del Espíritu Santo, exclama: Muchas veces contemplo la imagen dolorida del Señor y rompen, sin que pueda impedirlo, mis ojos en lágrimas. Y si los seis primeros concilios nunca reprobaron el culto de las imágenes, ¿querrás saber tú más que los concilios? Emperador, tú debes procurar el bien temporal del Estado, de los Padres de la Iglesia y vigilar por la integridad de la fe.'
(Vida de san Teófanes)

'En cuanto a las imágenes y su culto, aunque no habría necesidad de escribiros, puesto que la santa solicitud de nuestros predecesores, pontífices venerables, inflamada de fervor católico, determinó muchas cosas muy útiles y provechosas para la Iglesia de Dios, sin embargo, la frecuente repetición de uutrucciones hace la atención de los oyentes más respetuosa. Por ello nos preocupamos de exponer algo acerca de ello, para conservar la unidad del pueblo de Dios.
Así pues, la santa Iglesia católica y apostólica mantiene íntegra hasta el presente y defiende la antigua tradición de los santos Padres que recibimos en custodia de nuestros beatísimos y ortodoxos predecesores que después del bienaventurado Pedro ocuparon la Sede Apostólica. Es necesario venerar y honrar con toda la atención de la mente y con todo el esfuerzo de la voluntad las venerables imágenes tanto las de nuestro Señor Jesucristo como las de su santísima madre, las de los bienaventurados apóstoles y las de todos los santos. En cuanto sea posible, procuremos resistir denodadamente la locura de los herejes que prohiben este culto al pueblo fiel.
Pues a los establecidos en la paz de la Iglesia, nada puede ser contrario, si las imágenes pintadas de los santos aumentan en ellos el amor. En verdad, mientras se mira su rostro y se recuerdan sus hechos, Dios, que como se sabe habita en ellos, es perfectamente alabado. Ciertamente, si Dios que es invisible e incorpóreo se apareció a los ojos de los mortales no en su propia naturaleza divina sino en la creación para que los creyentes le tributen un culto supremo, ¿por qué no veneraremos con gran honor las almas de los santos, que viviendo tuvieron cada uno su rostro según el orden divino y realizaron obras agradables a Dios?, ¿por qué hemos de execrar las imágenes de aquellos por los que conocimos la verdad de la fe?.'

(Primera carta de Nicolás I a Miguel III)