Historia

EL MISTICISMO ESPAÑOL

Una expresión de la Contrarreforma católica que despertó reparos en un principio entre la jerarquía fue el avivamiento místico del siglo XVI, concretamente el que sucedió en España en esa época. El misticismo, por su propia naturaleza, coloca a la institución eclesiástica en una posición difícil, ya que su énfasis radica en la experiencia personal y en la relación directa con Dios, lo cual puede hacer del sistema sacerdotal y sacramental algo superfluo. No es extraño que en una época en la que los alumbrados habían creado bastantes dificultades a la Inquisición, ésta viera con recelo los brotes místicos que en España surgían. Sin embargo, las investigaciones llevadas a cabo en los casos de Teresa de Ávila y Juan de la Cruz demostraron que nada había en ellos que se apartara de la doctrina católica tradicional. De hecho ambos personajes serían posteriormente canonizados.

EL MISTICISMO ESPAÑOL
NOMBREORDENESCRITOSHECHOS NOTABLESTEXTOS NOTABLES

Teresa de Ávila
(1515-1582)

Carmelitas descalzas

Camino de perfección

Castillo interior

El libro de las fundaciones
 

Nació en el seno de una noble familia española en Ávila.

Ya en su juventud ardía en deseos de ir a tierras de moros para convertirlos.

En 1536 ingresó en el convento carmelita de la Encarnación, pero tuvo que salir del mismo a causa de una grave enfermedad, pudiendo regresar al mismo en 1540.

Profundamente afectada por las condiciones de laxismo imperantes en muchos conventos españoles, Teresa comenzó una reforma de la orden del Carmelo, fundando diversas casas religiosas y viajando por toda España.

En 1575 estalló una disputa jurisdiccional entre las carmelitas observantes de la regla mitigada, mitigación llevada a cabo en los siglos XIV y XV, y las reformadas o descalzas, de las cuales Teresa fue impulsora.  A consecuencia del conflicto se le ordenó recluirse en un convento en Castilla y dejar de fundar más conventos.

En 1580 se otorgó jurisdicción independiente a las carmelitas descalzas.

Con la salud delicada y tras reiniciar sus viajes de reforma por los conventos, Teresa murió en Alba de Tormes.

'Estaba un día, víspera del Espíritu Santo, después de misa; fuime a una parte bien apartada adonde yo rezaba muchas veces, y comencé a leer en un Cartujano esta fiesta; y leyendo las señales que han de tener los que comienzan y aprovechan y los perfectos, para entender está con ellos el Espíritu Santo, leídos estos tres estados, parecióme, por la bondad de Dios, que no dejaba de estar conmigo, a lo que yo podía entender. Estándole alabando y acordándome de otra vez que lo había leído, que estaba bien falta de todo aquello, que lo veía yo muy bien, así como ahora entendía lo contrario de mí, y así conocí era merced grande la que el Señor me había hecho. Y así comencé a considerar el lugar que tenía en el infierno merecido por mis pecados, y daba muchos loores a Dios, porque no me parecía conocía mi alma, según la veía trocada. Estando en esta consideración, díóme un ímpetu grande, sin entender yo la ocasión; parecía que el alma se me quería salir del cuerpo, porque no cabía en ella ni se hallaba capaz de esperar tanto bien. Era ímpetu tan excesivo, que no me podía valer, y -a mí parecer- diferente de otras veces; ni entendía qué había el alma, ni qué quería, que tan alterada estaba. Arriméme, que aun sentada no podía estar, porque la fuerza natural me faltaba toda.
Estando en esto, veo sobre mi cabeza una paloma, bien diferente de las de acá, porque no tenía estas plumas, sino las alas de unas conchicas que echaban de sí gran resplandor. Era grande más que paloma, paréceme que oía el ruido que hacía con las alas. Estaría aleando espacio de un Avemaría. Ya el alma estaba de tal suerte que perdiéndose a sí de sí la perdió de vista. Sosegóse el espíritu con tan buen huésped, que -según mi parecer- la merced tan maravillosa le había de desosegar y espantar; y como comenzó a gozarla, quitósele el miedo y comenzó la quietud con el gozo, quedando en arrobamiento.
Fue grandísima la gloria de este arrobamiento. Quedé lo más de la Pascua tan embobada y tonta, que no sabía qué hacerme, ni cómo cabía en mí tan gran favor y merced. No oía ni veía, a manera de decir, con gran gozo interior. Desde aquel día entendí quedar con grandísimo aprovechamiento en más subido amor de Dios y las virtudes muy más fortalecidas. Sea bendito y alabado por siempre. Amen.
Otra vez vi la misma paloma sobre la cabeza de un padre de la Orden de Santo Domingo, salvo que me pareció los rayos y resplandor de las mismas alas que se extendían mucha más. Dióseme a entender había de traer almas a Dios.'

(Libro de la vida)

Juan de la Cruz (1542-1591)

Carmelitas descalzos

Cántico espiritual

Subida del Monte Carmelo

Noche oscura del alma

Llama de amor viva

Nacido en el seno de una familia noble pero de escasos recursos.

Se unió a los carmelitas en Medina del Campo en 1563, estudiando posteriormente teología en Salamanca.

Tras ser ordenado sacerdote, fue persuadido por Teresa de Ávila a emprender la reforma de los carmelitas. Después Juan sería el confesor de Teresa en el convento de la Encarnación, en Ávila, entre 1572 y 1577.

Ante la austeridad y sencillez de la nueva orden carmelita, se levantó oposición que dio con el encarcelamiento de Juan en Toledo (1578). Allí escribió su Cántico espiritual.

Tras escapar de la cárcel, pasó el resto de su vida elaborando su teología mística.

En varias ocasiones fue prior de conventos y vicario de Andalucía, pero la controversia por disensiones en la orden hicieron que se retirara a la soledad.

'Entréme donde no supe,
y quedéme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Yo no supe dónde entraba,
pero, cuando allí me vi,
sin saber dónde me estaba,
grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí,
que me quedé no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida (vía recta);
era cosa tan secreta,
que me quedé balbuciendo,
toda ciencia trascendiendo.

Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado,
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.

El que allí llega de vero
de sí mismo desfallece;
cuanto sabía primero
mucho bajo te parece;
y su ciencia tanto crece,
que se queda no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Cuanto más alto se sube,
tanto menos se entendía,
que es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía;
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios, arguyendo,
jamás le pueden vencer;
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Y es de tan alta excelencia
aqueste sumo saber,
que no hay facultad ni ciencia
que le puedan emprender;
quien se supiere vencer
con un no saber sabiendo,
irá siempre trascendiendo.

Y, si lo queréis oír,
consiste esta suma ciencia
en un subido sentir
de la divina esencia;
es obra de su clemencia
hacer quedar no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.'

'En el principio moraba
el Verbo y en Dios vivía,
en quien su felicidad
infinita poseía.
El mismo Verbo Dios era,
que el principio se decía;
él moraba en el principio,
y principio no tenía.
El era el mismo principio;
por eso de él carecía;
el Verbo se llama Hijo
que de el principio nacía.
Hale siempre concebido,
y siempre le concebía;
dale siempre su sustancia
y siempre se la tenía.
Y así, la gloria del Hijo
es la que en el Padre había,
y toda su gloria el Padre
en el Hijo poseía.
Como amado en el amante,
uno en otro residía,
y aquese amor que los une
en lo mismo convenía
con el uno y con el otro
en igualdad y valía.
Tres personas y un amado
entre todos tres había,
y un amor en todas ellas
un amante las hacía;
y el amante es el amado
en que cada cual vivía,
que el ser que los tres poseen,
cada cual le poseía,
y cada cual de ellos ama
a la que este ser tenía.
Este ser es cada una,
y éste solo las unía
en un inefable nudo
que decir no se sabía;
por lo cual era infinito
el amor que las unía,
porque un solo amor tres tienen,
que su esencia se decía:
que el amor, cuanto más uno
tanto más amor hacía.'