Historia

METODISTAS

En 1738 John Wesley, un ministro anglicano, asistió a una reunión en Londres en la que experimentó una seguridad personal de salvación que nunca había conocido.

John y Charles Wesley predicando en Bristol
John y Charles Wesley predicando en Bristol
A partir de ese momento se dedicó a predicar a los que estaban siendo desatendidos, según su criterio, por la Iglesia anglicana. La idea de Wesley no era fundar una denominación aparte de tal Iglesia, sino formar una sociedad dentro de la misma. Algo asimilar a lo que los pietistas querían hacer con la Iglesia luterana. Sin embargo, tras años de tensas relaciones la ruptura formal se produjo en 1795, cuatro años después de la muerte de Wesley, constituyéndose en 1784 en Estados Unidos la Iglesia episcopal metodista Americana (que no hay que confundir con la Iglesia episcopal protestante) bajo la dirección de Francis Asbury y Thomas Coke.

Aunque los primeros metodistas no llegaron a América hasta poco antes de la Revolución, para mediados del siglo XIX tenían más miembros que cualquier otra denominación. Estaban organizados en 'clases' que reforzaban la disciplina, con una estructura jerárquica lo suficientemente organizada y con autoridad para supervisar a los predicadores itinerantes. El avance metodista se detuvo temporalmente en 1848 por la división entre el Norte y el Sur a causa de la esclavitud. Pero tras la Guerra Civil, las dos ramas continuaron su rápido crecimiento en número y recursos. A medida que el metodismo era asimilado por la clase media americana protestante, surgió un movimiento de 'santidad' que se separó del metodismo a finales del siglo XIX. Las ramas del Norte y del Sur se unieron en 1939, añadiéndose nuevas uniones en el siglo XX, aunque el movimiento de santidad y las iglesias pentecostales nacidas del mismo siguieron su propio camino.

A pesar de las variaciones en práctica y doctrina, todos los metodistas aceptan las enseñanzas del cristianismo histórico, sin insistir en la uniformidad doctrinal. Comparten las doctrinas que indican el poder del Espíritu Santo para confirmar la fe del creyente y para transformar la vida personal (particularmente la enseñanza sobre la perfección cristiana asociada con Wesley), que la esencia de la fe yace en una relación personal con Dios y en un interés por los menos favorecidos socialmente. Todas las iglesias metodistas profesan lealtad a las Escrituras como guía suprema de fe y práctica, si bien dan la bienvenida a la moderna erudición bíblica, menos los grupos más conservadores. Afirman el valor del bautismo infantil y la necesidad de recibir regularmente la Cena del Señor, creyendo que Cristo está verdaderamente presente, si bien no precisan el modo de esa presencia.

Árbol de la Reforma