Historia

MORAVOS

Los orígenes de las iglesias moravas habría que trazarlos hasta el movimiento husita de la Unitas Fratrum que tuvo lugar durante el siglo XV en Bohemia y Moravia.

Lavamiento de pies en la Unitas Fratrum
Lavamiento de pies en la Unitas Fratrum
Durante los siglos XVI y XVII el movimiento de los Hermanos Bohemios sobrevivió a la persecución de la Contrarreforma y a la proscripción de la Paz de Westfalia (1648) gracias a los esfuerzos de leales adherentes. El desarrollo del pietismo alemán a finales del siglo XVII incrementó la inquietud entre los protestantes clandestinos en casi toda Moravia y Bohemia. Un grupo de familias huyó de Moravia y se asentó en 1722 en las propiedades del conde Zinzendorf en Sajonia, donde fundaron Herrnhut. La comunidad atrajo a toda una corriente de exiliados de Bohemia y Moravia, además de pietistas de Alemania.

Con la ayuda del conde, Herrnhut se convirtió en la comunidad madre de lo que luego llegaría a ser la Iglesia morava y el centro de una red de sociedades establecidas sobre el modelo pietista, trabajando en la alimentación de la vida espiritual dentro de las iglesias estatales, principalmente luteranas, pero también reformadas. Esta última fase fue conocida como la 'diáspora', comenzando los primeros evangelistas itinerantes sus actividades en 1727 y saliendo los primeros misioneros para trabajar entre los esclavos africanos en América en 1732. De forma que los moravos fueron los primeros protestantes que pensaron en misiones más allá de Europa. En un tiempo en el que muchas fuerzas del protestantismo se empleaban en discusiones y controversias internas, los moravos miraron más allá de ellos mismos y en el transcurso de dos décadas continuaron las misiones a Groenlandia, Surinam, Sudáfrica y entre los nativos americanos. En Herrnhut se elaboró un tipo de comunidad en el que la vida civil y eclesiástica estaban integradas en una sociedad teocrática, prototipo para los 20 asentamientos en Europa y América. Los grupos de comunión adoraban diariamente, dirigían escuelas y se concentraban en esfuerzos misioneros y evangelizadores que caracterizaron esas comunidades moravas. La financiación procedía de ellos mismos y sus proyectos de industrias manufactureras.

Todas las iglesias moravas están relacionadas entre sí por medio de un sínodo general de representantes electos que se reúnen cada 10 años, con autoridad en todos los asuntos de doctrina. El poder de ordenar para el ministerio se reserva a los obispos. La iglesia morava se adhiere a la Biblia como la única norma de fe y práctica. Suscribe el Credo de los Apóstoles y el niceno, aunque no tiene un credo distintivo ella misma, pues, según su criterio, en las diversas confesiones de los principales cuerpos protestantes los artículos de la fe cristiana ya están suficientemente expresados. La adoración es litúrgica y sigue el calendario eclesiástico. La comunión se practica seis veces al año y en algunos lugares mensualmente. En la Semana Santa se recalcan los sufrimientos de Cristo.

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