Historia

LOS DEÍSTAS FRANCESES

El deísmo entró en Francia procedente de Inglaterra, aunque no tuvo las dimensiones teológicas que en su lugar de origen sí alcanzó a tener. Es decir, el deísmo francés se caracterizó más por su vertiente revolucionaria y materialista que por el aspecto religioso, de ahí que sea borrosa la separación entre deísmo y ateísmo entre los autores franceses, siendo notorio que pudieran trabajar codo con codo un deísta como D'Alembert y un ateo como Diderot en la edición de la famosa Enciclopedia francesa.

LOS DEÍSTAS FRANCESES
NOMBREFECHAESCRITOSHECHOS NOTABLESIDEAS NOTABLESTEXTOS NOTABLES
François-Marie Arouet (Voltaire)
voltaire
(1694-1778)Edipo

Poème de la ligue

Los pros y los contras

Cartas filosóficas

Elementos de la filosofía de Newton

El siglo de Luis XIV

Ensayo sobre la historia general y sobre las costumbres y el carácter de las naciones

El desastre de Lisboa

Cándido

Tancredo

Diccionario filosófico

Hizo sus primeros estudios con los jesuitas, demostrando ya precozmente su genio para la literatura, la mordacidad y la sátira.

Viajó extensamente por diversos países de Europa, siendo protegido y cortesano de algunos poderosos, como Federico el Grande, Luis XV y Catalina de Rusia.

Encerrado en La Bastilla en dos ocasiones por sus escritos en los que denunciaba los abusos políticos y eclesiásticos en Francia.

Representante destacado de la "Edad de la Razón".

Partía de las tres premisas deístas: Dios, el mundo y nada que entre ambos pudiera denominarse revelación especial ni providencia.

Su deísmo era parcialmente una reacción contra la corrupción e intolerancia de la iglesia.

Nunca dio señales de que tuviera algún tipo de relación con Dios, dado que ni siquiera creía que tal relación pudiera existir.

La inmortalidad del alma no tuvo ningún papel en su pensamiento.

Atacaba al cristianismo no tanto por sus principios sino por sus hechos, deleitándose en mostrar lo irreconciliable de una noción cristiana con otras creencias necesarias.

Cuando habla de su concepción general de Dios lo hace desde la fría indiferencia, adornada con chispas de cinismo.

'Si Dios no existiera habría que inventarlo, pero toda la naturaleza proclama que él es.'

'De entre todas las religiones, la cristiana es sin duda la que debe inspirar una tolerancia mayor, ya que los cristianos han sido hasta ahora los más intolerantes. Ya los apóstoles estaban en desacuerdo sobre diferentes puntos. Enseguida existieron treinta evangelios, cada uno de los cuales pertenecía a una corriente diferente; y, a partir de finales del primer siglo, se pueden contar treinta sectas distintas de cristianos en Asia Menor, en Siria, en Alejandría y hasta en Roma.
Todas estas sectas, desprestigiadas por el gobierno romano y obligadas a la clandestinidad, se perseguían entre sí incluso en los subterráneos por los que se arrastraban; injuriarse era todo cuanto podían hacer en aquel estado de abyección: por otra parte, todas ellas estaban compuestas casi exclusivamente por la escoria de la sociedad.
Cuando finalmente los cristianos acogieron los dogmas de Platón, mezclando un poco de filosofía con su religión y separándola firmemente del judaísmo, fueron imponiéndose gradualmente, pero permanecieron divididos en muchas sectas; nunca la Iglesia cristiana ha sido auténticamente una. Ya nació en medio de las disputas entre judíos, samaritanos, fariseos, saduceos, esenios, discípulos judíos de Juan y terapeutas. Estuvo, pues, dividida desde la cuna, y lo estuvo incluso durante las persecuciones que padeció bajo los primeros emperadores romanos.'

(Diccionario filosófico)

Jean-Jacques Rousseau
rousseau
(1712-1778)Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres

La nueva Eloísa

El contrato social

Emilio o De la educación

Confesiones

Nacido en Ginebra, su madre murió a los pocos días del nacimiento, siendo su padre quien le indujo en el amor a la lectura.

Tras ser aprendiz de grabador escapó de la rígida disciplina, siendo enviado tras diversas peripecias a una institución docente católica en Turín, donde abjuró del protestantismo.

Pasó ocho años al servicio de Madame de Warens, en cuya casa estudió música, filosofía, matemáticas y latín.

Llegado a París entró en contacto con los enciclopedistas: Diderot, D'Alembert, Holbach y otros, siendo invitado a participar en la elaboración de la Enciclopedia.

En 1754 volvió a Ginebra, renegando del catolicismo y buscando la readmisión entre los protestantes, quienes le dieron la bienvenida a pesar de que Rousseau se presentó acompañado de una muchacha que supuestamente era su amante.

Vuelto a París comenzaron sus diatribas con sus antiguos amigos los enciclopedistas, chocando fuertemente con Voltaire y D'Alembert.

La publicación de sus ideas le obligó a exiliarse a Prusia, Inglaterra y volver a Francia, donde moriría.

El estado natural del ser humano es superior, en el plano moral, al estado civilizado, ya que las instituciones sociales corrompen la inocencia original.

El origen de la desigualdad entre los hombres procede del descenso de la inocencia del nacimiento hasta la sofisticación corrupta del adulto.

En la etapa cuando el ser humano no era un ser social sino solitario era feliz y libre; el problema surgió cuando se creó la sociedad donde se fomenta la codicia, el orgullo y la competencia.

El concepto de propiedad introdujo otro factor de corrupción y desintegración. De ahí que fuera necesario la introducción del contrato social, es decir, el acuerdo que regula las relaciones entre los seres humanos y establece la necesidad de un gobierno.

En su obra Emilio propone un nuevo modelo educativo basado en lo natural, lo que capacitará al educando para ser persona en el pleno sentido de la palabra, no un mero profesional en tal o cual especialidad.

El cristianismo, aunque verdadero, es inútil como religión civil ya que tiene un fin supra-terrenal y no inculca las virtudes necesarias para el servicio del Estado, como valor, virilidad y patriotismo.

'Todo es bueno al salir de las manos del Autor de las cosas, todo degenera en las manos del hombre; él obliga a un terreno a producir productos propios de otro, a un árbol a dar los frutos de otro; mezcla y confunde los climas, los elementos, las estaciones; mutila a su perro, a su caballo, a su esclavo; lo altera todo, lo trastorna todo, ama las deformidades y los monstruos, nada quiere como lo produce y entrega la naturaleza, ni siquiera el hombre; es preciso adiestrarlo a su conveniencia, como un caballo de monta; es preciso moldearlo a su manera, como un árbol de su jardín. Sin nada de esto todo iría aún peor, y nuestra especie no quiere ser formada a medias.
En el estado en que ahora las cosas se encuentran, un hombre, abandonado a sí mismo desde el nacimiento, sería entre los demás el más alterado de todos. Los prejuicios, la autoridad, la necesidad, el ejemplo, todas las instituciones sociales en que nos hallamos sumergidos, sofocarían en él la naturaleza y nada pondrían en su lugar. Éste se encontraría como un arbusto que el azar hace nacer en medio de una carretera y al que enseguida los viandantes golpean por todas partes y doblan en todos los sentidos, hasta acabar con él.
Nacemos débiles y tenemos la necesidad de fuerzas; nacemos desprovistos de todo y tenemos necesidad de asistencia; nacemos estúpidos y tenemos necesidad de juicio. Todo lo que no tenemos desde el nacimiento y que necesitamos cuando somos grandes, nos es dado mediante la educación. Esta educación nos viene o de la naturaleza, o de los hombres o de las cosas.
El desarrollo interior de nuestras facultades y de nuestros órganos es la educación de la naturaleza; el uso que se enseña a hacer de este desarrollo es la educación de los hombres; la adquisición de nuestra experiencia sobre los objetos que nos conmueven es la educación de las cosas. Así pues, todos somos educados por tres especies de maestros.'

(Emilio)

'El primer hombre que, habiendo cercado un terreno, tuvo la idea de proclamar "esto es mío" y encontró a otros tan ingenuos que le creyeron, fue el verdadero fundador de la sociedad civil. Cuántos delitos, cuántas guerras, cuántos asesinatos, cuántas miserias, cuánto horror habría ahorrado al género humano aquel que, arrancando los postes o colmando el foso, hubiese gritado a sus similares: Guardaos de escuchar a este impostor; ¡si olvidáis que los frutos son de todos y que la tierra no es de nadie, estaréis perdidos!'
(Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres)

Jean Le Rond d'Alembert
dalembert
(1717-1783)Memoria sobre el cálculo integral

Tratado de dinámica

Reflexiones sobre la causa general de los vientos

Enciclopedia

Fruto de los amoríos de una escritora y un caballero, al nacer fue depositado a la puerta de una iglesia en París.

Su padre, no obstante, se preocupó de él y le matriculó en una escuela jansenista donde sus profesores quisieron instruirlo en teología, pero él aborrecía esa disciplina.

Estudió leyes y terminó la carrera aunque nunca la ejerció.

Finalmente se dedicó a estudiar matemáticas, la verdadera pasión de su vida.

Sus investigaciones científicas le granjearon fama y prestigio en el campo de la física y las matemáticas.

Participó en la elaboración de la Enciclopedia, concretamente en los artículos que versaban sobre ciencia y matemáticas.

En 1754 fue elegido miembro de la Academia Francesa, siendo también reclamado por Federico el Grande y Catalina de Rusia para ejercer cargos en las cortes de ambos, sendas invitaciones a las que declinó atender.

Todas nuestras ideas proceden de nuestras sensaciones.'No es necesario profundizar mucho en la naturaleza de nuestro cuerpo y en la idea que tenemos de él para reconocer que no podría ser esta sustancia la que nos diera las ideas, pues las propiedades que observamos en la materia no tienen nada que ver con la facultad de querer y pensar; de donde resulta que este ser llamado nosotros, está formado por dos principios de diferente naturaleza de tal modo unidos que reina entre los movimientos del uno y los afectos del otro una correspondencia que no podríamos suspender ni alterar... Todo esto nos eleva a la contemplación de una inteligencia omnipotente a quien debemos lo que somos... cuya existencia ha de ser reconocida por nuestro sentimiento interior y por el testimonio universal de los hombres. Es, pues, evidente que las nociones puramente intelectuales, el principio y la necesidad de las leyes, la espiritualidad del alma, la existencia de Dios son el fruto de las primeras ideas reflexivas a que nuestras sensaciones dan ocasión.'
(Discurso preliminar)