Educación
Funciones de la pedagogía
Funciones de la pedagogía¿Cuáles son las funciones de la pedagogía? Yo diría que básicamente tres:
1. En primer lugar, sembrar y desarrollar lo bueno. Si no se siembra nada, por generación espontánea no van a salir frutos provechosos, sino todo lo contrario. Como saben todas las personas que se dedican al campo, si a la tierra se la deja a su espontaneidad, pronto habrá un problema en cuestión de poco tiempo, pues las malas hierbas se apoderarán de ella. Por lo tanto, es necesario sembrar algo bueno.
2. La mejor medicina no es la curativa sino la preventiva. La curativa se aplica cuando ya no hay otra solución y entonces hay que ponerse a reparar; pero el ideal de la medicina siempre es la prevención; pues bien, el ideal de la pedagogía es también la prevención. Hay una pedagogía que es también curativa y ha de ejercerse cuando ya las cosas están tomando una gravedad tal que no queda otro remedio. Pero, sin duda, la mejor pedagogía es la preventiva, es decir, la que evita los males.
3. Finalmente, la tercera función de la pedagogía es desarraigar, quitar aquello que es malo. Y hay mucho de malo en nosotros. Los niños no son criaturas inocentes. Desde la Caída se terminó la edad de la inocencia, de manera que los padres mismos le hemos transmitido algo perverso a nuestros hijos, por vía de nuestros genes, además de por vía de nuestro ejemplo.
Dios Padre, el Gran Pedagogo
Si la Biblia es pedagógica, se sigue que Dios, su autor, ha de ser pedagogo. En efecto, Dios es el gran pedagogo. El pasaje clásico es 5 además, habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige: HIJO MIO, NO TENGAS EN POCO LA DISCIPLINA DEL SEÑOR, NI TE DESANIMES AL SER REPRENDIDO POR EL; 6 PORQUE EL SEÑOR AL QUE AMA, DISCIPLINA, Y AZOTA A TODO EL QUE RECIBE POR HIJO. 7 […]Hebreos 12:5-11:
'Y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por Él, porque el Señor al que ama disciplina y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina Dios os trata como hijos, porque, ¿qué hijo es aquel al que el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos y no hijos. Por otra parte tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus y viviremos? Y aquellos ciertamente por pocos días nos disciplinaban, como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina presente parece ser causa de goza sino de tristeza, pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.'En este pasaje hay una palabra que se repite ocho veces en los siete versículos, lo cual hace que sea la palabra clave o dominante; ese vocablo es disciplina; la palabra en griego es paideia, procedente de pais, muchacho, y de donde viene pedagogía. Se ha traducido en la Reina-Valera como disciplina, si bien ese concepto, tal y como nosotros lo entendemos no agota el término, que es mucho más amplio. Porque ¿qué se entiende por disciplina? Normalmente tiene que ver con castigo o con algo que se le sustrae o quita al niño. Es cierto que hay un sentido en el que la disciplina es eso, pero la palabra paideia es mucho más amplia. Tiene que ver con la formación de la personalidad, en la cual el castigo es un ingrediente, pero un ingrediente dentro de toda una serie de recursos que los padres tienen para formar a los hijos.
En este pasaje de Hebreos se está diciendo que Dios es pedagogo, es decir, el formador por excelencia de nuestro carácter. Y ¿por qué es el pedagogo por excelencia? porque es el Padre por excelencia, el Padre con mayúscula. Aquí descubrimos una diferencia entre la civilización griega y el pensamiento bíblico y es la siguiente: En la civilización griega el padre delegaba en otro el trabajo de formar al hijo; en la Biblia, en cambio, se le dice a los padres que por el hecho de serlo, son los responsables directos y finales de la formación de sus hijos, siendo los pedagogos de ellos.
Hay varios puntos sobresalientes en este texto:
- Hay una disciplina pedagógica que es divina.
- La disciplina pedagógica es una señal de amor y de afecto; la prueba de que un padre ama a su hijo es precisamente que está ejerciendo disciplina pedagógica sobre ese muchacho. Por lo tanto, lejos de ser algo peyorativo, que asociamos inmediatamente con lo desagradable, aunque tenga un aspecto ingrato, en última instancia, es señal auténtica y verdadera de amor y afecto.
- Y al contrario, la falta de disciplina pedagógica, es una señal de desafecto, de desinterés y hasta de aborrecimiento. Por eso los padres, que guiados por un amor malentendido, que no es amor sino simplemente un sentimentalismo vacío e inútil y que tratan de evitar a los hijos malos tragos a toda costa, les están haciendo un flaco favor.
- La disciplina pedagógica es la demostración de que hay una relación paterno-filial. De que no se trata meramente de una relación pasajera, o de un acuerdo al que se ha llegado entre dos personas, sino que se trata de algo más profundo: relación padres-hijo. 'Si soportáis la disciplina Dios os trata como a hijos, porque ¿qué hijo es aquel al que el padre no disciplina?'. Es impensable, por lo tanto, que en la relación paterno-filial no haya por medio disciplina pedagógica, pues es parte natural e intrínseca de esa relación.
- Más aún, la ausencia de disciplina pedagógica sería indicio de que en realidad no existe un estatus paterno-filial verdadero sino uno espurio: 'Sois bastardos y no hijos.'
- Hay una disciplina pedagógica humana y hay una disciplina pedagógica divina, existiendo una diferencia cualitativa entre ambas.
- La disciplina pedagógica de los padres tantas veces es defectiva o excesiva. A veces se ejerce por defecto y otras por exceso, unas veces nos pasamos y otras no llegamos. La disciplina pedagógica humana puede ser errática y arbitraria: 'Aquellos ciertamente por pocos días nos disciplinaban, como a ellos les parecía', es decir, como buenamente entendían y con las luces que tenían.
- Pero la disciplina pedagógica de Dios Padre es perfecta y fructífera, pues Dios no es arbitrario ni está sujeto a explosiones de enojo o a un temperamento manipulable o variable.
- La disciplina pedagógica es momentáneamente desagradable, pero a la larga producirá frutos permanentes y sólidos, que van a resistir las pruebas que la vida pueda presentarle a ese proyecto en ciernes, que es el niño. Es cierto que ninguna disciplina pedagógica parece ser causa de gozo, sino de tristeza, porque todo aquello que conlleva enseñanza supone dedicación y esfuerzo, al tener que ejercer la voluntad y realizar una tarea, pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.
Sí, la Biblia está llena de pedagogía y Dios Padre es el gran pedagogo, el pedagogo por excelencia, porque es el Padre por excelencia. Los padres somos pedagogos delegados y debemos aprender de él cómo ejercer tan alto oficio.