Educación

Resultados de la pedagogía

Resultados de la pedagogía Pedagogía: ¿Arte o ciencia?
Hay un debate ya antiguo sobre si la pedagogía es un arte o una ciencia. ¿Es ciencia la pedagogía? Si pensamos en una ciencia exacta, desde luego no lo es. No es como decir: "Si pongo dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno, automáticamente obtendré agua en el cien por cien de los casos." En este terreno de la pedagogía no nos estamos moviendo en el terreno de una ciencia exacta. A muchos padres les gustaría que fuera así y piensan que si aplican determinadas leyes o principios obtendrán, como resultado, automáticamente, sin fallo ninguno, un hijo ejemplar y maravilloso. Hay ocasiones cuando se aplican los mejores principios y el mejor ejemplo y sin embargo, sorprendentemente, la respuesta no es la esperada. Los hijos de Samuel no fueron como su padre (Pero sus hijos no anduvieron por los caminos de él, sino que se desviaron tras ganancias deshonestas, aceptaron sobornos y pervirtieron el derecho.[…]1 Samuel 8:3).

¿Es entonces la pedagogía un arte? Algo que tiene que ver con la creatividad y la imaginación; los padres son los artistas y tienen entre manos el barro que están modelando, del cual, al final del proceso, va a salir la figura que previamente se han propuesto hacer. Pero tampoco es un arte. Porque un artista está trabajando con un objeto inerte. Si es pintor, el lienzo es un objeto pasivo. O si es escultor trabaja con la piedra, pero en cada caso hay un agente activo y un objeto pasivo, de tal manera que el artista, con arte, con pericia, va a conseguir realizar lo que se ha propuesto hacer. Pero en la pedagogía no se está tratando con un objeto pasivo, porque se trata de otro ser humano, que tiene emociones, voluntad, raciocinio, es decir, que tiene todas las capacidades que los padres también tienen. Y por lo tanto, hay una interrelación, de tal manera que hay unos condicionamientos. De ahí que la pedagogía no sea una ciencia exacta ni tampoco un arte. Tiene sus limitaciones y ahí es precisamente donde entra la gracia de Dios. Y a esa gracia es a lo que los padres cristianos tenemos que apelar, pues una vez hecho todo lo que podemos y sabemos hacer, debemos decir: "Señor, aunque yo he hecho todo esto, sin embargo si tú no haces tu obra y no suples lo que a mí me falta, lo más vital quedará por hacer." Que la pedagogía tenga limitaciones no quiere decir que los padres puedan argumentar: "Me desentiendo de esta tarea, ya que tal vez no va a producir los resultados deseados." Pues normalmente la buena pedagogía dará buenos resultados y normalmente la mala pedagogía dará malos resultados.

Resultados de una buena pedagogía
Tenemos casos en la Escritura en los que vemos a personajes bíblicos que llegaron hasta lo más alto y que fueron hombres y mujeres de Dios, siendo los años de su infancia primordiales en ese desarrollo. Se ha dicho que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Pues bien, en la Biblia vemos a niños que luego llegaron a ser grandes hombres o mujeres y normalmente hay una madre, una gran mujer, detrás de cada uno de ellos. Tenemos los casos de Moisés, Samuel y Timoteo. Es interesante que en esos casos la figura del padre queda en un plano secundario. ¿Quién fue el padre de Moisés? ¿qué hizo? ¿qué relato hay acerca de él? La figura relevante en este caso es la madre. ¿Qué hizo el padre de Samuel? ¿qué influencia ejerció sobre él?. En este caso es de nuevo la madre la que está sembrando, la que está poniendo semillas que luego van a tener repercusiones en la vida de este muchacho. ¿Quién fue el padre de Timoteo? Probablemente puede que fuera pagano. Pero fueron la madre y la abuela quienes le transmitieron el tesoro de la fe. ¿Quién fue el padre de Agustín de Hipona? Un pagano, pero fue la madre, Mónica, cristiana, la que lloró por ese hijo. ¿Quién fue el padre de Juan Crisóstomo, el gran predicador de la antigüedad?. No lo sabemos, porque quedó huérfano a edad temprana, pero sí sabemos de su madre, Antusa, quien ejerció una gran influencia sobre su hijo en la juventud. Aquí tenemos una serie de casos en los que se ha hecho un trabajo pedagógico en la infancia, que al final va a tener sus resultados provechosos.

Consecuencias de una mala pedagogía
En cambio, también tenemos otra serie de ejemplos en la Escritura en los que un mal trabajo pedagógico tuvo devastadores efectos. Los hijos de Elí, que tuvieron un padre débil y blando, que no fue capaz de ponerlos firmes ni de ejercer autoridad sobre ellos, al final pagaron caras las consecuencias de sus actos; pero no solamente ellos, sino también Elí mismo. David es otro caso de mala pedagogía; si hay un ejemplo de padre que deja mucho que desear en la Escritura es David, quien fue un ejemplo en tantas otras cosas. Hombre según el corazón de Dios, como dice la Escritura, pero paternalmente fue un verdadero fracaso. Son sonados los desastres de sus hijos Amnón, Absalón y Adonías, que le dieron innumerables quebraderos de cabeza y se rebelaron contra él. Es evidente que en este hombre de Dios hay una laguna familiar patente, evidente. Alcanzó el éxito en muchos campos y terrenos, pero en el familiar deja mucho que desear. Tal vez tenía demasiadas ocupaciones; después de todo un rey tiene que atender tantos asuntos de Estado y estar al tanto de cosas importantes, que es muy fácil desatender el entorno más cercano. Pero no es solamente el problema de David, puede ser también nuestro propio problema. Podemos estar pendientes de esto y aquello, de tantas personas, de situaciones que solicitan nuestra intervención que, finalmente, sin darnos cuenta, estamos olvidando a aquellos más cercanos a nosotros, lo cual puede pasarnos factura a la larga. Aunque seguramente uno de los factores que propició el desastre en la familia de David fue la poligamia, al tener hijos de diferentes madres, con las rivalidades asociadas entre hermanastros que aspiraban al trono sucesorio de su padre. Dicho sea de paso, no hay un solo caso en la Biblia de poligamia que no arrastre graves problemas en el entorno familiar. Los casos de Abraham, con las rencillas entre Sara y Agar, de Jacob, con las disputas entre Lea y Raquel, o de Elcana, el padre de Samuel, con la injuria de Penina hacia Ana, son bien elocuentes al respecto.