Estudios bíblicos

El lugar santísimo

'También harás un velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; será hecho de obra primorosa, con querubines; y lo pondrás sobre cuatro columnas de madera de acacia cubiertas de oro; sus capiteles de oro, sobre basas de plata. Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo. Pondrás el propiciatorio sobre el arca del testimonio en el lugar santísimo.' (31 Harás además un velo de tela azul, púrpura y escarlata, y de lino fino torcido; será hecho con querubines, obra de hábil artífice. 32 Y lo colgarás sobre cuatro columnas de acacia revestidas de oro; sus ganchos serán también de oro, sobre cuatro b[…]Éxodo 26:31-34).

El lugar santísimo era la cámara más interior de la morada y verdadero corazón de la misma. En un sentido todo lo demás, atrio y lugar santo, convergía en este punto, de manera que sin el lugar santísimo el resto del tabernáculo carecería de sentido. Estaba separado del lugar santo por un velo, teniendo unas dimensiones de 6 x 6 metros.

Dentro del lugar santísimo estaba el arca y el propiciatorio formando un conjunto, aunque el autor de la carta a los Hebreos añade que en ese recinto también había un incensario de oro (Hebreos 9:4), que era el usado por el sumo sacerdote el día de la expiación (Y tomará un incensario lleno de brasas de fuego de sobre el altar que está delante del SEÑOR, y dos puñados de incienso aromático molido, y lo llevará detrás del velo.[…]Levítico 16:12).

Todo lo dicho sobre la idea de santidad en la sección del lugar santo es aplicable aquí, pero con mayor motivo, pues no en vano estamos en el 'santo de los santos', según la hipérbole hebrea que designa lo más santo.

Solamente una vez al año, el día de la expiación, el sumo sacerdote penetraba en este recinto para efectuar la ceremonia más importante de todas. Por lo tanto, en este reducido recinto estaban concentradas, por así decirlo, las grandes cuestiones que daban razón de ser a todo el tabernáculo. Allí estaba la noción de santidad en su grado más excelso, reflejada en el arca del pacto y la noción de gloria, reflejada en los querubines que en el velo, en el techo y en el propiciatorio se hacían presentes. Una santidad y una gloria inefables. No parece que el lugar santísimo fuera el sitio más apropiado para la comunión con el ser humano, porque gloria y santidad están reñidas irreconciliablemente con lo mortal y pecaminoso. Y sin embargo, si ha de haber comunión verdadera, ése es el lugar donde ha de producirse, ya que es el lugar de la presencia de Dios en toda su plenitud. Santidad, gloria, comunión, pecado... ¿cómo reconciliarlo? La expiación, en su doble vertiente, es la respuesta a esa penetrante pregunta.

La ceremonia descrita en 1 El SEÑOR habló a Moisés después de la muerte de los hijos de Aarón, cuando se acercaron a la presencia del SEÑOR y murieron. 2 Dijo el SEÑOR a Moisés: Di a tu hermano Aarón que no en todo tiempo entre en el lugar santo detrás del velo, delante del […]Levítico 16, donde la palabra expiar es la clave de ese capítulo, es lo que hace posible lo que de otra manera sería imposible. John Owens en su Exposición a la epístola a los Hebreos señala cuatro grandes nociones que están presentes en la misma:

    - Una ofensa, crimen, culpa o deuda que ha de ser quitada.

    - Una persona ofendida, que ha de ser pacificada, propiciada.

    - Una persona ofensora, que ha de ser perdonada, aceptada.

    - Un sacrificio, que efectúe la expiación.

Seguramente, el aspecto más problemático y difícil de aceptar por muchos actualmente sería el segundo punto, es decir, que Dios necesite ser propiciado, ya que si él es amor no puede demandar ningún tipo de compensación. En la raíz de esta dificultad está el hecho de negar que en Dios exista ira. Sin embargo, la Escritura una y otra vez, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, señala tal cualidad en Dios. Por lo tanto, Dios ha de ser propiciado y para ello hace falta que su perfecta justicia quede plenamente satisfecha, algo que es realizado mediante la introducción de la sangre en el lugar santísimo y su esparcimiento sobre el propiciatorio, que de ser un trono de juicio y condenación se convierte en trono de gracia. Así pues, lejos de ser antagónicos, propiciación y amor son complementarios, ya que la propiciación no es hecha por una tercera parte, sino por la misma parte que ha sido ofendida, esto es Dios, quien es propiciado por la ofrenda de su Hijo.

Este cambio ha sido posible gracias a la sustitución que Dios mismo ha provisto, al disponer y aceptar que una víctima inocente cargue con la culpa y el castigo del pecador. La idea de sustitución está presente en 1 ¿Quién ha creído a nuestro mensaje? ¿A quién se ha revelado el brazo del SEÑOR? 2 Creció delante de El como renuevo tierno, como raíz de tierra seca; no tiene aspecto hermoso ni majestad para que le miremos, ni apariencia para que le deseemos. 3 Fu[…]Isaías 53, donde el Siervo lleva sobre sí los sufrimientos del pueblo (4), sus rebeliones, pecados y castigo (5). La expresión 'llevar' aparece dos veces en conexión con las iniquidades (11) y el pecado (12). La inocencia de este Siervo que le capacita para ser sustituto queda expresada también (9).

En el libro de Apocalipsis aparece el verdadero lugar santísimo, cuando en el capítulo 4 Juan es arrebatado hasta un lugar en el cielo donde hay un trono establecido. Ese trono y el que en el mismo se sienta va a ser una de las líneas motrices del libro, quedando especificado que hay un altar de oro, donde se quema el incienso, que está delante del trono (Otro ángel vino y se paró ante el altar con un incensario de oro, y se le dio mucho incienso para que lo añadiera a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono.[…]Apocalipsis 8:3). Es un lugar de adoración y reverencia.

Para entender el concepto de lo santo en el Antiguo Testamento es preciso captar el significado de su antónimo. Contrariamente a lo que a primera vista pareciera, lo opuesto a lo santo no es lo impuro primordialmente, sino lo profano. Pero antes de nada hay que aclarar lo que la Escritura entiende por profano. Hay una expresión muy común en nuestros días que dice más o menos así: 'Soy un profano en la materia', mediante la cual se da a entender que alguien no es un entendido o experto en tal o cual actividad, todo lo más un aficionado. Pero el significado de lo profano en la Biblia va por otro lado, siendo la escena de 1 Entonces llegó David a Nob, al sacerdote Ahimelec; y Ahimelec vino tembloroso al encuentro de David, y le dijo: ¿Por qué estás solo y no hay nadie contigo? 2 Y David respondió al sacerdote Ahimelec: El rey me ha encomendado cierto asunto y me ha di[…]1 Samuel 21:1-6 la que describe bien las dos esferas en oposición: santo-profano. Allí vemos cómo ante la petición de David al sacerdote por alimento, éste le contesta que no tiene a la mano 'pan común' sino solamente 'pan sagrado'. La palabra 'común' es exactamente la palabra profano, es decir, corriente. Es lo que pertenece a la esfera de lo normal, no teniendo en principio una acepción negativa ese término. Sin embargo, el sacerdote le dice a David que tiene a mano 'pan sagrado' o santo, refiriéndose al pan de la proposición, que estaba reservado para el servicio de Dios. Por lo tanto ya tenemos aquí una comparación que nos sirve para delimitar ambas esferas: lo profano pertenece al ámbito de lo corriente, de lo normal; lo santo pertenece al ámbito de lo apartado para Dios. Por lo tanto, se trata de otro nivel, cualitativamente hablando. No es extraño que a Esaú se le califique como profano (de que no haya ninguna persona inmoral ni profana como Esaú, que vendió su primogenitura por una comida.[…]Hebreos 12:16), porque tomó algo sagrado, como era la primogenitura, como si fuera una cosa corriente, hasta el punto de intercambiarla por un plato de comida.

El lugar santísimo es pues todo lo opuesto a un lugar común, por eso no se puede entrar allí cualquiera de cualquier forma. Si el que habita ese recinto es Santo por excelencia, quiere decirse que nada profano puede tener comunión con él. Solamente lo que está en consonancia con esa naturaleza de santidad puede. Ahora bien, alguien profano no puede elevarse a sí mismo a la esfera de lo santo. Ese intento está condenado al fracaso, porque nadie puede por sí cambiar su naturaleza. Si a esa imposibilidad que lo profano contiene le añadimos además el formidable obstáculo adicional que lo pecaminoso le ha añadido, entonces nos damos cuenta de que estamos ante algo que supera todas nuestras capacidades. Pero aquí es donde viene Dios mismo en nuestro auxilio para procurarnos lo que nosotros no podemos hacer. Y eso lo hace mediante el Día de la expiación, cuando lo profano, que además está contaminado por el pecado, es santificado.

Para darnos cabal cuenta de la diferencia entre el estado pecaminoso adquirido, con el que nosotros nos acercamos al tabernáculo, y el estado de santidad exigido por Dios, nada mejor que ver la naturaleza del pecado. Al comprarlo con la santidad, captaremos la grandeza de la obra que Dios ha hecho en el tabernáculo. Para ello vamos a detenernos a estudiar ese concepto que se denomina pecado, y al hacerlo, veremos la extraordinaria multiformidad y profundidad de su naturaleza.

Términos hebreos en el Antiguo Testamento:

Después de esta larga, aunque resumida, colección de vocablos hebreos que tienen que ver con la palabra pecado, resulta fácil entender la grandeza de la expiación que Cristo ha efectuado en el santuario celestial (Porque Cristo no entró en un lugar santo hecho por manos, una representación del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora en la presencia de Dios por nosotros,[…]Hebreos 9:24) al llevar nuestros pecados, con todas sus taras, ramificaciones, monstruosidades y consecuencias terribles, sobre sí. No es extraño que a esa salvación se la califique de grande (¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? La cual, después que fue anunciada primeramente por medio del Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,[…]Hebreos 2:3) y se nos amoneste a tomárnosla en serio.