Teología

Lección 5 - Contenido del sermón

Curso para predicadores

Una vez en poder del texto bíblico, lo que hay que hacer es desarrollarlo y estructurarlo. Todo sermón tiene una estructura y mucho de su impacto vendrá determinado por ella. Una estructura ordenada, en la que las distintas partes estén relacionadas entre sí y cada una de ellas sirva al todo poseerá un poder de atracción sobre las mentes y los corazones de los oyentes que nunca tendrá un sermón deshilvanado en el que no hay secuencia lógica entre sus partes o que consiste de una serie de pensamientos abruptos e inconexos. Para llegar al corazón de la persona hay que pasar primero por su mente. Por eso todo sermón ininteligible, por muy emotivo que sea, está condenado al fracaso. De ahí la importancia que tiene que el predicador sea 'didáctico', es decir, apto para enseñar, esto es, que sepa expresar y poner sus pensamientos en forma que sus oyentes puedan entenderlo. Emblemático ha llegado a ser el caso de aquel predicador del que su congregación decía: 'Durante la semana es invisible y el domingo es incomprensible'.

La composición de la estructura del sermón es el gran trabajo que todo predicador tiene ante sí. En términos generales se puede considerar que las partes del sermón son las siguientes:

  • 1. Título
  • 2. Introducción
  • 3. Proposición
  • 4. Divisiones
  • 5. Ilustraciones
  • 6. Aplicación
  • 7. Conclusión

Por supuesto esta estructura no es rígida y habrá buenos sermones que carezcan de uno o varios de los elementos citados; igualmente el orden de las partes puede ser alterado, exceptuando claro está, la introducción y la conclusión. Igualmente las divisiones pueden tener, a su vez, subdivisiones, etc.

El título.
En algunos países al título del sermón se le da gran importancia; de hecho aparece anunciado de antemano en los boletines de las iglesias, incluso en la prensa, en carteles colgados o pegados o en rótulos luminosos a la entrada de las iglesias. El objetivo es claro: el título es el 'gancho' que sirve para atraer la atención y despertar la curiosidad. Normalmente consiste en una frase llamativa con gran poder de apelación que está relacionada con el contenido del sermón. No obstante es preciso tomar unas precauciones para no hacer mal uso de esta parte del sermón:
1. Es mejor un sermón sin título pero con contenido, a un sermón con título y sin contenido. El título no pertenece a la esencia del sermón sino a lo periférico. Mucho título y poco contenido puede hacer que el oyente se sienta engañado y hace que la predicación quede a la altura de la publicidad donde se vende a base de eslóganes.
2. El título ha de estar en consonancia con el contenido del sermón y con la naturaleza misma del acto de predicar. Es decir, ha de ser un título que dignifique la Palabra de Dios, que es la fuente de donde procede el sermón. Toda vulgaridad o mal gusto en el título han de ser erradicadas.
3. Ha de tener, al mismo tiempo, 'chispa' para condensar en pocas palabras el meollo del asunto a tratar y conectar con el público en general.

Fíjate en los siguientes títulos de sermones tomados de la obra La santidad en el púlpito moderno de Richard S. Taylor:
'Vida por medio de la muerte' (Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.[…]Gálatas 5:24).
'El secreto del triunfo final '(12 No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. 13 Hermanos, yo mismo no considero haber lo ya alcanzado; pero una cosa […]Filipenses 3:12-15).
'La religión que el mundo respeta' (Nunca paguéis a nadie mal por mal. Respetad lo bueno delante de todos los hombres.[…]Romanos 12:17).
O en estos otros tomados de la obra La preparación de sermones bíblicos de A. W. Blackwood:
'El remedio divino para un complejo de inferioridad' (1 Y Moisés apacentaba el rebaño de Jetro su suegro, sacerdote de Madián; y condujo el rebaño hacia el lado occidental del desierto, y llegó a Horeb, el monte de Dios. 2 Y se le apareció el ángel del SEÑOR en una llama de fuego, en medio de una zarza;[…]Éxodo 3 y 4).
'El secreto de un corazón tranquilo' (1 No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí. 2 En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros. 3 Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré[…]Juan 14).
'La conversión de un hombre de negocios' (1 Habiendo entrado Jesús en Jericó, pasaba por la ciudad. 2 Y un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los recaudadores de impuestos y era rico, 3 trataba de ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, ya que él era de pequeña estatur[…]Lucas 19:1-10).
'El hombre que no tenía ninguna religión '(de que no haya ninguna persona inmoral ni profana como Esaú, que vendió su primogenitura por una comida.[…]Hebreos 12:16).
En ciertas ocasiones es el mismo texto bíblico el que nos provee no solamente la base sino el título literal. Como en estos ejemplos:
'Enséñanos a orar' (Y aconteció que estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó también a sus discípulos.[…]Lucas 11:1).
'¿Quién es mi prójimo?' (Pero queriendo él justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?[…]Lucas 10:29).
'Prosigo a la meta' (prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.[…]Filipenses 3:14).
'¿Qué debo hacer para ser salvo?' (y después de sacarlos, dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?[…]Hechos 16:30).

La introducción
La introducción es la parte del sermón que tiene como objetivo llevar al auditorio de una forma suave a las primeras etapas del cuerpo del sermón. Poniéndolo en términos ciclistas diríamos que es el tramo llano que va a dejar a nuestros oyentes al pie de las primeras rampas de montaña. O poniéndolo en lenguaje deportivoo diríamos que se trata de la fase de pre-calentamiento previa a la entrada al terreno de juego.

La necesidad de la introducción es evidente, porque de no existir el comienzo del sermón será abrupto y estaremos obligando a nuestros oyentes a dar un salto para, nada más empezar, ponerse a nuestra altura. Si embargo siempre hemos de recordar que no es la congregación la que ha de ponerse a nuestra altura, sino nosotros a la suya; de ahí la necesidad de comenzar con una introducción.

Dada la variedad de niveles de conocimiento que suele haber en cualquier congregación, la introducción sirve para aglutinar a nuestros oyentes en un solo cuerpo y embarcarlos a todos a la vez en un mismo proyecto que es el sermón que hemos preparado; por eso la introducción ha de reunir ciertos requisitos para que sea eficaz. En primer lugar ha de ser interesante, es decir, ha de captar el interés de nuestros oyentes y hacer que ellos quieran escuchar más acerca de lo que se comienza a decir. Fíjate en esta introducción a un sermón que tiene como tema la tentación:
'Hoy vamos a considerar una experiencia que tienen en coman cristianos y no cristianos, que nos acompaña durante prácticamente toda nuestra vida y de la que nadie está exento. Se trata de una experiencia cotidiana, tan cotidiana que puede ser diaria; incluso se da varias veces en un solo día. Podríamos decir que es uno de nuestros compañeros de viaje mientras estamos en esta vida.'
En este momento todos nuestros oyentes ya estarán preguntándose a qué clase de experiencia se refiere el predicador y estarán deseando que se les aclare esa pregunta. En ese instante el predicador ya tiene a su audiencia cautiva y si el desarrollo del tema está bien preparado, es seguro que el sermón tendrá impacto. En este ejemplo que hemos puesto no se debe anticipar el tema del sermón en un título porque ello eliminaría el efecto misterioso de la introducción; en este caso el título mataría el efecto de despertar interés que busca la introducción.

Otra característica de la introducción es que ha de ser breve; después de todo se trata de una introducción y no del cuerpo del sermón, por eso no es un fin en sí mismo sino un medio para poner a nuestros oyentes en una posición idónea para recibir la sustancia del sermón. En ese sentido es como un aperitivo, algo que abre el apetito y que anticipa que lo mejor está por venir y que sirve de estímulo para sentarse a la mesa frente a las viandas verdaderamente nutritivas. Hemos de evitar, por lo tanto, el prolongar innecesariamente la introducción porque podemos echar a perder todo lo demás; algunos predicadores cometen este error, hablando y hablando y, cuando ya la audiencia está cansada, anuncian el pasaje o el tema del que van a hablar. Vayamos al grano y no nos vayamos 'por los cerros de Úbeda'. He aquí un ejemplo de introducción concisa.

Una buena manera de introducir un sermón es por medio de una ilustración. La ilustración tiene el poder de cautivar, es algo que todo el mundo puede entender y por medio de ella vamos de lo tangible a lo intangible y de lo material a lo espiritual. Puede tratarse de una anécdota que el mismo predicador ha vivido recientemente o de un acontecimiento local, nacional o mundial que es conocido por todos. También hay personajes históricos que dijeron cosas memorables sobre la materia a tratar y que pueden ser la ocasión para hacer una introducción muy pertinente. Es sabida la tendencia que tenemos a respetar a los clásicos. Especialmente es conveniente echar mano de estos recursos cuando nuestro auditorio se compone de personas que aprecian la cultura. Por supuesto, esto demanda que el predicador ha de estar al día de lo que pasa en su entorno y también ha de ser un lector que conoce la Historia y así puede apropiarse de muchas lecciones que depara. No obstante hay obras ya preparadas de anécdotas y de citas de personajes famosos con el fin de ayudar al predicador en este terreno.

Otra buena manera de hacer una introducción es por medio de un dicho popular, un refrán o un eslogan. Fíjate en esta introducción a un sermón que tocará los peligros de las malas compañías:
'De todos es conocido el refrán que dice: Dime con quien andas y te diré quién eres, pues bien, mucho antes de la existencia de ese refrán, la Biblia ya nos avisa de los peligros que generan las malas compañías. Vamos a leer 10 Hijo mío, si los pecadores te quieren seducir, no consientas. 11 Si dicen: Ven con nosotros, pongámonos al asecho para derramar sangre, sin causa asechemos al inocente, 12 devorémoslos vivos como el Seol, enteros, como los que descienden al abismo[…]Proverbios 1:10-14.'

Este mismo tema se puede introducir de esta otra manera, sobre todo si nuestro auditorio es juvenil:
'Una de las películas realizada hace varias décadas es la que tiene por título 'Las amistades peligrosas', dicho título es todo un compendio de los riesgos que deparan cierto tipo de amigos. La Biblia también habla muy claro en ese sentido.'

Dicho todo esto sobre la introducción no debemos olvidar que es solamente un ingrediente añadido y no el cuerpo del sermón. Puede haber un gran sermón sin necesidad de introducción allí donde ésta resulta obvia, porque en la mente de todos están presentes los acontecimientos que van a tocarse en el cuerpo del sermón. Por ejemplo, fíjate en los libros proféticos y notarás que en algunas ocasiones los profetas van directamente al grano sin hacer florituras retóricas. Este es el caso de Sofonías que abre su profecía de forma muy abrupta: 'Destruiré por completo todas las cosas de sobre la faz de la tierra.' (1:2). Nótense también los casos siguientes en la profecía de Jeremías (7:2,3; 19:3; 22:2,3; 26:4). Pero en otras ocasiones hay una introducción que sirve de preámbulo al sermón; un ejemplo de esto sería el mensaje que Jeremías envía a varios reyes extranjeros en el capítulo 27; al ir dirigido a personas paganas es muy propio que antes de ir al cuerpo central del sermón, que está en los versículos 8 al 11, haya una introducción, en los versículos 5 al 7, en la que el profeta presenta al Dios de Israel como el Creador, el Soberano y el Gobernante de todas las cosas y de todas las naciones. Esa introducción es necesaria dado el tipo de personas receptoras del mensaje, ignorantes todas ellas del conocimiento del verdadero Dios.

En el libro de los Hechos si tomamos el sermón de Pedro el día de Pentecostés notaremos que hay una pequeña introducción en la que antes de citar la Palabra de Dios, Pedro hace una alusión al '¿Qué quiere decir esto?' de la multitud con su respuesta del versículo 15. Este es un ejemplo perfecto de lo que debe ser una introducción: está conectada directamente con algo que la gente está preguntando; está deshaciendo un malentendido; abre camino a la presentación de la Escritura y es breve. Notemos también las introducciones a sendos sermones en 3:12 y en 4:9. Nótese también cómo Pablo en su sermón a los atenienses hace una introducción sirviéndose de algo familiar a ellos (17,22,23), para a continuación ir al cuerpo del sermón. Igual que la introducción de Pedro, ésta de Pablo también reúne los requisitos de una buena introducción: conecta con algo que es familiar a los oyentes, va de lo tangible a lo intangible y es breve.

Nótese también la manera respetuosa de dirigirse Pedro a sus oyentes en sus introducciones; los llama 'varones judíos' (2:14), 'varones israelitas' (3:12), 'gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel' (4:8).
Igualmente respetuosa es la forma en la que Esteban se dirige a sus jueces: 'varones hermanos y padres' (7:2). Igual de respetuoso es Pablo en sus introducciones: 'varones israelitas' (13:16), 'varones atenienses' (17:22). Estas buenas maneras son necesarias e indican no sólo una cortesía hacia el auditorio sino, sobre todo, un espíritu de respeto hacia los que nos escuchan. El mismo hecho de que estén ahí presentes, dándonos de su tiempo ya es motivo para que tengamos una buena actitud hacia ellos. Hemos visto que, en algunos casos, los oyentes eran hostiles al predicador y al sermón, sin embargo, ello no es obstáculo para que el predicador cristiano siga siendo un caballero en el púlpito.

La proposición.
'La proposición es una sencilla declaración del tema que el predicador se propone considerar, desarrollar, demostrar o explicar en el discurso. En otras palabras, es una afirmación de la principal lección espiritual o de la verdad intemporal del sermón.' (James Braga, Cómo preparar mensajes bíblicos)
En la proposición tenemos pues el anuncio del meollo del sermón, aquello que va a ser su idea dominante.

Notemos los siguientes ejemplos de proposiciones:
* La tentación es una compañera de viaje en la vida del cristiano.
* La amargura es un gran obstáculo en el camino al cielo.
* El evangelio es la solución de Dios para nuestra perdición.
* Todo lo que perdimos en Adán es restaurado con creces en Cristo.
* La tolerancia bien entendida tiene un lugar primordial en la vida cristiana.

La proposición es deducible del texto bíblico y este uno de los grandes trabajos que el predicador tiene: descubrir en el texto la proposición adecuada al tema a desarrollar. Por supuesto que un solo pasaje puede tener múltiples enfoques y por lo tanto múltiples proposiciones; un mismo predicador puede basarse en cierto pasaje para desarrollar un tema y en otra ocasión basándose en ese mismo texto desarrollar otro tema totalmente diferente.

Por ejemplo basándonos en Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna.[…]Juan 3:16 podemos considerar estas proposiciones:
* El amor de Dios es la causa de nuestra salvación.
* La fe en Jesucristo es la única condición para ser salvo.
* Jesucristo es el gran regalo de Dios al mundo.

En la primera proposición el desarrollo del sermón girará en torno al amor de Dios; pero si escogemos la segunda proposición nuestro énfasis será la fe en Cristo y si tomamos la tercera nuestro sermón girará sobre la idea de la gracia.

Todo sermón que se precie ha de tener una proposición ya sea de forma explícita o implícita, es decir, pronunciada tal cual tras la introducción del sermón o latente en la estructura del mismo. Precisamente la ausencia de proposición explícita o implícita es una de las grandes causas del fracaso de muchos sermones, porque la proposición es la espina dorsal sobre la que se va a entretejer todo el sistema nervioso del sermón. La proposición asegura la unidad del sermón al hacer que todo gire alrededor de ella, de manera que, desde la introducción hasta la conclusión, todo sigue un hilo de pensamiento que la congregación puede seguir. Alrededor de la proposición el predicador va engarzando divisiones y subdivisiones y el conjunto tiene armonía y coherencia. La proposición es el eje central que mantiene siempre una nota dominante y que finalmente hace que un sermón quede grabado en la mente y en el corazón de los oyentes de forma indeleble. Por eso un sermón ha de tener una sola proposición para concentrar toda su fuerza en la unidad de una sola idea. El problema de muchos sermones es que se diluyen en varias proposiciones deslavazadas e inconexas que terminan por desorientar y aburrir al auditorio por su pluralidad.

La elaboración de la proposición.
Como es de suponerse el hallazgo de la proposición es una parte vital en la elaboración del sermón; ¿cómo la obtiene el predicador? Normalmente hay dos maneras: la primera es cuando de antemano tenemos la idea-germen del sermón; en ese destello de iluminación va implícita la proposición y solamente tenemos que ponerla en un frase expresiva, inteligible y concisa. La segunda manera de obtener la proposición requiere más trabajo porque es el resultado de un estudio paciente y profundo del texto bíblico base del sermón. Es decir, en el primer caso el predicador tiene de antemano la proposición en la idea-germen aunque tenga que pulirla para dejarla a punto, mientras que en el segundo caso ha de deducirla del texto bíblico.

Para que la proposición sea eficaz ha de reunir una serie de cualidades mínimas, de lo contrario el sermón mismo estará en peligro de no cumplir su objetivo.

En primer lugar ha de ser unitaria, esto es, ha de comunicar una sola idea; si por ejemplo hacemos una proposición que suene así: En Cristo somos más que vencedores y Dios nos ha dado herencia en él, estaremos introduciendo dos ideas: la de la victoria y la de la herencia y el sermón se bifurcará en dos afluentes que debilitarán la corriente de agua.
Una buena proposición ha de ser concisa; lo concentrado tiene más impacto que lo diluido, por lo tanto hemos de encontrar las palabras adecuadas que mejor expresan lo que queremos decir. La ventaja de ello además es que durante el transcurso del sermón podemos una y otra vez volver a enunciar la proposición, remachando así en varias ocasiones la verdad que queremos comunicar.
La proposición ha de ser clara, porque si es confusa o complicada estaremos dando un mal comienzo a nuestro sermón y posiblemente indicará que el predicador no tiene él mismo claridad sobre lo que va a predicar.
La proposición ha de expresar una verdad vital; es decir, no estamos en el púlpito para hablar de generalidades o trivialidades, sino de cosas impactantes y vitales. Decir que el hombre es un ser moral no es una buena proposición porque eso es algo muy ambiguo y que no afecta al meollo del evangelio; decir, en cambio, que el hombre es un pecador perdido necesitado de Cristo, sí es tocar el nervio del evangelio.

En resumen, el predicador al elaborar la proposición debe tener presente que ésta tenga esa capacidad que la Palabra de Dios tiene de ser 'viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos. '(Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del cor[…]Hebreos 4:12), de ahí que ha de escoger muy bien sus palabras para que cumplan esa función.

Las divisiones.
Las divisiones son el cuerpo del sermón, es decir, el desarrollo del mismo; mientras que en la proposición enunciamos la tesis de nuestro sermón, en las divisiones vamos desgranando de forma ordenada todo lo que da de sí la proposición. En términos periodísticos podríamos decir que la proposición es el encabezamiento de la noticia, que tipográficamente siempre resalta con letras más grandes y llamativas, y las divisiones son el desarrollo de la misma, allí donde los pormenores de la noticia y sus detalles son narrados.

La importancia de las divisiones salta a ojos vista: sin ellas no hay sermón. Podemos no tener título, no dar la proposición y no hacer introducción, y, con todo, tener un sermón. Sin embargo, si anunciamos el título, hacemos la introducción y exponemos la proposición, pero no hay divisiones, el sermón no existirá. Será como invitar a la mesa a nuestros comensales, tener los cubiertos, los manteles, las copas, etc. primorosamente preparados, pero los platos vacíos: no hay nada que comer.

Es aquí donde el predicador pasará más tiempo al elaborar su sermón. Vamos a ver a continuación las divisiones de un sermón temático basado en el texto de Esta comisión te confío, hijo Timoteo, conforme a las profecías que antes se hicieron en cuanto a ti, a fin de que por ellas pelees la buena batalla,[…]1 Timoteo 1:18 'Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia.' La frase en la que está basado el sermón es la buena milicia y la perspectiva del sermón es contemplar al cristiano en su faceta de soldado. En la Biblia encontramos abundancia de material al respecto; por lo tanto, partiendo del texto que nos sirve de base, vamos a ir seleccionando los pasajes más apropiados para ir describiendo las características de la vida militar y aplicándolas a la vida cristiana.

Título: La buena milicia.
Texto: Esta comisión te confío, hijo Timoteo, conforme a las profecías que antes se hicieron en cuanto a ti, a fin de que por ellas pelees la buena batalla,[…]1 Timoteo 1:18.
Introducción: Si realizáramos una encuesta entre los varones aquí presentes sobre cómo les fue durante su tiempo en la mili seguro que hallaríamos una variedad muy grande de respuestas: para unos fue un tiempo inolvidable porque hicieron grandes amigos o guardan buenos recuerdos, para otros fue regular, algo que había que hacer sin más, y habrá otros que dirían que fue el peor tiempo de su vida y prefieren olvidarlo. Sin embargo Pablo dice aquí a Timoteo que está enrolado no en una milicia, sino en la buena milicia.
Proposición: La vida cristiana es la mejor de las milicias.
1. Por el jefe que tenemos. Uno de los nombres de Dios más corrientes en el Antiguo Testamento es Jehová de los ejércitos, lo cual habla bien a las claras de que él es el jefe al mando de un ejército: su pueblo. Dependiendo de la clase de jefe así será la milicia: el cristiano está en una buena milicia porque tiene al mejor de los jefes.
2. Por la causa que tenemos. En 8 Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim. 9 Y Moisés dijo a Josué: Escógenos hombres, y sal a pelear contra Amalec. Mañana yo estaré sobre la cumbre del collado con la vara de Dios en mi mano. 10 Y Josué hizo como Moisés le dijo, y pel[…]Éxodo 17:8-16 tenemos la primera batalla de Israel tras salir de Egipto y allí aprenden, entre otras, una gran lección, que su bandera, es decir, su causa, no es humana: ellos no pelean por la causa de Moisés, ni de Israel, sino que pelean por la causa de Dios: 'y llamó su nombre Jehová-nisi (que quiere decir Jehová es mi bandera)' (Y edificó Moisés un altar, y le puso por nombre El SEÑOR es mi Estandarte,[…]Éxodo 17:15). Una causa mala hace una milicia mala; una causa regular hace una milicia regular, pero una causa buena hace una milicia buena. El cristiano está en la mejor de las milicias porque tiene la mejor causa: la causa misma de Dios, esto es sus planes, sus propósitos, su voluntad.
3. Por las armas que tenemos. En 14 Estad, pues, firmes, CEÑIDA VUESTRA CINTURA CON LA VERDAD, REVESTIDOS CON LA CORAZA DE LA JUSTICIA, 15 y calzados LOS PIES CON EL APRESTO DEL EVANGELIO DE LA PAZ; 16 en todo, tomando el escudo de la fe con el que podréis apagar todos los dardos en[…]Efesios 6:14-18 se describen esas armas; no son armas convencionales sino espirituales y son siete (de paso, siete es el número que indica lo completo, luego la armadura que Dios nos ha dado es completa, nada le falta): verdad, justicia, paz, certeza de salvación, fe, Palabra, oración. En La noche está muy avanzada, y el día está cerca. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz.[…]Romanos 13:12 se le llama armas de luz y en en la palabra de verdad, en el poder de Dios; por armas de justicia para la derecha y para la izquierda;[…]2 Corintios 6:7 armas de justicia. Estamos en la mejor de las milicias porque estamos peleando con las mejores armas.
4. Por el ejército en el que estamos. Se trata de un ejército compuesto de personas que en sí mismas nunca hubieran podido ni querido estar en él: no tenían dignidad para ello. Pero Dios mismo, nos ha capacitado para que podamos formar parte de su tropa. En de veinte años arriba, todos los que pueden salir a la guerra en Israel, tú y Aarón los contaréis por sus ejércitos.[…]Números 1:3 se nos habla del alistamiento que Moisés manda hacer: todos los varones de veinte años arriba son contados para el ejército. Pero antes hay un detalle que han de cumplir: han de pagar precio de rescate por sus personas: 'Todo el que sea contado de veinte años arriba, dará la ofrenda a Jehová. '(Todo el que sea contado, de veinte años arriba, dará la ofrenda al SEÑOR.[…]Éxodo 30:14). Esa ofrenda era medio siclo de plata por su propio rescate. Es decir, sin redención no hay posibilidad de pertenecer al ejército de Dios. Lo que era figura en el Antiguo Testamento en el Nuevo es realidad: solamente por la redención efectuada por Cristo tenemos el privilegio de pelear en las huestes de Dios. El ejército de Dios está compuesto por personas compradas por la sangre de Cristo: es el mejor de los ejércitos.
5. Por la victoria que tenemos. En primer lugar porque está asegurada; no es una hipótesis o una contingencia: es una seguridad. Pero además de ello es por el tipo de victoria que tenemos: no es temporal o parcial, sino absoluta y eterna. En 1 Ahora os hago saber, hermanos, el evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes, 2 por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os prediqué, a no ser que hayáis creído en vano. 3 Porque yo o[…]1 Corintios 15, un capítulo que habla sobre la victoria sobre el gran enemigo: la muerte, se dice lo siguiente: Uas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. '(15:57). La muerte es el gran enemigo que puede con todos: grandes y chicos, sabios y necios, ricos y pobres; sin embargo el cristiano está en la mejor de las milicias porque tiene la victoria asegurada sobre la muerte por la resurrección del cuerpo.

A este sermón es fácil añadirle anécdotas, ilustraciones y ejemplos, porque se presta mucho para ello. Inclusive podríamos añadirle algunas divisiones más en lo referente al costo que supone ser soldado en esta milicia según la palabra de Sufre penalidades conmigo, como buen soldado de Cristo Jesús.[…]2 Timoteo 2:3 'Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo.' Está claro que ser parte de un ejército conlleva un costo personal: sacrificio, entrega, valor, incluso la vida misma. También en la milicia cristiana ocurre eso: hay momentos de desaliento, de traición, de prueba, de tentación, etc. y eso es parte del costo de ser soldado. Pero todo ello merece la pena en vista del jefe, de la causa, del ejército y de la victoria que tenemos.

Las ilustraciones.
Todo lo que tienda a clarificar, ampliar, concretar y remachar nuestro mensaje es una herramienta de la que hemos de echar mano; en ese sentido las ilustraciones juegan un papel primordial porque ayudan al auditorio a “ver” de forma gráfica, lo que se presenta de forma abstracta.

Su necesidad.
En este sentido es importante recordar que la mente humana tiene una capacidad para seguir un pensamiento abstracto durante no mucho tiempo, pasado el cual la fatiga hará mella y la persona se desconectará. Es evidente que esa capacidad y ese tiempo variará de persona a persona y de auditorio a auditorio; por ejemplo, por regla general una persona joven podrá estar más tiempo fija siguiendo una idea que una persona mayor; no será lo mismo tener delante de nosotros un auditorio de estudiantes, con una mente habituada al análisis y a la abstracción, que una congregación de personas que apenas pueden leer y escribir. Pero en cualquier caso, las ilustraciones han de estar presentes, especialmente si el mensaje tiene una cierta duración.

Su término medio.
Aristóteles definió la virtud como el término medio entre los extremos; pues bien, eso puede aplicarse al valor y al uso de las ilustraciones. Es decir, no hemos de sobrevalorar las ilustraciones como si fueran la esencia del sermón, pero tampoco hemos de menospreciarlas hasta el punto de que no aparezcan en el mismo. El primer extremo, sobrevalorarlas, consiste en construir el sermón a base de anécdotas, ejemplos, chistes, batallitas, etc.; de esta manera no estaremos alimentando a la congregación con la sustancia de la Palabra, sino con una serie de “entremeses” que, si bien son fáciles de digerir, no son la dieta que un organismo necesita. Algunos predicadores tienen la tendencia a irse a este extremo de forma casi inconsciente: su personalidad se inclina a este tipo de mensajes; es evidente que necesitan disciplinarse para que su sermón no gravite alrededor de ilustraciones. Al otro lado están los que, teniendo una capacidad analítica muy desarrollada, pueden estar cuarenta o cincuenta minutos hablando, sin recurrir en ningún momento a un símil o un ejemplo que ilustre su mensaje. Aquí el predicador debe ser sensible a su congregación y darse cuenta de que no todo el mundo posee la capacidad de estar atento a un mensaje tan abstracto y que, por falta de ilustraciones, puede echarse a perder.

Sus propósitos.
Como las ilustraciones no son la esencia del sermón sino un suplemento del mismo, es importante que conozcamos sus propósitos para que hagamos buen uso de ellas. He aquí algunos de los más importantes:
Clarificar la verdad expuesta; ya hemos hablado en otra parte de estas lecciones de la importancia que tiene que el predicador emplee un lenguaje no técnico sino lo más sencillo posible; esto será de gran ayuda a la congregación. No obstante, además de esto, tras la exposición de un punto o una verdad capital, puede ser bueno aclararla con un ejemplo gráfico en el que se pueda ver reflejado lo que el predicador quería decir. De esta manera, lo que algunos ya han captado, pero otros no, ahora es entendido por todos: para los primeros, queda reafirmado; para los segundos, han sido despejadas las sombras o dudas que pudiera haber.
Reforzar lo ya dicho; para que el clavo entre del todo en la madera necesita más de un golpe y para que la verdad quede de forma indeleble grabada en los corazones hace falta exponerla de variadas maneras: si lo hicimos de manera abstracta, remachémoslo de manera gráfica. Muchas veces esto es lo que la gente recuerda de un sermón.
Cambiar de ritmo en el desarrollo del sermón; a veces, una buena ilustración es como el cambio de marcha en el motor de un coche: si estamos forzando el motor terminaremos perjudicándolo y si estamos forzando la mente de nuestros oyentes acabaremos fatigándolos. Por eso una buena ilustración servirá para refrigerar los engranajes mentales y traer relajación y descanso. Incluso un toque de humor puede ser de gran utilidad para eliminar tensiones que el mismo mensaje provoca.
Vivificar el contenido del sermón, que por su naturaleza puede ser demasiado árido. Si estamos tocando un asunto doctrinal, resultará conveniente darle vida y color con una ilustración. Por supuesto hace falta que la ilustración esté bien contada; para ello se requiere la destreza del predicador.

Su lugar.
Las ilustraciones son los comodines del sermón: pueden ir en cualquier parte del mismo, en la introducción, en las divisiones o en la conclusión. El predicador ha de tener el discernimiento para saber donde serán más útiles para el propósito global del mensaje. Hay ilustraciones que, necesariamente, han de ir dentro de las divisiones porque aclaran cierta verdad expuesta en las mismas. Pero hay ilustraciones que servirán como colofón, como resumen gráfico de todo el desarrollo del sermón. Por otro lado, habrá otras idóneas como introducción, para partir de algo familiar y concreto a la congregación.

Sus peligros.
Hay ciertos peligros que hemos de evitar en el uso de las ilustraciones; he aquí algunos de ellos:
Convertir al predicador en el héroe de su propio sermón. Si la ilustración que el predicador utiliza proviene de su propia experiencia, ha de tener sumo cuidado en no dar la impresión de ser el hombre perfecto. Si algo está fuera de lugar en el púlpito es atraer la atención sobre uno mismo; no estamos allí para predicar de nosotros mismos, sino de la Palabra de Dios. Por eso ha de ser sumamente prudente y cauto para no dar impresiones inadecuadas en la mente de sus oyentes.
Otro peligro es la exageración. Algunos actúan como si la exageración de las cosas glorificara más a Dios; pero nada más lejos de la realidad; lo que glorifica a Dios es la verdad. Es posible contar anécdotas sobre lo que está pasando en otros países, por ejemplo, en una manera tal que más parece ciencia-ficción. En este sentido se requiere del predicador una ética para asegurarse de que sus fuentes informativas son correctas y de que su enfoque también lo es.
La redundancia también es un aviso de peligro. Si una ilustración lo único que hace es redundar en lo ya expuesto, eso quiere decir que esa ilustración está de más. Si no aporta nada nuevo, si no amplifica, o peor, si lo que hace es traer dudas o sombras a lo que estaba ya claro, es señal evidente de que sobra. Por otro lado, el tiempo que tenemos no es para perderlo en divagaciones y cansar a nuestra audiencia, sino en ir al grano y aprovechar los preciosos minutos que tenemos.
Jamás hemos de usar las confidencias que en el ejercicio de nuestro ministerio nos hayan hecho para ponerlas como ilustraciones de nuestros sermones, de lo contrario perderemos la confianza de las personas ante el temor de ver sus problemas aireados en el púlpito. Aquí de nuevo es donde se requiere la ética del predicador para saber callar y mantener en secreto lo que le ha sido compartido en la intimidad.
Finalmente, nunca hemos de olvidar que estamos en el púlpito predicando la Palabra de Dios. Es decir, que habrá cierto tipo de ilustraciones que por su misma naturaleza estarán fuera de sitio; asuntos escabrosos contados con 'pelos y señales' desviarán la atención de nuestra audiencia hacia la morbosidad, perdiendo así el interés primario en la esencia del mensaje. Hay cosas indignas que se pueden narrar de forma digna y la Biblia misma es el mejor ejemplo en ese sentido, porque allí encontramos el realismo de la maldad humana sin caer en la ordinariez o la chabacanería.

Fuentes.
Hay varias fuentes para la obtención de nuestras ilustraciones; una fuente segura y al alcance de cualquier predicador es la Biblia misma. En efecto, la Biblia contiene tanto la verdad abstracta como la verdad gráfica y una de las mejores maneras de ser bíblicos en nuestro mensaje es recurrir a las propias ilustraciones y ejemplos que en ella tenemos.
La actualidad social, artística, deportiva, cultural, militar, científica, en suma, la actualidad humana, es otra fuente de ilustraciones. Para ello es preciso que el predicador esté “al día” de lo que ocurre en su entorno y al tanto de las noticias. Aquí es donde halla cabida la conocida frase de que el predicador ha de tener la Biblia en una mano y el periódico en la otra.
La historia en todas sus facetas es otro rico manantial de ilustraciones: biografías, anécdotas, batallas, descubrimientos, frases, etc. suponen un variado arsenal de ilustraciones apropiado para el sermón. Esto requiere que el predicador sea lector por excelencia y que esté como el cazador ante su posible presa: ojo a vizor porque en cualquier escrito puede hallar material apto para su sermón. Existen algunas enciclopedias ya preparadas de anécdotas, ilustraciones y material similar, pero el predicador puede tener su propio archivo de ilustraciones debidamente clasificado por temas y constantemente enriquecido con otras nuevas.

Ejemplo de ilustración.
Hay un incidente en la vida del general Patton que nos enseña cuán cuidadosos hemos de ser en el trato con nuestros semejantes, especialmente con los subordinados, y cómo hemos de controlar nuestro carácter. Tras una intensa batalla en la II Guerra Mundial en la que algunos de sus hombres habían perdido la vida, Patton fue al hospital a ver a los heridos de la misma; con orgullo y emoción fue saludando a cada uno de ellos hasta que llegó a la cama de uno que no tenía ninguna herida; cuando el general preguntó la razón por la que aquel soldado estaba allí, se le dijo que era porque durante la batalla había sufrido lo que en el argot militar se conoce como fatiga de combate. Al oír eso el general, pensando que en realidad aquel hombre era un cobarde, lo abofeteó delante de todos al mismo tiempo que soltaba una fuerte imprecación. El asunto trascendió a la Prensa, llegó a oídos de Eisenhower, jefe directo de Patton, y se convirtió en un notable escándalo nacional. Como consecuencia Patton fue relevado del mando y en el día D, fecha del desembarco en Normandía, no pudo estar al frente de sus hombres, perdiendo así una oportunidad única de inscribir su nombre en una de las grandes epopeyas militares modernas. El caso de Patton no es único. Moisés no pudo entrar a Canaán por perder la paciencia con el pueblo de Israel.

La aplicación.
Podríamos definir la aplicación como el proceso por el que conectamos la verdad expuesta en el sermón con la realidad de nuestro auditorio. En otras palabras, la aplicación es lo que hace pertinente nuestro sermón y sin ella consistirá solamente en un interesante o bello discurso, sin más trascendencia que el mero placer de escuchar a un buen orador o de asistir a una buena conferencia.

Su importancia.
Visto lo anterior, la importancia de la aplicación no puede ser menospreciada porque es lo que hace que el sermón tenga propósito. El sermón, como tal, no es un fin en sí mismo, sino solamente un medio para que las personas que nos escuchan reaccionen de acuerdo al mensaje que traemos. Si no hay reacción, ya sea positiva o negativa, lo que hemos hecho no ha sido predicar, sino divagar, informar, entretener, aburrir o algo por el estilo. Por lo tanto, el propósito último del sermón es mover la voluntad de nuestros oyentes para que cambie en aquello que, según la Palabra expuesta, debe cambiar. Para este propósito, la aplicación es vital, pues tiene el poder de conectar la verdad intemporal, que está más allá de épocas y lugares, con el aquí y ahora; y de traer la antigua verdad y hacerla actual, nueva y fresca.

Su autor.
En último término el que aplica la Palabra predicada en el corazón de los oyentes es el Espíritu Santo. Esto es vital tenerlo en cuenta, en primer lugar para que tengamos siempre presente que, en definitiva, está más allá de nuestra capacidad el hacer que una persona se convierta o que alguien cambie como resultado directo de nuestra predicación, y en segundo lugar eso nos ayudará a saber cuál es nuestro sitio, que es el de ser meros instrumentos, lo cual nos conducirá a depender y descansar en la obra del Espíritu Santo.
Si un predicador no tiene los suficientes recursos o capacidad para que sus sermones sean todo lo que debieran ser, desde el punto de vista homilético, pero es una persona que tiene una relación estrecha con su Señor y se esfuerza por hacer su trabajo lo mejor posible, es evidente que el Espíritu Santo suplirá las lagunas que tiene y le usará para que su predicación ministre a la congregación. Esto debe ser una fuente de consuelo para cada uno de nosotros, porque ¿quién tiene todos los requisitos que le convierten en el predicador perfecto?
Por otro lado eso no debe ser una excusa para volvernos perezosos y no desarrollar los dones que Dios mismo nos ha entregado; hay palabras de reprensión muy fuertes en la Escritura para aquellos administradores que no hicieron uso de los talentos recibidos. Si bien el Espíritu Santo no está limitado al predicador, lo usa y se sirve de sus palabras, de sus imágenes, de sus ilustraciones y, también, de su aplicación, para grabar en el corazón de los oyentes la verdad enseñada.

Su lugar.
La aplicación requiere un manejo diestro de la misma para que resulte efectiva; ahora bien ¿en qué parte del mismo ha de estar?.
No hay una parte fija del sermón en el que tenga necesariamente que ir ubicada; es decir, con la aplicación no ocurre como con la introducción o la conclusión que, por definición, tienen un sitio obligatorio en la estructura del sermón; es mucho más versátil. El hecho de que la estemos estudiando en la penúltima de las partes del sermón no significa que, necesariamente, ése sea su único puesto. Por supuesto que habrá sermones en los que tras la exposición del mismo, el colofón será una sola aplicación, definitiva y rotunda; pero habrá otros, que son muchos, en los que, a medida que vamos desgranando y exponiendo las verdades que lo conforman, iremos al paso dándoles una aplicación para que cada división del sermón tenga actualidad para nuestros oyentes. En este caso todo el sermón estará permeado de aplicaciones: desde la primera división hasta la conclusión. La ventaja de esta manera de usar la aplicación, frente a la de reservar una sola aplicación para el final del sermón, es que a nuestra audiencia le será mucho más fácil seguir el desarrollo del mismo, o de lo contrario será fácil que pierdan interés en el mismo al no haber nada que les apele personalmente.

Sus exigencias.
Como la aplicación es el nexo que une la Escritura con la actualidad de las personas que nos escuchan, hemos de manejar ambos extremos, Escritura y actualidad, con pericia, si queremos que nuestra aplicación sea eficaz. Por lo tanto se requiere del predicador que sea un intérprete fiel de la Escritura y, al mismo tiempo, que sea conocedor de las realidades de su tiempo, de los problemas de su gente y, en fin, de todo aquello que les preocupa o afecta.
La primera de estas exigencias, conocedor de la Escritura, es algo que deriva del mismo hecho de ser predicador: nadie debería subirse a un púlpito sin tener un mínimo de conocimiento de lo que se trae entre manos. No puede enseñar a otros el que antes no se ha aprendido bien la lección. Buen intérprete de las Escrituras también es algo vital, porque difícilmente podrá aplicarlas bien si las ha interpretado mal. Una mala interpretación conduce a una mala aplicación. Por lo tanto, cuidémonos de no retorcer, forzar o hacer decir a la Escritura lo que no dice, porque llegaremos a conclusiones erróneas y a aplicaciones desatinadas.
La segunda de las exigencias para que nuestras aplicaciones sean eficaces y buenas es que hemos de estar conectados con la realidad de nuestro tiempo y de la gente que nos rodea. Esto ya lo dijimos cuando hablamos de las fuentes de las ilustraciones y volvemos a repetirlo en este momento: es esencial que el predicador esté al día de lo que pasa en su congregación, por eso ha de ser pastor de la misma, y de lo que pasa en su país y en el mundo, para tener un mensaje que cale en sus oyentes.

La conclusión
La última parte del sermón es la conclusión; tiene dos objetivos principales: por un lado ha de ser capaz de dejar el alma a solas y frente a frente con la Palabra escuchada, y para ello ha de ser el pináculo de todo el mensaje, y por otro ha de ser el cierre que concluya el mensaje de forma lógica y coherente con el mismo.

Su naturaleza.
Después de haber empleado a fondo todas sus armas para persuadir a su audiencia: divisiones, ilustraciones, enseñanza, ejemplos, aplicación, interpretación, etc., la conclusión es el recurso final donde el predicador redondea su trabajo. En términos militares podríamos describirlo como la descarga final; en términos pirotécnicos como la traca final y en expresión sumarial como el tiro de gracia. Tras haber estado durante bastantes minutos tratando de que las almas de sus oyentes se abran a la verdad que trae, la conclusión debe ser como la acometida que rompa las últimas resistencias que queden en los corazones.
En ese sentido la conclusión será la consecuencia lógica de todo lo que la ha precedido. Es decir, si el desarrollo del sermón ha sido débil en cuanto a unidad o profundidad, es muy difícil que la conclusión pueda paliar esas carencias. Un desarrollo pobre del sermón puede dar lugar a una conclusión distorsionada, en la que el predicador, consciente de la vaciedad del sermón, se lanza en una frenética lucha por aporrear y martillear, a base de gritos y gesticulaciones, la mente de sus oyentes. Hemos de recordar que el desarrollo del sermón es la palanca que va a catapultar la conclusión. Una pobre palanca exigirá un gran esfuerzo para mover la piedra. Una gran palanca solamente demandará un poco de presión para remover el mismo peso. Recordemos siempre que es muy improbable que un mal sermón pueda ser redimido por una buena conclusión.
La conclusión necesita estar en armonía con la línea fundamental del sermón. Es decir, debe coincidir con la idea reina del sermón: la proposición. Aquí tocamos algo que ya vimos en su momento acerca de la importancia de la unidad del sermón, y, en este sentido, la conclusión ha de mantenerse en línea con dicha unidad. Por lo tanto, una conclusión genuina ha de estar entroncada con la génesis del árbol sermonario. No puede ser una añadidura fuera de sitio, ni un relleno retórico, ni un 'pegote' extraño al resto del conjunto.

Sus objetivos.
Igual que la ruptura de una piedra consiste, tantas veces, en innumerables golpes que, aparentemente nada consiguen, hasta que hay uno que la resquebraja externamente, así ocurre con el sermón como un todo. Puede ser que ya haya mecho mella en los corazones de los oyentes, pero aun quedan ciertas capas de resistencia: ignorancia, temor, vacilación, etc. y es el objetivo de la conclusión, romper esas últimas vetas que todavía se resisten a la persuasión.
Además ha de reafirmar, de manera resumida, el cuerpo principal del sermón. Es preciso asegurarnos que en la mente de nuestros oyentes han quedado claras las ideas-clave que queríamos transmitirles. Por eso es que la conclusión no puede ser una serie de comentarios concluyentes hechos sin convicción, porque ello supondría matar todo lo bueno que hasta ese momento tuviera el sermón. Es necesario recapitular, resumir y condensar en pocas frases la sustancia de lo anterior. Por eso las palabras han de ser muy bien escogidas y la vehemencia con la que se dicen también.
Debe servir también la conclusión para concluir nuestro mensaje. Esto no es una redundancia; a veces hay predicadores a los que realmente les cuesta acabar, bien porque no saben cómo hacerlo, bien porque quieren suplir en la conclusión lo que no dieron antes. Pero aquí es preciso recordar que la conclusión es para finalizar nuestro mensaje. De la misma manera que despegamos con la introducción, con la conclusión tomamos tierra. El predicador es el capitán de la aeronave que debe posarla en tierra firme y no estar dando giros alrededor de la misma sin terminar de aterrizar.
Uno de los objetivos que va incluido en la conclusión es el llamamiento. El llamamiento puede tomar varias formas: puede ser en forma de apelación, exhortación, invitación, etc. para que la persona tome ciertas decisiones en su corazón, según el tono del mensaje. En muchas ocasiones vendrá por medio de preguntas acerca de la condición espiritual de nuestra audiencia. Además, puede ser un llamamiento privado o público. Por llamamiento privado nos referimos al que se hace dejando a la persona a solas con Dios, para que actúe en consecuencia. No hay manifestación pública de aceptación del mensaje; el tiempo y la conducta dirán si hubo recepción o no. Por llamamiento público entendemos aquel por el que invitamos a nuestra audiencia a exteriorizar la aceptación del mensaje.
En este aspecto es necesario recordar algunas cosas: primero, que como dijimos en la sección sobre la aplicación, es el Espíritu Santo el que convence a la persona; por eso hacer un llamamiento privado invitando a la persona a que haga lo que tenga que hacer delante de Dios, dejando los resultados al Espíritu, es algo totalmente escritural. Segundo, que en ocasiones la persona necesitará ser ministrada por el consejo, la oración, etc. y convendrá hacer una apelación para el que quiera recibirla. Sin embargo, es bueno recordar aquí que ello debe hacerse sin manipulación y sin presiones carnales. Después de todo, aunque consigamos por nuestra fuerza algún resultado visible, al final se lo llevará el viento. Seamos sensibles a Dios y no vayamos por delante de él. También es prudente recordar que el último objetivo de la conclusión, y del sermón, es que el predicador se haga a un lado y deje que el encuentro se realice entre Dios y la persona, y no que quiera, traspasando su lugar, erigirse en una especie de mediador o sacerdote entre la persona y Dios.

Sus características.
Algunas cosas que dijimos para la introducción, son apropiadas para la conclusión. Por ejemplo ha de ser breve, porque de lo contrario ni será conclusión ni servirá a los objetivos anteriormente citados de clarificar, remachar, disipar, etc. También ha de ser clara; si todavía en la mente de alguien pudiera quedar alguna sombra respecto a las verdades tratadas en el sermón, ha de quedar despejada por la conclusión. Por eso es muy importante usar un lenguaje llano, sencillo. Al mismo tiempo ha de ser poderosa, en el sentido de tener la virtud de encerrar en pocas palabras mucho contenido. De ahí que sea necesario escoger, lo mismo que hicimos en la proposición, muy bien los vocablos que vamos a usar. Y, por último, pero no menos importante, es que sea natural; no forzada ni artificial.

Ejemplos neotestamentarios de conclusiones.
Cuando examinamos los sermones del Nuevo Testamento vemos que en ellos está presente este elemento de la conclusión. Por ejemplo veamos el más grande, no sólo en extensión, de todos: el sermón del monte. Tras un desarrollo del mismo en el que Jesús va desgranando verdades, se llega a un punto culminante que está en 24 Por tanto, cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; 25 y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cay[…]Mateo 7:24-27: 'Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace...'. Esta es la conclusión del sermón, su punto álgido, porque allí enfrenta Jesús a sus oyentes con la responsabilidad de tomar una postura de obediencia ante lo que acaban de escuchar. Es una conclusión trascendente, digno broche de todo lo anterior, al hacer ver las consecuencias de obedecer o desobedecer. Es una conclusión que hace tomar partido: a favor o en contra, pero a nadie deja indiferente. Es una conclusión realista porque no esconde lo terrible de dar la espalda a lo que se acaba de decir. Finalmente, es una conclusión equilibrada porque pone en la balanza las dos alternativas: obediencia y desobediencia.
En el libro de los Hechos también vemos las conclusiones que aparecen en algunos de los sermones. Por ejemplo en el que Pablo predica en Atenas en 17:22-31. En el versículo 30 es clara la conclusión: 'Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan.' Notemos que se trata de una exhortación para que sus oyentes, tomando conciencia de las verdades expuestas, actúen en consecuencia. Como vemos es una exhortación llena de autoridad que busca una respuesta de los oyentes. Igualmente en el sermón que Pablo predica en la sinagoga de Antioquía (13:16-41), también aparece la conclusión: 'Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados ... mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas...' Aquí tenemos, como en el caso del sermón del monte, el tono exhortativo, realista y equilibrado de la conclusión.

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Clases de sermones

Introducción

En última instancia los sermones se pueden clasificar en tres categorías y solamente tres: Buenos, regulares y malos. Eso atendiendo a su calidad; pero atendiendo a otras consideraciones tradicionalmente se han dividido los sermones en tres clases: temáticos, textuales y expositivos.

El sermón temático

'Un sermón temático es aquel cuyas principales divisiones se derivan del tema con independencia del seguimiento de un texto.'
(Cómo preparar sermones bíblicos, James Braga)

Sin duda la mejor manera de ver la naturaleza de este tipo de sermón es cuando lo comparamos con el textual o el expositivo, y viceversa. Pero para poner un ejemplo práctico que nos aclare en qué consiste un sermón temático podríamos citar la conocida Biblia Thompson en la que su característica principal deriva de las cadenas temáticas que la recorren según las notas personales que el doctor Frank C. Thompson fue acumulando en su propia Biblia. Esas cadenas tienen la característica de tomar un tema, que puede ser la oración, el pecado, la misericordia divina, etc. (hay cuatro mil de ellos en esa Biblia) y seleccionar los pasajes bíblicos más relevantes (según el criterio del doctor Thompson) en orden cronológico. Esos pasajes constituirían la estructura del sermón. Otras Biblias tienen al final un índice temático en el que se dan las referencias bíblicas más importantes de ciertas palabras y conceptos que teológicamente tienen peso, como fe, vida, espíritu, Dios, etc. Las referencias ligadas a cada una de esas palabras constituirían otros tantos bosquejos de sermones temáticos.

Otra manera sencilla de elaborar un sermón de este tipo sería recurrir, una vez que se ha escogido el tema, a una concordancia y buscar la palabra en cuestión seleccionando los pasajes más oportunos. Esos pasajes constituirían el esqueleto del sermón; pero sabemos que un esqueleto de por sí es algo muerto y necesita carne y, sobre todo, vida. Y en eso consiste el trabajo de elaboración del sermón y de su entrega de forma dinámica, pero eso ya lo veremos a su debido tiempo.

Un ejemplo de bosquejo de sermón temático

Tema: El cristiano como atleta
Introducción: En los tiempos del Nuevo Testamento ya se celebraban olimpiadas y ciertos deportes, como la carrera o la lucha, eran muy populares. Algunos de los principios naturales que regían y rigen esos deportes tienen una aplicación espiritual y por eso al cristiano se le compara en el Nuevo Testamento con un atleta:

1. El cristiano, igual que el atleta, tiene un galardón que obtener (¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero sólo uno obtiene el premio? Corred de tal modo que ganéis.[…]1 Corintios 9:24).
2. El cristiano, igual que el atleta, ha de negarse a sí mismo mediante la disciplina personal (1 Corintios 9:25,27).
3. El cristiano, igual que el atleta, tiene una motivación para superarse (13 Hermanos, yo mismo no considero haber lo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. […]Filipenses 3:13,14). 4. El cristiano, igual que el atleta, ha de estar en forma entrenándose diariamente (7 Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad; 8 porque el ejercicio físico aprovecha poco, pero la piedad es provechosa para todo, pues tiene promesa para la vida presente y ta[…]1 Timoteo 4:7,8).
5. El cristiano, igual que el atleta, ha de tener cuidado para no ser descalificado (Y también el que compite como atleta, no gana el premio si no compite de acuerdo con las reglas.[…]2 Timoteo 2:5).
6. El cristiano, igual que el atleta, tiene un juez que evalúa su actuación (En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.[…]2 Timoteo 4:8).
7. El cristiano, igual que el atleta, ha de saber dosificar su esfuerzo (Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,[…]Hebreos 12:1).
8. El cristiano, igual que el atleta, tiene un ejemplo en el cual fijarse (puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de El soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.[…]Hebreos 12:2).

Para elaborar este bosquejo, y teniendo ya en mente la idea del atletismo espiritual, se buscó en la concordancia todo lo que tuviera que ver con las palabras correr, carrera, lucha y similares. Esos pasajes fueron la base del sermón. A continuación se meditó y estudió cada pasaje para extraer de cada uno de ellos una idea dominante que estuviera en armonía con el tema principal. Esas ideas dominantes están expresadas en letra cursiva y sobre ellas girará el peso de cada punto del bosquejo.

Notemos que en esta clase de sermón hay una unidad de pensamiento que es el tema que estamos tratando, en este caso el atletismo espiritual. Si ese es el tema que hemos escogido hemos de ceñirnos a él y no podemos introducir o añadir otros elementos ajenos al mismo; es decir, romperíamos la unidad y la estructura de este sermón si introdujéramos un párrafo que hablara del cristiano como soldado, que si bien es una verdad bíblica no viene al caso en este momento y lo único que haríamos sería hacer perder el hilo a nuestra audiencia y dispersar el poder que hay en la concentración de una sola idea.

En este momento podemos volver a la definición de sermón temático dada más arriba y veremos que efectivamente el sermón seleccionado obedece a esa definición: sus principales divisiones derivan del tema y su base no consiste en la exposición de un pasaje de la Escritura. En este caso podríamos decir que las citas bíblicas son las 'siervas' del tema y en este sentido hemos de ser muy cuidadosos para no retorcer o sacar de contexto los pasajes y obligarlos a que se ajusten a nuestro tema. Esta es una de esas ocasiones en las que el predicador ha de ser un obrero 'que usa bien la palabra de verdad' (Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.[…]2 Timoteo 2:15).

Por supuesto esta clase de sermón, que puede ser muy instructivo y enriquecedor, tiene sus peligros y puede ser objeto de abuso y simplificación por parte de personas que no están dispuestas a pasar mucho tiempo en la elaboración de mensajes y lo único que hacen es reunir de una concordancia una serie de citas bíblicas sobre el tema y se limitan a poco más que leerlas o a rellenarlas con verborrea.

Una vez que hemos comenzado a adentrarnos en la práctica de predicar sermones temáticos, podemos tratar de iniciar una serie en la que haya una línea que los engarza unos con otros. Esto es una serie temática en la que bajo un tema global se pueden desarrollar una serie de sub-temas. Por ejemplo, podemos desarrollar una en la que bajo el título genérico de 'Las perfecciones de Dios' vamos tocando los distintos atributos que Dios tiene, entre los que podrían estar los siguientes temas:

1. La soberanía de Dios.
2. La inmutabilidad de Dios.
3. La santidad de Dios.
4. La fidelidad de Dios.
5. La ira de Dios.
6. La gracia de Dios.
7. El amor de Dios.

Cada uno de esos atributos sería la base de un sermón y un enfoque distinto cada vez para acercarnos a la naturaleza y carácter de Dios. Por supuesto que no sería bueno hacer una serie temática demasiado larga, porque terminaríamos aburriendo a la congregación.

Otro ejemplo de serie temática podría ser una sobre los Diez Mandamientos con un título genérico sugestivo tal como 'Siguiendo las normas del fabricante'.

I. Del fabricante mismo y sus delegados:
1. Los derechos absolutos del fabricante: 'No tendrás dioses ajenos delante de mí' (No tendrás otros dioses delante de mí.[…]Éxodo 20:3).
2. Los sucedáneos engañosos al fabricante: 'No te harás imagen...' (No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.[…]Éxodo 20:4).
3. El respeto al buen nombre del fabricante: 'No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano' (No tomarás el nombre del SEÑOR tu Dios en vano, porque el SEÑOR no tendrá por inocente al que tome su nombre en vano.[…]Éxodo 20:7).
4. La actitud correcta hacia el fabricante: 'Acuérdate del día de reposo para santificarlo' (Éxodo 20:8).
5. El respeto a los delegados del fabricante: 'Honra a tu padre y a tu madre' (Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da.[…]Éxodo 20:12).

II. De los valores supremos del fabricante:
6. El respeto a la vida: 'No matarás' (No matarás.[…]Éxodo 20:13).
7. El respeto a la sexualidad: 'No cometerás adulterio' (No cometerás adulterio.[…]Éxodo 20:14).
8. El respeto a la propiedad: 'No hurtarás' (No hurtarás.[…]Éxodo 20:15).
9. El respeto al honor: 'No hablarás contra tu prójimo falso testimonio' (No darás falso testimonio contra tu prójimo.[…]Éxodo 20:16).
10. El contentamiento con la voluntad del fabricante: 'No codiciarás' (No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo.[…]Éxodo 20:17).

La ventaja de esta serie sobre los Diez Mandamientos es que además de ser temática es una serie textual e incluso expositiva, porque estamos siguiendo en todo momento el texto bíblico en su orden literario sin forzar ni saltar a otros pasajes inconexos entre sí. Es decir, que no sólo el tema une a los diferentes sub-temas, sino que el texto bíblico en sí ya es lo que produce la unión entre ellos, con lo cual tenemos una doble seguridad de que andamos pisando terreno sólido: tema y texto. Aunque a priori parece que esta serie no tiene atractivo o actualidad, el caso es precisamente el contrario, porque al ir tocando los mandamientos nos daremos cuenta de que salen asuntos tan actuales como el aborto, la eutanasia, el divorcio, la violencia, el secularismo, la idolatría, las relaciones familiares, etc.

El sermón textual

'Un sermón textual es aquel en el cual las principales divisiones se derivan de un texto consistente en un breve pasaje de las Escrituras.'
(Cómo preparar sermones bíblicos, James Braga)

Mientras en el sermón temático el tema o asunto dictamina los textos a usar, en el sermón textual es el texto bíblico el que determina el tema o temas del sermón. Un sermón se considera textual cuando el pasaje escogido no excede de dos versículos, pudiendo ser un solo versículo o incluso una frase o expresión de un versículo. Si son tres versículos o más se considera, al menos en principio, que es un sermón expositivo.

Como el eje del sermón y las divisiones del mismo nacen del texto bíblico, el predicador para la elaboración y entrega del mensaje ha de estar muy ceñido al pasaje en cuestión, lo que implica que el desarrollo, arreglo y análisis del sermón debe estar guiados por el texto en sí y las verdades o puntos principales se deducen del mismo. En este sentido se requiere del predicador mayor disciplina que con el sermón temático en el cual tiene mucha más libertad para moverse por la Escritura. Aquí es donde radica una de las dificultades del sermón textual: en la autolimitación que el predicador ha de imponerse para no 'irse por los cerros de Úbeda'. Este es, precisamente, uno de los errores que cometen algunos predicadores: anuncian su texto y dan la impresión que van a predicar sobre él para a continuación lanzarse en una loca aventura oral en la que podría parafrasearse aquello de 'todo parecido con la realidad es pura coincidencia' con 'todo parecido del contenido del sermón con el texto original es pura coincidencia'.

Esa limitación y esa disciplina que el predicador se autoimpone al escoger un sermón de texto es lo que hace este tipo de sermones particularmente difícil para el principiante, por lo que no es muy recomendable tratar de empezar con tal clase de sermones, salvo en el caso que uno haya recibido de arriba las ideas principales del sermón. Esto no ha de ser, no obstante, un pretexto para que el predicador principiante jamás intente predicar un sermón de texto.

Si bien hemos de ceñirnos al texto en cuestión que hayamos elegido, eso no quiere decir que nos podemos desentender del contexto. Al contrario, aunque el contexto no salga explícitamente en la presentación de nuestro sermón, sin embargo a la hora de elaborarlo hemos de tenerlo en cuenta pues podríamos correr el peligro de interpretarlo de forma errónea y hacerle decir cosas que en realidad no dice. Por ejemplo, si predicamos un sermón textual en base a la declaración de Jesús 'No juzguéis, para que no seáis juzgados.' (No juzguéis para que no seáis juzgados.[…]Mateo 7:1) y no tenemos cuidado con el contexto podemos llegar a enseñar cosas absurdas y decir por ejemplo que Jesús prohíbe aquí que los jueces y magistrados ejerzan su función de sancionadores del mal. De nuevo nos vuelve a salir implícitamente el mandato de Pablo a Timoteo de ser buen obrero 'que usa bien la palabra de verdad' (Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.[…]2 Timoteo 2:15). Siempre hemos de recordar que la homilética y la hermenéutica (interpretación del texto) van de la mano. No puede ser buena homilética la que no va refrendada por una buena hermenéutica.

Las ventajas de este tipo de sermón son varias: en primer lugar es el sermón idóneo para actos evangelísticos en los que se requiere un mensaje fluido, breve e impactante. Es evidente que en esos actos las personas congregadas tienen poco o ningún conocimiento de la Palabra de Dios, por lo que no debemos adentrarnos a manejar textos extensos y complicados que cerrarán mentes antes de que hayamos pronunciado la segunda frase.

No obstante, este tipo de sermón no solamente es útil para el inconverso sino que es extremadamente beneficioso para el creyente. Por ejemplo en aquellos lugares, que cada vez son menos, en los que el domingo hay culto por la mañana y por la tarde supone un provechoso cambio de ritmo, si durante la mañana hubo un sermón temático o expositivo, no cargar las tintas por la tarde con otro sermón del mismo tipo sino pasar a predicar un sermón de texto. Los creyentes lo agradecerán y los no creyentes serán desafiados.

Ejemplos de bosquejos de sermones textuales

Texto: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna.[…]Juan 3:16
1. La salvación tiene una sola causa: el amor de Dios.
2. La salvación viene por un solo medio: Jesucristo.
3. La salvación se recibe mediante una sola condición: la fe.

Con ese bosquejo podemos hacer énfasis en las palabras en cursiva para mostrar las grandes verdades acerca de la salvación y también eliminar de nuestros oyentes ideas falsas sobre la salvación.
Por ejemplo podemos presentar ese bosquejo de esta manera:
1. Muchos piensan que la causa de la salvación está en algo digno que hay en nosotros, pero la Biblia nos enseña que en realidad la única causa está en el amor inexplicable de Dios.
2. Muchos piensan que la salvación viene a través de ciertos medios, caminos o personajes, pero la Biblia nos enseña que en realidad solamente está en una Persona: Jesucristo.
3. Muchos piensan que la salvación se recibe por hacer méritos o por justicia propia, pero la Biblia nos enseña que se recibe solamente por la fe en Cristo.

Texto: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna.[…]Juan 3:16
1. El amor de Dios es profundo: 'de tal manera'.
2. El amor de Dios es amplio: 'al mundo'.
3. El amor de Dios es gratuito: 'que ha dado'.
4. El amor de Dios es sacrificado: 'a su Hijo Unigénito'.
5. El amor de Dios es demandante: 'que todo aquel que en él cree'.
6. El amor de Dios es eficaz: 'no se pierda, mas tenga vida eterna'.

Notemos de qué forma tan sucinta estamos presentando el evangelio y, al mismo tiempo, estamos siendo fieles al texto bíblico, con lo cual estamos matando dos pájaros de un tiro: claridad y coherencia. Claridad en el orden de nuestras ideas para el provecho de los que nos escuchan y coherencia hacia la Revelación bíblica de la cual hemos de ser fieles intérpretes.

Vamos a mirar ahora el bosquejo de un sermón textual de Spurgeon sobre la oración. Fíjate en la maestría con la que divide el texto y cómo deduce de él los puntos principales del sermón.

Texto: "Clama a mí, y yo te responderé y te revelaré cosas grandes e inaccesibles, que tú no conoces."[…]Jeremías 33:3
1. Una orden de orar: 'clama a mí'.
2. La promesa de respuesta: 'y yo te responderé'.
3. El estímulo a la fe: 'y te mostraré cosas grandes y ocultas que tú no conoces'.

La serie de sermones textuales

Una modalidad de este tipo de sermón es la serie de sermones textuales, es decir, una serie de predicaciones textuales que en lugar de estar inconexas unas con otras están relacionadas entre sí. Una de las series textuales más predicadas en todos los tiempos son las 'siete palabras', es decir una serie de predicaciones, siete en este caso, basadas en las palabras que Jesús pronunció en la cruz. Además esa serie se presta admirablemente a un cierto tiempo del año: Semana Santa. Con un título genérico, por ejemplo 'Palabras desde la cruz', podríamos dividir así la serie:

1. La palabra de intercesión: 'Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.' (Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y echaron suertes, repartiéndose entre sí sus vestidos.[…]Lucas 23:34).
2. La palabra de salvación: 'De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.' (Entonces El le dijo: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso.[…]Lucas 23:43).
3. La palabra de afecto: 'Mujer, he ahí tu hijo...he ahí tu madre.' (26 Y cuando Jesús vio a su madre, y al discípulo a quien El amaba que estaba allí cerca, dijo* a su madre: ¡Mujer, he ahí tu hijo! 27 Después dijo* al discípulo: ¡He ahí tu madre! Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa . […]Juan 19:26,27)
4. La palabra de propiciación: 'Dios mío, Dios mío ¿por qué me has desamparado?' (Mateo 27:46).
5. La palabra de sufrimiento: 'Tengo sed.'. (Después de esto, sabiendo Jesús que todo se había ya consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo*: Tengo sed.[…]Juan 19:28).
6. La palabra de victoria: 'Consumado es.' (Entonces Jesús, cuando hubo tomado el vinagre, dijo: ¡Consumado es! E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.[…]Juan 19:30).
7. La palabra de entrega: 'Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.' (Y Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPIRITU. Y habiendo dicho esto, expiró.[…]Lucas 23:46).

Es fácil observar en este ejemplo que al tratar esta serie estamos tocando todos los aspectos claves de la obra de Cristo, de modo que de forma exhaustiva, dramática y didáctica cubrimos las grandes verdades de la fe cristiana.

El sermón expositivo

'Un sermón expositivo es aquel en el que se interpreta una porción más o menos extensa de las Escrituras en relación con un tema o asunto.'
(Cómo preparar sermones bíblicos, James Braga)
La diferencia entre un sermón textual y un sermón expositivo es que mientras el primero está limitado a uno o dos versículos, el segundo toma un párrafo más extenso que puede llegar a ser un capítulo e incluso más. La extensión vendrá determinada por la naturaleza de la exposición que se va a hacer. Por ejemplo, si queremos predicar sobre el diluvio tendremos que basarnos en los capítulos 6,7, y 8 de Génesis; pero si nuestra intención es describir las circunstancias que llevaron a aquella catástrofe tendremos que limitarnos a 1 Y aconteció que cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, 2 los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron para sí mujeres de entre todas las que les gustaban. 3 E[…]Génesis 6:1-8.

El sermón expositivo toma todo su desarrollo: bosquejo inicial, divisiones, subdivisiones, del mismo pasaje bíblico y por eso consiste, como la misma palabra dice, en una exposición de las Escrituras. No es el predicador el que marca la pauta a seguir, sino que es el mismo pasaje el que determina el orden de los pensamientos pues la secuencia literaria del párrafo gobierna la invención y la presentación del sermón.

En el sermón expositivo se trata de presentar de forma coherente, sencilla y clara la enseñanza de la Escritura; y aquí es donde se requiere del predicador que sea un buen exégeta, es decir, un fiel intérprete de la Escritura que no impone sobre ella sus propios criterios, sino que deduce de ella lo que allí encuentra. En el sermón expositivo el predicador ha de bucear en el pasaje; ha de hacerlo suyo y extraer de él las gemas escondidas que tiene.

El sermón expositivo demanda un gran respeto por el pasaje y es la ocasión propicia para enseñar y nutrir a la congregación con alimento sólido directamente extraído de la mejor reserva: la Sagrada Escritura.

Ejemplo de bosquejo de sermón expositivo

Texto: 1 Abraham era viejo, entrado en años; y el SEÑOR había bendecido a Abraham en todo. 2 Y Abraham dijo a su siervo, el más viejo de su casa, que era mayordomo de todo lo que poseía: Te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo, 3 y te haré jurar por […]Génesis 24
Título: El siervo anónimo

Introducción: En este pasaje encontramos a Abraham al final de su vida; ha sido bendecido por Dios en todo, pero hay un asunto pendiente que le preocupa enormemente: el casamiento de su heredero Isaac. ¿A quién encargará tan delicado asunto? En el siervo de Abraham, tenemos un prototipo de lo que cada siervo de Dios debe ser. En este capítulo vemos algunos rasgos que lo caracterizan.

1. Fue llamado por su amo para hacer la tarea: 'Y dijo Abraham a un criado suyo' (2).
2. Había demostrado ser fiel a lo largo de los años: 'el que gobernaba en todo lo que tenía' (2).
3. Antes de hacer su tarea fue instruido específicamente sobre la misma (6-8).
4. Estaba identificado totalmente con los intereses de su amo: 'puso su mano debajo del muslo de Abraham' (9).
5. Se tomó en serio lo que se le mandó: 'y le juró sobre este negocio' (9).
6. Era un hombre diligente: 'y se fue' (10).
7. Antes de hacer nada por sí mismo puso en oración el asunto: 'Y dijo: Oh Jehová Dios...' (12).
8. En el momento de éxito glorificó a Dios: 'se inclinó, y adoró a Jehová' (26).
9. Dio prioridad a los asuntos de su amo antes que a otra cosa: 'No comeré hasta que haya dicho mi mensaje' (33).
10. No llamó la atención sobre sí; permaneció anónimo: 'Yo soy criado de Abraham' (34).
11. Fue veraz en su testimonio (35-48).
12. Ante posibles demoras acabó lo que empezó: 'No me detengáis' (56).
13. Como siervo que era dio cuentas de su tarea: 'contó a Isaac todo lo que había hecho' (66).

Notemos en este ejemplo de sermón expositivo cómo hemos ido deduciendo del pasaje mismo las verdades capitales, sin necesidad de recurrir a otros textos bíblicos; de esta manera estamos centrados en este capítulo y en este personaje. Para entender los entresijos de este capítulo tendríamos que estudiar también las costumbres de aquel tiempo algunas de las cuales nos son lejanas. Pero de esas costumbres culturales ajenas, nosotros hemos de extraer la verdad eterna que Dios quiso comunicar para todos los tiempos y todas las culturas; pues además de ser un relato de gran valor literario, está lleno de contenido teológico y eso es lo que a nosotros, por encima de todo, nos incumbe. En este ejemplo de sermón expositivo, vemos la importancia de actualizar y de hacer pertinente el mensaje bíblico; costumbres que a primera vista no tienen mucho que ver con nosotros hoy en día, en realidad sí tienen mucho que decirnos si sabemos entresacar la verdad que contienen. Esta es la labor del predicador: la verdad con ropaje antiguo trasladarla a nuestro día y a nuestra audiencia y hacerla viva y actual.

La serie de sermones expositivos

Una vez que hemos comenzado a gustar y a hacer gustar a la congregación este tipo de sermones sería bueno que preparáramos una serie de sermones expositivos. Eso puede cubrir un libro de la Escritura, una carta o parte de ellos. Por ejemplo, podemos decidir dar una serie sobre la carta de Santiago que es eminentemente práctica. O podemos adentrarnos en terreno más doctrinal con la carta a los Hebreos. Ni que decir tiene que antes de meternos en ello hemos de estar seguros de saber el terreno que estamos pisando y de que no sólo comenzamos entusiasmados nuestra serie sino que tendremos fuerzas para terminarla. En una serie de sermones expositivos estamos dando todo el consejo de Dios y de ahí su trascendencia para la nutrición de la iglesia.

Pero hay otras clasificaciones para catalogar los sermones. Presentamos a continuación algunas de ellas.

El sermón evangelístico

'Haz obra de evangelista' (Pero tú, sé sobrio en todas las cosas, sufre penalidades, haz el trabajo de un evangelista, cumple tu ministerio.[…]2 Timoteo 4:5) fue un mandato de Pablo a Timoteo. Hay predicadores que de por sí son evangelistas y su corazón y mente están no tanto dentro de la iglesia y sus necesidades, sino fuera de ella, en los inalcanzados y en los inconversos. Sin embargo, aunque seamos más pastores que evangelistas, y nuestro corazón esté dentro de la iglesia, siempre debe de haber un hueco para los de fuera, y ello se ha de traducir en que hemos de saber reservar sermones dedicados a ese tipo de personas.

Un sermón se puede catalogar como evangelístico cuando su propósito fundamental es el de proclamar las buenas nuevas de salvación a los perdidos. Al estudiar los sermones en el libro de los Hechos vimos que tenían una característica en común: todos eran evangelísticos. En este caso no se nos ha dejado registrado en ese libro ningún ejemplo de sermón de edificación para los ya creyentes salvo la exhortación de Santiago en 13 Cuando terminaron de hablar, Jacobo respondió, diciendo: Escuchadme, hermanos. 14 Simón ha relatado cómo Dios al principio tuvo a bien tomar de entre los gentiles un pueblo para su nombre. 15 Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, tal[…]Hechos 15:13-21.

Un sermón evangelístico puede ser tanto textual, como expositivo o temático; lo que lo hace evangelístico es que el evangelio sea proclamado. En este sentido ha de reunir una serie de características propias:
1) Ha de ser pertinente a la audiencia. Si bien todo sermón ha de tener esta cualidad, el evangelístico más que ninguno. Si no parte de algo que apele directamente a los oyentes por su actualidad o vigencia, no será eficaz. De ahí que el predicador ha de estar al tanto de lo que pasa en el mundo y de lo que preocupa a la gente para poder conectar mejor con su audiencia y hacer actual la Palabra de Dios. Mucha de la culpa de tantos sermones aburridos es la falta de pertinencia, y la responsabilidad de ello recae en el predicador y en nadie más.
2) Ha de confrontar a la audiencia con su estado de perdición y de alejamiento de Dios. No puede ser buen sermón evangelístico el que pasa por alto esta verdad; nadie va a querer tomar una medicina mientras no se le haga ver que está enfermo; nadie buscará la salvación mientras no sea consciente de su perdición.
3) Ha de presentar a Jesucristo como el remedio para la miseria y calamidad del pecador. La persona y la obra de Jesucristo han de ser el centro del sermón; de ahí que, contrariamente a lo que muchos piensan, el sermón evangelístico demanda una gran preparación bíblica del predicador que ha de tener muy claras y asumidas las grandes verdades de la fe para poder presentarlas de forma sencilla, pero profunda, a sus oyentes.
4) Ha de persuadir a los oyentes a que reciban a Jesucristo como Señor y Salvador. Una de las características del sermón evangelístico es que el predicador ha de ser consciente de la urgencia de lo que está haciendo, pues puede ser que para algunos de sus oyentes sea la última vez que escuchan el evangelio, por lo tanto ha de rogar encarecidamente que no dejen pasar la ocasión.

El sermón de edificación

Frente al anterior tipo de sermón, el evangelístico, encontramos el que podríamos llamar de edificación. Si bien un buen sermón evangelístico siempre será de edificación para los ya creyentes, su propósito primordial son los inconversos, mientras que el de edificación son los creyentes. Es decir, que el sermón de edificación tiene como fin alimentar a la grey de Dios y en este sentido es una de las facetas más importantes en las que el pastor-predicador ha de emplearse.

La variedad de este tipo de sermones es casi infinita porque cubren todas las facetas de la vida de una congregación. Así habrá sermones de tipo doctrinal en los que se tocarán las grandes verdades de la fe cristiana, o sermones de desafío en los que se retará a los creyentes a conquistas todavía por realizar, o sermones de consolación en momentos de prueba o dolor, o sermones de reprensión en los que se atacarán pecados o desviaciones que estén dañando a la iglesia.

El sermón sobre fechas del calendario cristiano

El calendario de Israel giraba en torno a tres grandes fiestas que Dios había instituido: Pascua, Pentecostés y Tabernáculos. Cada una de ellas contenía enseñanzas fundamentales acerca de Dios y de su obra en favor de su pueblo, y al celebrarse cada año el pueblo recibía cíclicamente enseñanza acerca de los grandes hechos redentores de Dios. Precisamente esto es lo que da importancia también a determinadas fechas del calendario cristiano: son motivo para proclamar las grandes verdades de nuestra fe; por un lado recordándolas y rememorándolas a los que ya han creído para robustecer y afirmar su fe y por otro anunciándolas a los que no creen.

Uno de esos momentos es Navidad. Resulta muy apropiado hablar en esa época del año sobre temas que discurren acerca del amor, la felicidad, el regalo, etc. Ya que esas palabras están en el ambiente de esos días, es muy fácil conectar a través de ellas con nuestra audiencia para a continuación mostrar en qué consiste el amor de Dios o cuál es la receta bíblica para la felicidad y el verdadero sentido de ella o quién es el gran regalo de Dios para nosotros. Además en esos días tenemos la oportunidad de tener entre nuestra audiencia a personas que no tendremos el resto del año; por lo tanto es evidente que hemos de esforzarnos para que nuestros sermones sean evangelísticos. Otro gran momento del año es el domingo de Resurrección que nos provee una oportunidad excelente para proclamar la victoria de Cristo sobre la muerte. O puede que el domingo de Pentecostés queramos predicar sobre el Espíritu Santo. Si hay reuniones especiales en Semana Santa es claro que hablaremos sobre la muerte de Cristo y las bendiciones eternas que nos provee.

En algunas iglesias tienen más costumbre que en otras de enfatizar las distintas épocas del año, pero es evidente que por débil que sea nuestra vinculación a tal sistema, siempre resultará útil esa referencia para nuestra predicación. Resumiendo, pues, mediante las fiestas cristianas tocaremos asuntos centrales: la venida de Cristo al mundo, su muerte expiatoria, su resurrección victoriosa, el envío del Espíritu Santo, etc.

El sermón sobre ocasiones especiales

Hay ciertas ocasiones en las que el predicador está obligado a limitar el contenido y propósito de su sermón; son ocasiones especiales en las que se desarrolla algún acontecimiento que marca todo lo que se dice y se hace en tal ocasión. Una de esas ocasiones es la boda. Es evidente que el tema del sermón debe girar en torno al matrimonio o la familia, pues sería incongruente ponerse a hablar, digamos, de los dones del Espíritu Santo. Otra ocasión especial es un entierro; la fugacidad de la vida, la realidad del juicio de Dios, la muerte de Cristo, etc., son todos ellos temas apropiados para tal ocasión.

También un culto de bautismos, un acto de presentación de niños o de inauguración de un templo o local, son ocasiones especiales.

Casi invariablemente cada una de esas ocasiones es una oportunidad evangelística porque algunos de esos actos, además de un carácter espiritual, tienen un carácter social y eso significará que habrá presencia de personas vinculadas por lazos familiares o de otro tipo a hermanos de la congregación.

Concretamente la muerte de un miembro de la congregación es una ocasión preciosa para proclamar a Cristo. Ahora bien, suele haber dos tipos de actos bien diferenciados en lo que concierne a la partida de un cristiano: uno se desarrolla en el mismo cementerio, otro se realiza pocos días después y se denomina culto memorial. El primero ha de ser necesariamente breve; bastará una predicación de diez o quince minutos. Ha de ser certera, escueta y emotiva. Para algunas personas ésta puede ser la primera y última vez que escuchen el evangelio; por lo tanto el predicador ha de emplearse a fondo para aprovechar esos minutos preciosos que el hecho luctuoso le provee. Como las conciencias de las personas están más despiertas en estos momentos ante las grandes realidades de la vida y el predicador mismo también es consciente de la trascendencia del momento, estos sermones adquieren una intensidad especial. Algo de lo que hay que huir como de la peste en esos momentos es del profesionalismo, de la rutina y de cosas parecidas. Nada mata más las conciencias de los vivos que ver a un ejecutivo de la religión realizando una parodia fúnebre. El otro tipo de acto se lleva a cabo en el local de la iglesia y aquí es factible extenderse más, no solamente en la predicación, sino en el culto en sí, con cánticos apropiados y testimonios de hermanos que conocieron al finado. Por supuesto que el énfasis aquí no está en la persona que ha partido, sino en el Señor de ella; por eso es importante ser sobrios y no ensalzar tanto la figura del que se fue hasta el punto de que no refleje la realidad y, al mismo tiempo, glorificar a Aquel en quien puso su confianza.

Hay ocasiones en las que el testimonio del muerto levanta dudas o reservas sobre lo genuino de su fe; en tal caso lo mejor es dejar a un lado cualquier mención de tipo personal que o puede ser irreal o puede ser hiriente, y concentrarse en la predicación del evangelio. En una sociedad secularista y materialista como la nuestra a la que pocas cosas impresiona, el hecho de la muerte arrebatando los falsos fundamentos en los que muchos confían, es uno de los grandes aliados que los predicadores tenemos.

Ejemplo de bosquejo de sermón fúnebre

Texto 39 Y uno de los malhechores que estaban colgados allí le lanzaba insultos, diciendo: ¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros! 40 Pero el otro le contestó, y reprendiéndole, dijo: ¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo […]Lucas 23:39-43
Título: Tres hombres en el monte Calvario

1. La insensatez de uno

* su condición: malhechor
* su posición: en el patíbulo
* su actitud: ignorante - 'Si tú eres el Cristo'
arrogante - 'sálvate a ti mismo y a nosotros'
Despilfarró neciamente el poco tiempo que le quedaba de vida.

2. La sensatez del otro

* su condición: malhechor
* su posición: en el patíbulo
* su actitud: de temor de Dios - '¿ni aun temes tú a Dios...?'
de reconocimiento de su maldad - 'recibimos lo que merecieron nuestros hechos'
de acercamiento humilde a Cristo - 'Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.'
Aprovechó sabiamente el poco tiempo que le quedaba de vida.

3. Cristo

* su condición: inocente - 'éste ningún mal hizo'
* su posición: en el patíbulo
Si es inocente y está en el patíbulo es porque está cargando con pecados ajenos.
* su promesa: segura - 'De cierto de digo'
actual - 'que hoy'
personal - 'estarás'
celestial - 'conmigo en el paraíso'
4. Conclusión
Aunque estos dos hombres partían de la misma condición y de la misma posición, lo que decidió el destino eterno de cada uno fue su actitud hacia Cristo.

5. Aplicación
Tú también eres un malhechor delante de Dios y estás en el patíbulo de condenación; haz como hizo el sensato y aprovecha el tiempo: reconoce tu maldad y acércate a Cristo y recibirás también la promesa de salvación.

Todo predicador ha de enfrentarse en algún momento a tener que predicar un sermón fúnebre por una muerte trágica, repentina o prematura. Se trata de ocasiones difíciles, por las preguntas que se suscitan, sin fáciles respuestas. A continuación se presenta un ejemplo de sermón fúnebre por la muerte de un bebé.

Texto: 10 Mirad que no despreciéis a uno de estos pequeñitos, porque os digo que sus ángeles en los cielos contemplan siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. 11 Porque el Hijo del Hombre ha venido a salvar lo que se había perdido. […]Mateo 18:10-11
Título: El valor de los pequeñitos para Dios

Hay una tendencia a menospreciar lo pequeño y no solamente a despreciarlo sino también a desecharlo. Por esa razón es por lo que hay millones de abortos cada año en todo el mundo, porque a esas criaturas se las menosprecia y desecha, hasta la muerte.

Pero qué contraste con lo que Jesús enseña aquí: Estos pequeñitos son objeto de la salvación de Dios y por tanto del amor de Dios.
En primer lugar porque Dios les ha designado ángeles. Ahora bien, los ángeles son espíritus ministradores enviados a favor de los que serán herederos de la salvación (¿No son todos ellos espíritus ministradores, enviados para servir por causa de los que heredarán la salvación?[…]Hebreos 1:14). Si Jesús habla de los ángeles de esos pequeñitos es porque ellos son herederos de la salvación. Además, Jesús aclara que esos ángeles ven siempre el rostro de su Padre, lo cual indica que no son ángeles cualquiera, sino unos que están en la presencia de Dios, como Gabriel (Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy en la presencia de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte estas buenas nuevas.[…]Lucas 1:19). Eso muestra la importancia que Dios da a esos pequeñitos. Pero al fin y al cabo, los ángeles no son más que servidores y criaturas.
Pero hay otro motivo más grande que el hecho de que Dios les haya asignado ángeles y es que Jesús mismo, el autor de la salvación, ha venido para efectuar y aplicar esa salvación a estos pequeñitos. De manera que cuando parten de esta vida no se pierden, porque han sido objeto de la salvación que Jesús efectuó en la cruz.
Si los ángeles de estos pequeñitos ven el rostro del Padre, es lógico pensar que cuando parten de esta vida ellos mismos ven el rostro del Padre, pues Jesús ha hecho posible tal bendición. Ver el rostro de Dios es la bendición suprema, la bendición de las bendiciones.
Así que, lejos de divagar sobre cuál es el destino de este bebé, el evangelio nos da una fortísima esperanza y consuelo de su salvación eterna. Resta que cada uno de los que estamos aquí podamos a su debido tiempo gozar de esa salvación, para lo cual es necesario venir a Jesús.

Una gran ocasión muy útil para exponer la enseñanza de la Palabra es la boda. Como tiene también el doble significado de acto espiritual y social es un buen momento para tener una audiencia que normalmente no tendremos. Por supuesto el carácter de este acto es festivo y el predicador no ha de desentonar dando una sensación de huraño, aguafiestas o cosas parecidas. Su mensaje ha de ir en consonancia al momento. Pero también aquí se nos ofrece una oportunidad para tocar asuntos de tanta pertinencia como 'Los fundamentos para un buen matrimonio' o 'La clave del éxito para construir una familia'. La duración del sermón debe oscilar entre quince y veinte minutos, para no prolongar la ceremonia demasiado.

Ejemplo de bosquejo de sermón de bodas

Texto: 21 sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo. 22 Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. 23 Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo El mismo el Salvador del cuerpo. 24 Per[…]Efesios 5:21-33
Título: Los tres fundamentos de un matrimonio sólido

* Un matrimonio sólido es una declaración de dependencia de los cónyuges hacia Dios (21).
* Un matrimonio sólido es una declaración de dependencia mutua de los cónyuges (22,25).
* Un matrimonio sólido es una declaración de independencia de los cónyuges hacia los padres (31).
Conclusión: La garantía de éxito está asegurada cuando estas tres declaraciones hechas en el momento de la ceremonia, se mantienen vigentes durante el resto de la vida.

El sermón biográfico

'Probablemente la manera más fácil para que el ministro joven empiece a predicar sermones con una fuerte base bíblica es por medio de la preparación de un sermón biográfico.'
(La preparación de sermones bíblicos, A.W. Blackwood)

El sermón biográfico es el que está basado en la vida o en un episodio de la vida de un personaje bíblico. Dada la abundancia narrativa que la Biblia tiene no es difícil hallar material para este tipo de sermones: Abraham, Jacob, Moisés, Josué, David y cientos de personajes más, unos descollantes y otros secundarios desfilan ante nosotros por las páginas de la Escritura proveyéndonos profundas e innumerables lecciones sobre la naturaleza humana y sobre el trato de Dios con nosotros.

Una de las ventajas de este tipo de sermón es que nos da la base para hablar de verdades abstractas de forma muy concreta y tangible; es decir podemos hablar de cosas tales como la fe, la verdad, la paciencia, la santidad, la desobediencia, la salvación, etc. etc. simplemente siguiendo el curso de la vida del personaje en cuestión. Por ejemplo ¿qué mejor ilustración para hablar de la fe que un sermón o una serie de sermones titulados 'La vida de un hombre de fe' y basados en Abraham? ¿o estudiando la vida de José hablar sobre 'El secreto para triunfar sobre la adversidad'? Aunque la distancia en el tiempo y la cultura que nos separa de los personajes bíblicos es mucha, con todo los problemas que tuvieron que enfrentar ellos son esencialmente los mismos que tiene el hombre y la mujer del siglo XX, de ahí la vigencia siempre permanente de esta clase de sermones.

Como la Biblia es un libro realista y describe a los personajes que hay en ella de forma realista y no idealizada, es muy fácil que el predicador y su audiencia se sientan identificados con ellos: sus luchas, sus caídas, sus victorias, sus altos y sus bajos, todo está descrito allí. Son las mismas caídas y las mismas victorias, los mismos altos y los mismos bajos que nosotros tenemos, de ahí el poder de apelación que esta clase de sermón tiene. Además ahí vemos los tratos de Dios con esos personajes en sus momentos de perplejidad, de soledad, de desobediencia, de progreso, etc.

Otra ventaja de este tipo de sermón es que es apto para una congregación heterogénea: jóvenes y mayores, recién convertidos y personas de tiempo, gente cultivada intelectualmente y analfabetos, todos serán beneficiados y todos serán apelados por el sermón biográfico. Porque este tipo de sermón tiene una cualidad que no poseen los demás y es la facilidad de ser seguido y digerido por la congregación debido al poder que hay en la secuencia narrativa, donde podemos visualizar, como si de una película se tratara, los acontecimientos del relato. No es extraño que Dios haya plasmado en la Escritura mucha de su enseñanza en forma biográfica, porque esa es una de las mejores formas de enseñar. Es decir, el sermón biográfico es de por sí didáctico. Además le da al predicador la ocasión de dramatizar y de usar su imaginación en el desarrollo del sermón.

Ejemplo de bosquejo de sermón biográfico

Título: Un hombre según el corazón de Dios
Texto: Después de quitarlo, les levantó por rey a David, del cual Dios también testificó y dijo: "HE HALLADO A DAVID, hijo de Isaí, UN HOMBRE CONFORME A MI CORAZON, que hará toda mi voluntad."[…]Hechos 13:22
Introducción: En el carácter de David podemos ver algunos rasgos del hombre que Dios usa.

* Un corazón valiente (Entonces David habló a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué harán por el hombre que mate a este filisteo y quite el oprobio de Israel? ¿Quién es este filisteo incircunciso para desafiar a los escuadrones del Dios viviente?[…]1 Samuel 17:26)
* Un corazón de fe (Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre del SEÑOR de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has desafiado.[…]1 Samuel 17:45)
* Un corazón de principios (Y dijo a sus hombres: El SEÑOR me guarde de hacer tal cosa contra mi rey, el ungido del SEÑOR, de extender contra él mi mano, porque es el ungido del SEÑOR.[…]1 Samuel 24:6)
* Un corazón que se supera en la prueba (Y David estaba muy angustiado porque la gente hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba amargado, cada uno a causa de sus hijos y de sus hijas. Mas David se fortaleció en el SEÑOR su Dios.[…]1 Samuel 30:6)
* Un corazón noble (David entonó esta elegía por Saúl y por su hijo Jonatán,[…]2 Samuel 1:17)
* Un corazón humilde (Entonces el rey David entró y se sentó delante del SEÑOR y dijo: ¿Quién soy yo, oh Señor DIOS, y qué es mi casa para que me hayas traído hasta aquí?[…]2 Samuel 7:18)
* Un corazón leal (Dijo David: ¿Hay todavía alguno que haya quedado de la casa de Saúl, para que yo le muestre bondad por amor a Jonatán?[…]2 Samuel 9:1)
* Un corazón que sabe llorar su pecado (Entonces David dijo a Natán: He pecado contra el SEÑOR. Y Natán dijo a David: El SEÑOR ha quitado tu pecado; no morirás.[…]2 Samuel 12:13)
* Un corazón manso (Pero el rey dijo: ¿Qué tengo yo que ver con vosotros, hijos de Sarvia? Si él maldice, y si el SEÑOR le ha dicho: "Maldice a David", ¿quién, pues, le dirá: "¿Por qué has hecho esto?"[…]2 Samuel 16:10)

Cuando hablamos del sermón de edificación decíamos que es el que está dirigido a los creyentes y veíamos que tiene una gran variedad de objetivos: enseñar, consolar, desafiar, avisar, reprender, etc. pues bien, en el sermón biográfico tenemos una excelente herramienta para cumplir todos esos objetivos porque por medio de los diferentes personajes de la Escritura tenemos material suficiente para cubrir todo ese amplio espectro.

El sermón histórico o histórico-geográfico

El sermón histórico o histórico-geográfico tiene lazos de conexión con el biográfico, pero con la diferencia de que éste se refiere a un personaje y el histórico se refiere a una nación o cubre un período de la historia. Por ejemplo, una fuente de sermones históricos lo constituye el período de Israel en el desierto. Los cuarenta años que pasaron allí con sus rebeliones, desánimos e ingratitudes constituyen una permanente llamada de atención para que no caigamos en los mismos pecados. En la misma línea de sermón histórico entraría el período de la conquista de Canaán bajo Josué: las batallas allí descritas y los principios que podemos deducir de aquellas victorias son siempre vigentes para el creyente. Otro período histórico de suma importancia es el que cubre el libro de los Jueces con los ciclos repetitivos de Israel: desobediencia, opresión, clamor y liberación. La decadencia de Israel tras Salomón durante el período de la monarquía también constituye una fuente inestimable de enseñanza.

Para este tipo de sermón el predicador ha de haber estudiado de forma exhaustiva el período que va a tratar y ha de estar familiarizado con las circunstancias y personajes descritos. Al abarcar períodos amplios es aconsejable no perderse en detalles sino tocar asuntos puntuales que descuellan sobre lo demás. En el caso de querer ser más detallista sería conveniente dividirlo en una serie de sermones.

Para este tipo de sermón son muy útiles los atlas y ciertas enciclopedias que describen el mundo bíblico en base a hallazgos y descubrimientos arqueológicos que corroboran y amplían la información existente en la Biblia sobre las costumbres, cultura y pensamiento de aquellos pueblos.

Relacionado con el sermón histórico está el histórico-geográfico en el que el eje del sermón tiene que ver con ciertos lugares de la geografía bíblica o con ciertos acontecimientos trascendentales que sucedieron en determinados lugares. Algunos de ellos están cargados de significación teológica y tienen una importancia crucial en la historia de la salvación. Como ejemplo de este tipo de sermón tomemos el monte; ese promontorio orográfico tiene en muchas ocasiones un significado simbólico de elevación, firmeza, majestuosidad, etc. y si además allí sucedió un acontecimiento significativo es razón de más para que podamos pensar en un sermón rico en contenido.

Ejemplo de bosquejo de sermón histórico-geográfico

Título: Los montes de la Biblia

1. Ararat: el monte de la promesa (20 Y edificó Noé un altar al SEÑOR, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocaustos en el altar. 21 Y el SEÑOR percibió el aroma agradable, y dijo el SEÑOR para sí: Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre,[…]Génesis 8:20-22).
2. Moriah: el monte de la fe (1 Aconteció que después de estas cosas, Dios probó a Abraham, y le dijo: ¡Abraham! Y él respondió: Heme aquí. 2 Y Dios dijo: Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de[…]Génesis 22:1-14).
3. Horeb: el monte del llamamiento (Y El dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y la señal para ti de que soy yo el que te ha enviado será ésta: cuando hayas sacado al pueblo de Egipto adoraréis a Dios en este monte.[…]Éxodo 3:12).
4. Sinaí: el monte de la santidad (16 Y aconteció que al tercer día, cuando llegó la mañana, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un fuerte sonido de trompeta; y tembló todo el pueblo que estaba en el campamento. 17 Entonces Moisés sacó al pueblo del campamento […]Éxodo 19:16-25).
5. Gilboa: el monte de la derrota (19 Tu hermosura, oh Israel, ha perecido sobre tus montes. ¡Cómo han caído los valientes! 20 No lo anunciéis en Gat, no lo proclaméis en las calles de Ascalón; para que no se regocijen las hijas de los filisteos, para que no se alegren las hijas de lo[…]2 Samuel 1:19-27).
6. Carmelo: el monte de la decisión (16 Abdías fue al encuentro de Acab, y le dio aviso; y Acab fue al encuentro de Elías. 17 Y sucedió que cuando Acab vio a Elías, Acab le dijo: ¿Eres tú, perturbador de Israel? 18 Y él respondió: Yo no he perturbado a Israel, sino tú y la casa de tu pa[…]1 Reyes 18:16-24).
7. Calvario: el monte de la redención (17 Tomaron, pues, a Jesús, y El salió cargando su cruz al sitio llamado el Lugar de la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota, 18 donde le crucificaron, y con El a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio. 19 Pilato también escribió un letrero y […]Juan 19:17-30).

Los mismos profetas utilizan en su predicación el elemento geográfico, pues la sola mención de ciertos lugares ya establece conexiones de significado y comunicación para sus oyentes. Por ejemplo, que Isaías llame a los gobernantes de Israel príncipes de Sodoma y al pueblo, pueblo de Gomorra (1:10) es suficiente para describir la calaña moral de su generación, pues las ciudades de Sodoma y Gomorra quedan en la Escritura como paradigmas de corrupción. Que Amós denuncie la idolatría que se está dando en ciertos lugares históricos de Israel, como Bet-el (3:14; 4:4; 5:5), indica el triste contrapunto al que ha quedado reducido ese lugar que un día fue lugar de revelación y encuentro con Dios (13 Y he aquí, el SEÑOR estaba sobre ella, y dijo: Yo soy el SEÑOR, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en la que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. 14 También tu descendencia será como el polvo de la tierra, y t[…]Génesis 28:13-19) y ahora es centro de degradación. Indica también el peligro, siempre latente, de terminar dando más importancia al lugar donde Dios se reveló que a la revelación misma de Dios.

Basta echar un vistazo a un mapa de las tierras bíblicas para ver la cantidad de puntos con relieve teológico: el río Jordán, Gilgal, Egipto, Sion, etc.

El sermón sobre experiencias sobresalientes

Ciertos acontecimientos excepcionales registrados en las Escrituras son en sí sermones que de manera gráfica ilustran y nos enseñan cosas sobresalientes acerca de Dios y de nosotros mismos. Por ejemplo, las teofanías o manifestaciones gloriosas de Dios registradas en las Escrituras son una fuente preciosa en la que se nos describe cómo es Dios, sus atributos y perfecciones. Un caso de este tipo de experiencia lo tenemos en 10 Estaba yo en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz, como sonido de trompeta, 11 que decía: Escribe en un libro lo que ves, y envía lo a las siete iglesias: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea[…]Apocalipsis 1:10-20 en el que Juan ve a Cristo en toda su gloria; de forma simbólica allí tenemos sus atributos divinos: realeza, eternidad, omnipotencia, gloria, etc.

De manera particular los milagros registrados en las Escrituras son una de las más amplias bases que tenemos para hablar del amor, la sabiduría y el poder de Dios, y en ese sentido son especialmente idóneos los milagros de Cristo en los evangelios. De hecho podemos considerar los milagros de Cristo como sermones vivientes en los que el hecho en sí predica y es fuente de predicación.

Ejemplo de bosquejo de sermón sobre experiencias sobresalientes

Título: Yendo contra la corriente
Texto: 11 Y aconteció que mientras iba camino a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea, 12 y al entrar en cierta aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia, 13 y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro! ¡Ten miser[…]Lucas 17:11-19

1. Diez hombres con muchas cosas en común:

* su miseria: leprosos (12).
* su marginación: se pararon de lejos (12).
* su clamor: alzaron la voz (13).
* su reconocimiento de Cristo: Jesús, Maestro (13).
* su sanidad: fueron limpiados (14).

2. Pero sólo uno:
* volvió (15): pospuso su reinserción social para ir primero a Cristo.
* dio gloria a Dios (15): cumplió el propósito último de su sanidad.
* se postró ante Cristo (16): reconoció su Señorío.
* le dio gracias (16): respondió con gratitud a la obra de Cristo.

3. Diferencias entre los unos y el otro:
* los unos recibieron sanidad física, el otro sanidad física y espiritual.
* los unos confesaron a Cristo como Maestro, el otro como Maestro y Señor.
* los unos tenían más razones para volver a Cristo (eran judíos), el otro menos, era samaritano.

Conclusión: este hombre estaba unido a los otros nueve por muchas cosas, pero en el momento crucial se atrevió a ir contra corriente y a actuar de forma diferente a los demás porque puso a Cristo primero.

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Fotografía: David Niblack