Historia
REFORMADOS-CONGREGACIONALES
El congregacionalismo comenzó en el siglo XVI como reacción contra el sistema uniforme de las parroquias territoriales impuesto por la Iglesia de Inglaterra bajo Isabel I. Los congregacionales prefirieron el pensamiento más "protestante" de Calvino al modo de actuar más tradicional del anglicanismo. Insistían en el hecho de que la Iglesia es una comunidad local de cristianos que habían tenido la experiencia de la conversión a Cristo y que se reúnen libremente bajo el impulso del Espíritu Santo. Su centro eclesiológico es la comunidad local. Sólo Cristo es el cabeza de la Iglesia y la comunidad local no puede estar sometida a ninguna otra autoridad eclesiástica más elevada. La autonomía de la congregación particular no debe comprenderse ni como una reunión casual (tiene una estructura bien definida que cada comunidad intenta fundamentar en la comprensión neotestamentaria de la Iglesia) ni como aislamiento eclesial (los congregacionales han permanecido tradicionalmente en una mutua comunión a través de asociaciones y de uniones a nivel local, provincial y nacional). El congregacionalismo ha sido llamado "calvinismo descentralizado", ya que, mientras que sus orígenes teológicos se derivan de Calvino, concede a las congregaciones locales una autonomía mayor de lo que se habría imaginado Calvino. Su teología obtuvo una expresión clásica en la Confesión de Westminster (1643), que adoptaron los congregacionales americanos y británicos en la plataforma de Cambridge (1648) y en la declaración de Savoy (1658). Se considera a la Biblia como la regla suficiente para la fe y la práctica. Todos los miembros de la Iglesia tienen los mismos derechos y se espera de ellos que tengan un papel activo en la vida y en el gobierno de la congregación. La predicación de la Palabra de Dios ha ocupado siempre un lugar eminente en el culto semanal de la comunidad. El bautismo y la Cena del Señor celebrada una o dos veces al mes, se consideran los dos sacramentos instituidos por Cristo. Los congregacionales han promovido generalmente la libertad de religión y la separación entre la Iglesia y el Estado.
El congregacionalismo floreció en Gran Bretaña y en los Estados Unidos, difundiéndose en las otras áreas del mundo especialmente donde se habla la lengua inglesa. El congregacionalismo llegó a América en dos formas en el periodo colonial: Los peregrinos de la colonia Plymouth eran separatistas congregacionales, es decir, creían que la realización de su ideal de iglesia demandaba la separación de la Iglesia anglicana; en cambio los puritanos de Massachusetts Bay no eran separatistas, sosteniendo que la iglesia nacional era capaz de ser reformada según su ideal. La adopción del Pacto del Medio Camino fue un intento de frenar el declive en el estado espiritual de las iglesias, pero fue el avivamiento de casi mediados del siglo XVIII lo que vivificaría a esas iglesias. Con el paso del tiempo el calvinismo original fue dando paso a una teología cada vez más arminiana que ponía gran énfasis en el esfuerzo humano en la salvación. La formulación doctrinal conocida como Credo de Kansas City de 1913 fue la ruptura definitiva de los congregacionales con su pasado calvinista. En el siglo XIX, una porción significativa de la comunidad se separó para formar la Iglesia unitaria, que creyó necesario rechazar la doctrina de la Trinidad para afirmar la unidad esencial de Dios. Los congregacionales tuvieron una parte muy comprometida en el desarrollo del liberalismo social al llegar el siglo XX y se han mostrado muy activos en el movimiento ecuménico. Recientemente los congregacionales han sido de los más interesados en crear fusiones con otras Iglesias. En 1961 la mayor parte de las Iglesias congregacionales americanas se unieron a la Iglesia Evangélica y Reformada para formar la Iglesia Unida de Cristo; en 1972, la mayor parte de los congregacionales y presbiterianos ingleses se unieron para formar la Iglesia reformada Unida.
