Historia

MOLINISMO

Molinismo es el nombre de la controversia que tras el concilio de Trento se desató en el seno de la Iglesia católica sobre la predestinación, la gracia y el libre albedrío, a raíz de la obra del teólogo jesuita Luis de Molina Concordia del libre albedrío y los dones de la gracia. El sistema molinista distingue tres tipos de ciencia divina: ciencia necesaria de las cosas posibles, incluidas las que Dios ha decidido no crear; ciencia libre y de visión de las cosas futuras y existentes que dependen sólo de la voluntad de Dios, siendo esta clase de conocimiento la causa de las criaturas; ciencia media de las cosas posibles, pero que dependen de la opción libre de una voluntad creada.
Se llama ciencia media porque hay realidades y acontecimientos contingentes futuros que Dios conoce, no meramente como posibilidades ni tampoco como producto de su voluntad sino como producto de otras voluntades libres que Dios ha decidido crear. De manera que la ciencia media es el conocimiento que Dios tiene de los futuros contingentes que serán causados por criaturas libres.
En esta perspectiva, los predestinados son aquellos que han recibido de Dios las gracias con las que han colaborado libremente según la previsión infalible de Dios (ciencia media); los réprobos, por el contrario, no son aquellos a los que Dios no ha concedido las gracias para salvarse, sino los que reciben el castigo debido a su negativa ya prevista para salvarse.
La predestinación depende de la presciencia divina, no en el sentido de que Dios haya decidido no darles su ayuda a quienes la han de rechazar, sino en el sentido de que Dios sabe quiénes libremente decidirán hacer el uso apropiado de la gracia general que todos reciben. Como la gracia no es irresistible, la concesión de la gracia no garantiza la salvación. Toda gracia es eficaz y suficiente para la salvación, pero viene a serlo únicamente mediante nuestra libre decisión de aceptarla.

Opuesto a este sistema, el dominico Domingo Báñez presentó otra solución llamada predeterminación, según la cual Dios es quien determina la voluntad con la ayuda de la gracia, que por su misma naturaleza es eficaz, pero al mismo tiempo con su omnipotencia hace que la libertad humana no sufra detrimento. Mientras los jesuitas acusaban a los dominicos de que, so pretexto de salvar la omnipotencia de Dios, destruían la libertad humana, los dominicos acusaban a los jesuitas de que para salvar la libertad humana destruían el concepto de la gracia e incluso la omnipotencia de Dios.

Las posiciones se enconaron hasta el punto que los teólogos más insignes de la época tomaron partido por una de ellas. Como la controversia amenazaba un cisma, Clemente VIII intervino en el asunto, resolviendo finalmente el caso Pablo V con una solución salomónica por la que ambas partes quedaban en libertad de enseñar sus respectivas posturas, aunque con la prohibición de señalar como herética la opinión contraria.
Posteriormente se añadiría una prohibición especial de publicar sobre estas materias sin permiso expreso del Vaticano.

MOLINISMO
DOMINICOSHECHOS NOTABLESIDEAS NOTABLESTEXTOS NOTABLESJESUITASHECHOS NOTABLESIDEAS NOTABLESTEXTOS NOTABLES
Domingo Báñez
(1528-1604)
Enseñó filosofía y teología en Alcalá de Henares, Salamanca y Valladolid.

Fue confesor de Teresa de Ávila, a la que mandó escribir su Camino de Perfección.

La gracia es por sí misma eficaz, perfeccionando la libertad humana.

La gracia opera sobre la voluntad.

Luis de Molina
(1536-1600)
Luis de Molina
Enseñó filosofía y teología en Coimbra y en Evora.

Los dominicos le acusaron por las afirmaciones hechas en su libro sobre la gracia y el libre albedrío.

Tras sortear innumerables ataques su obra fue finalmente eximida de toda sospecha.

Cuando Adán fue creado fue investido de dones sobrenaturales.

A consecuencia de la Caída perdió tales dones, pero su naturaleza humana quedó intacta.

La diferencia entre quienes deciden creer y quienes deciden lo contrario no radica en la voluntad de Dios sino en el libre albedrío.

La gracia es eficaz por el consetimiento humano.

El inicio de la fe está en Dios, pero el libre albedrío tiene un papel importante y necesario en la salvación.

Al igual que ocurre en la providencia, donde hay una concurrencia entre causa primaria y causas secundarias, así ocurre en la salvación, donde también se da una concurrencia entre el impulso divino y el factor humano.

'En esta obra nada he advertido que se oponga a nuestra religión. Más aún, si hay en los Santos Concilios alguna cosa que a primera vista parezca oscura y escabrosa esa misma se dilucida y muchos pasajes de la Sagrada Escritura, así del Antiguo como del Nuevo Testamento, se examinan y explanan con elegantísimo estilo. Por lo cual juzgo que estas elucubraciones son muy dignas de que se impriman para pública utilidad de la Iglesia.'
(Bartolomé Ferreira)