Historia
LAS CATEDRALES

El propósito original de la catedral era proporcionar una iglesia en la que el obispo y su séquito de sacerdotes pudieran celebrar la misa y cantar los servicios diarios. Gradualmente los obispos estaban cada vez más envueltos en la administración de sus diócesis y a veces también empleados en los negocios de los reyes, por lo que visitaban sus catedrales solo en ocasiones especiales. El séquito de sacerdotes era el 'capítulo' de la catedral, haciéndose cargo de su administración y servicios.
La catedral era construida tanto en tamaño y magnificencia más allá de su propósito original, de ahí que constara de diversos espacios como el coro, donde estaba el altar mayor, la cátedra del obispo y asientos para los cantores, la nave, donde se situaba el pueblo, el púlpito y el bautisterio, además de otras salas adyacentes, donde había altares dedicados a santos en los que podían decirse misas también.
Pero la catedral era mucho más que un edifico religioso. Al ser el edifico más grande de la población donde estaba situada se convertía en el centro de la actividad social, cultural e incluso económica. En su interior y exterior se exponía el arte sacro, tanto en vidrieras, imágenes, pinturas y grabados, que era vehículo de la enseñanza de la Iglesia de aquel entonces, pues como alguien dijera en el siglo XIII: 'Los cuadros y ornamentos en las iglesias son las lecciones y escritura de los laicos.'

Pero el estilo gótico vino para corregir los problemas del románico, dando forma ojival a las bóvedas, colocando soportes para las columnas a una pequeña distancia con brazos llamados arbotantes. Con tal sistema podía elevarse el techo a mucha altura y las piedras parecían perder peso. Caracterizadas por su estilización, altura y luz las catedrales góticas parecían querer ascender al cielo. El estilo gótico comenzó en 1137 y alcanzó su cenit en 1250. Al igual que ocurre con la competencia moderna entre ciudades por ver cuál levanta el rascacielos más alto, así ocurría en aquel tiempo para ver qué catedral superaba a las demás en altura, pero también en tamaño y esplendor.