Sexo
S.O.S. PORN
| No seas el hombre que los pornógrafos quieren que seas. No seas el hombre que el diablo quiere que seas. No seas el hombre que el mundo quiere que seas. No seas el hombre que tu carne quiere que seas. Sé el hombre que Cristo quiere que seas. |
Una de las perversiones más letales de la sexualidad en este tiempo es la pornografía. Sus destructivos efectos son profundos y extensos, hasta el punto de que muchos hombres cristianos están atrapados en su red, tras adentrarse en sus dominios, habiendo llegado a un estado en el que les parece que ya no hay escapatoria posible. Pero no solamente la pornografía está destruyendo a los hombres, también está destruyendo matrimonios y por extensión familias enteras. Las esposas están sufriendo de forma directa todo el daño que la pornografía está produciendo en sus maridos, de modo que la relación conyugal se resiente y resquebraja de manera profunda. Los ministros del evangelio no están exentos de su implacable ataque, habiendo muchos que viven un desgarrador conflicto que puede acabar con su ministerio, con todas las consecuencias que van aparejadas.
El mundo imaginario de la pornografía está basado en el engaño de la seducción y del placer, para acabar en el abismo de la desolación y la amargura, habiendo una triple secuencia escalofriante de descenso consistente de estos peldaños: Despojo, esclavización y muerte. El despojo consiste en el saqueo de lo más preciado de la persona, al robársele la integridad personal, que es el asiento donde el individuo halla aprobación y descanso verdaderos. La esclavización es el segundo paso, al convertir a la persona en dependiente totalmente del cebo, que se convierte en vicio, perdiéndose la libertad para vivir sin ello. La muerte es el final del proceso, porque la esclavitud condena a la persona a una cadena perpetua de la que ya no habrá salida y que desembocará en la muerte misma.
Si hubiera que definir con una palabra la obra que efectúa la pornografía sería destrucción. Destruye la conciencia, porque mata la distinción entre el bien y el mal en lo que respecta a la sexualidad, necesitando el individuo enganchado aferrarse al cinismo y la negación para justificar su adicción. Destruye las relaciones, porque hunde a la persona adicta en el aislamiento, prefiriendo relacionarse primordialmente con la pantalla del ordenador, de la televisión o del teléfono inteligente. Destruye el equilibrio personal, porque la pornografía no se contenta con ser un ingrediente más sino que se entroniza en el centro de la personalidad, perturbando la voluntad, la inteligencia, las emociones y la memoria. Destruye la seguridad de la confianza, porque el adicto debe evitar ser sorprendido en su actividad, debiendo tomar muchas precauciones, de las que nunca está totalmente seguro de su eficacia. Destruye la dignidad, que queda sustituida por la vergüenza. Destruye la paz, que es desplazada por la turbación y la condenación.
Pero hay otra palabra que va asociada íntimamente a la pornografía y es corrupción. De hecho, se puede afirmar que la pornografía corrompe a la mujer para corromper al hombre, porque una vez que la mujer ha sido corrompida, el siguiente paso consistirá en corromper al varón, cerrándose así la férrea atadura que aprisionará a ambos, comenzando un círculo inacabable en el que corrompida y corrompido alimentarán su propia corrupción y la del otro. La mujer habrá quedado apresada en el carácter de anzuelo codiciable y el hombre habrá quedado capturado en el de codicioso de tal anzuelo, siendo el resultado que los dos son responsables y víctimas de su corrupción.
Es imposible separar pornografía de adicción. A diferencia del alcohol, con el que innumerables personas pueden convivir sin problemas, porque el dominio propio ha marcado bien los límites entre el orden y el desorden, con la pornografía no es posible tal convivencia, pues por naturaleza la pornografía es dominadora, no conformándose con tener un papel secundario. No es posible tenerla arrinconada, como una fiera domada a la que se controla y dirige adonde se quiera. Es ella la que controla y dirige al individuo del que ha tomado posesión.
Pero el mensaje que deseo transmitir a quienes están luchando y perdiendo la batalla contra este mortífero mal es que en Cristo hay victoria. Por supuesto no es la voluntad de Dios que los hombres cristianos vivamos una vida en la que estemos esclavizados de forma permanente a ese yugo; pero tampoco es su propósito que nos contentemos con vivir una vida en la que, imaginando que no somos esclavos totales, nos conformemos con ser tributarios ocasionales de ese mal; sino que es su voluntad que podamos vivir libres totalmente de las cadenas de la pornografía, para ser los hombres que él quiere que seamos.
Esta sección, titulada S.O.S. PORN, va dirigida a todos aquellos varones cristianos, solteros o casados, que luchan contra este mal en sus propias vidas; una lucha que yo también he experimentado.
'Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado… Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.' (34 Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; 36 Así que, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. […]Juan 8:34,36).
Wenceslao Calvo, Madrid 2018
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