Historia

EL ESPÍRITU

La Edad Media, especialmente la Baja Edad Media, se caracteriza en la esfera religiosa por ser una época de marcados contrastes donde cohabitan tendencias totalmente opuestas, de manera que es posible encontrar no solo en una misma época o país sino hasta en un mismo individuo la fe más sublime junto con la superstición más degradante. Por eso hay en ese tiempo ejemplos de los más altos vuelos intelectuales y espirituales y también de los casos más sórdidos de pasión desordenada que puedan imaginarse. Al lado de los místicos y su búsqueda de Dios, encontramos papas y purpurados a quienes Dante consignó al Infierno en su Divina Comedia por su vida disoluta y mundana. La teología adquiere rango de ciencia de la mano del escolasticismo, pero al mismo tiempo la credulidad reina por doquier alimentada por un clero ignorante y rudo. El fervor y el heroísmo se dan la mano casi sin solución de continuidad con el fanatismo ciego y exacerbado, de manera que asistimos al nacimiento de fenómenos como las cruzadas, donde la devoción se mezcla con la crueldad y la violencia, o la Inquisición, donde el celo desemboca en matanzas y procedimientos anti-cristianos.