Historia
LUTERANOS
Aunque tienen autonomía entre sí, casi todas ellas están relacionadas mediante concilios nacionales e internacionales, de los que la Federación Luterana Mundial es el organismo más inclusivo. La posición doctrinal del luteranismo está reflejada en el Libro de Concordia, cuyo contenido consiste de los tres credos ecuménicos (apostólico, niceno y atanasiano), la Confesión de Augsburgo (1530) y su Apología (1531), los Artículos de Esmalcalda (1536-37), el Tratado sobre el poder y la primacía del papa de Melanchthon (1537), el Catecismo Menor y Mayor de Lutero (1529), la Fórmula de Concordia (1577) y el Catálogo de Testimonios (1580), que contiene citas de escritos de Padres de la Iglesia. La mayoría de la iglesias luteranas participan del movimiento ecuménico y son miembros del Concilio Mundial de Iglesias, aunque el luteranismo no se había movido de sus fronteras denominacionales para establecer plena comunión con otros cuerpos. Pero esa situación cambió en Europa con la Concordia de Leuenberg en 1973 y en Estados Unidos con el establecimiento en 1997 de la plena comunión entre la Iglesia Evangélica Luterana en América y tres iglesias reformadas. En 1999 la Federación Luterana Mundialy la Iglesia católica, alcanzarían un acuerdo sobre la doctrina de la justificación, doctrina que puede considerarse la piedra de toque que propició la Reforma.
La justificación, 'el artículo sobre el cual la iglesia cae o permanece', es la doctrina que provee la clave para interpretar la Biblia, cuyo contenido se divide en dos clases: ley y promesas. En su estado natural, el ser humano no teme ni ama a Dios sino que sólo se busca a sí mismo. Tiene libertad para cumplir las leyes externas (justicia civil) pero no la tiene para cumplir la ley de Dios. La ley demanda una obediencia perfecta interna y externa, razón por la cual nunca puede ser cumplida. Esto lleva a la desesperación de uno mismo, la cual a su vez es la puerta para descansar en la promesa de que Dios justifica por medio de Cristo al hombre injusto.
En la cuestión de la predestinación se difiere de la doble predestinación calvinista, en el sentido de que los creyentes son predestinados para la salvación, pero no se dice que los incrédulos son predestinados a la condenación, ya que el propósito de esa doctrina es consolar la conciencia turbada. A diferencia de la Iglesia católica, que afirma ser la única organización eclesiástica legítima, la Confesión de Augsburgo define la iglesia como 'la congregación de los santos (creyentes) en la cual el evangelio es puramente enseñado y los sacramentos rectamente administrados'. En esa recta administración está incluida la práctica de la comunión en las dos especies (pan y vino).
Lutero contempló a la verdadera iglesia como esencialmente invisible y aunque es débil y pecaminosa como cualquier otra institución, es posible creer que Dios trabaja en y por medio de ella, porque está fundada en la palabra de Dios. Por tal invisibilidad se quiere decir que sólo Dios conoce quiénes son, entre los congregados, los verdaderos creyentes. De forma que hay una iglesia invisible que se distingue de la visible.
De los tres sacramentos (bautismo, Cena del Señor y penitencia-absolución) reconocidos por Lutero y las confesiones luteranas en el Libro de Concordia, las iglesias luteranas sostienen que hay dos, al unificar en uno el bautismo y la Cena del Señor con la absolución. El criterio usado para determinar el número de sacramentos fue el de ser actos instituidos por Cristo y relacionados con la promesa de Dios. Las confesiones no definen la relación que hay entre palabra y sacramentos, salvo por expresar que ambos están unidos y que tienen el efecto de crear y fortalecer la fe. Esto es una reacción contra el concepto de que los sacramentos son efectivos ex opere operato (eficaces en sí mismos) y de que son sólo actos memoriales. La enseñanza en la fórmula de Concordia sobre la Cena del Señor es que Cristo está físicamente presente 'en, con, y bajo el pan y el vino', dejándose abierta la cuestión de si Cristo está presente en el sacramento porque está en todas partes o si está presente en el sacramento porque escoge estarlo.
El ministerio es concebido como un servicio que se hace mediante la predicación de la palabra y la administración de los sacramentos, pero no se trata de una categoría especial. Cada cristiano es un sacerdote, si bien la predicación pública y la administración de los sacramentos exige ministerios rectamente llamados.
Las iglesias luteranas entienden la relación de la Iglesia y el Estado según las dos maneras en las que Dios gobierna el mundo (dos reinos). Por medio de las 'leyes, ordenanzas y estatutos' del mundo, Dios gobierna al imponer la obediencia externa por el temor y la amenaza al castigo. Por la predicación y los sacramentos, Dios gobierna en aparente debilidad, convirtiendo el corazón humano. Los dos dominios de poder y gracia son interdependientes porque la palabra sola no puede preservar la paz y la justicia social y el poder político no puede efectuar la salvación. Por lo tanto el luteranismo ha rechazado el concepto de que el poder civil es malo en sí mismo así como la noción de que la obediencia civil tiene mérito ante los ojos de Dios para la salvación. De ahí que el cristiano, en circunstancias ordinarias, debe obedecer a los poderes constituidos como agentes de Dios. Pero si una ley o gobierno es injusto, un cristiano tiene el derecho y el deber de resistir, aceptando pasivamente las consecuencias de la desobediencia para sí mismo y activamente defendiendo a sus semejantes contra esa ley o gobierno. Si el gobierno es tiránico, el cristiano no sólo debe resistir sino rebelarse.
La actitud hacia la tradición es que los Padres de la Iglesia pueden ser útiles como intérpretes de la Escritura, pero no como fuente o norma de enseñanza.
| Preámbulo 1. La doctrina de la justificación tuvo una importancia capital para la reforma luterana del siglo XVI. De hecho, sería el «artículo primero y principal» (1), a la vez, «rector y juez de las demás doctrinas cristianas» (2). La versión de entonces fue sostenida y defendida en particular por su singular apreciación contra la teología y la Iglesia católica romana de la época que, a su vez, sostenían y defendían una doctrina de la justificación de otra índole. Desde la perspectiva de la Reforma, la justificación era la raíz de todos los conflictos, y tanto en las Confesiones luteranas (3) como en el Concilio de Trento de la Iglesia Católica Romana hubo condenas de una y otras doctrinas. Estas últimas siguen vigentes, provocando divisiones dentro de la Iglesia. 2. Para la tradición luterana, la doctrina de la justificación conserva esa condición particular. De ahí que desde el principio, ocupara un lugar preponderante en el diálogo oficial luterano - católico romano. 3. Al respecto, les remitimos a los informes El Evangelio y la Iglesia (1972) (4) y Iglesia y justificación (1994) (5) de la Comisión luterano-católico romana; Justificación por Fe (1983) (6) del Diálogo luterano-católico romano de los EE.UU. y Las Condenaciones de la Era de la Reforma ¿Aún dividen? (1986) (7) del Grupo de trabajo ecuménico de teólogos protestantes y católicos de Alemania. Las iglesias han acogido oficialmente algunos de estos informes de los diálogos; ejemplo importante de esta acogida es la respuesta vinculante que en 1994 dio la Iglesia Evangélica Unida de Alemania al estudio Condenaciones al más alto nivel posible de reconocimiento eclesiástico, junto con las demás iglesias de la Iglesia Evangélica de Alemania (8). 4. Respecto a los debates sobre la doctrina de la justificación, tanto los enfoques y conclusiones de los informes de los diálogos como las respuestas trasuntan un alto grado de acuerdo. Por lo tanto, ha llegado la hora de hacer acopio de los resultados de los diálogos sobre esta doctrina y resumirlos para informar a nuestras iglesias acerca de los mismos a efectos de que puedan tomar las consiguientes decisiones vinculantes. 5. Una de las finalidades de la presente Declaración conjunta es demostrar que a partir de este diálogo, las iglesias luteranas y católica romana (9) se encuentran en posición de articular una interpretación común de nuestra justificación por la gracia de Dios mediante la fe en Cristo. Cabe señalar que no engloba todo lo que una y otra iglesia enseñan acerca de la justificación, limitándose a recoger el consenso sobre las verdades básicas de dicha doctrina y demostrando que las diferencias subsistentes en cuanto a su explicación, ya no dan lugar a condenas doctrinales. 6. Nuestra declaración no es un planteamiento nuevo e independiente de los informes de los diálogos y demás documentos publicados hasta la fecha; tampoco los sustituye, más bien, tal como lo demuestra la lista de fuentes que figura en anexo, se nutre de los mismos y de los argumentos expuestos en ellos. 7. Al igual que los diálogos en sí, la presente Declaración conjunta se funda en la convicción de que al superar las cuestiones controvertidas y las condenas doctrinales de otrora, las iglesias no toman estas últimas a la ligera y reniegan su propio pasado. Por el contrario, la declaración está impregnada de la convicción de que en sus respectivas historias, nuestras iglesias han llegado a nuevos puntos de vista. Hubo hechos que no solo abrieron el camino sino que también exigieron que las iglesias examinaran con nuevos ojos aquellas condenas y cuestiones que eran fuente de división. I. El mensaje bíblico de la justificación 8. Nuestra escucha común de la palabra de Dios en las Escrituras ha dado lugar a nuevos enfoques. Juntos oímos lo que dice el evangelio: «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda sino que tenga vida eterna» (Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna.[…]San Juan 3:16). Esta buena nueva se plantea de diversas maneras en las Sagradas Escrituras. En el Antiguo Testamento escuchamos la palabra de Dios acerca del pecado (1 Para el director del coro. Salmo de David, cuando después que se llegó a Betsabé, el profeta Natán lo visitó. Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones. 2 Lávame por compl[…]Salmos 51:1-5; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho lo malo, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas.[…]Daniel 9:5 y ss; Todo esto he visto, y he puesto mi corazón en toda obra que se hace bajo el sol, cuando el hombre domina a otro hombre para su mal.[…]Eclesiastés 8:9 y ss; y dije: Dios mío, estoy avergonzado y confuso para poder levantar mi rostro a ti, mi Dios, porque nuestras iniquidades se han multiplicado por encima de nuestras cabezas, y nuestra culpa ha crecido hasta los cielos.[…]Esdras 9:6 y ss) y la desobediencia humana (1 Y la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: "No comeréis de ningún árbol del huerto"? 2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árb[…]Génesis 3:1-19 y 16 Pero ellos, nuestros padres, obraron con soberbia, endurecieron su cerviz y no escucharon tus mandamientos. 17 Rehusaron escuchar, y no se acordaron de las maravillas que hiciste entre ellos; endurecieron su cerviz y eligieron un jefe para volver […]Nehemías 9:16-26), así como la «justicia» (Yo acerco mi justicia, no está lejos; y mi salvación no tardará. Pondré salvación en Sion, para Israel será mi gloria.[…]Isaías 46:13; 51:5-8; 56:1; comp. 53:11; mas el que se gloríe, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce, pues yo soy el SEÑOR que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas me complazco--declara el SEÑOR.[…]Jeremías 9:24) y el «juicio» de Dios (Porque Dios traerá toda obra a juicio, junto con todo lo oculto, sea bueno o sea malo.[…]Eclesiastés 12:14; Has reprendido a las naciones, has destruido al impío, has borrado su nombre para siempre jamás.[…]Salmos 9:5 y ss; y 76:7-9). 9. En el Nuevo Testamento se alude de diversas maneras a la «justicia» y a la «justificación» en los escritos de Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.[…]Mateo 5:10; 6:33 y 21:32, 8 Y cuando El venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio; 9 de pecado, porque no creen en mí; 10 de justicia, porque yo voy al Padre y no me veréis más; 11 y de juicio, porque el príncipe de este mundo ha sido juzgado. […]Juan 16:8-11; 1 Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en las cosas que a Dios se refieren, para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados; 2 y puede obrar con benignidad para con los ignorantes y extrav[…]Hebreos 5:1-3 y 10:37-38 y 14 ¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarle? 15 Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, 16 y uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciao[…]Santiago 2:14-26 (10). En las epístolas de San Pablo también se describe de varias maneras el don de la salvación, entre ellas: «Estad pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres» (1 Para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud. 2 Mirad, yo, Pablo, os digo que si os dejáis circuncidar, Cristo de nada os aprovechará. 3 Y otra vez testifico a todo homb[…]Gálatas 5:1-13, comp. porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado.[…]Romanos 6:7); «Y todo esto proviene de Dios que nos reconcilió consigo mismo» (18 Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus t[…]2 Corintios 5:18-21, comp. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación.[…]Romanos 5:11); «tenemos paz para con Dios» (1 Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, 2 por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza[…]Romanos 5:l); «nueva criatura es» (De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es ; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas.[…]2 Corintios 5:17); «vivos para Dios en Cristo Jesús» (11 Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. 12 Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus lujurias; 13 ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecad[…]Romanos 6:11-23) y «santificados en Cristo Jesús» (a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con todos los que en cualquier parte invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro:[…]1 Corintios 1:2 y 1:31; 1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo: A la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya: 2 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. 3 Bendito[…]2 Corintios 1:l). A la cabeza de todas ellas está la «justificación» del pecado de los seres humanos por la gracia de Dios por medio de la fe (23 por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, […]Romanos 3:23-25), que cobró singular relevancia en el período de la Reforma. 10. San Pablo asevera que el evangelio es poder de Dios para la salvación de quien ha sucumbido al pecado; mensaje que proclama que «la justicia de Dios se revela por fe y para fe» (16 Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego. 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito: MAS EL[…]Romanos 1:16-17) y ello concede la «justificación» (21 Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, atestiguada por la ley y los profetas; 22 es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen; porque no hay distinción; 23 por cuanto todo[…]Romanos 3:21-31). Proclama a Jesucristo «nuestra justificación» (Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención,[…]1 Corintios 1:30) atribuyendo al Señor resucitado lo que Jeremías proclama de Dios mismo (23:6). En la muerte y resurrección de Cristo están arraigadas todas las dimensiones de su labor redentora porque él es «Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación» (el cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado por causa de nuestra justificación.[…]Romanos 4:25). Todo ser humano tiene necesidad de la justicia de Dios «por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios» (Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad;[…]Romanos 1:18; 2;23-3:22; 11:32 y ¡Oh, gálatas insensatos! ¿Quién os ha fascinado a vosotros, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado públicamente como crucificado?[…]Gálatas 3:1l). En las epístolas de San Pablo, la justicia de Dios es también poder para aquellos que tienen fe (1 Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, 2 que El ya había prometido por medio de sus profetas en las santas Escrituras, 3 acerca de su Hijo, que nació de la descendencia de David según la carne, 4 y[…]Romanos 1: 17 y Pues, en verdad, en esta morada gemimos, anhelando ser vestidos con nuestra habitación celestial;[…]2 Corintios 5:2l). Él hace de Cristo justicia de Dios para el creyente (Pues, en verdad, en esta morada gemimos, anhelando ser vestidos con nuestra habitación celestial;[…]2 Corintios 5:2l). La justificación nos llega a través de Cristo Jesús «a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre» (Grande, en todo sentido. En primer lugar, porque a ellos les han sido confiados los oráculos de Dios.[…]Romanos 3:2, véase 3:21-28). «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras...» (8 Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. […]Efesios 2:8-9). 11. La justificación es perdón de los pecados (comp. 23 por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, […]Romanos 3:23-25; y que de todas las cosas de que no pudisteis ser justificados por la ley de Moisés, por medio de El, todo aquel que cree es justificado.[…]Hechos 13:39 y Os digo que éste descendió a su casa justificado pero aquél no; porque todo el que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensalzado.[…]San Lucas 18:14), liberación del dominio del pecado y la muerte (12 Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron; 13 pues antes de la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa cu[…]Romanos 5:12-21) y de la maldición de la ley (10 Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: MALDITO TODO EL QUE NO PERMANECE EN TODAS LAS COSAS ESCRITAS EN EL LIBRO DE LA LEY, PARA HACERLAS. 11 Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evide[…]Gálatas 3:10-14) y aceptación de la comunión con Dios: ya pero no todavía plenamente en el reino de Dios a venir (Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron;[…]Romanos 5:12). Ella nos une a Cristo, a su muerte y resurrección (Porque si hemos sido unidos a El en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección,[…]Romanos 6:5). Se opera cuando acogemos al Espíritu Santo en el bautismo, incorporándonos al cuerpo que es uno (1 Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. 2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte.[…]Romanos 8:1-2 y 9:1-5 y 12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo. 13 Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos[…]1 Corintios 12:12-13). Todo ello proviene solo de Dios, por la gloria de Cristo y por gracia mediante la fe en «el evangelio del Hijo de Dios» (1 Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, 2 que El ya había prometido por medio de sus profetas en las santas Escrituras, 3 acerca de su Hijo, que nació de la descendencia de David según la carne, […]Romanos 1:1-3). 12. Los justos viven por la fe que dimana de la palabra de Cristo (Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo.[…]Romanos 10:17) y que obra por el amor (Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión significan nada, sino la fe que obra por amor.[…]Gálatas 5:6), que es fruto del Espíritu (Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad,[…]Gálatas 5:22) pero como los justos son asediados desde dentro y desde fuera por poderes y deseos (Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo : enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne,[…]Romanos 8:3 5 -3 9 y 16 Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne. 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis.[…]Gálatas 5:16-21) y sucumben al pecado (Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros.[…]1 Juan 1:8, 10) deben escuchar una y otra vez las promesas de Dios y confesar sus pecados (Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.[…]1 Juan 1:9), participar en el cuerpo y la sangre de Cristo y ser exhortados a vivir con justicia, conforme a la voluntad de Dios. De ahí que el Apóstol diga a los justos: «... ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es quien en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (12 Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no sólo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; 13 porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para s[…]Filipenses 2:12-13). Pero ello no invalida la buena nueva: «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu.[…]Romanos 8:1) y en quienes Cristo vive (Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.[…]Gálatas 2:20). Por la justicia de Cristo «vino a todos los hombres la justificación que produce vida» (Así pues, tal como por una transgresión resultó la condenación de todos los hombres, así también por un acto de justicia resultó la justificación de vida para todos los hombres.[…]Romanos 5:18).} II. La doctrina de la justificación en cuanto problema ecuménico 13. En el siglo XVI, las divergencias en cuanto a la interpretación y aplicación del mensaje bíblico de la justificación no solo fueron la causa principal de la división de la iglesia occidental, también dieron lugar a las condenas doctrinales. Por lo tanto, una interpretación común de la justificación es indispensable para acabar con esa división. Mediante el enfoque apropiado de estudios bíblicos recientes y recurriendo a métodos modernos de investigación sobre la historia de la teología y los dogmas, el diálogo ecuménico entablado después del Concilio Vaticano II ha permitido llegar a una convergencia notable respecto a la justificación, cuyo fruto es la presente declaración conjunta que recoge el consenso sobre los planteamientos básicos de la doctrina de la justificación. A la luz de dicho consenso, las respectivas condenas doctrinales del siglo XVI ya no se aplican a los interlocutores de nuestros días. III. La interpretación común de la justificación 14. Las iglesias luterana y católica romana han escuchado juntas la buena nueva proclamada en las Sagradas Escrituras. Esta escucha común, junto con las conversaciones teológicas mantenidas en estos últimos años, forjaron una interpretación de la justificación que ambas comparten. Dicha interpretación engloba un consenso sobre los planteamientos básicos que, aun cuando difieran, las explicaciones de las respectivas declaraciones no contradicen. 15. En la fe, juntos tenemos la convicción de que la justificación es obra del Dios trino. El Padre envió a su Hijo al mundo para salvar a los pecadores. Fundamento y postulado de la justificación es la encarnación, muerte y resurrección de Cristo. Por lo tanto, la justificación significa que Cristo es justicia nuestra, en la cual compartimos mediante el Espíritu Santo, conforme con la voluntad del Padre. Juntos confesamos: «Solo por gracia mediante la fe en Cristo y su obra salvífica y no por algún mérito nuestro, somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo que renueva nuestros corazones, capacitándonos y llamándonos a buenas obras» (11). 16. Todos los seres humanos somos llamados por Dios a la salvación en Cristo. Solo a través de Él somos justificados cuando recibimos esta salvación en fe. La fe es en sí don de Dios mediante el Espíritu Santo que opera en palabra y sacramento en la comunidad de creyentes y que, a la vez, los conduce a la renovación de su vida que Dios habrá de consumar en la vida eterna. 17. También compartimos la convicción de que el mensaje de la justificación nos orienta sobre todo hacia el corazón del testimonio del Nuevo Testamento sobre la acción redentora de Dios en Cristo: Nos dice que en cuanto pecadores nuestra nueva vida obedece únicamente al perdón y la misericordia renovadora que de Dios imparte como un don y nosotros recibimos en la fe y nunca por mérito propio cualquiera que este sea. 18. Por consiguiente, la doctrina de la justificación que recoge y explica este mensaje es algo más que un elemento de la doctrina cristiana y establece un vínculo esencial entre todos los postulados de la fe que han de considerarse internamente relacionados entre sí. Constituye un criterio indispensable que sirve constantemente para orientar hacia Cristo el magisterio y la práctica de nuestras iglesias. Cuando los luteranos resaltan el significado sin parangón de este criterio, no niegan la interrelación y el significado de todos los postulados de la fe. Cuando los católicos se ven ligados por varios criterios, tampoco niegan la función peculiar del mensaje de la justificación. Luteranos y católicos compartimos la meta de confesar a Cristo en quien debemos creer primordialmente por ser el solo mediador (5 Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, 6 quien se dio a sí mismo en rescate por todos, testimonio dado a su debido tiempo. […]1 Timoteo 2:5-6) a través de quien Dios se da a sí mismo en el Espíritu Santo y prodiga sus dones renovadores. IV. Explicación de la interpretación común de la justificación IV.1. La impotencia y el pecado humanos respecto a la justificación 19. Juntos confesamos que en lo que atañe a su salvación, el ser humano depende enteramente de la gracia redentora de Dios. La libertad de la cual dispone respecto a las personas y las cosas de este mundo no es tal respecto a la salvación porque por ser pecador depende del juicio de Dios y es incapaz de volverse hacia él en busca de redención, de merecer su justificación ante Dios o de acceder a la salvación por sus propios medios. La justificación es obra de la sola gracia de Dios. Puesto que católicos y luteranos lo confesamos juntos, es válido decir que: 20. Cuando los católicos afirman que el ser humano «coopera», aceptando la acción justificadora de Dios, consideran que esa aceptación personal es en sí un fruto de la gracia y no una acción que dimana de la innata capacidad humana. 21. Según la enseñanza luterana, el ser humano es incapaz de contribuir a su salvación porque en cuanto pecador se opone activamente a Dios y a su acción redentora. Los luteranos no niegan que una persona pueda rechazar la obra de la gracia, pero aseveran que solo puede recibir la justificación pasivamente, lo que excluye toda posibilidad de contribuir a la propia justificación sin negar que el creyente participa plena y personalmente en su fe, que se realiza por la Palabra de Dios. IV.2. La justificación en cuanto perdón del pecado y fuente de justicia 22. Juntos confesamos que la gracia de Dios perdona el pecado del ser humano y a la vez, lo libera del poder avasallador del pecado, confiriéndole el don de una nueva vida en Cristo. Cuando los seres humanos comparten en Cristo por fe, Dios ya no les imputa sus pecados y mediante el Espíritu Santo les transmite un amor activo. Estos dos elementos del obrar de la gracia de Dios no han de separarse porque los seres humanos están unidos por la fe en Cristo que personifica nuestra justificación (Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención,[…]1 Corintios 1:30): perdón del pecado y presencia redentora de Dios. Puesto que católicos y luteranos lo confesamos juntos, es válido decir que: 23. Cuando los luteranos ponen el énfasis en que la justicia de Cristo es justicia nuestra, por ello entienden insistir sobre todo en que la justicia ante Dios en Cristo le es garantizada al pecador mediante la declaración de perdón y tan solo en la unión con Cristo su vida es renovada. Cuando subrayan que la gracia de Dios es amor redentor («el favor de Dios») (12) no por ello niegan la renovación de la vida del cristiano. Más bien quieren decir que la justificación está exenta de la cooperación humana y no depende de los efectos renovadores de vida que surte la gracia en el ser humano. 24. Cuando los católicos hacen hincapié en la renovación de la persona desde dentro al aceptar la gracia impartida al creyente como un don (13), quieren insistir en que la gracia del perdón de Dios siempre conlleva un don de vida nueva que en el Espíritu Santo, se convierte en verdadero amor activo. Por lo tanto, no niegan que el don de la gracia de Dios en la justificación sea independiente de la cooperación humana. IV.3. Justificación por fe y por gracia 25. Juntos confesamos que el pecador es justificado por la fe en la acción salvífica de Dios en Cristo. Por obra del Espíritu Santo en el bautismo, se le concede el don de salvación que sienta las bases de la vida cristiana en su conjunto. Confían en la promesa de la gracia divina por la fe justificadora que es esperanza en Dios y amor por él. Dicha fe es activa en el amor y, entonces, el cristiano no puede ni debe quedarse sin obras, pero todo lo que en el ser humano antecede o sucede al libre don de la fe no es motivo de justificación ni la merece. 26. Según la interpretación luterana, el pecador es justificado sólo por la fe (sola fide). Por fe pone su plena confianza en el Creador y Redentor con quien vive en comunión. Dios mismo insufla esa fe, generando tal confianza en su palabra creativa. Porque la obra de Dios es una nueva creación, incide en todas las dimensiones del ser humano, conduciéndolo a una vida de amor y esperanza. En la doctrina de la «justificación por la sola fe» se hace una distinción, entre la justificación propiamente dicha y la renovación de la vida que forzosamente proviene de la justificacíón, sin la cual no existe la fe, pero ella no significa que se separen una y otra. Por consiguiente, se da el fundamento de la renovación de la vida que proviene del amor que Dios otorga al ser humano en la justificación. Justificación y renovación son una en Cristo quien está presente en la fe. 27. En la interpretación católica también se considera que la fe es fundamental en la justificación. Porque sin fe no puede haber justificación. El ser humano es justificado mediante el bautismo en cuanto oyente y creyente de la palabra. La justificación del pecador es perdón de los pecados y volverse justo por la gracia justificadora que nos hace hijos de Dios. En la justificación, el justo recibe de Cristo la fe, la esperanza y el amor, que lo incorporan a la comunión con él (14). Esta nueva relación personal con Dios se funda totalmente en la gracia y depende constantemente de la obra salvífica y creativa de Dios misericordioso que es fiel a sí mismo para que se pueda confiar en él. De ahí que la gracia justificadora no sea nunca una posesión humana a la que se pueda apelar ante Dios. La enseñanza católica pone el énfasis en la renovación de la vida por la gracia justificadora; esta renovación en la fe, la esperanza y el amor siempre depende de la gracia insondable de Dios y no contribuye en nada a la justificación de la cual se podría hacer alarde ante El (¿Dónde está, pues, la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿La de las obras? No, sino por la ley de la fe.[…]Romanos 3:27). IV.4. El pecador justificado 28. Juntos confesamos que en el bautismo, el Espíritu Santo nos hace uno en Cristo, justifica y renueva verdaderamente al ser humano, pero el justificado, a lo largo de toda su vida, debe acudir constantemente a la gracia incondicional y justificadora de Dios. Por estar expuesto, también constantemente al poder del pecado y a sus ataques apremiantes (cf 12 Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus lujurias; 13 ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los mu[…]Romanos 6:12-14), el ser humano no está eximido de luchar durante toda su vida con la oposición a Dios y la codicia egoísta del viejo Adán (cf Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne.[…]Gálatas 5:16 y 7 ¿Qué diremos entonces? ¿Es pecado la ley? ¡De ningún modo! Al contrario, yo no hubiera llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por medio de la ley; porque yo no hubiera sabido lo que es la codicia, si la ley no hubiera dicho: NO CODICIARAS. […]Romanos 7:7-10). Asimismo, el justificado debe pedir perdón a Dios todos los días, como en el Padrenuestro ("Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.[…]Mateo 6:12 y Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.[…]1 Juan 1:9), y es llamado incesantemente a la conversión y la penitencia, y perdonando una y otra vez. 29. Los luteranos entienden que ser cristiano es ser «al mismo tiempo justo y pecador». El creyente es plenamente justo porque Dios le perdona sus pecados mediante la Palabra y el Sacramento, y le concede la justicia de Cristo que él hace suya en la fe. En Cristo, el creyente se vuelve justo ante Dios pero viéndose a sí mismo, reconoce que también sigue siendo totalmente pecador; el pecado sigue viviendo en él (Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros.[…]1 Juan 1:8 y 17 Así que ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mí. 18 Porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno; porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no. 19 Pues no hago el bien que deseo, sino […]Romanos 7:17-20), porque se torna una y otra vez hacia falsos dioses y no ama a Dios con ese amor íntegro que debería profesar a su Creador (Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.[…]Deuteronomio 6:5 y 36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley? 37 Y El le dijo: AMARAS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZON, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU MENTE. 38 Este es el grande y el primer mandamiento. 39 Y el segundo es semejante a éste: AMARAS A TU […]Mateo 22:36-40). Esta oposición a Dios es en sí un verdadero pecado pero su poder avasallador se quebranta por mérito de Cristo y ya no domina al cristiano porque es dominado por Cristo a quien el justificado está unido por la fe. En esta vida, entonces, el cristiano puede llevar una existencia medianamente justa. A pesar del pecado, el cristiano ya no está separado de Dios porque renace en el diario retorno al bautismo, y a quien ha renacido por el bautismo y el Espíritu Santo, se le perdona ese pecado. De ahí que el pecado ya no conduzca a la condenación y la muerte eterna (15). Por lo tanto, cuando los luteranos dicen que el justificado es también pecador y que su oposición a Dios es un pecado en sí, no niegan que, a pesar de ese pecado, no sean separados de Dios y que dicho pecado sea un pecado «dominado». En estas afirmaciones coinciden con los católicos romanos, a pesar de la diferencia de la interpretación del pecado en el justificado. 30. Los católicos mantienen que la gracia impartida por Jesucristo en el bautismo lava de todo aquello que es pecado «propiamente dicho» y que es pasible de «condenación» (Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu.[…]Romanos 8:1) (16). Pero de todos modos, en el ser humano queda una propensión (concupiscencia) que proviene del pecado y compele al pecado. Dado que según la convicción católica, el pecado siempre entraña un elemento personal y dado que este elemento no interviene en dicha propensión, los católicos no la consideran pecado propiamente dicho. Por lo tanto, no niegan que esta propensión no corresponda al designio inicial de Dios para la humanidad ni que esté en contradicción con El y sea un enemigo que hay que combatir a lo largo de toda la vida. Agradecidos por la redención en Cristo, subrayan que esta propensión que se opone a Dios no merece el castigo de la muerte eterna (17) ni aparta de Dios al justificado. Ahora bien, una vez que el ser humano se aparta de Dios por voluntad propia, no basta con que vuelva a observar los mandamientos ya que debe recibir perdón y paz en el Sacramento de la Reconciliación mediante la palabra de perdón que le es dado en virtud de la labor reconciliadora de Dios en Cristo. IV.5. Ley y evangelio 31. Juntos confesamos que el ser humano es justificado por la fe en el evangelio «sin las obras de la Ley» (Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley.[…]Romanos 3:28). Cristo cumplió con ella y, por su muerte y resurrección, la superó en cuanto medio de salvación. Asimismo, confesamos que los mandamientos de Dios conservan toda su validez para el justificado y que Cristo, mediante su magisterio y ejemplo, expresó la voluntad de Dios que también es norma de conducta para el justificado. 32. Los luteranos declaran que para comprender la justificación es preciso hacer una distinción y establecer un orden entre ley y evangelio. En teología, ley significa demanda y acusación. Por ser pecadores, a lo largo de la vida de todos los seres humanos, cristianos incluidos, pesa esta acusación que revela su pecado para que mediante la fe en el evangelio se encomienden sin reservas a la misericordia de Dios en Cristo que es la única que los justifica. 33. Puesto que la ley en cuanto medio de salvación fue cumplida y superada a través del evangelio, los católicos pueden decir que Cristo no es un «legislador» como lo fue Moisés. Cuando los católicos hacen hincapié en que el justo está obligado a observar los mandamientos de Dios, no por ello niegan que mediante Jesucristo, Dios ha prometido misericordiosamente a sus hijos, la gracia de la vida eterna (18). IV.6. Certeza de salvación 34. Juntos confesamos que el creyente puede confiar en la misericordia y las promesas de Dios. A pesar de su propia flaqueza y de las múltiples amenazas que acechan su fe, en virtud de la muerte y resurrección de Cristo puede edificar a partir de la promesa efectiva de la gracia de Dios en la Palabra y el Sacramento y estar seguros de esa gracia. 35. Los reformadores pusieron un énfasis particular en ello: En medio de la tentación, el creyente no debería mirarse a sí mismo sino contemplar únicamente a Cristo y confiar tan solo en él. Al confiar en la promesa de Dios tiene la certeza de su salvación que nunca tendrá mirándose a sí mismo. 36. Los católicos pueden compartir la preocupación de los reformadores por arraigar la fe en la realidad objetiva de la promesa de Cristo, prescindiendo de la propia experiencia y confiando solo en la palabra de perdón de Cristo (cf Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos.[…]Mateo 16:19; 18:18). Con el Concilio Vaticano II, los católicos declaran: Tener fe es encomendarse plenamente a Dios (19) que nos libera de la oscuridad del pecado y la muerte y nos despierta a la vida eterna (20). Al respecto, cabe señalar que no se puede creer en Dios y, a la vez, considerar que la divina promesa es indigna de confianza. Nadie puede dudar de la misericordia de Dios ni del mérito de Cristo. No obstante, todo ser humano puede interrogarse acerca de su salvación, al constatar sus flaquezas e imperfecciones. Ahora bien, reconociendo sus propios defectos, puede tener la certeza de que Dios ha previsto su salvación. IV.7. Las buenas obras del justificado 37. Juntos confesamos que las buenas obras, una vida cristiana de fe, esperanza y amor, surgen después de la justificación y son fruto de ella. Cuando el justificado vive en Cristo y actúa en la gracia que le fue concedida, en términos bíblicos, produce buen fruto. Dado que el cristiano lucha contra el pecado toda su vida, esta consecuencia de la justificación también es para él un deber que debe cumplir. Por consiguiente, tanto Jesús como los escritos apostólicos amonestan al cristiano a producir las obras del amor. 38. Según la interpretación católica, las buenas obras, posibilitadas por obra y gracia del Espíritu Santo, contribuyen a crecer en gracia para que la justicia de Dios sea preservada y se ahonde la comunión en Cristo. Cuando los católicos afirman el carácter «meritorio» de las buenas obras, por ello entienden que, conforme al testimonio bíblico, se les promete una recompensa en el cielo. Su intención no es cuestionar la índole de esas obras en cuanto don, ni mucho menos negar que la justificación siempre es un don inmerecido de la gracia, sino poner el énfasis en la responsabilidad del ser humano por sus actos. 39. Los luteranos también sustentan el concepto de preservar la gracia y de crecer en gracia y fe, haciendo hincapié en que la justicia en cuanto ser aceptado por Dios y compartir la justicia de Cristo es siempre completa. Asimismo, declaran que puede haber crecimiento por su incidencia en la vida cristiana. Cuando consideran que las buenas obras del cristiano son frutos y señales de la justificación y no de los propios «méritos», también entienden por ello que, conforme al Nuevo Testamento, la vida eterna es una «recompensa» inmerecida en el sentido del cumplimiento de la promesa de Dios al creyente. V. Significado y alcance del consenso logrado 40. La interpretación de la doctrina de la justificación expuesta en la presente declaración demuestra que entre luteranos y católicos hay consenso respecto a los postulados fundamentales de dicha doctrina. A la luz de este consenso, las diferencias restantes de lenguaje, elaboración teológica y énfasis, descritas en los párrafos 18 a 39, son aceptables. Por lo tanto, las diferencias de las explicaciones luterana y católica de la justificación están abiertas unas a otras y no desbaratan el consenso relativo a los postulados fundamentales. 41. De ahí que las condenas doctrinales del siglo XVI, por lo menos en lo que atañe a la doctrina de la justificación, se vean con nuevos ojos: Las condenas del Concilio de Trento no se aplican al magisterio de las iglesias luteranas expuesto en la presente declaración y, las condenas de las Confesiones Luteranas, no se aplican al magisterio de la Iglesia Católica Romana, expuesto en la presente declaración. 42. Ello no quita seriedad alguna a las condenas relativas a la doctrina de la justificación. Algunas distaban de ser simples futilidades y siguen siendo para nosotros «advertencias saludables» a las cuales debemos atender en nuestro magisterio y práctica (21). 43. Nuestro consenso respecto a los postulados fundamentales de la doctrina de la justificación debe llegar a influir en la vida y el magisterio de nuestras iglesias. Allí se comprobará. Al respecto, subsisten cuestiones de mayor o menor importancia que requieren ulterior aclaración, entre ellas, temas tales como: La relación entre la Palabra de Dios y la doctrina de la iglesia, eclesiología, autoridad en la iglesia, ministerio, los sacramentos y la relación entre justificación y ética social. Estamos convencidos de que el consenso que hemos alcanzado sienta sólidas bases para esta aclaración. Las iglesias luteranas y la Iglesia Católica Romana seguirán bregando juntas por profundizar esta interpretación común de la justificación y hacerla fructificar en la vida y el magisterio de las iglesias. 44. Damos gracias al Señor por este paso decisivo en el camino de superar la división de la iglesia. Pedimos al Espíritu Santo que nos siga conduciendo hacia esa unidad visible que es voluntad de Cristo. Notas: 1. Artículos de Esmalcalda, II: 1; Libro de Concordia, p.292. 2. «Rector et judex super omnia genera doctrinarum» [«Rector y juez sobre todo género de doctrinas», en latín en el original] Edición de Weimar de las Obras de Lutero, 39: 1, p.205. 3. Cabe señalar que las confesiones vinculantes de algunas iglesias luteranas solo abarcan la Confesión de Augsburgo y el Catecismo menor de Lutero, textos que no contienen condenas acerca de la justificación en relación con la Iglesia Católica Romana. 4. Informe de la Comisión Conjunta de Estudio Luterano - Católico Romana, publicado en MEYER, Harding y VISCHER, Lukas (ed.) Growth in Agreement. Reports and Agreed Stalements of Ecumenical Conversations on a World Level [Crecer en acuerdo. Informes y Declaraciones de Acuerdos de Conversaciones Ecuménicas a nivel Mundial] New York, Paulist Press, 1984, páginas 168-189. 5. Federación Luterana Mundial Church and Justification [Iglesia y Justificación] Ginebra, LWF, 1994. 6. Luteranos y Católicos en Diálogo VII, Justification by Faith [Justificación por fe], Minneápolis, Fortress Press, 1985. 7. LEHMANN, Karl y PANNENBERG, Wolhart (eds.) Condenations of the Reformation Era. Do They Still Divide? [Condenaciones de la Era de la Reforma. ¿Aún dividen?] Minneápolis, Fortress Press, 1990. 8. Declaración de la Conferencia de Arnoldshainer de la Confederación de Iglesias y del Comité Nacional Alemán de la Federación Luterana Mundial sobre el documento «Condenaciones de la Era de la Reforma ¿Aún dividen?» en Ökumenische Rundschau 44 (1995), págs. 99ss, incluyendo los artículos con la posición que subyace en esta resolución. comp. Lehrverurteilungen im Gespräch. Die ersten offiziellen Stellungnahmen aus den evangelischen Kirche in Deutschland [Condena-ciones de la Era de la Reforma ¿Aún dividen? La primera declaración oficial de la Iglesia Evangélica de Alemania] Göttingen Vanden-hoeck & Ruprecht, 1993. 9. En la presente declaración, la palabra «iglesia» se utiliza para reflejar las propias interpretaciones de las iglesias participantes sin que se pretenda resolver ninguna de las cuestiones eclesiológicas relativas a dicho término. 10. comp. «Informe de Malta», párrafos 26-30; Justification..., Op. Cit., párrafos 122-147. A pedido del diálogo estadounidense sobre justificación, los textos no-paulinos del Nuevo Testamento fueron señalados en Justification in the New Testament [Justificación en el Nuevo Testamento] por John Reumann con respuestas de Joseph A. Fitzmayer y Jerome D. Quinn, Filadelfia - Nueva York, 1982, páginas 124-180. Los resultados de estos estudios fueron resumidos en el informe Justification..., Op. Cit., en los párrafos 139-142. 11. «Todo bajo un Cristo», párrafo 14 en Meyer, H. y Vischer, L., Op. Cit., páginas 241-247. 12. comp. Lutheran World 8, Nro. 100, p. 106, para la edición norteamericana ver vol.32, p.227 13. comp. DENZINGER - SCHÖNMETZER Enchiridion Symbolorum, edición de 1528. 14. comp. Ibidem, edición de 1530. 15. comp. Apología II: 38-45; Libro de Concordia, pp, 105ss. 16. comp. DENZINGER-SCHÖNMETZER, Op. Cit., edición de 1515. 17. Ibidem. 18. comp. Ibidem, edición de 1545. 19. Cfr «Dei Verbum», Documento del Concilio Vaticano II, capítulo 5. 20. Cfr Ibidem, capítulo 4. 21. Lehmann, K. y Pannenberg, W (eds.), Op. Cit., p. 27. |
