Educación
La pedagogía y la Biblia
La pedagogía y la BibliaLa Biblia tiene mucho que decir sobre la pedagogía. Este es uno de los fallos que los padres cristianos primerizos suelen cometer. Acaban de tener a su primer niño o niña y lo primero que hacen es echar mano de la revista especializada, que les enseñe cómo criar y educar a sus hijos. Ahora son padres, tienen una gran responsabilidad sobre sus hombros y como son totalmente inexpertos, tienen que ver lo que los expertos han de enseñarles sobre esa materia. No digo que esas revistas no sirvan para nada; seguramente tienen muchas cosas útiles sobre higiene, cuidados, pañales y mil cosas más. Pero hay que tener cuidado de pensar: "Este libro (la Biblia) es para los domingos, es para las cosas espirituales y la relación con Dios; pero hay una serie de asuntos cotidianos, de la vida práctica, en los cuales tenemos que recurrir a los expertos seculares, a ver qué nos dicen ellos." Hoy en día los expertos ocupan la posición de los antiguos videntes, a los que la gente iba a consultar para recibir el oráculo. Ahora los expertos nos dan su oráculo por medio de esas revistas y otros medios. Pero hay que tener cuidado, porque algunos de estos expertos dejan bastante que desear y puede ocurrir como en la parábola que Jesús contó acerca del ciego que guía a otros ciegos y al final todos caen en el hoyo.
La Biblia tiene algo, o más bien, mucho y relevante que decir sobre este tema de la pedagogía. De hecho la palabra Torá, ley, con la que los judíos definen a los Diez Mandamientos, al Pentateuco, y por extensión a todo el Antiguo Testamento, viene de una raíz que significa tirar, no en el sentido de tirar algo por desecho o desperdicio, sino en el sentido de tirar para dar en el blanco, por ejemplo flechas. ¿Para qué se tiran las flechas? Para dar en la diana, en el punto correcto. La Torá, la ley, el Antiguo Testamento, tiene este propósito, que demos en el blanco; que en la vida, acertemos y no nos desviemos ni fallemos el tiro, sino que demos en el objetivo. Ahora bien, para que alguien aprenda a dar en el punto central se precisa que haya otro que ya esté enseñado en eso, que le instruya, por ejemplo, en el manejo del arco, cómo sostenerlo, cómo apuntar, cómo disparar, etc. Se necesita fuerza y destreza. En los primeros intentos no se tiene demasiada puntería, pero por medio de la instrucción y de la práctica, la persona que comienza no sabiendo nada, finalmente puede llegar, si se disciplina, a tener éxito y dar en la diana. Por lo tanto, la ley es pedagógica y su función no es hacernos la vida imposible; ese es el concepto popular que circula a nuestro alrededor, por el cual la ley de Dios es una especie de camisa de fuerza, que está hecha para coartarnos y complicarnos la vida. Pero es precisamente lo contrario; el cometido de la ley es eminentemente pedagógico, que podamos ser formados e instruidos de tal manera que acertemos en el objetivo.
La ley forma la conciencia de las personas, porque en la ley está prescrito lo que es bueno y lo que es malo, la diferencia entre el bien y el mal. Por lo tanto, para que un niño conozca la separación, la raya de división que Dios ha establecido entre lo bueno y lo malo, se precisa la ley de Dios. Es por ello que la ignorancia o el abandono de la enseñanza de los Diez Mandamientos sólo puede llevarnos a la destrucción. Es un error razonar: "Esto es algo que hemos superado, que pertenece al pasado, a un pueblo de la edad pre-científica y que necesitaba este tipo de cosas; pero nosotros, que hemos llegado a grandes niveles de avance y sofisticación, no lo necesitamos." Si así hacemos, estaremos cavando nuestra propia tumba.
El valor de la ley de Dios es vigente para todas las edades, porque al formar la conciencia está formando el carácter. En la ley se nos habla de la responsabilidad que tenemos hacia nuestro Creador y hacia nuestro prójimo. Y la responsabilidad es parte de la vida; la responsabilidad del respeto al prójimo, al honor del prójimo, a la vida del prójimo, a las posesiones del prójimo. Todo eso lo enseña la ley. La ley crea y fomenta una serie de principios dentro de la persona, por los cuales esa persona se va a regir y mover en la vida. Si esos principios están trastocados o equivocados, esa persona va a errar, pero si esos valores están bien situados, el resultado será madurez y equilibrio. Por lo tanto, los Diez Mandamientos son pedagógicos, pues allí están los fundamentos morales, las bases éticas del comportamiento hacia los demás y las bases de nuestra relación con Dios. ¡Qué importante es la ley!
Los libros históricos de la Biblia son también pedagógicos, porque la historia es pedagógica. El propósito de la historia, el designio por el cual Dios ha dejado reflejados en la Escritura todos esos relatos sobre el pueblo de Israel, sus victorias, fracasos, luchas, avivamientos y apostasías, es pedagógico. Es lo que dice el apóstol Pablo en Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos.[…]1 Corintios 10:11, que todas esas cosas fueron escritas para nuestra enseñanza, o sea, para nuestra formación, para nuestra instrucción, para que escarmentemos en cabeza ajena, para que los ejemplos buenos y edificantes que ellos nos dejaron los emulemos, pero aquellos otros en los que tropezaron y fracasaron, los evitemos. La historia es pedagógica, esa es su gran lección, de ahí el famoso dicho de que el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla.
La historia del Antiguo Testamento, la historia de la Iglesia y la historia en general es una gran maestra y tiene funciones pedagógicas. Los animales no tienen historia, pero nosotros sí. Esa es una gran diferencia entre nosotros y ellos. La generación de los monos actuales está haciendo lo mismo que la primera generación de monos, aunque haya quien se empeñe en afirmar lo contrario. No hay desarrollo, no hay aprendizaje y no lo hay porque no tienen historia, no tienen conciencia de ella. Pero los seres humanos sí tenemos historia y por lo tanto hay pedagogía aprovechable por medio de ella.
Otro material pedagógico en la Biblia son las fiestas de Israel. ¿Por qué celebrar la Pascua año tras año?, ¿por qué guardar el día del sábado todas las semanas?, ¿por qué celebrar la fiesta de los Tabernáculos vez tras vez?. Porque su celebración tenía una función pedagógica; era como decir: "Mira lo que éramos y nuestros orígenes; pero mira lo que ahora somos y gracias a quién somos lo que somos." Esa es la enseñanza que hay en esas fiestas. La celebración del cordero de la Pascua, año tras año, comer los panes sin levadura, las hierbas amargas de la aflicción de Egipto, era grabar en la memoria de las nuevas generaciones, que no habían experimentado ni conocido en carne propia la esclavitud, el mensaje: "No creas que la libertad la hemos conseguido por nosotros mismos, por nuestra propia habilidad, sabiduría, fuerza, etc., sino que la tenemos gracias a ese Dios, Salvador y Redentor, que nos sacó de la esclavitud de Egipto y nos ha bendecido de esta manera." La fiesta de los tabernáculos se celebraba una vez estando ya en Canaán y no estando más en el desierto. Las nuevas generaciones no sabían lo que era el desierto; sin embargo, durante siete días cada año tenían que vivir en enramadas, en tiendas; salir de sus moradas de piedra y vivir en habitáculos frágiles y portátiles, como si estuvieran en el desierto, lo cual era como decir: "Lo que tenemos es una bendición, un don, que no lo tuvimos siempre, pues en tiendas estuvimos, no una semana, sino cuarenta años. Por tanto, es preciso dar gracias a Dios por lo que tenemos, por esta casa estable, por esta tierra cultivable; dar gracias a Dios por todos estos beneficios y bendiciones materiales que él nos da." Eso es pedagogía.
Igualmente el sistema de culto de Israel es enteramente pedagógico. El cordero sacrificado, degollado y la sangre derramada es algo muy desagradable; es muy repulsivo que un animal tan tierno muera de una manera tan violenta, tan cruel, pero es una enseñanza pedagógica de Dios, diciendo: "Así es el pecado, así es su gravedad y sus consecuencias, que producen algo tan horrible como la muerte, siendo la única manera de solucionarlo la muerte de un inocente, de una criatura que nada tiene que ver con el asunto, y sin embargo tiene que morir para que tú puedas ser perdonado, tu culpa cancelada y tu castigo anulado." El sacrificio tenía una función totalmente pedagógica y la persona que degollaba a la víctima no era el sacerdote, sino el pecador que traía la victima sustitutoria. Este acto tenía como fin dejar una huella y grabar en el corazón de la persona de forma patente y palmaria que el pecado no es algo liviano. La Biblia está, pues, llena de pedagogía en todas sus páginas.