Educación

La pedagogía en términos generales

La pedagogía en términos generales La pedagogía tiene que ver con la educación de los niños. Aunque parece, a primera vista, una cuestión que solamente compete a los profesionales de la educación, en realidad es competencia, primordialmente, de los padres, quienes, lo sepan o no, son pedagogos y primeros y directos responsables de la educación de sus hijos.

Definición de pedagogía
En primer lugar, hay que definir lo que significa la pedagogía según su definición gramatical; es una palabra compuesta de dos palabras griegas, que son el vocablo pais, que es un vocablo de significado bastante amplio, pues unas veces puede traducirse por niño, pero que también admite la acepción de muchacho y joven. Por lo tanto, es una palabra que abarca no solamente una etapa muy corta de la vida, sino más bien un periodo relativamente amplio de la existencia: infancia, adolescencia y juventud. La segunda palabra es agogé, que significa guiar o dirigir, de tal manera que la combinación de los dos términos nos muestra que pedagogía, literalmente, significa la guía o dirección del niño, del muchacho o del joven. Un término directamente asociado con pedagogía es educación, pues la formación es educación, no en el sentido de "qué muchacho más bien educado" o "qué buenas maneras tiene", lo cual es sólo una acepción muy reducida de la palabra educación. Por educación más bien se entiende la formación integral de la personalidad y su desarrollo, tratando de que esa persona sea madura, equilibrada, sólida y que pueda enfrentar la vida con sus problemas y sus dificultades. Con esto tiene que ver la pedagogía.

Pedagogo, Museo ArqueológicoPella - Grecia
Pedagogo, Museo Arqueológico
Pella - Grecia
La pedagogía en Grecia
Es interesante que no solamente la palabra, sino la misma figura del pedagogo es estrictamente griega. Una de las características de la civilización helénica fue precisamente la institución del pedagogo, que no era el padre sino un esclavo de la casa, seleccionado especialmente por el padre, quizás aquel en el cual podía depositar una confianza como en ningún otro, por reunir las cualidades más apropiadas. Porque ese esclavo era el que se iba a ocupar de la formación y del cuidado del muchacho, especialmente en sus horas fuera de casa; de vigilarlo, acompañarlo a la escuela, saber quiénes eran sus amistades, etc., cosas todas ellas de gran importancia, especialmente si se trataba del heredero. De su mala o buena formación dependería el futuro de la herencia familiar, lo cual obligaba a tener sumo cuidado para que no se convirtiera en un sinvergüenza o en un derrochador, que en cuatro días esfumara lo que al padre le había costado cuarenta años conseguir. Pedagogo es el término que aparece en De manera que la ley ha venido a ser nuestro ayo para conducirnos a Cristo, a fin de que seamos justificados por fe.[…]Gálatas 3:24, cuando dice que 'la ley ha sido nuestro ayo.' Si se tradujera literalmente el pasaje, en lugar de ayo debería decir pedagogo, pues tal es el término gramatical usado.

Tan importante era la formación de los muchachos para los griegos, que ellos encontraban en la educación la diferencia entre un pueblo civilizado y un pueblo bárbaro; los pueblos civilizados forman y educan a sus niños, mientras que en los pueblos bárbaros crecen salvajes, sin ningún tipo de dirección. Es más, los griegos llegaron a decir algo tan radical como esto: "La diferencia entre los seres humanos y los animales radica en la pedagogía." Nosotros, como cristianos, no podemos estar de acuerdo con esa afirmación, porque sabemos que la diferencia entre nosotros y los animales está en otra parte, en nuestro origen; pero hay un sentido en el que creo que hay una componente de verdad en esa afirmación. Si se deja a alguien sin formación en los primeros años de la vida, seguramente se convertirá en algo muy parecido a una bestia.

La pedagogía fue uno de los temas que ocuparon parte de las obras de algunos de los grandes filósofos de la civilización griega. Pitágoras escribió sobre pedagogía, Platón también y aunque Sócrates no escribió nada, sí enseñó sobre la importancia de la pedagogía. Aristóteles es quizá el ejemplo más claro de todos estos filósofos, porque no solamente escribió sobre dicha cuestión, sino que fue el tutor del gran Alejandro Magno. Alejandro sería el reflejo del trabajo de Aristóteles y el arquetipo de la civilización griega, la cual podría decir con orgullo: "Mira, esto es lo que se puede conseguir haciendo un buen trabajo pedagógico; aquí tenemos a una persona que ha alcanzado las cotas más altas y se ha convertido en un gran hombre."

Importancia de la pedagogía
De todo esto, pues, se deduce la importancia de la pedagogía; esto es, no estamos ante algo secundario, que se pueda decir: "No es tan relevante este asunto, podemos permitirnos el lujo de pasarlo por alto". No, no podemos permitirnos el lujo de pasarlo por alto, porque la calidad de una sociedad o de una nación, en buena parte depende de ello.

Hay una ilustración clásica que se usa en pedagogía que es el árbol, el cual en sus etapas tempranas necesita una estaca, con la cual se fija y dirige su crecimiento. ¿Por qué? Porque en esas etapas tempranas el tronco es moldeable, es flexible, lo cual facilita la corrección de posibles problemas para que ese árbol tenga un buen desarrollo, crezca recto y armonioso, pues llegará un momento en el cual será imposible atajar las desviaciones o torceduras que pueda haber; ese momento no se puede fijar, no se puede decir: "Ayer el árbol sí podía ser corregido, pero ya hoy no se puede, se ha vuelto rígido." Eso no sucede de la noche a la mañana, es un proceso muy lento, un proceso prácticamente imperceptible. Pero lo que sí es cierto es que hay una etapa en la vida del árbol en la que se puede trabajar con él y luego sobreviene otra en la que lo que se haya hecho o lo que no se haya hecho ya prácticamente no tiene vuelta atrás. Por eso todos nos hemos parado cuando hemos pasado por un parque o un bosque y hemos visto árboles con formas verdaderamente extravagantes. Allí hay algo que llama la atención y que es anormal, una anormalidad que con certeza proviene de los primeros años de su vida; tal vez un agente atmosférico, un problema en su plantación o algo provocado por la mano del hombre; pero se trata de algo irreversible porque ya ha alcanzado la madurez y su tronco no permite alteraciones, so pena de quebrarlo.

Con los seres humanos ocurre lo mismo, o casi lo mismo, si bien hay otro factor más grande que la pedagogía humana, que es la gracia de Dios, sin la cual los seres humanos no tendríamos arreglo. Es decir, hay otra pedagogía, la divina, con sus recursos, que puede hacer que incluso el árbol más torcido recupere milagrosamente lo que nunca tuvo. No obstante, dicho esto, el valor de la pedagogía sigue vigente, pues Dios usa a los padres para la formación de los hijos.

Necesidad de la pedagogía
Tan importante es la pedagogía que es absolutamente necesaria porque con el niño estamos frente a un proyecto de vida y por lo tanto lo que tienen entre manos los padres es algo muy importante y delicado, una especie de campo que está por cultivarse o cultivándose. Un niño no es totalmente una página en blanco, porque cada niño, como sabemos, viene a este mundo con una herencia que le marca y le define en muchos sentidos, que le posibilita y también le limita; una herencia genética de los padres y de los antepasados de los padres, una herencia moral y espiritual que arranca desde nuestro primer padre, por lo que el niño no es un libro totalmente en blanco ni es totalmente un campo sin cultivar; hay líneas que ya vienen escritas y semillas que ya han sido echadas. Pero evidentemente, hay todavía muchas líneas que están por escribir, espacio por cultivar y semillas que se pueden echar, estando ahí la razón de ser de la pedagogía.

Durante un tiempo, especialmente en los siglos XVIII y XIX con la influencia del romanticismo, se difundió la idea del salvaje feliz; es decir la sociedad y las instituciones que hemos creado, como la escuela, la iglesia, el gobierno, etc., estropean a los seres humanos. Son entidades artificiales que no ayudan y no solamente no ayudan, sino que obstaculizan, por lo que hay que desembarazarse de ellas, ya que el ser humano tiene la potencialidad y la capacidad por sí mismo de ir hacia lo bueno. En las islas del Pacífico, se decía, es donde estaba el paraíso incontaminado, mientras que Europa estaba corrompida; también cualquier otro lugar donde hubiéramos llegado los occidentales lo habíamos dañado, pero todavía quedaba un reducto en aquellas islas vírgenes donde residía la inocencia y la pureza primordial. Pero ésa resultó ser una falsa idea, porque en aquellas islas vírgenes se daban algunos de los problemas existentes en la sociedad occidental y hasta otros desconocidos en la misma, como el canibalismo; las tribus guerreaban entre sí y se perpetraban robos y adulterios, porque la codicia y la maldad no son privativas de un continente o una civilización.

La pedagogía ya era necesaria incluso en la verdadera edad de la inocencia, antes de que hubiera Caída, antes de que el pecado entrara en este mundo; ya entonces existía, pues en 16 Y ordenó el SEÑOR Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, 17 pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás. […]Génesis 2:16-17 hay una instrucción, un mandato, que es una dirección, una limitación que se está imponiendo con el objetivo de formar, preparar, proteger y avisar de posibles y terribles consecuencias que pueden sobrevenir; por lo tanto el mandato de 16 Y ordenó el SEÑOR Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, 17 pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás. […]Génesis 2:16-17 es totalmente pedagógico: 'Mandó el Señor Dios al hombre diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comieres ciertamente morirás' Si en la edad de la inocencia había pedagogía y era necesaria, cuánto más lo será una vez que se ha perdido esa inocencia para siempre, con todas las tendencias que desde el nacimiento tenemos hacia el mal.