Historia

ADOPCIONISTA

La controversia adopcionista tenía que ver con la cristología de Elipando, arzobispo de Toledo. Al querer distinguir en Cristo las operaciones de cada una de sus naturalezas, comenzó a enseñar que en su humanidad es hijo de Dios por adopción y en su divinidad es Hijo por naturaleza. Por lo tanto el hijo de María, asumido por el Verbo, no era Hijo de Dios por naturaleza sino sólo por adopción. En síntesis, se trataba de una reedición del nestorianismo.

Adriano I intervino para condenar a Elipando, pero éste logró el apoyo de Félix, obispo de Urgel, quien entabló un duelo literario con Alcuino sobre la doctrina.

En el año 798 León III convocó un concilio en Roma que condenó el adopcionimso de Félix y le anatematizó. Elipando no se retractó y continuó siendo arzobispo de Toledo, aunque el adopcionismo fue abandonado tras su muerte.

CONTROVERSIA ADOPCIONISTA
FECHASADOPCIONISTASANTI-ADOPCIONISTASDESCRIPCIÓNHECHOS NOTABLESTEXTOS NOTABLES
782-799Elipando de Toledo

Ascario

Félix de Urgel

Beato de Liébana

Carlomagno

Adriano I

León III

Los adopcionistas enseñaban que Jesucristo en cuanto Verbo es Hijo natural de Dios, pero en cuanto hombre es hijo adoptivo.Elipando, arzobispo de Toledo, hace una exposición doctrinal de fuerte sabor nestoriano al hablar de dos filiaciones en Cristo, una como Dios y otra como hombre.

Adriano I condena las proposiciones de Elipando, quien busca apoyo en Félix, obispo de Urgel.

Félix, súbdito de Carlomagno, corrobora el parecer de Elipando en su doctrina sobre Cristo.

Al ser convocado, primero en Ratisbona y luego en Roma, Félix se retracta de sus ideas.

Félix vuelve a abrazar sus antiguas ideas. Elipando hace defensa escrita de las mismas.

Carlomagno convoca el sínodo de Frankfurt en el que se condena el adopcionismo.

León III anatematiza a Félix en un sínodo celebrado en Roma (798).

En Aquisgrán, Félix, persuadido por Carlomagno, se enfrenta en debate doctrinal público con Alcuino.

Félix renuncia a sus convicciones definitivamente.

'Quiere el Señor reunir a los hijos de los herejes para llevarlos a la unidad de la fe, pero no los reúne porque, enfrentados entre sí, al opinar cosas distintas, no se ponen de acuerdo [...] Pues éstos, al no temer interpretar de forma perversa la administración de los misterios del Señor, arrastran en realidad a las gentes que los obedecen, no por el camino que es Cristo, sino por donde no hay camino. También se dice con razón que se suscitó una contienda entre ellos, porque a veces se contradicen con sus alegatos. Arrio, por ejemplo, aceptando tres personas en la divinidad, creyó también en tres dioses. En contra de él, Sabelio, aceptando un solo Dios, creyó que había una única persona. Y contra ambos, la santa Iglesia, manteniendo de forma inflexible el recto camino de su predicación, y predicando que hay un solo Dios, afirma en contra de Sabelio que son tres personas. Y afirmando que son tres personas, confiesa en contra de Arrio que es un solo Dios.
Elipando, obispo de la sede toledana, no sé con qué vértigo de unidad, confunde a las tres personas en una sola naturaleza divina; y cree que Cristo, nacido de la Virgen, no es Dios, sino sólo un hombre.
El maniqueo, en cambio, que conoció en la Sagrada Escritura que era alabada la virginidad, condenó el matrimonio.
Por el contrario, Joviniano, que conoció que el matrimonio es algo permitido, despreció la limpieza de la virginidad. De donde resulta siempre que, confundidos los herejes por su malvado entendimiento, su maldad a veces les hace estar de acuerdo entre sí en la culpa y discrepar en las opiniones.'

(Beato de Liébana, Apologético)

'¿Quién es el hijo de Dios, sino Jesús, a quien parió la Virgen María?... Este nombre le anunció el ángel a la Virgen, diciéndole: "Le llamarás por nombre Jesús, y éste será grande, e Hijo del Altísimo será llamado". Mas si lo que tú (Elipando) dices fuese cierto, hubiera dicho el ángel: "Jesús será llamado Hijo adoptivo del Altísimo según la humanidad, y en ningún modo adoptivo según la divinidad". También pudiera decir el propio Hijo: "De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo adoptivo, para que todo aquél que en él crea, no perezca". Y esto es tal que los incrédulos no pudieron ver en aquél a quien crucificaban otra cosa que un hombre. Y como hombre le crucificaron; crucificaron al Hijo de Dios; crucificaron a Dios. Por mí sufrió mi Dios. Por mí fue crucificado mi Dios.'
(Beato de Liébana, Epístola a Elipando)

'Urgel es una ciudad situada bajo los montes Pirineos. Su obispo, de nombre Félix y de nación hispana, fue consultado en carta por Elipando, obispo de Toledo, sobre qué cabía pensar en torno a la humanidad del Salvador Dios y Señor nuestro Jesucristo. ¿Cabía pensar que era, en tanto que hombre, hijo propio de Dios o sólo hijo adoptivo? Ante esta consulta se pronunció no solamente de forma imprudente e inconsiderada contra la doctrina de la Iglesia católica en cuanto al carácter adoptivo, sino que además se empeñó en defender la perversidad de su pretensión con tanta obstinación como pudo en libros escritos por el mencionado obispo.'
(Anales reales)

'Quien no confesare que Jesucristo es Hijo adoptivo en cuanto a la humanidad, es hereje, y debe ser exterminado. Arrancad el mal de vuestra tierra. No me consultan (Beato y Heterio), sino que quieren enseñar, porque son siervos del Anticristo. Envíote, carísimo Fidel, esta carta del obispo Ascárico para que conozcas cuán grande es en los siervos de Cristo la humildad, cuán grande es la soberbia de los discípulos del Anticristo. Mira cómo Ascárico, aconsejado por verdadera modestia, no quiso enseñarme, sino preguntarme. Pero ésos, llevándome la contraria, como si yo fuese un ignorante, no han querido preguntarme, sino instruirme. Y sabe Dios que, aunque hubiesen escrito con insolencia, rendiríame yo a su parecer si dijesen la verdad, recordando que está escrito: Si iuniori revelatum fuerit, senior taceat... ¿Cuándo se ha oído que los de Liébana vinieran a enseñar a los toledanos? Bien sabe tolo el pueblo que esta sede ha florecido en santidad de doctrina desde la predicación de la fe y que nunca ha emanado de aquí cisma alguno. ¿Y ahora tú solo, oveja roñosa (esto lo decía por Beato), pretendes sernos maestro? No he querido que este mal llegue a oídos de nuestros hermanos hasta que sea arrancado de raíz en la tierra donde brotó. Ignominia sería para mí que se supiese esta afrenta en la diócesis de Toledo, y que, después de haber juzgado nosotros y corregido, con el favor de Dios, la herejía de Migecio en cuanto a la celebración de la Pascua y otros errores, haya quien nos tache y arguya de herejes. Pero si obras con tibieza y no enmiendas presto este daño, harélo saber a los demás obispos, y su reprensión será para ti ignominiosa. Endereza tú la juventud de nuestro hermano Heterio, que está con la leche en los labios y no se deja guiar por buenos maestros, sino por impíos y cismáticos, como Félix y Beato, llamado así por antífrasis. Bonoso y Beato están condenados por el mismo yerro. Aquél creyó a Jesús hijo adoptivo de la Madre, no engendrado del Padre antes de todos los siglos y encarnado. Este le cree engendrado del Padre y no temporalmente adoptivo. ¿Con amén le compararé sino con Fausto el Maniqueo? Fausto concíenaba a los patriarcas y profetas; éste condena a todos los doctores antiguos y modernos. Ruégote que, encendido en el celo de fe, arranques de en medio de vosotros tal error para que desaparezca de los fines de Asturias la herejía beatiana, de igual suerte que la herejía migeciana fue erradicada de la tierra bética. Pero como he oído que apareció entre vosotros un precursor del Anticristo anunciando su venida, ruégote que le preguntes dónde, cuándo o de qué manera ha nacido el mentiroso espíritu de profecía que le hace hablar y nos trae solícitos y desasosegados.'
(Carta de Elipando a Fidel de Asturias)

'... Por cierto que de vuestras tierras ha llegado a Nos una lúgubre noticia y es que algunos obispos que ahí moran, a saber, Elipando y Ascárico con otros que los siguen, no se avergüenzan de confesar como adoptivo al Hijo de Dios, blasfemia que jamás ningún hereje se atrevió a proferir en sus ladridos, si no fue aquel pérfido Nestorio que confesó por puro hombre al Hijo de Dios...'
(Adriano I, De la Carta Institutio universalis, a los obispos de España)