Teología

Lección 2 - Naturaleza de la predicación

Curso para predicadores

Introducción
Actualmente hay una gran abundancia de predicación que pretende hacerse pasar por tal, pero que no lo es, y de predicadores que pretenden hacerse pasar por tales, pero que no lo son. Existen, a grandes rasgos, tres tipos de oradores en el púlpito: Conferenciantes, charlatanes y predicadores. El conferenciante es el que imparte una conferencia, esto es, un discurso cuyo objetivo va dirigido a la mente de los oyentes. De lo que se trata, por encima de todo, es del intelecto, tanto del conferenciante como de la audiencia. Todo empieza y acaba en el intelecto. Una conferencia puede ser profunda, instructiva, amena e interesante. Pero no va más allá. La conferencia llega a la mente, pero no alcanza al corazón de la persona. El charlatán es el que busca mover las emociones por encima de todo y para ello apelará a todos los recursos necesarios, a fin de que sus oyentes queden conmovidos. Si el conferenciante toca la mente sin llegar al corazón, el charlatán toca las emociones sin pasar por la mente. Le importa tanto el fuego que pasa por alto la luz. Al ser las emociones el principal objetivo del charlatán, su alocución tiene efectos poco duraderos, porque lo emocional con lo misma facilidad que viene se va. El predicador es el que busca llegar al corazón pasando por la mente. Es decir, su disertación es inteligible y además es eficaz, porque no solamente tiene como objetivo alimentar el conocimiento sino que tal conocimiento cambie a la persona. Por eso el predicador trae fuego y trae luz, a diferencia del conferenciante que trae luz pero no fuego y del charlatán que trae fuego pero no luz. El propósito último de la predicación es que el oyente se vea confrontado en su estado real ante la Palabra predicada y ésta le impulse a reaccionar en obediencia a la misma. '¿Qué haremos?' (Al oír esto, compungidos de corazón, dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: Hermanos, ¿qué haremos?[…]Hechos 2:37) fue la pregunta que los oyentes hicieron a Pedro el día de Pentecostés una vez que él hubo terminado de predicar, lo que indica que esa predicación tocó sus corazones, tras haber pasado por sus mentes.

Para entender la naturaleza de la predicación debemos estudiar cuál es su origen, dónde está su fuente de inspiración, cuál es su contenido y de dónde deriva su energía.

El origen de la predicación
El origen de la predicación está en el hecho de que Dios ha hablado y si no hubiera hablado la predicación estaría fuera de lugar. Pero la comunicación es algo intrínseco a Dios, porque la segunda persona de la Trinidad es el Verbo y ese nombre indica claramente que es propio de Dios darse a conocer, auto-revelarse (Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer.[…]Juan 1:18).

La carta a los Hebreos se abre con esta declaración: 'Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo' (1 Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, 2 en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el […]Hebreos 1:1-2). Es pues este hecho, que Dios ha hablado, lo que determina la legitimidad, necesidad, contenido y autoridad de la predicación, y es fundamental que como predicadores tengamos esto siempre presente, pues en tantas ocasiones nos veremos atacados o presionados por el hecho de predicar y se nos ridiculizará o tildará de fanáticos.

La legitimidad de nuestra predicación deriva de Dios mismo; si Dios no hubiera hablado y predicáramos, podríamos con razón ser acusados de impostores, pero el caso es precisamente el contrario: 'Ay de mí si no anunciare el evangelio' (Porque si predico el evangelio, no tengo nada de qué gloriarme, pues estoy bajo el deber de hacerlo; pues ¡ay de mí si no predico el evangelio![…]1 Corintios 9:16); cuando Dios ha hablado, es callar lo que constituye delito.

También la necesidad de la predicación procede de eso mismo, de que Dios ha hablado. En efecto, con Dios no ocurre como con algunas personas que hablan y hablan, pero lo que dicen es tan insustancial que si guardaran silencio todos ganarían. Cualquier palabra, cualquier frase que haya salido de la boca de Dios, tiene un peso y una trascendencia tal que es absolutamente necesario que tal palabra se publique a los cuatro vientos.

Que Dios ha hablado es lo que determina el contenido de la predicación: 'Así dice el Señor' es la frase introductoria de los mensajes de aquellos grandes predicadores, los profetas. Toda predicación verdadera ha de ceñirse a los límites de lo que Dios ha comunicado y en ese sentido la predicación ha de ser un eco de esa comunicación divina.

Que Dios ha hablado es lo que da autoridad a la predicación y por eso el predicador es un embajador, 'somos embajadores en nombre de Cristo' (Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios![…]2 Corintios 5:20) y, como tal, está respaldado por Aquel que le envía y su mensaje tiene autoridad divina, porque no es de invención propia, sino que procede del mismo Dios, fuente de toda autoridad. De hecho la misma palabra predicación, que en griego es kerygma, procede de keryx, cuya traducción literal es heraldo; ahora bien, el heraldo en el mundo antiguo era alguien que desempeñaba la tarea de anunciar de forma oficial los grandes acontecimientos o mensajes que el monarca, gobernador o comandante militar querían que fuesen de dominio público. Era alguien investido de autoridad y su mensaje estaba respaldado desde las más altas instancias. Esto es precisamente lo que diferencia a la predicación cristiana de cualquier otra forma de mensaje, al estar revestida de autoridad divina.

El origen registrado de la predicación
Cuando hablamos del origen de la predicación y decimos que está en Dios mismo, estamos tocando el más alto escalón que podamos tocar. Ahora bien, ¿cómo distinguir lo que Dios ha hablado de lo que no? ¿cómo saber qué es lo genuino de lo que es un mero sucedáneo? ¿cómo estar seguros de que lo que estamos entregando proviene de Dios y no de otra fuente o de nosotros mismos?

Aquí es donde entra en juego un aspecto vital de la revelación de Dios, y es que tal revelación la ha dejado por escrito en la Biblia. Esto ya excluye otras posibles fuentes de la predicación, que pretendan hacerse pasar por auténticas; es decir, y para poner unos ejemplos, que la predicación verdadera no puede estar basada en el Corán, ni en los Vedas, ni en el libro de Mormón, ni en las tradiciones humanas por más prestigiosas que sean; tampoco en la propia imaginación del predicador. Antes bien, todas esas posibles fuentes, y otras más en las que podamos pensar, quedan descalificadas porque Dios ha dejado registrado su mensaje en un solo lugar: las Sagradas Escrituras.

Esta no es la asignatura para estudiar por qué las Sagradas Escrituras son la Palabra de Dios, pero es evidente que todo predicador cristiano antes de subir a un púlpito ha de estar persuadido en lo más profundo de su corazón de tal verdad, de lo contrario difícilmente su mensaje tendrá credibilidad, porque se notará su falta misma de convicción en aquello que predica.

Si el origen registrado de la predicación es la Escritura, eso significa que el predicador ha de saturarse de ella para poder predicarla. Y ese es el manantial al que debe acudir para llenar su cántaro para sí mismo y para dar de beber a otros. 'Que prediques la palabra' (Predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción.[…]2 Timoteo 4:2) fue el mandato de Pablo a Timoteo y el tal sigue siendo pertinente en nuestros días. Alguien ha dicho que la Biblia es 'el semillero homilético' del predicador; es decir, el saco de donde obtener las ideas, las verdades, la iluminación, la doctrina y la vida en suma que debe caracterizar la predicación cristiana. La esencia y la centralidad del mensaje han de proceder de la Biblia misma y solamente lo periférico del sermón, como ilustraciones, anécdotas o experiencias personales, pueden proceder de otra fuente distinta. Notemos que antes de decirle a Timoteo 'que prediques la palabra', Pablo acaba de decir: 'Toda la Escritura es inspirada por Dios' (Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia,[…]2 Timoteo 3:16). Este es el orden: primero estar persuadidos de lo que la Escritura es; segundo, y como consecuencia de ello, predicarla.

Al examinar los sermones del libro de los Hechos, vemos que salvo en el caso del que Pablo pronuncia en Atenas ante un auditorio ajeno totalmente a las Escrituras, todos los demás están apoyados en ellas. Véase el primero de Pedro en Pentecostés donde cita del libro de Joel (2:17-21), o el que sigue a la sanidad del cojo en el que se menciona a los profetas, a Moisés y a Abraham (3:21-22, 24-25). Incluso ante el Sanedrín, Pedro pronuncia una frase llena de resonancias del Antiguo Testamento (4:11; compárese con La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la piedra principal del ángulo.[…]Salmo 118:22). Hasta en presencia de los gentiles, como Cornelio y sus amigos, Pedro se apoya en la autoridad de la palabra escrita (10:43).

También Pablo hace uso de ellas para demostrar que Jesús es el Cristo (9:22). Aunque en este pasaje no se alude a las Escrituras, ¿qué otro modo tenía un judío de demostrar a otro judío que Jesús era el Mesías, si no era echando mano a la autoridad a la que ambos reconocían, esto es, la Sagrada Escritura?

En la sinagoga de Antioquía de Pisidia, en su primer viaje misionero, enseña a sus oyentes que la muerte y la resurrección del Mesías no eran algo extraño a la enseñanza de la Escritura sino todo lo contrario (13:27,29,33-35). El uso de las Escrituras que Pablo hace en su ministerio de enseñanza y predicación queda patente en la frase 'declarando y exponiendo por medio de las Escrituras que era necesario que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos' (17:3).

Notable en este sentido es la predicación de Esteban ante sus verdugos (1 Y el sumo sacerdote dijo: ¿Es esto así? 2 Y él dijo: Escuchad me, hermanos y padres. El Dios de gloria apareció a nuestro padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que habitara en Harán, 3 y le dijo: "SAL DE TU TIERRA Y DE TU PARENTELA, Y V[…]Hechos 7), donde toda ella está saturada de Escritura, pues arrancando con Abraham y los patriarcas, siguiendo con Moisés y pasando por David, concluye con Cristo.

De la importancia que la Escritura tiene en el ejercicio del ministerio cristiano se nos da buena fe en 15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. 16 Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, par[…]2 Timoteo 3:15-17: 'Las Sagradas Escrituras...te pueden hacer sabio para la salvación... la Escritura es... útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.' Por lo tanto, la Escritura es la herramienta imprescindible para el predicador, pues tiene un auditorio al que ha de evangelizar, enseñar, persuadir, librar de errores y formar en madurez cristiana.

El contenido de la predicación
'Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.' (22 Porque en verdad los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría; 23 pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles; 24 mas para los llamados, tanto judíos como griegos, Crist[…]1 Corintios 1:22-24).

Esa frase del apóstol 'predicamos a Cristo' nos descubre cuál es el contenido de la predicación cristiana. La persona y la obra de Cristo han de ser el eje fundamental alrededor del cual gire el mensaje cristiano. Es decir, que sin Cristo la predicación quedaría vacía de sentido. Notemos de nuevo las palabras del apóstol: 'Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado' (pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y éste crucificado.[…]1 Corintios 2:2), dichas a personas viviendo en un contexto cultural en el que se apreciaba sobre todo, más que el mensaje, el ropaje en el que venía envuelto. Sin embargo, lejos de sucumbir a la tentación de la retórica y la sabiduría humana, el apóstol se centró en lo que verdaderamente importa. En otra frase feliz describe el meollo de su predicación con esta expresión: 'La palabra de la cruz' (Porque la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros los salvos es poder de Dios.[…]1 Corintios 1:18), denotando así donde está el corazón del mensaje cristiano.

Al analizar los sermones registrados en el libro de los Hechos vemos que invariablemente tienen este denominador común: Son cristocéntricos. Por ejemplo, veamos el sermón de Pedro en Pentecostés; tras citar la Escritura (17 Y SUCEDERA EN LOS ULTIMOS DIAS--dice Dios-- QUE DERRAMARE DE MI ESPIRITU SOBRE TODA CARNE; Y VUESTROS HIJOS Y VUESTRAS HIJAS PROFETIZARAN, VUESTROS JOVENES VERAN VISIONES, Y VUESTROS ANCIANOS SOÑARAN SUEÑOS; 18 Y AUN SOBRE MIS SIERVOS Y SOBRE MIS […]Hechos 2:17-21) (profecía de Joel sobre el derramamiento del Espíritu Santo), inmediatamente se centra en la muerte y resurrección de Cristo. Notemos la cantidad de alusiones directas o indirectas, ya sea por el uso del nombre propio de Cristo o de pronombres relativos a su persona: 'Jesús nazareno' (2:22), 'a éste' (2:23), 'al cual' (2:24), 'este Jesús' (2:32,36). Otra vez en el sermón pronunciado en el pórtico del templo tras la sanidad del cojo, Pedro se centra en la muerte y resurrección de Cristo, incluyendo su segunda venida (13 El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y repudiasteis en presencia de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad. 14 Mas vosotros repudiasteis[…]Hechos 3:13-21).

Cuando Felipe va a Samaria el objeto de su predicación es Cristo (Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo.[…]Hechos 8:5) y ya vimos en la lección anterior que Saulo, nada más convertirse a Cristo, se convierte también en un predicador, y en un predicador de Cristo: 'En seguida predicaba a Cristo.' (Y enseguida se puso a predicar a Jesús en las sinagogas, diciendo: El es el Hijo de Dios.[…]Hechos 9:20).

Al examinar los sermones de Pablo también descubrimos ese rasgo que tenían los de Pedro: que Cristo es el gran tema de su predicación. Tomemos, por ejemplo, el de 16 Pablo se levantó, y haciendo señal con la mano, dijo: Hombres de Israel, y vosotros que teméis a Dios, escuchad: 17 El Dios de este pueblo de Israel, escogió a nuestros padres y engrandeció al pueblo durante su estancia en la tierra de Egipto, y c[…]Hechos 13:16-41 y veremos que, tras una introducción histórica, el discurso desemboca en la persona de Jesucristo (13:23), su muerte (13:29) y su resurrección (13:30) y los frutos resultantes de ello: el perdón de pecados (13:38) y la justificación del pecador (13:39). Incluso en el sermón que pronuncia en Atenas, el clímax del mismo es, sin mencionarlo directamente por nombre, Cristo (17:31).

Cuando decimos que el contenido de la predicación es Cristo, no estamos diciendo que necesariamente tengamos siempre que predicar el evangelio; habrá ocasiones en las que tal cosa habrá de hacerse de forma simple y directa. Pero incluso cuando nuestra predicación va dirigida a los ya convertidos y maduros para que profundicen en las distintas facetas de la vida cristiana, el resultado final también será cristocéntrico, porque a fin de cuentas tanto el fundamento de la salvación como el crecimiento en la misma están subordinados a Cristo y a su señorío.

La energía de la predicación
La predicación se distingue del mero discurso moral o político o de la mera conferencia, además de por las razones dadas en los puntos anteriores, por la fuente de donde deriva su energía. Si bien es necesario que el predicador prepare y adiestre todas sus capacidades afectivas e intelectuales para volcarse en el acto de la predicación, de nada vale todo ello sin el poder del Espíritu Santo. El mejor bosquejo, la mejor dicción y las mejores reglas hermenéuticas de nada sirven sin la energía y la unción que el Espíritu Santo da.

También aquí es preciso seguir el ejemplo de nuestros antepasados y repasar esos sermones claves a los que ya hemos hecho referencia. El sermón que Pedro pronuncia en Pentecostés, lo hace nada más recibir la plenitud del Espíritu Santo y lo que está predicando está saturado del poder de Dios. Notemos explícitamente cómo se menciona la fuente de donde Pedro saca el arrojo para plantarse frente al Sanedrín y hablar de Cristo: 'Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo...' (Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes y ancianos del pueblo,[…]Hechos 4:8).

Hay un componente en la predicación cristiana que la distingue de cualquier otro tipo de comunicación, ese componente es el denuedo. Eso fue lo que llamó la atención del Sanedrín en la forma de hablar de Pedro y de Juan (4:13); notemos que los creyentes oran para que lejos de asustarse por las amenazas de las autoridades 'con todo denuedo hablen tu palabra' (4:29), y una vez que fueron llenos del Espíritu Santo 'hablaban con denuedo la palabra de Dios' (4:31). Hay, pues, una relación directa entre ser llenos del Espíritu y predicar con denuedo.

Ese denuedo consiste en no estar atenazado por la inseguridad o el temor que un mundo hostil al evangelio puede provocar en nosotros, y en tener la libertad de hablar con confianza y valor, incluso con intrepidez, ante nuestra audiencia. Por eso Pablo pide a los efesios que oren por él para 'dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio... que con denuedo hable de él, como debo hablar.' (19 y orad por mí, para que me sea dada palabra al abrir mi boca, a fin de dar a conocer sin temor el misterio del evangelio, 20 por el cual soy embajador en cadenas; que al proclamar lo hable con denuedo, como debo hablar. […]Efesios 6:19-20). En las circunstancias personales que Pablo atravesaba, estando en la cárcel, esa petición de oración tiene toda la pertinencia, pues humanamente la tendencia sería callarse para no complicar más su situación. La predicación de Pablo, ya desde sus comienzos en la carrera cristiana estaba saturada de ese rasgo del denuedo (También hablaba y discutía con los judíos helenistas; mas éstos intentaban matarlo.[…]Hechos 9:29).

Conclusión
El origen de nuestra predicación está en Dios porque ha hablado, su origen registrado en la Sagrada Escritura, el contenido de ella ha de ser Cristo y la energía que la mueva ha de proceder del Espíritu Santo. Así pues, Dios, Cristo, el Espíritu Santo y la Biblia son el todo de la predicación cristiana.

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Fotografía: David Niblack