Teología

Introducción a las cartas generales

Códice de 1 Pedro (siglo III)
Códice de 1 Pedro (siglo III)
Los apóstoles eran evidentemente conscientes de estar inspirados por el Espíritu Santo en la composición de sus cartas. Esto se desprende de la autoridad con la que se dirigen a las congregaciones. Se sienten seguros de que su palabra es obligatoria para la conciencia; condenan en términos contundentes a aquellos que enseñan que cualquier otra doctrina proviene de Dios; elogian a todos los que siguen diligentemente sus instrucciones; pero también reprenden y censuran a los que se atreven a seguir otro curso. Si no fuera porque eran conscientes de la inspiración divina, se trataría de una arrogancia sobrecogedora; lo cual no concordaría con su vida de servicio y sus muchas expresiones de profunda humildad.

Además, hay varias declaraciones explícitas en las cartas que atestiguan el hecho de que los apóstoles eran conscientes de ser los instrumentos del Espíritu de Dios. Por ejemplo, Pablo afirma que el Espíritu le reveló las cosas ocultas de Dios, que también habló, no con palabras que enseña la sabiduría del hombre, sino con las palabras que el Espíritu enseña (10 Pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios. 13 de lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las enseñadas por el Espíritu, combinand[…]1 Corintios 2:10,13). Él afirma que lo que escribe son mandamientos del Señor (Si alguno piensa que es profeta o espiritual, reconozca que lo que os escribo es mandamiento del Señor.[…]1 Corintios 14:37); y de que Cristo habla en él (puesto que buscáis una prueba del Cristo que habla en mí, el cual no es débil para con vosotros, sino poderoso en vosotros.[…]2 Corintios 13:3). Le agradece a Dios que los tesalonicenses recibieran la palabra de su mensaje, no como palabra de hombre, 'sino como es en verdad, la palabra de Dios' (Por esto también nosotros sin cesar damos gracias a Dios de que cuando recibisteis de nosotros la palabra del mensaje de Dios, la aceptasteis no como la palabra de hombres, sino como lo que realmente es, la palabra de Dios, la cual también hace su ob[…]1 Tesalonicenses 2:13); y les exhorta a mantener las tradiciones que les fueron enseñadas por su palabra o por su carta. Pedro coloca la palabra de los profetas y la de los apóstoles al mismo nivel, como Palabra de Dios, en 10 Acerca de esta salvación, los profetas que profetizaron de la gracia que vendría a vosotros, diligentemente inquirieron e indagaron, 11 procurando saber qué persona o tiempo indicaba el Espíritu de Cristo dentro de ellos, al predecir los sufrimien[…]1 Pedro 1:10-12; y en otro lugar llama Escritura a las cartas de Pablo por implicación, y por lo tanto muestra claramente que también considera su propia carta un producto del Espíritu de Dios (15 Considerad la paciencia de nuestro Señor como salvación, tal como os escribió también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le fue dada. 16 Asimismo en todas sus cartas habla en ellas de esto; en las cuales hay algunas cosas difícile[…]2 Pedro 3:15-16). Juan escribe: 'Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. Por esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error' (Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.[…]1 Juan 4:6). Este lenguaje solo se entiende si lo que Juan habló son palabras de Dios.

Las revelaciones del Antiguo y el Nuevo Testamento discurren en líneas paralelas. En el Antiguo Testamento tenemos la revelación fundamental de la Ley en el Pentateuco; en el Nuevo Testamento, la revelación fundamental del evangelio en el cuádruple testimonio de los evangelistas. En el Antiguo Testamento siguen los libros históricos, que revelan las instituciones a las que dio origen la Ley; y en el Nuevo Testamento, sigue un libro histórico, que muestra cómo el evangelio de Jesucristo se encuentra encarnado en la Iglesia. Después encontramos en el Nuevo Testamento las cartas que revelan el funcionamiento de la verdad en las iglesias y contienen, en relación con la vida de las mismas, la interpretación del evangelio; por lo tanto, se corresponden en parte a los libros de experiencia del Antiguo Testamento, como Job, Salmos, Proverbios, etc., y en parte a los profetas como intérpretes de la Ley. Los evangelios contienen los hechos de la manifestación de Cristo; las cartas, sus efectos en la experiencia espiritual de las iglesias.

En las cartas vislumbramos la vida interior de las congregaciones; vemos, cómo reciben la verdad y en qué medida son guiados por ella en sus acciones. Contemplamos la vida cristiana en funcionamiento, obrando sobre los grandes principios que han recibido. Encontramos que algunos abrazan con entusiasmo la verdad y se esfuerzan por aplicarla consistentemente a la vida en sus múltiples formas; otros la captan pero imperfectamente y, como resultado, la aplican incorrectamente en la vida práctica; y otros se resisten a la verdad y la pervierten para su propia condenación.

El Nuevo Testamento contiene en total veintiuna cartas, que pueden dividirse en dos clases, a saber, las cartas de Pablo y las cartas generales, que son un grupo de siete cartas que en los manuscritos antiguos generalmente van inmediatamente después de los Hechos de los Apóstoles y, por lo tanto, preceden a las cartas de Pablo, quizás porque son las obras de los apóstoles más antiguos y en general representan el tipo de cristianismo judío. Una carta que no pertenece a ninguno de los dos grupos es la de Hebreos, porque al desconocerse su autoría no puede ser clasificada entre las de Pablo, pero al mismo tiempo tampoco se encuadra dentro de las cartas generales.

Se denominan generales, o también católicas, porque sus destinatarios no son una congregación particular sino los cristianos en general, aunque si se aplicara estrictamente ese criterio la tercera de Juan no cabría en este grupo. Se pueden clasificar así:
1. Las escritas a la comunidad cristiana: La carta de Santiago; las dos cartas de Pedro; la primera y segunda carta de Juan; la carta de Judas.
2. La escrita a un determinado individuo: La tercera carta de Juan.