Historia

LOS SACRAMENTOS

La doctrina sacramental católica necesitó de un largo proceso en el tiempo para llegar a ocupar el lugar central que tiene en la enseñanza oficial. Según la misma, un sacramento es un signo sagrado, instituido por Cristo, que otorga la gracia, habiendo siete: Bautismo, confirmación, penitencia, eucaristía, extremaunción, orden sacerdotal y matrimonio. Esos signos son cosas o acciones que comunican una idea. De la misma manera que una sonrisa o un ceño fruncido es una señal del sentimiento o una bandera es una señal de una nación o una palabra es una señal que transmite una idea, así los sacramentos contienen tanto palabras como acciones que juntas constituyen el signo sagrado. Pero los sacramentos en la teología católica no sólo son señales que comunican una idea sino que también producen lo que significan. Es decir, no sólo nos hacen conscientes de la vida espiritual sino que de hecho la producen dentro de nosotros. Por ejemplo, el agua del bautismo no sólo significa la vida espiritual de la cual el agua es símbolo sino que la produce. Igualmente el aceite que sirve para rejuvenecer el cuerpo, se usa en la confirmación para significar la fuerza que se recibe de este sacramento y la fuerza que se imparte en el mismo. De igual modo en la extremaunción se usa aceite, que es medicina. En ese sacramento el aceite es tanto el significado de la salud como la impartición de la salud al alma y al cuerpo. En otras palabras, los sacramentos confieren la gracia simplemente por ser realizados (ex opere operato), no queriendo decir eso que no importa la actitud del sujeto que los recibe, ya que es preciso que sean recibidos apropiadamente. Por ejemplo, el pecado mortal sería un obstáculo que impediría la recepción de la gracia que otorgan la confirmación, el orden, la eucaristía o el matrimonio. Por lo tanto ex opere operato significa que el sacramento en sí es eficaz y que no depende esa eficacia del estado de quien lo administra (sacerdote u obispo) sino que es Cristo quien los ejecuta.

En el desarrollo de la doctrina sacramental jugaron un papel fundamental los autores escolásticos. Hacia el siglo XI había una tendencia cada vez más pronunciada a creer que el signo es lo que significa (la posición 'realista'). Ratramno de Corbie en el siglo IX fue uno de los últimos escritores en describir la eucaristía como símbolo, siendo su enseñanza condenada en 1050. Él se opuso a Pascasio Radberto, quien llevó la postura 'realista' un paso adelante en la dirección de la transubstanciación. El último oponente de esta tendencia fue Berengario de Tours, cuya negación del realismo provocó definiciones añadidas, como la de Lanfranco. Finalmente, la transubstanciación fue adoptada como doctrina oficial en el IV concilio de Letrán, en 1215, enseñando que la sustancia del pan y del vino son convertidas (transubstanciadas) en la carne y sangre de Cristo.

El trabajo de sistematización de la enseñanza sacramental corrió a cargo de los autores escolásticos, como Pedro Lombardo en sus Sentencias, siendo culminado por Tomás de Aquino en su Suma Teológica. Durante este periodo también se desarrolló la enseñanza de que algunos de ellos producen un efecto indeleble en el alma, o que imprimen carácter, siendo los tales el bautismo, la confirmación y el orden, por lo que son irrepetibles.

En forma sumaria se podrían esquematizar así los siete sacramentos.

SacramentoMateriaFórmulaMinistroSujeto
BautismoAguaYo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.Sacerdote, aunque en necesidad extrema cualquiera.Cualquier ser humano
ConfirmaciónCrismaYo te signo con la señal de la cruz y te confirmo con el crisma de la salud. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.ObispoEl bautizado
PenitenciaConfesión y absoluciónYo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.SacerdoteBautizado que ha caído en pecado mortal.
EucaristíaPan y vinoEsto es mi cuerpo. Esto es mi sangre.SacerdoteBautizado en estado de gracia.
ExtremaunciónCrismaPor esta santa unción y por su piadosísima misericordia, te perdone Dios cuanto hayas hecho. Amén.SacerdoteBautizado en peligro de muerte.
OrdenImposición de manosSeñor, Padre Santo..., en la Antigua Alianza se fueron perfeccionando a través de los signos santos los grados del sacerdocio... cuando a los sumos sacerdotes, elegidos para regir el pueblo, les diste compañeros de menor orden y dignidad, para que les ayudaran como colaboradores... multiplicaste el espíritu de Moisés, comunicándolo a los setenta varones prudentes con los cuales gobernó fácilmente un pueblo numeroso. Así también transmitiste a los hijos de Aarón la abundante plenitud otorgada a su padre.ObispoVarón bautizado.
MatrimonioConsentimientoConsentimientoContrayentesBautizados.

A la par que el sistema sacramental se desarrollaba también lo hacía la jerarquización de la Iglesia, cosa lógica si se tiene en cuenta que la administración de los sacramentos estaba reservada a dicha jerarquía. De ahí que fuera imprescindible acudir a la misma para recibir cualquier clase de gracia.

El siguiente texto muestra la importancia dada a la confesión y las normas impuestas para su administración:

'Así pues, ya que la penitencia es la segunda tabla de salvación tras el naufragio, ordenamos que los sacerdotes exhorten al pueblo para que, si alguno pecare mortalmente, reciba la penitencia del propio confesor o de los Predicadores o Menores a quienes se les haya dado licencia para oír confesiones [...]
Y que los sacerdotes, cuando hayan de oír confesiones, elijan para sí un lugar adecuado, de modo que habitualmente sean vistos por todos. Pero, fuera de la iglesia, nadie oiga confesiones a no ser en caso de grave necesidad o enfermedad.
Además, mientras escucha la confesión, en razón de la debida consideración, el sacerdote tendrá una actitud humilde y los ojos hacia el suelo, y no mirará al rostro de los penitentes, especialmente a las mujeres. Escuchará pacientemente lo que dijeren, sobrellevándolos con espíritu benigno. No se sorprenderán de los actos cometidos por muy indecentes que fueren, sino que les persuadirá del mejor modo posible para que confiesen íntegramente[ ... ]
Oída la confesión, el confesor interrogará siempre al penitente si desea abstenerse de todo pecado. En otro modo no absuelva, ni imponga penitencia, ni en consecuencia confiese; y le amonestará para que entretanto haga cuanto bien pueda, porque no se puede imponer penitencia si el penitente no se propone firmemente no volver a pecar.
Al imponer penitencia cuidarán los sacerdotes de que ésta sea conforme a la gravedad de la culpa y las posibilidades del penitente [...] Deben imponer ayunos, limosnas, indulgencias, oraciones, peregrinaciones y similares. Exhórtenles para que ayunen en adviento y cuaresma, y que viernes y sábados no coman carne, salvo enfermedad; que observen los ayunos ordenados, y guarden las festividades de guardar, den diezmos y primicias, vengan a la iglesia con agrado, paguen íntegramente sus derechos a sus señores, pues de otra forma pecarán gravemente [...]
Asimismo ordenamos a los sacerdotes que reserven los pecados mayores a los más experimentados o más expertos en confesión, tales como homicidios, sacrilegios, pecados contra natura, incesto, estupro de monjas, ruptura de votos, violencias contra los padres, adulterios y similares. Y con la cautela que si los pecados muy graves fuesen públicos, los penitentes han de ser remitidos, de modo similar al penitenciario del obispo.
Asimismo, todos los incendiarios, maltratadores de clérigos o religiosos, simoníacos, los que llevan armas a los sarracenos [...], herejes, supersticiosos, [...] sacrílegos y quienes blasfeman o maldicen a Dios, a los santos o, sobre todo, a la Santísima Virgen, deberán ser enviados ante el obispo [... ]
En los casos de hurto, rapiña y fraude los sacerdotes pondrán atención de no imponer penitencia si no restituyen previamente lo que deban, porque no puede ser perdonado el pecado si previamente no es restituido lo quitado [...]
Asimismo cuidarán los sacerdotes de no averiguar los nombres de las personas con quienes hayan pecado los penitentes, sino solamente las circunstancias y condiciones.
Ningún sacerdote osará revelar una confesión, pública ni privadamente, por ira, odio, o amenaza de muerte. Si lo hiciere, sea depuesto [...]
Provea el sacerdote de modo que cada parroquiano confiese al menos una vez al año, especialmente en cuaresma [...] y después comulgue en la fiesta de Pascua [...]'
(Pedro de Albalat, Summa septem sacramentorum)