Milagros

Aceite milagroso

Aceite milagroso
los expertos afirman que el aceite usado fue el kaneh-bosem, un extracto cannábico utilizado en los primeros días de la Iglesia cristiana
Uno nunca acaba de sorprenderse de la capacidad que los seres humanos tenemos para enturbiar lo diáfano, enrevesar lo sencillo y buscarle tres pies al gato. Es el caso que hace algún tiempo se publicó la siguiente noticia en los medios de comunicación:
Un grupo de investigadores bíblicos de los EE UU cree que existe una relación entre las curaciones realizadas por Jesús, referidas en el Nuevo Testamento, y el uso de un aceite derivado del cannabis con propiedades terapéuticas. Según publica en Internet la BBC, Jesús podría haber utilizado un aceite basado en esta planta para aliviar a pacientes aquejados con dolencias artríticas o lisiados. En concreto, los expertos afirman que el aceite usado fue el kaneh-bosem, un extracto cannábico utilizado en los primeros días de la Iglesia cristiana. Los investigadores explican que este aceite es absorbido por el organismo cuando se aplica sobre la piel, lo que podría haber ayudado a tratar a personas aquejadas por distintos problemas físicos y mentales.

Durante dos mil años los cristianos hemos estado desvariando creyendo que lo que Jesús hacía era gracias al poder con el que Dios le había investido y ahora resulta que todo se debía a la acción milagrosa del aceite del hachís ¡Vivir para ver!. Menos mal que por las investigaciones y conclusiones de estos expertos ahora sí tenemos luz para entender el por qué de los milagros de Jesús. Verdaderamente es asombroso lo que puede hacer el hachís; hasta ahora habíamos pensado que sólo servía para "colocar" a la gente pero resulta que además de eso tiene poderes terapéuticos. Esto es toda una revolución comparable al descubrimiento del fuego, al invento de la rueda o a la fabricación del chip. Deben tomar nota inmediata de ello todos los organismos oficiales que trabajan en la salud pública y comenzar a aplicar el remedio sin más demora. Hay naciones que de la noche a la mañana van a cambiar su categoría de tercermundistas por la de nuevas potencias productoras del aceite milagroso, como es el caso de Marruecos, que posee enormes extensiones de cultivo (ir a Ketama, y pasar allí una semana colgados, era el sueño de mis amigos en los años 70). Habrá que variar también la composición del G-7 (los siete países más poderosos del mundo), pues algunos de los actuales habrían de abandonar su membresía en ese selecto club para cederla a los productores de cannabis. Tampoco será únicamente el petróleo la causa de tantas guerras e intereses ocultos sino que además la cuestión girará en torno a la producción, control y comercialización del cáñamo índico. Hasta en Wall Street aparecerá en las pantallas de cotización el producto de marras compitiendo con los valores tradicionales. Y para finalizar, con sus poderes sobre las enfermedades mentales, el aceite supondrá la desaparición de la psiquiatría.

Pero... parece que algo no cuadra, con perdón de la prestigiosa BBC y de los expertos investigadores bíblicos que han llegado a tal conclusión, porque en mi corto entender esas aseveraciones crean más problemas que resuelven. Por ejemplo, no alcanzo a vislumbrar cómo es posible que lisiados quedaran instantáneamente sanados por la aplicación del ungüento; porque una de las cosas que maravillaban a la gente era esa precisamente: lo súbito de la sanidad; no era un proceso paulatino de mejoría, sino que allí, delante de ellos mismos, el cojo saltaba, el paralítico brincaba y los endemoniados hallaban liberación inmediata. Y si el aceite era el remedio para casos de lisiados, enfermos y endemoniados, ¿Qué pócima usaba Jesús para levantar a los muertos, dar vista a los ciegos, sanar a los leprosos o andar sobre las aguas? ¿De qué brebaje echó mano para multiplicar los panes y los peces? ¿Y qué recurso misterioso empleó cuando hizo algunos milagros a distancia, sin que hubiera contacto físico entre el enfermo y Jesús? Preguntas y más preguntas que el líquido elemento no puede responder.

Todo esto me hace pensar y llegar a varias conclusiones:

  • La primera es lo fácilmente que se adjudica hoy la categoría de experto -en ocasiones se trata de un mero apelativo al que fácilmente se recurre- y que tiene mucho de mito y poco de sustancia; las más de las veces se trata de un calificativo hueco que se añade para dar credibilidad a alguna noticia o afirmación, de forma que la veracidad de la cuestión quede, a priori, ya establecida simplemente por añadir la palabra experto. ¡Claro, si lo ha dicho un experto será verdad!
  • La segunda es que, incluso en el caso de que los expertos verdaderamente lo sean, pueden decir y hacer colosales sandeces. No olvidemos que fueron expertos, con títulos y diplomas, los que condenaron a Jesús a ser crucificado: Expertos en jurisprudencia romana, expertos en la ley de Moisés, expertos en las cuestiones religiosas, expertos en los asuntos legales, expertos en los asuntos seculares.
  • La tercera que deduzco es que incluso los medios de comunicación serios y prestigiosos, y no sólo la prensa amarilla o la rosa o la arco iris, pueden difundir semejantes falacias bajo su acreditada cobertura, dando la impresión al lector de estar ante algo irrebatible, pues lo ha dicho un experto en un medio serio.
  • La cuarta es cuán predispuestos estamos los humanos a creer lo increíble con tal de no aceptar lo creíble; es decir, lo que es razonablemente creíble lo rechazamos sobre la base de un pretendido raciocinio para, al final, acabar defendiendo lo que es irracional. ¡Toda una contradicción en términos!

Prefiero quedarme con la verdad que me relatan estos inexpertos: Mateo, Marcos, Lucas o Juan, en los evangelios; es más sólida, es más razonable, es más creíble. El texto bíblico arriba citado sale al paso de lo que estamos diciendo: Dios Padre ha ocultado la verdad a los soberbios y ha alumbrado el entendimiento de los humildes, de manera que los expertos son los auténticos ignorantes y los indoctos son los verdaderos sabios. ¡Gloria a Dios por ello!

Contenido relacionado