Justicia

Acoso y derribo a la Justicia

Acoso y derribo a la Justicia
Tres recientes sucesos en España que aparentemente no están relacionados entre sí, tienen sin embargo un denominador común. El primero es el deterioro de la administración de Justicia, reflejado en que hay actualmente 270.000 causas penales estancadas a causa de la precariedad de medios. Las imágenes de los juzgados atestados de documentos, con funcionarios rodeados, desbordados y asediados por papeles a ser tramitados, hablan por sí mismas. Si una imagen vale más que mil palabras, entonces esas montañas de papel, que se erigen mastodónticas ante la pequeñez de los empleados, bien pueden ser esa valiosa imagen. Si esto sucediera en un país del Tercer Mundo sería entendible, pero que pase en un país que gracias a su potencial económico quiere formar parte del selecto grupo del G-8 es algo que cuesta trabajo comprender. Si pasara en la administración de un hipotético Ministerio para la Protección del Sapo Partero podría pasarse por alto, pero que ocurra en el de Justicia va más allá de lo tolerable. Porque si uno de los tres pilares fundamentales de cualquier Estado es la Justicia, resulta alarmante ver el lamentable estado en el que la nuestra se encuentra. Más paradójico, si cabe, es constatar los grandes recursos dedicados a los otros dos pilares del Estado, al no escatimarse gastos para el Congreso de los Diputados (poder legislativo) ni para el palacio de la Moncloa (poder ejecutivo), de manera que nada falte en esos dos centros de poder.

Así pues, en este taburete de tres patas que ha de sostener al Estado nos encontramos con que una de ellas está atrofiada en comparación con las otras dos, con lo que el equilibrio de dicho Estado no parece muy sólido. No comprendo cómo todavía hay quien no cree en la providencia de Dios, es decir, en esa continuada actividad divina por la cual él sostiene las cosas de aquí abajo. ¡Si no fuera por esa providencia, hace ya mucho tiempo que todo esto se hubiera ido al garete!

El segundo suceso ha sido la muerte de una niña de cinco años, Mari Luz, a manos de un pederasta que andaba suelto tras haberle sido dictada condena, provocando un escándalo mayúsculo que ha puesto en evidencia las grandes lagunas que el ejercicio de la justicia padece en España. Porque ¿es comprensible que las policías del mundo estén conectadas unas con otras por medio de organismos internacionales como INTERPOL y que los juzgados españoles no lo estén entre sí para unificar datos y aplicar sentencias? Verdaderamente inconcebible. Y dado que la Justicia institucional no funciona como debería, se hace necesario que personas de a pie, como el padre de Mari Luz, encarnen el sentido de la justicia y celo por la misma, alzándose como sus auténticos valedores.

Un par de reflexiones sobre el padre de Mari Luz, quien es gitano y pastor evangélico, representando así a dos colectivos minoritarios en España, sobre los que imperan el fácil estereotipo peyorativo en el primer caso y el desconocimiento o la desinformación en el segundo. La primera es que Juan José Cortés ha demostrado que es posible ser gitano y culto y que es posible ser gitano y no regirse por la ley de la represalia personal, rompiendo así con dos grandes lastres que han pesado secularmente sobre ese pueblo, como son la marginalidad y la visceralidad. Es fácil suponer que su fe evangélica ha tenido una influencia decisiva en ese cambio. La segunda es que Juan José Cortés ha colocado en una digna posición a los evangélicos ante la sociedad española. Aquello por lo que tantos dirigentes evangélicos españoles suspiran, esto es, dar una buena imagen y causar una buena impresión en la sociedad, lo ha logrado Juan José Cortés. Claro que el precio ha sido terrible. Lo cual está en consonancia con la reflexión de Jesús de que el logro es consecuencia de la pérdida 1, algo que tenemos la tendencia a olvidar, pretendiendo lo uno sin lo otro.

El tercer suceso han sido las declaraciones de María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno, quien estaba ‘horrorizada’ al darse cuenta de que se fotografió en Níger, por supuesto sin saberlo, con un empresario que tiene tres esposas. Ese horror hacia lo de fuera sería justo si fuera acompañado por el horror hacia lo de dentro. Porque ¿no le horroriza que en España se produzcan más de cien mil abortos al año? Pues no, porque eso es un derecho. ¿Y no le horroriza que dos personas del mismo sexo se casen en España y a eso se le llame matrimonio? Tampoco, porque eso es igualdad. ¿Y no le horroriza que el divorcio se haya convertido en una verdadera plaga en España? Ni un ápice, porque eso es progresista. Es decir, lo que hace el gobierno del que ella forma parte, en el campo familiar, es magnífico, mientras que lo que hacen los nigerinos, en ese mismo campo, es horroroso. Lo triste es que quien así razona no sólo es vicepresidenta del Gobierno sino también doctora en Derecho. Se hace urgente recuperar el contenido de las palabras antes de que sea demasiado tarde y en vez de hablar de doctores en Derecho hablar de legos en Derecho y doctores en Tortuosidad. Me pregunto qué diría el vicepresidente de Níger si en visita a España se hiciera una foto, sin saberlo, con personas próximas a nuestra vicepresidenta que son gays. ¿Tendría derecho a sentirse horrorizado después?

El texto bíblico superior, que me he atrevido a traducir, hace referencia a cuatro grandes conceptos que en el tiempo de Isaías estaban en declive: juicio, justicia, verdad y autenticidad. Me temo que sean los mismos que en nuestro tiempo están bajo mínimos. Y es que el problema es de mayor calado que el de unas cuantas computadoras y más personal que agilizarían el trabajo en los juzgados. El problema, en esencia, no es tecnológico ni económico sino moral, porque el fallo comienza con un concepto errado de lo que es justo, que en lugar de estar sustentado en lo verdadero está sustentado en la ideología. Mientras eso no se corrija, y no hay visos de ello, las cosas seguirán igual o peor.

1 En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto.[…]Juan 12:24