Mejorar mi vida cristiana

Año nuevo... ¿Vida nueva?

Año nuevo... ¿Vida nueva?
El año nuevo ha llegado y de su brazo viene el inseparable tópico que lo acompaña: Año nuevo, vida nueva. Los fumadores empedernidos, asediados ahora por todas partes se propondrán, una vez más, dejar de fumar. Los amigos del buen comer, constatando que la báscula ha registrado minuciosamente cada uno de los excesos de esta Navidad, resolverán volver a la disciplina del severo régimen alimenticio. Y con todos los grandes o pequeños vicios que nos dominan determinaremos acabar con ellos, de una vez y para siempre, al comenzar el año nuevo.

Y así lo comenzaremos con renovadas ilusiones puestas en librar la batalla, hasta ahora inconclusa, que nos permita alzarnos con la victoria sobre esto o aquello. Pero ¡ay! las hojas del calendario irán cayendo y con ellas irán menguando nuestras fuerzas y nuestra voluntad disminuyendo, para pronto descubrir que estamos en la misma condición con la que despedimos el año. Y nuestros viejos fantasmas seguirán ahí: Impertérritos, desafiantes y hasta crecidos como nunca antes. De manera que todo indica que estamos abocados a un repetitivo estado de buenas resoluciones y decepcionantes tropezones.

¿Es esto todo lo que podemos esperar? ¿No hay manera de salir de este círculo de buenas intenciones vencidas a las primeras de cambio? ¿Es la vida un conjunto de ilusiones que están más allá de nuestro alcance y que, aun así, necesitamos creer que las vamos a alcanzar, como ocurre con el asno al que el jinete pone la zanahoria por delante para que ande? Si es así, tarde o temprano acabaremos en el agujero del cinismo o en el hoyo del derrotismo.

Pero hay un pasaje bíblico que nos proporciona una guía para no terminar de esa manera. Es el que dice: ‘Así dijo el Señor: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.’ (Así dice el SEÑOR: Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por los senderos antiguos cuál es el buen camino, y andad por él; y hallaréis descanso para vuestras almas. Pero dijeron: "No andaremos en él."[…]Jeremías 6:16). En el mismo se nos habla de un verdadero comienzo, pero que tiene unos condicionantes, sin los cuales nunca se producirá. Son los siguientes:

  1. Pararse. En un mundo agitado y frenético como el que vivimos que gira a velocidad de vértigo, detenerse parece una pérdida. Y sin embargo, es ahí por donde hemos de empezar.

    ¿Cuándo hemos de pararnos? Cuando estamos perdidos y no sabemos donde estamos. O cuando damos vueltas y vueltas en círculos sin sentido. O cuando andamos por andar. O cuando caminamos por sendas peligrosas, por despeñaderos abruptos. O simplemente cuando seguimos la corriente que siguen los demás, sin saber por qué. Entonces, es imprescindible saber pararse.

    ¿Por qué hemos de pararnos? Porque podemos malgastar toda nuestra vida, tiempo y energía en caminos que llevan al desastre.

  2. Mirar. Mirar es inquirir adentro; o sea reflexionar, evaluar y hacer balance. Significa un ejercicio de introspección, de examen de conciencia. No es fácil esto e incluso puede ser doloroso, al descubrir que nuestra vida en conjunto no pasa el examen. Tal vez el suspenso es global porque no hay ni una sola asignatura que hemos aprobado. O tal vez el suspenso es parcial, en una sola, pero siempre la misma, la asignatura pendiente que nos trae de cabeza.

    De la misma manera que los marinos en la antigüedad echaban la sonda para comprobar la profundidad de las aguas por las que estaban navegando no fueran a encallar, así es necesario sondear nuestra conciencia no sea que naufraguemos en el mar de la vida.

  3. Preguntar. Preguntar es un ejercicio de humildad, porque es un reconocimiento de la propia ignorancia, de la propia limitación. Y también es la admisión de que hay otros que saben lo que yo ignoro. Pero lo mismo que ocurre cuando estamos perdidos en una gran ciudad, que muchos no saben o incluso nos dan una indicación equivocada, así acontece con los asuntos de la vida: No todo al que preguntemos está cualificado para dar la respuesta correcta; por eso hay muchos ciegos guiando a ciegos. Es decir, además de preguntar hay que saber a quién preguntar. Pero preguntar exige también saber hacer las preguntas correctas, pues sólo aquel que sabe hacer las preguntas correctas obtendrá las respuestas correctas. En el pasaje citado se habla de preguntar por las sendas antiguas, o sea, las imperecederas. La senda del arrepentimiento y la conversión a Dios, el sendero del temor de Dios, la vereda de la consagración y el servicio. Esas son las sendas por las que hemos de preguntar. También se habla del buen camino; nótese el artículo determinado en singular. Es decir, que a pesar de Machado sí hay camino y no un camino cualquiera sino el camino por excelencia.
  4. Andar. Una vez que hemos encontrado la respuesta a nuestra pregunta, hemos de ponernos en movimiento, en marcha. La fe especulativa es una fe muerta, la fe que no se traduce en acción ni siquiera es fe, de la misma manera que un cadáver ya no es una persona.

Como resultado de todo ello hay una promesa: Descanso para nuestra alma. Eso es exactamente lo mismo que prometió Jesús. Por eso, ahora que estamos comenzando un nuevo año es preciso hacer un alto en el camino, mirar, preguntar y andar para poder descansar.