
Pues lo que sucedió el 11-S ocurrió en el corazón de la casa, en la mismísima sala de estar, poniendo así en evidencia la vulnerabilidad del gigante y sus deficiencias. Además, lo de Cuba consistía simplemente en una amenaza y una provocación, en un pulso entre dos superpotencias, pero aquí se trataba de un ataque a la yugular. Y mientras la crisis de los misiles era cuestión de borrosas fotografías aéreas en blanco y negro, servicios secretos y alta diplomacia en los despachos, el 11-S era retransmitido en directo en nítida televisión en color a todo el mundo. Ahí no había ni trampa ni cartón y las imágenes lo decían todo. El presuntuoso sueño de la CNN de retransmitir en directo el Día del Juicio Final tenía su amargo contrapunto al tener que retransmitir en directo el día de la humillación de la superpotencia estadounidense.
Sí, se habían quedado demasiadas cosas en el aire, demasiados fantasmas sueltos, demasiadas preguntas, demasiada inseguridad, demasiado miedo, demasiados enemigos diseminados... y había que dar una respuesta contundente, un golpe de efecto, un gran escarmiento que volviera a poner las cosas en su sitio. Que no quedara la más mínima duda, primero en la mente de los ciudadanos norteamericanos mismos, luego en la de sus mortales enemigos y después en el resto de las naciones, acerca de quién tiene la sartén por el mango. De ahí que la guerra de Irak fuera una necesidad psicológica, una especie de auto-afirmación y de reafirmación: Auto-afirmación respecto a sí mismo, reafirmación respecto a los demás. Era también cuestión de imagen, una imagen que había quedado en entredicho con el descalabro del Pentágono y las Torres Gemelas, una imagen que había que regenerar por encima de todo. Y como la televisión es el imperio de la imagen y por la televisión el mundo vio una imagen menoscabada de los EE.UU., por la televisión también el mundo tenía que ver la imagen recobrada del poder y la hegemonía de los EE.UU. Y es que la cuestión de la imagen, de dar buena imagen, de recuperar la imagen, no sólo preocupa a las personas individuales, a los partidos políticos y a otras entidades sociales, sino también a los Estados. Sumando todos estos factores y otros añadidos, la guerra de Irak estaba decidida hubiera armas de destrucción masiva o no; si las había mejor que mejor, así habría un argumento que daría el peso de la razón para embarcarse en el conflicto y quitaría todo fundamento a los adversarios del mismo, pero si no las había daba igual, pues ya se tenían suficientes argumentos para declarar la guerra.
El texto bíblico arriba citado habla de dos tipos de guerra: Una convencional y otra de destrucción masiva. La guerra convencional tiene unos pasos estipulados:
- La paz es la primera opción.
- Cuando la propuesta de paz ha fracasado la guerra es justificable.
- Los no combatientes gozan de inmunidad.
Mas en contraste con este tipo de guerra está la guerra de destrucción masiva, caracterizada por los siguientes puntos:
- Su objetivo son determinados pueblos y sólo ellos: Los pueblos cananeos.
- No hay pasos estipulados ni opciones por la paz que presentar.
- No hay inmunidad para nadie absolutamente. Precisamente porque es una guerra de destrucción masiva.
Creo que hay una verdad detrás de la idea de destrucción masiva: Hay algo que no es mejorable, ni reformable, ni convertible, ni aprovechable. Es algo perverso en sí mismo, origen de todo lo maligno, que se opone y levanta contra Dios y sus planes, que le hace la guerra y destruye eternamente a los seres humanos. Ese algo es el pecado. Dios lo aborrece y está en una guerra de destrucción masiva contra él; no hay posibilidad de acuerdos, ni pactos, ni coexistencias pacíficas. Ese mismo odio santo es el que debemos sentir y expresar los cristianos. Esa guerra de destrucción masiva fue la que Dios ejecutó en el Calvario, dando muerte a nuestros pecados en Cristo, hecho pecado en lugar nuestro. Es la misma guerra que nosotros hemos de continuar por la mortificación de las semillas y rescoldos de pecado que quedan en nosotros. ¡Bendita guerra de destrucción masiva!