
Sí, en aquella ocasión un poder oscuro oscureció la claridad original del lenguaje, a fin de extender su nocivo poder. Desde entonces, los poderes de este mundo vuelven una y otra vez a usar esa misma estrategia que ya desde el principio resultó ser tan eficaz. En esa manipulación del lenguaje está el origen de la mentira. Esto significa que la mentira no es una entidad en sí misma, sino solamente la tergiversación de la verdad. Mientras que la verdad no necesita de la mentira para existir, la mentira sí necesita de la verdad, al ser nada más que su burda manipulación. Esto es muy importante tenerlo en cuenta, porque significa que la mentira no tiene base de sustentación; en España decimos que tiene las patas muy cortas, aunque en realidad se puede decir que, de hecho, ni siquiera tiene patas que la sostengan.
Es decir, con la mentira ocurre algo semejante a lo que sucede con el mal. Agustín de Hipona desmontó el argumento maniqueo de que puesto que el bien y el mal son entidades en sí mismas, ambas deben ser eternas; pero él razonó que el mal no es una entidad en sí misma sino ausencia del bien, al igual que la oscuridad no tiene esencia porque es solo carencia de luz. Por lo tanto, la mentira no es sustancia sino defecto, corrupción o privación de la verdad. El primer fabricante de la mentira fue denominado por Jesús ‘padre de mentira’3 y sus seguidores son tal cual él es.
Pero vayamos a lo que nos ocupa, a la búsqueda de una definición de tolerancia. El significado etimológico procede de tŏlĕrans, vocablo latino que significa que soporta, que resiste, el cual a su vez viene de tŏlĕrō, que significa llevar, soportar, sostener. Por lo tanto, hay algo pesado, dificultoso y hasta penoso que la tolerancia sobrelleva. El sentido del término no quiere decir que la tolerancia lo aprueba, sino que es la ocasión para ejercer su fuerza mediante esa capacidad que tiene de sufrir lo que de otra manera sería insufrible. Y aquí es donde la tolerancia se da la mano con su prima hermana la paciencia, que procede de pătĭentĭa, esto es, aguante, resistencia, que a su vez nace de pătĭens, cuyo significado es que soporta, que sufre. La tolerancia es, pues, paciente, no siendo eso una señal de debilidad sino todo lo contrario, una señal de poder. Lo verdaderamente débil es la impaciencia, que no tiene capacidad de resistencia y a la mínima explota. Ya vamos viendo, pues, que la tolerancia está relacionada, por vía de aguante, con lo que es malo y pernicioso, lo mismo que la paciencia, ya que lo que es bueno no es necesario sobrellevarlo pues no crea ninguna dificultad; al contrario, las disipa.
En esta familia preciosa, en la que ya hemos encontrado a la tolerancia y a la paciencia, hallamos una tercera prima hermana de ambas que se llama condescendencia. Procede de cum dēscendō, esto es, ponerse al mismo nivel. Pero no al mismo nivel de algo más elevado sino de algo más bajo, inferior. La condescendencia desciende escalones, sabiendo que de otra forma lo que está más bajo nunca podrá llegar hasta donde está ella. La intención al hacer eso es doble: por un lado, simpatizar, en el sentido etimológico de ‘sentir con’, con lo que está hundido y arruinado para que sienta su calor y ánimo, pues nada hay más terrible, para lo que está sumido en el hoyo, que la carencia de una mano amiga que lo rodee por encima del hombro transmitiéndole cercanía; el otro motivo es sacarlo de ese hoyo hacia regiones más elevadas de luz y vida.
Finalmente, esta familia tiene un cuarto miembro que se llama longanimidad, de longus ănĭma, es decir, grandeza de alma o también grandeza de ánimo. Porque ¿cómo ser tolerante hacia lo vil y cómo ser paciente con lo maligno y cómo ser condescendiente con lo miserable si no se tiene grandeza de alma, es decir, longanimidad? Ya que el deseo profundo de la longanimidad es que lo vil, lo maligno y lo miserable sea recuperado y tornado en noble, bueno y honroso.
Así pues, la tolerancia se entiende cuando la conocemos a ella y a sus primas hermanas: la paciencia, la condescendencia y la longanimidad. Cuatro bellezas deslumbrantes. Nada que ver con esa impostora, que en realidad es una prostituta cuyo verdadero nombre es lubricidad, prima hermana de falsedad, emparentada con debilidad y permisividad, pero que bajo el nombre de tolerancia algunos hoy nos quieren vender.
1 pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás.[…]Génesis 2:17
2 Y la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: "No comeréis de ningún árbol del huerto"?[…]Génesis 3:1
3 Sois de vuestro padre el diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre. El fue un homicida desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso[…]Juan 8:44
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