Mejorar mi vida cristiana

Desnudez

Desnudez
Está de moda. Un día sí y otro también alguien se desnuda para llamar la atención, reivindicar, protestar, exhibirse o "hacer arte". Los naturistas para reclamar playas en las que ejercer su filosofía, los enemigos de las corridas de toros para protestar contra las mismas, los amantes de las dos ruedas para celebrar el Día de la Bicicleta, los adversarios del comercio de pieles de animales para sensibilizar a la opinión pública sobre este asunto, los contrarios a la globalización para reivindicar un mundo más justo, los antagonistas de la guerra para reclamar la paz... Famoso se ha hecho un fotógrafo por sus instantáneas de desnudos masivos realizadas en grandes urbes: cientos de cuerpos anónimos amasados en amplios espacios. Y por ahí anda un individuo que no pierde ocasión de exhibirse en campos de fútbol, canchas de tenis o carreras ciclistas. Es la exaltación y la socialización del desnudo. Si ya estaba presente en ciertos ámbitos muy concretos y con límites muy definidos, la actual marea ha roto todas las cotas establecidas y la desnudez pública ya comienza a formar parte de nuestra vida cotidiana. El factor amplificador que la televisión tiene no hace sino aumentar el efecto y emular los ejemplos. Ya no se trata solamente del mundo de la publicidad, del cine o de la moda; no es cuestión únicamente de aspirantes a actriz o a modelo o de consagradas divas de la canción o del celuloide; el vuelco consiste en que cualquiera, en cualquier lugar y por cualquier motivo se desnuda.

El desnudo se podría clasificar en varias categorías:

  • Se pude hablar del desnudo perverso, que básicamente es el desnudo de la pornografía. Hay una componente de maldad implícita en el mismo, ya desde su origen, al fomentar la alineación o la fabricación de un mundo irreal plasmado en el papel o en la pantalla. La manipulación que ejerce sobre la voluntad y la imaginación del individuo, subyugándolas, termina por convertir al sujeto pasivo en cómplice y en juguete dominado, a merced de las poderosas fuerzas que actúan mediante el sujeto activo. No hay nada sano ni beneficioso aquí, más bien todo lo contrario. La divisa de Catón el Viejo con la cual terminaba sus discursos (234-149 a.C.), "Delenda est Carthago" ("Cartago debe ser destruida"), deberíamos hacerla nuestra de esta manera: "La pornografía debe ser destruida". Si hubo Estados que percibieron el peligro mortal que determinadas prácticas suponían para la sociedad en conjunto y el individuo en particular, no veo razón alguna para no incluir a esta clase de desnudo entre los agentes corrosivos y corruptores de cualquier sociedad.
  • También se puede hablar del desnudo vejatorio. Es aquel que ocurre contra la voluntad del individuo y en el cual entrarían las violaciones, humillaciones y degradaciones de la persona por medio de su cuerpo y violando su voluntad. Las escenas en los campos de exterminio nazis en los que hombres y mujeres eran expuestos desnudos ante los ojos de sus verdugos, serían un claro ejemplo de esto. Aquí habría que incluir también los casos de violación sexual en los que el cuerpo de la víctima es usado y abusado en contra de su consentimiento. Algunos de los crímenes más horrendos comienzan sometiendo a la persona a un desnudo vejatorio. Lo sorprendente es que los autores de desnudos vejatorios (a quienes la sociedad claramente condena moral y judicialmente) se alimentan de desnudos perversos (los cuales la sociedad tolera). He aquí un flagrante caso de hipocresía social.
  • Otra clase sería el desnudo pretencioso. Este es el que pretende tener una base filosófica que sustente su legitimación. Dicho fundamento filosófico se resumiría en la frase "Lo natural es bueno". Es el desnudo de los naturistas y de todos aquellos que, apartándose y condenando los desnudos perversos y vejatorios, defienden que la desnudez natural es el estado idóneo del ser humano. Según ellos, todos los problemas sexuales comenzaron con la ropa, al crearse un artificio que esconde lo que no hay razón de esconder. A primera vista el argumento parece contundente y si su axioma fuera verdadero todos deberíamos ser naturistas. El problema es que su punto de partida, "Lo natural es bueno", no refleja la realidad, pues hay algo (o mucho) de torcido en la naturaleza humana, no por vía de aprendizaje o adquisición, sino congénitamente. La idea del "salvaje feliz" hace mucho tiempo que pasó a mejor vida y el héroe de Edgar Rice Burroughs (1875-1950), Tarzán, es sólo un personaje de novela y del cine.
  • Una cuarta categoría sería el desnudo cultural, manifestado en determinados lugares y pueblos en los que la desnudez es parte intrínseca de su cultura. De todos los desnudos vistos hasta aquí es el único que no se da en Occidente y el único al que, en términos estrictos, no se puede calificar de inmoral sino de amoral.
  • Finalmente, una quinta clase sería el desnudo inocente, y cuyo ámbito es el matrimonio. La desnudez se casa con la bondad y la limpieza sólo dentro del matrimonio. Sólo allí hay libertad, sólo allí paz, sólo allí ternura, sólo allí confianza, sólo allí seguridad, sólo allí amor. Es la clase de desnudez que en la Biblia se canta sin tapujos: "Los contornos de tus muslos son como joyas, obra de mano de excelente maestro. Tu ombligo como una taza redonda que no le falta bebida. Tu vientre como montón de trigo cercado de lirios. Tus dos pechos, como gemelos de gacela." (1 ¡Cuán hermosos son tus pies en las sandalias, oh hija de príncipe! Las curvas de tus caderas son como joyas, obra de manos de artífice. 2 Tu ombligo, como una taza redonda que nunca le falta vino mezclado; tu vientre como montón de trigo cercado de[…]Cantares 7:1-3).

El texto bíblico que encabeza este artículo nos propone un tipo de desnudez desconocido para la inmensa mayoría: Es el despojarse de máscaras y justificaciones, no delante de nuestros semejantes sino delante de nuestro Creador. Es abrirse a su mirada, es ponerse en su presencia, es desnudarse delante de él. Esta clase de desnudez acaba en honra, gloria y salvación porque comienza reconociendo la vergüenza y la indignidad propia. Esta es la desnudez que, individual y colectivamente, necesitamos desesperadamente ejercer si no queremos ser avergonzados un día.