
Uno de los grandes factores de cambio histórico han sido sin duda los libros; tanto en el ámbito individual como colectivo sería imposible entender la historia del mundo sin los mismos y la influencia, que para bien o para mal, han ejercido y ejercen. De hecho, el mismo autor del Quijote comienza el relato de su obra con la delirante influencia que los libros de caballerías ejercen sobre el hidalgo; pero aunque Don Quijote es un personaje de ficción, Cervantes transmite una gran verdad por su medio: un libro puede ser determinante en la vida de una persona. Pasando a la realidad, son innumerables los individuos cuyas vidas fueron definitivamente influidas por los libros; por poner dos casos, sirvan los ejemplos de Ignacio de Loyola, cuya carrera militar se trastocó en otra religiosa por la lectura de ciertos libros en un período de convalecencia, y el pionero de las misiones protestantes modernas, William Carey, quien fue profundamente afectado por su afición a los libros geográficos y de viajes durante su adolescencia y juventud.
También en la esfera colectiva los libros marcan épocas, configuran civilizaciones y forman naciones. De hecho, dos libros están en la base del conflicto de Oriente Medio que tiene al mundo en vilo, conflicto cuyas consecuencias no pueden eludir ni siquiera los que no creen en ninguno de los dos. De manera que el poder del libro es una realidad universal y omnipresente. No es extraño que el comunismo, para su difusión, multiplicara las rotativas por doquier y que la Reforma tuviera en la imprenta a uno de sus grandes aliados para su desarrollo. Los grandes movimientos ideológicos y espirituales, pues, han tenido y tienen en los libros su fundamento y crecimiento.
Curiosamente, el libro más universal de todos no tiene título y el título con el que es conocido es un sustantivo común sin más: libros, esto es, Biblia. Pues bien, en uno de esos libros, el Apocalipsis, se mencionan los cuatro libros más importantes para el ser humano: el libro de la revelación, el libro de los decretos, el libro de las obras y el libro de la vida.
- El libro de la revelación o de la comunicación de Dios
"Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca." (Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de la profecía y guardan las cosas que están escritas en ella, porque el tiempo está cerca.[…]Apocalipsis 1:3).
El libro de la revelación es, precisamente, ese mismo libro de Apocalipsis, pero por extensión tal denominación se puede aplicar a toda la Biblia en su conjunto. Notemos que hay una promesa de bienaventuranza con relación a la recepción del Libro (leer u oír) pero vinculada a la aplicación personal (guardar) de su mensaje. Por lo tanto, sin Biblia nos quedamos casi a oscuras en cuanto al conocimiento de Dios y sólo nos queda el conocimiento parcial que la creación nos da y el engañoso que nuestras elucubraciones nos proporcionan. - El libro de los decretos o de la soberanía de Dios
"Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos." (Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.[…]Apocalipsis 5:1).
Es el libro en el que se hallan los propósitos eternos de Dios. Son propósitos cuyo conocimiento está más allá de nuestra capacidad (libro sellado); son propósitos completos, a los que nada se puede añadir (libro escrito por dentro y por fuera); son propósitos inalterables (puestos por escrito); son propósitos sostenidos por el poder de Dios (mano derecha); y son propósitos de bendición (mano derecha). Ese Libro sólo por Cristo es desvelado y puesto en ejecución; él y sólo él, por su muerte y resurrección, tiene la categoría de estar a la altura de tal libro. - El libro de las obras o de la justicia de Dios
"Y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras." (Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono, y los libros fueron abiertos; y otro libro fue abierto, que es el libro de la vida, y los muertos fueron juzgados por lo que estaba escrito en los libros, según sus obras.[…]Apocalipsis 20:12).
Este es un libro terrible porque testifica contra nosotros de la manera más incontestable. Allí, de forma personal y detallada, se hallan registrados pensamientos, actos y palabras. Lo profundo y lo oculto allí es patente. De manera que la condenación es justa, pues está basada en nuestras obras; nadie se condena por otro y nadie puede achacar a nadie su culpa; cada sentencia es personal, cada sentencia es imparcial, cada sentencia es justa. - El libro de la vida o de la gracia y el amor de Dios
"No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero." (y jamás entrará en ella nada inmundo, ni el que practica abominación y mentira, sino sólo aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero.[…]Apocalipsis 21:27)
Si el anterior, el de las obras, era el libro de la condenación, éste, el de la vida, es el libro de la salvación. Nótese que ese libro existe porque hay un Cordero; es decir, hay salvación porque Cristo ha vertido su sangre y aquéllos que se han acogido a la misma son inscritos, como ciudadanos de la Jerusalén celestial, en ese libro. Si la condenación nos sucede por nuestras obras, la salvación nos viene por Cristo.
De estos cuatro libros, y solamente de estos cuatro, pende tu destino y mi destino eterno. Que podamos ser verdaderamente cultos, o sea cultivados, por las enseñanzas que se desprenden de ellos.