Salvación

El Jubileo de la Misericordia y la suplantación de identidad

El Jubileo de la Misericordia y la suplantación de identidad
el mundo de las creencias trascendentales, el que tiene que ver con Dios, la fe, la religión y lo espiritual, se presta a la perfección para que se produzca la suplantación de identidad
Entre los muchos engaños que abundan por Internet se encuentra el de la suplantación de identidad, que consiste en hacerse pasar por quien no se es, para conseguir algún tipo de ganancia mediante el fraude. El remitente se presenta como si fuera determinada entidad o persona, pareciendo a primera vista que en efecto lo es, aunque un examen cuidadoso revela que detrás de la pretendida identidad hay otra totalmente distinta, con fines inconfesables. Y así sucede que lo que parecía ser genuino no es más que un montaje y una engañifa.

Si bien en nuestro mundo tecnológico la suplantación de identidad anda a la orden del día, eso no significa que haya sido un descubrimiento de los hackers ni de los internautas malintencionados, porque dicha estratagema es tan antigua como la humanidad. En concreto, el mundo de las creencias trascendentales, el que tiene que ver con Dios, la fe, la religión y lo espiritual, se presta a la perfección para que se produzca la suplantación de identidad.

Por ejemplo, el espiritismo, en esencia, no es más que una colosal suplantación de identidad, en la que sugestiones mentales o espíritus demoníacos se hacen pasar por los muertos a los que están invocando quienes quieren ponerse en contacto con ellos. De este modo, los invocadores se introducen en el terreno del ocultismo, exponiéndose a la manipulación espiritual que es característica peculiar del mundo de las tinieblas.

Pero no solamente la suplantación de identidad ocurre en sectores residuales que nada tienen que ver con el mundo de la religión organizada. Con motivo del próximo Jubileo de la Misericordia en la Iglesia católica, el papa Francisco ha autorizado a los sacerdotes a que perdonen el pecado del aborto a aquellas personas que, arrepentidas, confiesen haberlo realizado; entendiendo que tal autorización es sólo válida para el periodo que dure el Jubileo, pasado el cual ya no hay perdón para ese pecado. Es decir, que es él quien decide qué pecados pueden ser perdonados y durante cuánto tiempo pueden serlo. Si hay un caso de suplantación de identidad clamoroso en la religión, el del papado lo es, al pretender ocupar el lugar que Dios tiene.

Menos mal que por encima de Francisco está Dios, quien ha prometido que mediante el arrepentimiento y la fe en Jesucristo, cualquier persona, aun el pecador más notorio, puede recibir el perdón de todos sus pecados, sin importar si ese arrepentimiento coincide con una festividad religiosa o no o si tiene autorización eclesiástica o no. Por lo menos así lo declaró aquél a quien Francisco considera su primer antecesor en el cargo, cuando afirmó: "Todos lo que en él [Jesucristo] creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre."1 Nadie puede, ni el mismo Francisco, poner restricciones en cuanto al qué y al cuándo de ese perdón, ya que Dios no lo pone.

Esa generosa amplitud del evangelio, que otorga al pecador que se arrepiente la cancelación total de su culpa, supone que el poder de las llaves2 no puede invocarse para poner límites al perdón de los pecados. Entonces ¿qué quiere decir el poder de las llaves? Es la potestad que Jesucristo ha dado a su Iglesia para proclamar el evangelio, de que todo aquel que se vuelva a Dios y ponga fe en su Hijo recibirá perdón, mientras que el que persista y se obstine en su pecado, la ira de Dios está sobre él. Esa potestad se ejerce cuando se predica la Palabra, como cuando Pedro lo hizo en Pentecostés o en casa de Cornelio. O como cuando cualquier predicador actual lo hace fielmente. También es la potestad que la Iglesia tiene para disciplinar a sus miembros que viven en pecado, no para retirarles la posibilidad de recibir el perdón, sino para corregirlos y amonestarlos a fin de que cambien de manera de vivir.

Pero la Iglesia católica se ha excedido en las atribuciones del correcto sentido del poder de las llaves y se ha arrogado a sí misma facultades que no le competen, como es la potestad de perdonar la culpa del pecado, lo cual es competencia exclusiva de Dios. De ahí la suplantación de identidad que Francisco ejerce.

Lo grave en el problema de la suplantación de identidad es que la persona engañada queda a merced del suplantador y de su falso mensaje. Si fuera meramente un engaño monetario, la pérdida se limitaría a algo material. Pero como el señuelo se produce en el terreno de las creencias, entonces el perjudicado puede perder algo de infinito valor, como es la oportunidad de recibir la liberación de las ataduras del pecado y también de las ataduras que doctrinas de hombres han elaborado, respecto a esa liberación del pecado.

¡Qué maravilloso Jubileo de la Misericordia es el que Cristo nos da y qué tergiversación del mismo es el que proponen los hombres! Es la diferencia que hay entre el evangelio y el derecho canónico.

1 De éste dan testimonio todos los profetas, de que por su nombre, todo el que cree en El recibe el perdón de los pecados.[…]Hechos 10:43
2 Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos.[…]Mateo 16:19