
El profeta Amós (siglo VIII antes de Cristo) fue un hombre de una determinada nación, Judá, que fue enviado por Dios con un mensaje para la nación vecina, Israel. Ahora bien, ambas naciones habían sido una sola nación a lo largo de los siglos, hasta que se separaron unos 160 años atrás. Desde entonces cada una de las dos entidades políticas, el reino del Norte (Israel) y el reino del Sur (Judá), habían tomado caminos diferentes, siendo continuas las disensiones y enfrentamientos entre ambas. Aunque la legitimidad estaba de parte del reino de Judá, Dios había querido que la división se produjera a causa de los pecados que cometió Salomón, lo cual no significaba que Dios se complaciera con el derrotero que había tomado el reino desmembrado, ya que fabricó una falsa religión independiente, para no tener nada en común con el reino rival. Así pues, la quiebra de la unidad a todos los niveles y los sentimientos hostiles entre ambas entidades eran todo lo profundos que podían ser.
En ese escenario es en el que le tocó vivir a Amós; pero no sólo como un espectador pasivo sino como un protagonista activo. No era una tarea fácil a la que fue llamado, ya que como representante de los del sur pisaba un terreno muy delicado al hablar a los del norte. Sus palabras se mirarían con lupa y cualquier paso en falso podría ser fatal. Tal vez lo mejor hubiera sido que Dios hubiera llamado a alguien del norte para hablar a los del norte. Así no habría el peligro del prejuicio nacionalista. Pero no; Dios llamó a uno del sur para hablar a los del norte. Desde nuestra perspectiva este procedimiento lo consideraríamos un error, ya que Amós no reunía los requisitos de imparcialidad necesarios y sus interlocutores nunca lo recibirían como alguien neutral. De entrada, Amós lo tenía todo en contra. Y sin embargo, fue a él a quien Dios mandó con un mensaje para sus suspicaces vecinos.
Cuando alguien se mueve en terreno donde los sentimientos nacionalistas son muy pronunciados, hay dos posibilidades en las que es fácil caer. Una es la de ser tan políticamente correcto que, aun a sabiendas de las tropelías que se están cometiendo, lo mejor es callar para no meter la pata ni ser blanco del furor de los nacionalistas. Es el acomplejamiento que recorta el mensaje y mide las palabras, hasta el punto de eliminar todo lo que pudiera ser ofensivo. La otra es provocar gratuitamente la contienda, hurgando en la herida y regocijándose en el ajuste de cuentas.
Pero Amós no cayó en ninguno de esos dos extremos, superando ambos mediante un método que es infalible: Ser fiel a la palabra que Dios le había dado. Es decir, Amós no fue al reino del norte para agradar o desagradar a sus vecinos, sino para decir lo que Dios le había dicho que dijera. No fue con las ideas humanas que él tenía hacia los del norte, que eran tal vez las que predominaban entre la gente del sur, sino que fue con las ideas que Dios le comunicó. Lo que ellos hicieran con ese mensaje era su responsabilidad; la de Amós era la de ser leal a la misión recibida.
Hay que destacar que antes de predicar su duro mensaje contra los del norte, Amós dio un repaso a las naciones vecinas paganas (Siria, Filistea, Edom, etc.)1, condenándolas por los pecados de crueldad, inhumanidad y violación de los principios más elementales. Pero lo sorprendente, y que da credibilidad a su mensaje contra los del norte, es que pronuncia una reprobación no menos severa contra su propia nación, el reino del sur2, lo cual significa que Amós no se mueve por categorías humanas de simpatía patriótica sino por la norma suprema, que es la ley de Dios.
A continuación proclama el juicio contra los del norte, exponiendo las razones que lo sustentan, que tienen que ver con la violación tanto de la primera tabla como de la segunda de la ley de Dios. Las denuncias de Amós se suceden en catarata, tanto contra los gobernantes como contra los gobernados. Pero él no sólo anuncia la condenación, también presenta la solución para escapar del juicio y que no es otra que la búsqueda de Dios3; ese Dios al que los del norte dejaron tiempo atrás, para no quedar identificados con los del sur. Así pues, Amós no sólo presenta el lado oscuro en su mensaje, el de condenación, también el aspecto luminoso, el de la posibilidad de salvación.
Ante las visiones de destrucción sobre los del norte que Dios le muestra4, Amós intercede para que no derrame su ira sobre ellos. He aquí a un hombre que, de nuevo, no anda según los planteamientos nacionalistas humanos, por los que se regodearía en que por fin le llega la hora a estos miserables del norte, sino según la compasión que viene de Dios.
Con todo, su mensaje no fue recibido, precisamente porque los del norte consideraron que la intencionalidad que movía al profeta era torcida y que el rigor anunciado no era sino la expresión del odio visceral que los del sur tenían hacia los del norte. Por eso, el sacerdote le mandó que se marchara a su tierra y le profetizara a los suyos5, ya que se había equivocado de nación con su mensaje. Ese rechazo fue la soga que ellos mismos se echaron al cuello.
Con todo, Amós tiene algo más que anunciar. A pesar de la obstinación de ellos, que va a recibir su justa remuneración, su profecía termina con una palabra de gracia, sobre la futura restauración de lo que ahora está caído. Una promesa de bendición6, que Jacobo, en el Nuevo Testamento, aplica al evangelio7. Y es que en definitiva los nacionalistas del signo que sean, y también los anti-nacionalistas, están necesitados de la gracia del evangelio, sin la cual no hay más perspectiva que un lóbrego futuro.
1 1 3 Así dice el SEÑOR: Por tres transgresiones de Damasco, y por cuatro, no revocaré su castigo, porque trillaron a Galaad con trillos de hierro. 4 Por eso enviaré fuego sobre la casa de Hazael, y consumirá los palacios de Ben-adad. 5 También romperé[…]Amós 1:3-2:3
2 4 Así dice el SEÑOR: Por tres transgresiones de Judá, y por cuatro, no revocaré su castigo , porque desecharon la ley del SEÑOR y no guardaron sus estatutos; también les han hecho errar sus mentiras, tras las cuales anduvieron sus padres. 5 Enviaré, […]Amós 2:4-5
3 Buscad al SEÑOR y viviréis, no sea que El prorrumpa como fuego, oh casa de José, y consuma a Betel sin que haya quien lo apague;[…]Amós 5:6
4 1 Esto me mostró el Señor DIOS: He aquí, El formaba enjambre de langostas cuando comenzaba a brotar la cosecha de primavera. Y he aquí, la cosecha de primavera era después de la siega del rey. 4 Esto me mostró el Señor DIOS: he aquí, el Señor DIOS ll[…]Amós 7:1,4
5 Y Amasías dijo a Amós: Vete, vidente, huye a la tierra de Judá, come allí pan y allí profetiza;[…]Amós 7:12
6 11 En aquel día levantaré el tabernáculo caído de David, repararé sus brechas, levantaré sus ruinas, y la reedificaré como en tiempo pasado, 12 para que tomen posesión del remanente de Edom y de todas las naciones donde se invoca mi nombre --declara […]Amós 9:11-12
7 DESPUES DE ESTO VOLVERE, Y REEDIFICARE EL TABERNACULO DE DAVID QUE HA CAIDO. Y REEDIFICARE SUS RUINAS, Y LO LEVANTARE DE NUEVO,[…]Hechos 15:16
Copyright de la imagen: