
Pero parece que con los aprietos económicos no hemos prestado ninguna atención al significado original de la palabra crisis. Tal vez alguien dirá que eso no resuelve el problema. Pero es al contrario, es la falta de reflexión sobre el significado de los grandes conceptos lo que está detrás de los grandes fracasos.
Cuando miro en el diccionario de sinónimos las palabras relacionadas con crisis encuentro las siguientes: dificultad, peligro, riesgo, trance, brete, aprieto, compromiso, apuro, ruina, crac, depresión, recesión. Es decir, las esperadas. Todas ellas asocian crisis con problemas y complicaciones. Y sin embargo no es ése el significado original de la palabra. Crisis es un préstamo lingüístico que entró en diversas lenguas, algunas nada emparentadas entre sí, procedente de la palabra griega krísis. Así en latín existe crĭsis, en vasco krisi, en francés crise, en alemán krise, en inglés crisis y en español crisis.
El verbo griego de donde se deriva krísis aparece ya en la Ilíada (siglo IX a. C.) en un párrafo que dice: ‘…Demeter, ayudada por los aechadores y por el viento, separa (kríne) el grano de la paja…’1. Es decir, en su sentido básico el término indica la acción de ‘separar’ o ‘cribar’. Pero lo que en principio era un verbo de acción para labores agrícolas se trasladará a las esferas intelectuales de la actividad humana, llegando a adquirir el significado de ‘evaluar’ y de ahí ‘decidir’, ‘resolver’, hasta alcanzar la esfera legal y forense para significar ‘juzgar’. Así llegamos al Nuevo Testamento, donde el término krísis es ya definitivamente un concepto bien definido con el significado de ‘juicio’, esto es, la ‘sentencia’ o ‘veredicto’ de un juez y también la ejecución de dicha sentencia, es decir, la ‘condenación’.
Concretamente en el evangelio de Juan el vocablo krísis y sus derivados aparecen en treinta y una ocasiones, lo cual demuestra que Juan no es ese evangelista azucarado que algunos han pretendido hacer de él. Al contrario, si hay alguien que tiene algo que decir sobre el juicio y la condenación es él. Sus referencias sobre esas cuestiones pueden dividirse en dos categorías:
- Las que tienen que ver con la sentencia de juicio y condenación presente, que ya pende sobre aquellos que rechazan creer en Jesús2.
- Las que tienen que ver con la sentencia de juicio y condenación futura en el día final, sobre aquellos que se obstinaron en vida en sus malas obras3. Esta sentencia definitiva es el resultado último de la anterior.
Si hacemos caso del significado etimológico de la palabra ‘crisis’ tanto fuera como dentro del Nuevo Testamento, llegamos a estas dos conclusiones: primera, que no coincide con lo que nosotros pensamos cuando escuchamos la palabra; segunda, que se trata de algo absolutamente necesario, tan necesario como es que exista el juicio que hace separación entre lo malo y lo bueno, castigando lo primero y vindicando lo segundo.
Dos términos derivados de ‘crisis’ serían ‘criterio’ (juicio, discernimiento) y ‘crítica’ (examen, censura). De la misma manera que la ‘crisis’ es necesaria, también lo es el ‘criterio’, pues gracias al mismo nos diferenciamos de los animales y de los robots; del mismo modo la ‘crítica’, que es el filtro con el que se tamiza lo verdadero de lo falso, es totalmente imprescindible para no confundir y mezclar contrarios.
España está bajo una crisis de gran envergadura. Y lo está no porque la economía vaya de mal en peor sino porque como nación estamos bajo el juicio (crisis) de Dios. Es una nación que ha endurecido su oído y corazón para no atender al evangelio, entregándose de lleno al materialismo más rampante y adorando lo que no es Dios. Ha tergiversado los criterios morales universales más elementales. En los tiempos de prosperidad no le ha dado las gracias al Creador, antes al contrario, se ha atribuido a sí misma sus logros, embarcándose en una búsqueda de la satisfacción personal por encima de todo.
Pero esta crisis económica puede que no sea después de todo tan negativa, porque nos muestra que los dioses en los que confiábamos (prosperidad y vida a todo tren), no tenían base de sustentación. Nos enseña que todo aquello que considerábamos esencial, en realidad era solamente una añadidura que nos fue dada por la bondad de Dios. Nos demuestra que todo nuestro atavío sólo eran una pobres hojas de higuera que nos cubrían, pero cuando el viento ha soplado con algo de fuerza esas hojas han volado y nuestras vergüenzas han quedado al descubierto.
Ahora es el momento de hacer cuentas y balance, yendo a la raíz del problema y buscando a Dios, por si todavía hubiere remedio. De esa manera escaparemos de la peor de las crisis, que es estar bajo el justo juicio de Dios.
1 Ilíada V, 500
2 El que cree en El no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.[…]Juan 3:18
3 y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio.[…]Juan 5:29