
Es por esta razón que hay auténticos "bodrios" que se han logrado introducir en el mercado como si fueran verdaderas maravillas, gracias a una poderosa campaña publicitaria en la que se han invertido ingentes cantidades de dinero, hasta el punto de que la hegemonía comercial la tiene no quien posee la calidad sino quien detenta los recursos para promocionarse. De esa filosofía que pone el acento en el mensaje solo hay un paso a la mentira y el engaño, ya que el mensaje es factible de ser manipulado a fin de que surta efecto. Por eso con contundencia se afirma que de tal o cual producto se han comprobado científicamente sus bondades, hasta el punto de ser imprescindible para nuestra salud, aunque tal afirmación en realidad no tenga ningún fundamento científico, salvo el que científicos bien pagados quieran darle. Y así se cumple el axioma de que no importa lo bueno que el producto sea, con tal que sea bien conocido. ¡Cómo han cambiado las cosas en el mundo de los negocios! ¿Qué ha quedado de aquel viejo adagio que decía: 'El buen paño en el arca se vende', que ponía el acento en la excelencia del producto?
Pero el lema publicitario de Atocha tiene otra lectura, si lo aplicamos al terreno de lo personal, hasta el punto de convertirse en toda una filosofía de vida, al enseñar que lo que verdaderamente importa no es el valor de la persona en sí sino su imagen, entendiendo por imagen la proyección sobre los demás de los aspectos más atractivos y destacables del carácter. Es decir, lo que prima por encima de todo es el protagonismo y la exaltación del yo, no el mérito intrínseco. Algo más que se desprende de esa manera de pensar es que hacer algo bueno y quedar en el anonimato es un fracaso sin paliativos.
El problema con esa filosofía es que al estimular el engrandecimiento personal como valor supremo, promueve la egolatría, lo que conlleva la búsqueda de uno mismo a expensas de cualquier otra cosa. Cuando ese pensamiento se lleva a extremos puede suceder que alguien piense que la mejor manera de ser conocido y recordado, incluso a escala mundial, es liarse a tiros en algún lugar público con todo aquel que se ponga por delante. U otro puede deducir que la mejor manera de impactar y ser tenido en cuenta es realizar algún acto que conmocione a la opinión pública y colgarlo en Internet. Cualquier cosa, con tal de salir del anonimato.
La auto-glorificación personal fue la causa de la primera caída que hubo en el universo1 y sin duda sigue siendo la causa de la ruina a nivel individual y colectivo. Es una filosofía desastrosa, desde cualquier punto de vista.
Pero la antigua máxima que afirma: 'Comer mucha miel no es bueno, ni el buscar la propia gloria es gloria'2 está llena de sabiduría. Porque la gloria verdadera nunca puede ser la que procede de nosotros mismos, que es vanagloria, ni la que nos puedan otorgar los hombres, sino la que viene de Dios. Una gloria imperecedera y sublime. Esa es la gloria que Jesús obtuvo mediante el auto-anonadamiento, auto-despojamiento y auto-vaciamiento de sí mismo3. Justo el camino opuesto al eslogan de Atocha.
1 13 Pero tú dijiste en tu corazón: "Subiré al cielo, por encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono, y me sentaré en el monte de la asamblea, en el extremo norte. 14 "Subiré sobre las alturas de las nubes, me haré semejante al Altísimo." […]Isaías 14:13-14
2 No es bueno comer mucha miel, ni el buscar la propia gloria es gloria.[…]Proverbios 25:27
3 7 sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. 8 Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. […]Filipenses 2:7-8