
Preguntas y más preguntas para tratar de averiguar por qué no hay respuesta. Pero como la razón de la ausencia de respuesta sólo la conoce el destinatario, el remitente se queda sumido en la duda y preguntándose si habrá hecho o dicho algo que esté mal. Y es que el silencio es prácticamente imposible de interpretar o puede ser interpretado en tal variedad de alternativas que dejan al sujeto emisor ante infinitas conjeturas y especulaciones, que son tan inútiles como enojosas. Tales son los efectos producidos por la ambigüedad del silencio.
Es sabido que una de las cuestiones más molestas en el trato con la administración pública es el llamado silencio administrativo. Esto es, cuando se hace una solicitud y el tiempo pasa sin que haya contestación alguna. ¿Estará nuestra solicitud en marcha, en medio de un mar de papeles, en algún despacho en espera de que alguien la lea o le ponga un sello? ¿O se habrá quedado metida en algún cajón para dormir el sueño eterno allí? Ese silencio ¿quiere decir un no? Y si no es así ¿es un sí? ¿O no es ni lo uno ni lo otro? ¿Obedece el silencio a la desidia o a la mala voluntad? Y con este cúmulo de preguntas el solicitante se queda perplejo sin saber a qué atenerse, porque no hay manera de entender qué quiere decir ese silencio administrativo, ya que ni el más agudo exégeta puede interpretarlo.
Por eso estoy sumamente agradecido de que Dios, a diferencia de los hombres, no se esconde en el silencio y no nos abandona a la torturante tarea de inquirir lo que no puede ser comprendido. Sí; Dios ha hablado y se ha revelado a sí mismo para que podamos conocerle y al hacerlo ha disipado las especulaciones estériles que terminan en un callejón sin salida. Eso no quiere decir que no haya silencios en Dios, pues está escrito: 'Las cosas secretas pertenecen al Señor nuestro Dios.1' Lo cual deja claro que él se ha reservado parcelas que no va a compartir con nadie, siendo una temeridad que alguien pretendiera sondearlas. Pero nada más decir eso, el texto añade: 'Mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre.' Y esas cosas reveladas son las suficientes que necesitamos saber sobre las cuestiones vitales de nuestra existencia.
Se ha dicho, con razón, que hay dos libros mediante los cuales Dios ha hablado. Uno es el libro de la creación, por el que las cosas que existen proclaman la existencia de su Hacedor, quien es sabio, pues funcionan admirablemente, y poderoso, pues las hizo de la nada. Pero además de ese libro de sus obras está el libro de su Palabra, en el que ha dado testimonio de sí de una manera mucho más detallada, mostrando el propósito que desde antes de la creación del mundo concibió en su mente.
Que es intrínseco a Dios no guardar silencio se aprecia al considerar que uno de los nombres de la segunda persona de la Trinidad es el Verbo2. Esa denominación, Verbo, es bien elocuente, porque muestra en toda su intensidad que es propio de Dios comunicarse y hablar. Y para ponerse a nuestra altura, ese Verbo se hizo hombre para que pudiéramos comprender lo que quería decirnos.
Ese mismo Verbo hecho hombre experimentó el atormentador silencio de Dios, cuando en la cruz exclamó: 'Dios mío, Dios mío ¿por qué me has desamparado?'3 Una pregunta que no obtuvo respuesta, por la sencilla razón de que en ese momento él estaba soportando el peso de nuestro pecado, una de cuyas consecuencias es no recibir respuesta de Dios.
Dios te está mandando un mensaje, un correo por así decirlo, y es de importancia suprema que lo abras y respondas adecuadamente al mismo, porque de no hacerlo, a diferencia de lo que ocurre en la comunicación humana, el perjudicado no será el emisor sino el destinatario, o sea tú, ya que en ese mensaje están las claves para que puedas salir del atolladero de perdición en el que te encuentras.
1 Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios, mas las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley.[…]Deuteronomio 29:29
2 En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.[…]Juan 1:1
3 Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: ELI, ELI, ¿LEMA SABACTANI? Esto es: DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUE ME HAS ABANDONADO?[…]Mateo 27:46