La Ascensión: Apoteosis de Cristo

la Ascensión sí es un "puente", pero espiritual, entre la cancelación del pecado y el recibimiento de la bendición.
Uno de los indicadores más fiables para conocer el estado espiritual de una iglesia y de una nación es fijarse en sus fiestas, siendo probablemente ésa la prueba que demuestra de forma más concluyente cuán alejada está España de Dios. Las fiestas lo son, siempre y cuando nos provean "puentes" para nuestro ocio, es decir, cuando caigan en martes, jueves o viernes, de manera que podamos unir esos días con el sábado y domingo anterior o posterior. Por eso todavía reconocemos como fiestas la Navidad y la Semana Santa, pues nos suministran suficientes días para nosotros mismos. Son esos números rojos en el calendario puestos en medio de la semana que ensanchan nuestras expectativas viajeras, abren nuestros horizontes de diversión y despliegan nuestra imaginación consumista. Eso, y sólo eso, merece ser conceptuado como fiesta. De ahí que toda fecha que no sirva a esos fines, no importe la dimensión espiritual o histórica que pueda tener, simplemente no es digna ni de ser tenida en cuenta. Lo más triste es que esa manera de entender las fiestas ya está alojada en la mente y el corazón de muchos cristianos.

Me gustaría fijarme en una fiesta olvidada, de ésas que no aparecen en rojo en el calendario y por lo tanto está condenada a pasar sin pena ni gloria: la fiesta de la Ascensión. La Ascensión tiene una doble vertiente, en el sentido de ser culminación y preámbulo al mismo tiempo; es culminación de la Resurrección, pues el Resucitado va a abandonar el escenario de su humillación, este mundo, para entrar en el escenario de su exaltación, el cielo, y es preámbulo porque es condición sine qua non para el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés. Así pues, la Ascensión es una transición imprescindible, colocada entre dos grandes pivotes del plan de salvación: la expiación del pecado (certificada por la resurrección de Cristo) y la bendición por antonomasia (dada por Cristo en Pentecostés). Es decir, la Ascensión sí es un "puente", pero espiritual, entre la cancelación del pecado y el recibimiento de la bendición.

Sobre la base de los textos arriba citados quisiera deducir algo sobre la naturaleza y significado de la Ascensión:

  • Naturaleza de la Ascensión. "Y fue llevado arriba al cielo." La Ascensión consiste en la traslación del cuerpo de Jesús de la tierra al cielo. Todos los actos fundamentales del plan de salvación: encarnación, muerte, sepultura, resurrección, ascensión, estar a la diestra del Padre y segunda venida, tienen que ver con la realidad del cuerpo de Jesús. Si el cuerpo de Jesús, en alguna de esas etapas, no es real, automáticamente nuestra salvación tampoco es real, de manera que podemos decir con toda certeza que la fe cristiana descansa sobre la realidad del cuerpo del Hijo de Dios. La Ascensión, pues, no es un mito o una ensoñación de los primeros cristianos ni tampoco la trasmigración de su alma a las regiones superiores: es la traslación del cuerpo, es decir, de la humanidad del Hijo de Dios, de la tierra al cielo. Decir menos que eso es errar. Ese cuerpo es sujeto de primera magnitud en todas las fases de la historia de la salvación.
  • Significado de la Ascensión. La Ascensión tiene, al menos, un triple significado en lo que respecta a Cristo.
    1. Cristo Señor. En la mitología griega, la apoteosis (literalmente deificación) era el acto de reconocimiento en el Olimpo de la dignidad de dioses a los héroes. Pues bien, salvando las distancias, en la Ascensión tenemos la verdadera apoteosis, la de Cristo, en el sentido de que su humanidad es glorificada de forma pública, al hacer su entrada triunfal en el cielo. Ante Dios, y estando presentes todas las jerarquías angélicas, él entra en el palacio celestial para recibir los honores que le son debidos. Como Dios que era, él no precisaba de ninguna apoteosis, pero como Dios hecho hombre sí. Es decir, la Ascensión es la toma de posesión oficial de Cristo de su Señorío sobre todo el universo, el reconocimiento público de su encumbramiento sobre toda la creación.
    2. Cristo Sacerdote. La Ascensión es la demostración de que tenemos al mejor mediador posible, el Hijo de Dios hecho hombre, en el mejor lugar posible, el santuario celestial, haciendo la mejor tarea posible, interceder a favor de los suyos. No necesitamos de otros mediadores: santos, vírgenes, pontífices, etc. Es más, cualquier otro supuesto mediador es culpable de pretender compartir algo con Aquel que no delega con nadie tal privilegio.
    3. Cristo Hombre. En las cosmogonías paganas cielo y tierra son dos realidades separadas: la primera, morada de los dioses inmortales, la segunda, de los hombres mortales. Son dos esferas sin comunicación entre sí. Pero he aquí que la Ascensión es la demostración palpable de que un hombre ha entrado en el cielo; y si un hombre ha entrado quiere decir que cielo y tierra no son entidades contrapuestas y enfrentadas sino que un día el cielo se llenará de hombres (varones y mujeres). Eso sólo ha sido posible porque uno que era inmortal y celestial se hizo terrenal y mortal para que los terrenales y mortales podamos alcanzar la inmortalidad celestial. La Ascensión es señal del futuro que aguarda a los redimidos.

¿Es, pues, una fiesta sin pena ni gloria la Ascensión? Para los paganos sí, porque no está en rojo en el calendario, pero en el calendario de Dios, y ese es el calendario que definitivamente importa, es de categoría superior. Gocémonos y festejémosla..