Salvación

La muerte de la muerte

La muerte de la muerte
Claro que el intento no resuelve nada, porque aunque queramos reírnos de la muerte, al final es la muerte la que se ríe de nosotros. Y ya se sabe que el que ríe el último, ríe mejor. Por eso necesitamos algo diferente al cinismo para poder vencer a la muerte.
Hay dos actitudes muy extendidas hacia la muerte, pero que son totalmente contrarias. Una es de pánico y la otra es de frivolidad. La de pánico ha estado siempre presente, porque la muerte ha sido el enemigo espantoso contra el que nada se puede hacer y que no se contenta con llevarse una parte del botín, sino que arrampla con todo. En nuestros tiempos esa actitud se ha multiplicado en intensidad, dado que el edificio que hemos levantado está construido con el ladrillo del bienestar y la prosperidad, el cual se viene abajo totalmente ante la acometida implacable de la muerte, que destruye totalmente esos proyectos reduciéndolos a nada.

La actitud de frivolidad tampoco es totalmente nueva, pero ahora es posible constatarla de una manera cada vez más patente, con la celebración de Halloween, ya consagrada mundialmente, en la que la muerte se convierte en motivo de chanza y risa. Lo llamativo es que lo uno y lo otro, el pánico y la frivolidad, conviven en nuestro medio. Y así vemos que aunque una noticia sobre la posible aparición de una epidemia de ébola o zika provoca terror, eso no impide que, a finales de octubre, nos tomemos la muerte a broma.

Aunque pensándolo bien, tal vez estos dos polos opuestos se necesitan y retroalimentan, porque dado que es insoportable contemplar a la muerte en su macabra desnudez, lo mejor es disfrazarla de juerga y mofa. Claro que el intento no resuelve nada, porque aunque queramos reírnos de la muerte, al final es la muerte la que se ríe de nosotros. Y ya se sabe que el que ríe el último, ríe mejor. Por eso necesitamos algo diferente al cinismo para poder vencer a la muerte.

Y ese algo, por sorprendente que parezca, es la muerte misma. No es extraño que lo que constituye el problema sea también la solución, porque así sucede en otros aspectos de la vida, donde el veneno mortal es curado mediante un antídoto procedente del propio veneno.

Esa muerte que vence a la muerte es la muerte de Cristo. Se trata de una más de las muertes que ha habido en la historia de la humanidad, pero es única por muchas razones.

En primer lugar es necesaria. A diferencia de las demás muertes, que no era menester que sucedieran, porque de no haber habido pecado no habría muerte, ésta es imprescindible. Así como es necesaria la muerte del testador para que la herencia quede disponible para los herederos, así es necesaria la muerte de Cristo, para que la salvación del pecado se haga realidad1.

En segundo lugar es voluntaria. Todas las muertes son involuntarias, ya que la muerte no es una elección, sino una imposición. Ni siquiera el suicida escoge la muerte, a lo sumo escoge el momento y el modo, pero no la muerte en sí. Es decir, como mucho, podemos aceptar la muerte o resignarnos a ella. Pero en el caso de Cristo estamos ante una muerte escogida, porque como él mismo dice pone su vida; nadie se la quita, sino que de sí mismo la pone2. Esa voluntariedad la convierte en eficaz, ya que solamente los actos voluntarios tienen valor; los forzosos no sirven para nada, razón por la cual las muertes de animales sacrificados no tenían ninguna eficacia, porque les faltaba ese elemento de voluntariedad.

En tercer lugar es propiciatoria. La justicia de Dios exige el castigo por el pecado; su ley quebrantada demanda que el delito sea condenado. Y aquí es donde entra de lleno el valor propiciatorio de la muerte de Cristo, que satisface la justicia y la ley de Dios, al asumir Cristo ese castigo y condena en su muerte3.

En cuarto lugar es plan de Dios. Si ni un pajarillo cae a tierra sin que Dios lo consienta, ¿cómo no va a estar dirigido por Dios el acontecimiento más importante de la Historia? No fueron los hombres los que determinaron aquel suceso que desembocó en la cruz, ni tampoco fue Satanás quien ideó el plan, sino que todo obedece al propósito de Dios4, que, usando de manera insondablemente sabia los planes de los hombres, llevó a cabo su propio plan.

En quinto lugar es una muerte vicaria. Cristo muere en lugar de otros. Lleva la condenación de otros. La cruz donde Cristo muere no era su cruz; estaba preparada para otro que merecía morir en ella5. La preposición ‘por’, que significa ‘en lugar de’ es bien significativa, cuando Jesús dice que ha venido ‘para dar su vida en rescate por muchos.’6

En sexto lugar es un epílogo y un prólogo. Su muerte es el punto y final de la vieja creación, sometida al dominio abrumador de la muerte, pero es el prólogo, por su resurrección, de la nueva creación, al ser la cabeza de una humanidad nueva, sobre la cual la muerte no tiene poder, siendo él las primicias.

Esta es la muerte que salva del pánico y del cinismo. Del terror y de la frivolidad. Pero más allá de eso, salva del pecado y del infierno y lleva al cielo. Una muerte que es la muerte de la muerte.

1 Porque donde hay un testamento, necesario es que ocurra la muerte del testador.[…]Hebreos 9:16
2 17 Por eso el Padre me ama, porque yo doy mi vida para tomarla de nuevo. 18 Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de mi Padre. […]Juan 10:17-18
3 El mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.[…]1 Juan 2:2
4 a éste, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, clavasteis en una cruz por manos de impíos y le matasteis,[…]Hechos 2:23
5 Y soltó al que ellos pedían, al que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, pero a Jesús lo entregó a la voluntad de ellos.[…]Lucas 23:25
6 Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.[…]Marcos 10:45

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Cuadro: Detalle de El guernica de Picasso