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La Palabra, ¿la Biblia que los evangélicos estábamos esperando?

La Palabra, ¿la Biblia que los evangélicos estábamos esperando?
Las Sociedades Bíblicas Unidas han llevado a cabo una nueva traducción de la Biblia que lleva por título La Palabra. El mensaje de Dios para mí. El origen de esta traducción no es un proyecto exclusivo de las Sociedades Bíblicas, sino uno conjunto e interconfesional realizado con el departamento que la Iglesia católica tiene para fines ecuménicos. La intención es que esta Biblia no se quede en las estanterías de las bibliotecas, para consulta o referencia solamente, sino que llegue a ser la que el pueblo evangélico use cotidianamente, la que utilice desde el púlpito, la que cada cual tenga en su devoción, lectura y estudio personal. En una palabra: la Biblia que dicho pueblo considere como propia.

No dudo que los traductores de La Palabra han tratado por todos los medios de realizar el mejor trabajo posible. De hecho, como dice la publicidad que difunde esta traducción, su riqueza de vocabulario es muy elevada. Pero más allá de este y otros logros, como la cantidad de referencias cruzadas a pie de página, percibo en esta traducción algunas deficiencias que, a mi entender, arrojan algunas sombras de duda sobre su idoneidad para constituirse en la traducción de los cristianos evangélicos hispanohablantes.

Comenzando por el Antiguo Testamento, aunque también ocurre en el Nuevo, está la sustitución de la expresión ‘el temor del Señor’ por ‘el respeto al Señor’. Esta sustitución me parece un error gravísimo por parte de los traductores, ya que la palabra respeto en ninguna manera alcanza a transmitir lo que el concepto de temor, en lo que a Dios se refiere, comunica. Imagino que al hacer el cambio los traductores han intentado evitar un posible mal entendimiento de lo que significa el temor de Dios, pero al hacerlo han despojado a ese concepto fundamental de todo su contenido. Creo que una de las señales de los tiempos que vivimos consiste precisamente en la pérdida generalizada del temor de Dios, con lo cual la desaparición de esa verdad también en la Biblia solo puede ser fatal. Esta alteración sería suficiente, por sí sola, para poner en entredicho esta traducción. Desgraciadamente no es la única.

La palabra ‘justificación’, que es de importancia vital para un correcto entendimiento de lo que el evangelio es, ha sido sustituida por la palabra ‘amistad’, de manera que ser justificado ante Dios se traduce como ser restablecido en la amistad con Dios. Pero al hacer eso se está perdiendo de vista el fundamento jurídico establecido por Dios mismo y sobre el cual el creyente puede permanecer confiado, sabiendo que su posición, aunque se debe a la gracia de Dios, está sustentada igualmente por la justicia de Dios, pues ser justificado significa nada menos que la imputación gratuita de la justicia al pecador que cree. Nada de eso contempla el vocablo amistad.

El término ‘propiciación’, que es de gran calado por la necesidad de que la justicia punitiva de Dios hacia el pecado quede satisfecha, no aparece, porque en su lugar se ha empleado el de ‘perdón’. Ahora bien, propiciación es una obra que tiene como origen y destino a Dios; mientras que perdón es una obra que tiene como origen a Dios y como destino al ser humano. No son, pues, términos intercambiables. La desaparición de propiciación alcanza también a ‘propiciatorio’, el lugar donde se efectuaba la propiciación, que se ha sustituido por ‘cubierta de oro’, material del que estaba hecho el propiciatorio. Naturalmente de esa manera es difícil que el lector alcance a ver que la cubierta de oro era el lugar donde se efectuaba la propiciación.

El vocablo ‘justicia’, cuando se refiere a la justicia imputada al creyente, se ha traducido como ‘fuerza salvadora’. De nuevo estamos aquí ante una expresión que no llega a comunicar lo que debería, porque el evangelio consiste en que el impío es declarado justo, una auténtica contradicción en términos insoluble, si no fuera porque el evangelio ha resuelto esa insólita paradoja.

Resulta sorprendente que ‘sangre’, cuando se refiere a la de Cristo, se haya sustituido en muchas ocasiones por ‘muerte’. Sangre no es solo una expresión más dramática que muerte, ya que alude directamente a todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, con lo que la sangre de Cristo es el sacrificio perfecto del que la sangre de aquellas víctimas no era más que un símbolo. Es la idea de sacrificio, es decir de expiación, la que está detrás de la de ‘sangre’, idea que no necesariamente se desprende de la de ‘muerte’. En lo que respecta a la muerte de Jesús me llama la atención un pequeño detalle en la traducción que se ha hecho de Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, no abrió El su boca.[…]Isaías 53:7, donde se dice: ‘…era como cordero arrastrado al sacrificio…’ Arrastrado supone que ese cordero es llevado contra su voluntad o a la fuerza, lo cual negaría la voluntariedad de Jesús para ir a la cruz. Si en vez de ‘arrastrado’ hubieran traducido ‘llevado’ sería más correcto gramaticalmente y también teológicamente.

La palabra ‘redención’ se sustituye por la de ‘liberación’. Pero no es lo mismo, pues aunque la redención supone liberación, ésta no supone aquélla. Redención es liberación al coste de algo, mientras que puede haber liberación sin que a nadie le cueste nada. Es más, redención comporta adquisición, por lo que la liberación obtenida consiste en un cambio de dueño, idea que la palabra liberación no transmite.

Sistemáticamente se ha evitado la palabra ‘arrepentimiento’ traduciéndose por ‘conversión’, ‘cambio de conducta’ o ‘cambio de comportamiento’. En los dos últimos sentidos es evidente que el arrepentimiento va más allá del cambio de conducta, pues se trata de un cambio interior que se refleja también en lo exterior. En cuanto a identificar ‘arrepentimiento’ con ‘conversión’ tiene sus problemas gramaticales, ya que la lengua griega tiene una palabra para cada uno de los dos términos, y sus problemas teológicos, ya que la conversión es un término más amplio que el de arrepentimiento.

No creo que sea muy acertada, en Proverbio 8:22, la traducción ‘El Señor me creó al principio de mi actividad…’, ya que se da a entender que la sabiduría de la que ahí se habla es una criatura, lo cual significaría, si seguimos el hilo conductor que nos lleva a Jesús, que él es alguien creado. Es verdad que el vocablo hebreo ‘qanah’puede tener la acepción de crear, pero ‘qanah’ también se puede verter como ‘poseer’, ‘tener’. Ya metidos en el asunto de la deidad de Jesús la ‘forma de Dios’ de el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse,[…]Filipenses 2:6 en Reina-Valera se ha traducido por ‘condición divina’, término no exento de cierta ambigüedad. Los arrianos, antiguos y modernos, no pondrían objeción a esa expresión.

En otro orden de cosas me llama la atención que cuando Pablo y Pedro mandan a las casadas que se ‘sometan’ a sus maridos se ha evitado ese verbo sustituyéndolo por ser ‘respetuosas’, tal vez para tener cuidado de no ofender a determinados colectivos en los que la palabra sujeción es anatema. Aunque cuando se refiere al sometimiento de los ciudadanos a las autoridades sí se ha traducido por sujeción. En Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada.[…]1 Timoteo 2:12, el ‘no permito’ que usa la Reina-Valera se convierte en ‘no me gusta’, de manera que la impresión que se saca es que estamos ante una especie de capricho del apóstol Pablo por el que le niega a la mujer la posibilidad de enseñar. Y si se trata de un capricho suyo solo estamos a un paso de poder llamarlo misógino.

Alguna enseñanza desagradable y difícil es convertida en algo más llevadero, como por ejemplo la que tiene que ver con la predestinación para condenación. El ‘al que quiere endurecer, endurece’ de Así que del que quiere tiene misericordia, y al que quiere endurece.[…]Romanos 9:18, se cambia por ‘deja que se obstine a quien le place’, con lo cual el autor de la reprobación, que es Dios, pasa de ser activo a ser pasivo en la misma. O cuando se afirma en y, PIEDRA DE TROPIEZO Y ROCA DE ESCANDALO; pues ellos tropiezan porque son desobedientes a la palabra, y para ello estaban también destinados.[…]1 Pedro 2:8, según Reina-Valera, que los desobedientes ‘fueron también destinados’ a tal desobediencia, mitigándose la fuerza de esa expresión por la traducción ‘tal es su destino’; mas no es lo mismo ser destinados a algo que tener un destino. En el primer caso hay un agente externo que interviene, que no existe en el segundo caso. Soy consciente del problema que estos textos suponen, pero no es el traductor quien debe resolverlos.

El título ‘Señor de los ejércitos’ se ha traducido invariablemente por ‘Señor del universo’. Pero el primero tiene una dimensión que le falta al segundo, en el sentido de que con la palabra ejércitos se alude a todas las fuerzas, potencias y entidades creadas sobre las cuales Dios ejerce la jefatura, habiendo un elemento de subordinación, disposición y ordenamiento en las mismas hacia él.

En su deseo de evitar por todos los medios un lenguaje que pueda resultar ofensivo, como es el caso de la palabra ‘hombre’ para designar a la humanidad en su conjunto, los traductores a veces se han ido a un extremo un tanto grotesco, como en 10 Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo. 12 Pues ni lo recibí de hombre, ni me fue enseñado, sino que […]Gálatas 1:10,12, donde en lugar de ‘hombres’ han traducido ‘personas humanas’ (¡?). Aparte de eso, y a pesar de sus esfuerzos, no pueden ser consistentes con el principio del lenguaje incluyente y no les queda más remedio, en el caso de los gentilicios, que traducir, por ejemplo Y dile: "El SEÑOR, el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti, diciendo: 'Deja ir a mi pueblo para que me sirva en el desierto. Mas he aquí, hasta ahora no has escuchado.'[…]Éxodo 7:16, así: ‘El Señor, Dios de los hebreos’, porque si tuvieran que llevar ese principio incluyente a sus últimas consecuencias se verían obligados a traducirlo de esta manera: ‘El Señor, Dios de los hebreos y de las hebreas’, lo cual no dejaría de ser problemático, por poner antes a los varones que a las mujeres. Esta preferencia por el lenguaje incluyente llega hasta evitar utilizar el término ‘hombre’ en Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.[…]Filipenses 2:8 referido a Jesús, usando la expresión ‘condición humana’, en lugar de ‘condición de hombre’. Pero es evidente que Jesús no era un ser humano asexuado o ambiguo en cuestión de género, sino un hombre en toda la extensión de la palabra, en la que está incluida su masculinidad.

‘Hijo unigénito’queda convertido en ‘Hijo único’, lo cual es una reducción del término, porque en ‘unigénito’hay una referencia no solo a la singularidad de la filiación de Jesús, sino también a la naturaleza de la misma, al proceder del Padre por vía de generación, lo cual tiene inmensas repercusiones doctrinales que le faltan a ‘Hijo único’.

Hubiera sido recomendable haber traducido en todos los pasajes las medidas de longitud y de peso en nuestro sistema de pesos y medidas, pero en unas partes se ha hecho y en otras no.

La Biblia que los evangélicos estábamos esperando es la afirmación rotunda, y tal vez algo atrevida, con que la publicidad de la Sociedad Bíblica nos presenta la nueva traducción. Si esa frase la pusiéramos en interrogación, ¿La Biblia que los evangélicos estábamos esperando?, mi respuesta sería: En mi caso, no. Hay demasiada interpretación, y no siempre acertada, incorporada en la traducción. Por eso me quedo con la Reina-Valera, con sus defectos, que seguiré usando, tanto en público como en privado. Lo que no impedirá que consulte La Palabra cuando sea necesario.