Mejorar mi vida cristiana
Lance Armstrong: La lícita gloria por medios ilícitos
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05-12-2012

Claro que no faltaron desde el principio las acusaciones y sospechas de dopaje, si bien nada pudo demostrarse fehacientemente, por lo que parecían ser movidas más por los celos y la envidia que por razones de peso. Estas acusaciones parecían ser otra prueba más a la que el ciclista americano se enfrentaba, venciéndolas de manera contundente igual que a sus adversarios en la carretera. El nombre de Lance Armstrong había entrado por derecho propio en el santuario al que solo acceden los más grandes de la historia del deporte de todos los tiempos.
Pero tras intensas y persistentes pesquisas, que han durado años, se ha llegado a demostrar que todo lo que Armstrong había conseguido era fruto de una compleja operación de dopaje, en la que su propio equipo estuvo activamente involucrado. Finalmente el veredicto de la UCI (Unión Ciclista Internacional) ha sido determinante y en octubre de 2012 lo suspendía de por vida y le retiraba los siete Tours que había ganado. Así fue como el gran ciclista pasó del todo a la nada, cayendo a tierra del podio al que había sido encumbrado. Su nombre quedaba unido a la lista de deportistas fraudulentos que, tras haber asombrado a todos, salían por la puerta de atrás vergonzosamente, como Ben Johnson y Marion Jones.
El problema de fondo en este tipo de actuaciones se podría resumir escuetamente de este modo: Es el intento de alcanzar la gloria de manera ilegal. Personas que no conformes con sus posibilidades, aspiran a lo que honradamente no pueden conseguir y para ello recurren a medios prohibidos. Al hacerlo, están cometiendo una injusticia con sus competidores y ocupando un lugar que no les corresponde. En resumidas cuentas, el problema es de carácter moral, al estar presente el engaño en su acción.
En diversas ocasiones en el Nuevo Testamento se compara a la vida cristiana con una competición deportiva, en la que están presentes todos los ingredientes esenciales a la misma: Un estímulo1, que no es lo mismo que un estimulante, una autodisciplina sacrificada2, una mentalización3, un entrenamiento asiduo4, unas normas rectoras5, una perseverancia constante6, un ejemplo inspirador7y un juez imparcial8. La diferencia entre una y otra competición consiste en que la gloria de la una no puede compararse con la de la otra, pues una es perecedera y la otra imperecedera.
Pero pudiera ocurrir, al igual que en el caso de Armstrong, que hubiera quien intentara lograr la gloria saltándose lo estipulado por quien otorga tal gloria. A tal efecto hay un caso destacado que ilustra esta pretensión y que está recogido en esta ilustración que Jesús relató:
'El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas para su hijo... Y entró el rey para ver a los convidados y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.'9
Entre el grupo de convidados estaba uno que había entrado en el recinto para participar y disfrutar de la memorable ocasión, pero lo había hecho sin someterse a la norma establecida por el anfitrión. Consideraba que su propio criterio era suficiente para darle el derecho a estar allí. Era una pretensión que implicaba dos cosas: Por un lado el desprecio hacia lo que el anfitrión había establecido y por otro la creencia en su autosuficiencia. Es decir, quería las ventajas del evento pero no la responsabilidad que el mismo requería. Y cuando el anfitrión le cuestionó, su respuesta fue el silencio. Se trataba de un silencio culpable, porque el interpelado no tenía argumentos que presentar en su defensa; más bien era consciente de la impostura de su tentativa. La terrible sentencia del anfitrión no deja lugar a dudas de que su voluntad, en cuanto al procedimiento para tener derecho a participar en la celebración, nunca va a ser suplantada por cualquier voluntad particular.
Armstrong intentó engañar a todos, pero al final se descubrió la trama. Tengamos cuidado con pretender hacer algo parecido en una cuestión en la que está en juego el destino eterno. Tal vez los demás invitados no se percaten del artificio, pero es seguro que al anfitrión no le pasará desapercibido.
1 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero sólo uno obtiene el premio? Corred de tal modo que ganéis.[…]1 Corintios 9:24
2 25 Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 27 sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea d[…]1 Corintios 9:25,27
3 13 Hermanos, yo mismo no considero haber lo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. […]Filipenses 3:13-14
4 7 Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad; 8 porque el ejercicio físico aprovecha poco, pero la piedad es provechosa para todo, pues tiene promesa para la vida presente y ta[…]1 Timoteo 4:7-8
5 Y también el que compite como atleta, no gana el premio si no compite de acuerdo con las reglas.[…]2 Timoteo 2:5
6 Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,[…]Hebreos 12:1
7 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de El soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.[…]Hebreos 12:2
8 7 He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. 8 En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. […]2 Timoteo 4:7-8
9 Mateo 22:1,11-13