
Las aplicaciones de semejante manera de pensar son casi infinitas y cubren esferas tan amplias como la religión, la moral, la nutrición, la cultura, la filosofía, etc. Disciplinas como la antropología, la sociología, el derecho o la teología pueden verse impregnadas por esa concepción de la vida que identifica lo natural con lo bueno. Sin ir más lejos, ésa fue la seña de identidad de la contracultura hippie en los años 60 y 70; la promiscuidad sexual, el amor libre, el uso de la marihuana y el cannabis y la vuelta a la Naturaleza fueron los ejes de aquella conmoción juvenil. Pero los hippies no inventaron nada que no hubiera sido ya previamente enseñado, pues el regreso a lo natural ya había sido propugnado por otros antes que ellos. A finales del siglo XIX, el pintor francés Paul Gauguin emigró de su tierra natal a la Polinesia francesa, buscando en aquel mundo virgen de las Islas del Pacífico el ideal de lo natural.
El axioma, a primera vista, parece irrefutable: lo natural es bueno. Pero ¿es verdadero? Aquí es donde se requiere un examen cuidadoso para no dejarse llevar por las apariencias. En primer lugar, hay que ver si la experiencia lo corrobora; lamentablemente las experiencias de Gauguin y de los hippies terminaron en fracaso: el primero con un intento de suicidio en la misma tierra que él creyera ser el paraíso terrenal y los segundos, tras unos años de idealismo, en un deterioro de drogas, sectas y confusión ideológica. Ahora bien, si la experiencia desmiente la tesis, entonces podemos llegar a la siguiente conclusión: la tesis es falsa. Este es el método científico: propugnar una teoría y ver si el experimento la confirma; si la confirma repetidamente, estamos frente a algo verdadero, pero si el experimento repetidamente la desmiente, la teoría se puede desechar.
¿Tiene la Biblia algo que decir sobre este asunto? Por supuesto y aquí es donde está el problema: Hemos dejado la meridiana enseñanza de la Biblia sobre este asunto y la hemos sustituido por cosmovisiones del mundo que son resultado de la especulación humana: animistas, panteístas o ateas. Según la Biblia hay un sentido en el que la afirmación lo natural es bueno, es verdadera y hay otro sentido en el que es falsa. Es verdadera en razón de la procedencia de lo natural; todas las cosas proceden, por vía creativa, de la acción de Dios. Si Dios es bueno, se sigue que todo lo que Dios ha creado ha de ser bueno; aunque hay una diferencia entre la bondad del Creador y la de las criaturas: la bondad del Creador es inmutable e intrínseca mientras que la de las criaturas es participativa y puede variar. Es decir, la bondad de las cosas naturales está en función directa de su sometimiento al Creador: Si permanecen unidas a él siguen recibiendo y participando de su bondad, pero si se apartan de él, esa bondad se degrada convirtiéndose en maldad, de la misma manera que un objeto permanece caliente siempre y cuando esté cerca de la fuente de calor, pero el alejamiento de ella produce su enfriamiento. Por lo tanto, las cosas naturales son buenas por haber sido creadas por Dios y retienen esa bondad en forma inalterable en tanto en cuanto se mantengan sujetas a él. Pero la cosmovisión pagana enseña que las cosas naturales son buenas por sí mismas, independientemente de su origen y de su relación a los poderes superiores. Es en este sentido, que la Biblia afirma que tal bondad de las cosas naturales es falsa.
La Biblia, pues, enseña que lo natural es bueno, pero que lo natural cayó por la entrada del pecado en el mundo, de manera que la Caída dañó de forma gravísima la bondad original de lo natural, corrompiendo y degenerando esa bondad inicial. A partir de ese momento, lo natural ha quedado trastocado y seriamente desvirtuado. Si esto es así, quiere decirse que lo natural precisa de redención, es decir, precisa de restauración. O sea, que el problema no sólo lo tiene lo artificial o lo convencional: Lo natural también está necesitado de salvación. En otras palabras, lo natural ya no es lo inocente, ni lo genuino, ni lo puro, como lo fue originalmente, sino que es eso mismo pero manchado y estropeado por lo pernicioso y maligno. ¿Conclusión? Lo natural requiere también de la redención que es por medio de Cristo.
Los textos bíblicos arriba citados enseñan lo que acabo de decir: Bondad original de lo natural, corrupción de lo natural por el pecado y recuperación de lo natural a través de Cristo. Por lo tanto,
- No hay culturas contaminadas e incontaminadas: Todas están, en diversos grados, dañadas por el pecado, la occidental y la de las islas del Pacífico.
- No existe tal cosa como la inocencia de lo natural, lo cual tiene repercusiones sobre la manera en la que me acerco a Dios: No puedo pretender acercarme a él tal cual soy sin más, sino que he de acercarme a través de la sangre de Cristo.
- La sexualidad, como las otras cosas naturales, también necesita ser reencauzada de acuerdo al propósito que Dios le dio originalmente: la bendición de los esposos. Aparte de eso, no existe una sexualidad libre con pretensiones de bondad.
Que no nos engañen, pues, eslóganes atrayentes y formas de pensar aparentemente muy sugestivas sino que nuestra mentalidad esté moldeada por la Palabra de nuestro Hacedor.
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