Familia

Niños abandonados

Niños abandonados
Los hechos nos sobrecogen: Millones de niños en el Tercer Mundo son víctimas del abandono y explotación por parte de los adultos. Unos, convertidos en mano de obra barata; otros, en juguetes sexuales a merced de los mayores, e incluso otros, en soldados de guerras infames. Las instituciones oficiales y las ONG"s que trabajan para remediar este estado de cosas no dan abasto para prevenir y paliar tanta degradación y abuso. Los gamines de las alcantarillas en Bogotá, los recogedores de basura en Manila, las niñas-prostitutas de los garitos en Bangkok, los chavales-delincuentes en Río de Janeiro, los niños-esclavos en Sudán... y así podríamos continuar una lista demasiado larga en la que los niños son protagonistas, a su pesar, de macabras historias de pobreza, ignorancia, explotación e injusticia de las que los mayores son responsables directos. Y de unos años a esta parte otro infra-mundo de la infancia se ha mostrado en toda su perversidad: Las redes de pornografía de menores en Internet, de manera que el mal no se circunscribe a los países más pobres, sino que alcanza también al mundo desarrollado, sólo que aquí el abuso es virtual (por algo somos el Primer Mundo), aunque no menos vejatorio.

Pero quisiera hablar de otra forma de abandono que los niños, pero esta vez de los países ricos, están padeciendo a manos de sus padres. Una estadística reciente revelaba que en España uno de cada tres niños entre 8 y 13 años tiene un aparato de televisión en su habitación. A primera vista esto pareciera una muestra del interés y afecto por parte de los padres, los cuales, añadía el informe, no escatiman en dotar a sus hijos con todo tipo de tecnología y comodidades: Teléfonos móviles, computadoras, Internet, revistas, cadenas musicales, etc. además del ya mencionado televisor. Sin embargo, lo que aparentemente es indicio de atención y amor tal vez sólo sea otra manera de abandonar a los niños en manos ajenas. Porque ¿Cómo es posible dejar a una criatura de tierna edad, sola, ante una pantalla de televisión sin control, ni filtro, ni orientación alguna? ¿Cómo llamar, si no le llamamos abandono, a este fenómeno que se está produciendo en millones de hogares españoles? Si nos escandalizamos cuando escuchamos los casos de niños recién nacidos abandonados -pero son casos aislados- en la calle por sus progenitores, ¿Cómo no saltan las alarmas al comprobar el peligro al que los padres, de forma masiva, están exponiendo a sus hijos en estos años cruciales de su existencia?

Al ver la estadística, me quedé dudando acerca de quién en esos hogares tiene más cerebro: ¿Los padres o los niños? Los niños tienen el cerebro que a esa edad les corresponde, pero los adultos demuestran que la materia gris del suyo brilla por su ausencia: Tal vez haya una nuez o una castaña o un cacahuete allí dentro, pero poco más. No conozco el contenido de las televisiones en otras partes del mundo, aunque sospecho que con el fenómeno de la globalización y la conversión del planeta en una aldea global, buena parte de los programas que aquí vemos no son sino una versión o copia de los que se ven en otros lugares. Pero lo que sí conozco es que la televisión en España es una aventajada escuela de iniquidad que es capaz de derramar basura a raudales casi a cualquier hora del día, pero especialmente por la noche. Henos aquí, pues, ante la situación: Un niño, una niña, sin madurez, sin capacidad de juicio, que queda expuesto, expuesta, a todo, y hay que subrayar lo de todo, lo que aparezca en la pantalla: ocultismo, violencia, sexo, chabacanería, ordinariez, etc. Si vemos natural en España denunciar a los padres, casos minoritarios, que eluden sus responsabilidades hacia sus hijos en el ámbito de la alimentación, escolarización, higiene, cuidado, etc. ¿Por qué vemos normal que millones de padres abandonen de esa forma a sus hijos en el plano psicológico, moral y espiritual? ¿Qué clase de basura están recibiendo esas mentes en formación, qué clase de conciencia se está creando, qué valores, qué actitud ante la vida? ¿Nos extraña que luego un chaval, de madrugada y con una katana regalo de sus mismos padres, les quite la vida? ¿Nos extraña que unas adolescentes se lleven a una compañera a un descampado y allí, por el simple placer de matar, la asesinen? ¿Nos extraña que el éxtasis, el alcohol y la cocaína sean las formas preferidas de diversión de la juventud española?.

¿Qué abandono es más culpable? ¿El de un padre de familia numerosa y pobre, de los suburbios de una gran ciudad, que no tiene ni dónde caerse muerto o el de un padre de familia nuclear y posición económica desahogada? A mayor privilegio, mayor responsabilidad. Los primeros tienen eximentes a su favor, los segundos agravantes en su contra.

El caso es que estos mismos padres, que exponen a sus hijos ante todo tipo de radiaciones mortíferas y que evidencian tener muy pocos alcances y mollera, son el prototipo de persona, mayoritarias en España, que no hay quien les enseñe ni predique ¡qué aberración eso de predicar, propia de la Edad Media!, que no consideran a Dios, ni su Ley, ni su Verdad. Son demasiado cultos e inteligentes como para eso. Y sin embargo, no tienen problema alguno, con su desidia e ignorancia, en criar y formar pequeños monstruos que un día se volverán contra ellos. ¡De juzgado de guardia! O ¿Tal vez de hospital psiquiátrico?.

Padres cristianos: No abandonéis a vuestros hijos en manos de extraños mientras todavía hay tiempo sino, más bien, formadlos, con vuestra enseñanza y ejemplo, en la Palabra de Dios.