Mejorar mi vida cristiana

Radicales

Radicales
El que fuera Director del Instituto Cervantes, Jon Juaristi, expresaba su satisfacción ante el Patronato de dicho Instituto por el aumento de la difusión de la lengua española en todo el mundo, pero ponía una nota de amargor en su informe al constatar el empobrecimiento general de la lengua oral. Resulta ser este un fenómeno cuyas causas pueden ser múltiples y motivo de análisis para sociólogos, pero sin duda una de los motivos tiene que ver con la disminución de la lectura y el aumento, en la misma escala, de las horas pasadas frente al televisor. Al ser la lengua expresión del pensamiento y el pensamiento, a su vez, del espíritu de la persona, resulta que el denunciado empobrecimiento de la lengua es algo más que una anécdota: Es revelador de todo un estado de cosas al que nos hemos entregado pasivamente al dejar que la pantalla absorba nuestros cerebros y los deje yertos cual plantas muertas. Si la lengua es la verdadera patria del alma, entonces no parece que nuestro patriotismo sea muy rico y profundo sino uno cada vez más superficial y vulgar, sin importar aquí banderas ni enseñas nacionales. También Fernando Lázaro Carreter, de la Real Academia, ha escrito algunas páginas inspiradoras, "El dardo en la palabra", que merecen ser consideradas por su gracia y acierto acerca del lenguaje empleado en la radio, la televisión y la prensa.

Pero el problema ya no es solamente el empobrecimiento de la lengua, sino la distorsión de la misma, es decir, el mal uso de términos cuyo significado no se corresponde con la aplicación que se les quiere dar, tomando en consecuencia un sesgo definitivamente desviado y corrompiendo la acepción del concepto. Si esto se repite una y mil veces con la misma palabra, el resultado final será el desajuste semántico e ideológico que hay detrás del término. Una de tales palabras, trastocada cada día en los medios de comunicación, es "radical". Si se habla de seguidores violentos de un equipo de fútbol se dice que son "radicales", si se menciona a nacionalistas que queman autobuses o provocan algaradas callejeras se les nombra como "radicales", si se alude a militantes de organizaciones cuyos fines son la destrucción de Estados se les denomina "radicales" o si un grupo anti-sistema la emprende en brutales altercados se le titula "radical". ¡A este paso también se podrá decir que la violencia doméstica es generada por cónyuges o parejas "radicales", o que los ajustes de cuentas entre mafias son producto de "radicales" existentes en su seno!. De esta manera, la palabra "radical" lleva camino de convertirse en calificativo genérico para definir a cualquier desalmado, canalla o granuja; es decir, que estamos ante toda una profanación del lenguaje y concretamente de esta preciosa palabra. Porque excelente es el significado que la misma tiene, al proceder de la palabra latina "radix" que es "raíz" en castellano y aludir, por consiguiente, a algo profundo y esencial, como es la raíz para la vida de la planta. Por lo tanto, lo radical nada tiene que ver con métodos y formas en cuyo germen hay más destrucción y violencia que otra cosa, cometiéndose una doble injusticia al emplearla de forma equivocada: Una, contra la palabra misma al tergiversarla, y otra porque aquellos a quienes se aplica están en las antípodas de su verdadero significado.

Es sabido la importancia que tienen las palabras en determinadas ramas del saber, como derecho o teología y cualquiera que haya estudiado una de esas materias conoce la exactitud y precisión necesarias en el uso del lenguaje, especialmente cuando se trata de definir conceptos. La ambigüedad y la ambivalencia semánticas son mortales enemigas de esas y otras ramas del saber que, por su misma naturaleza, exigen el mayor cuidado para decir lo que se quiere decir y no decir lo que no se quiere decir. Por supuesto que un periodista no es un notario ni un abogado ni un teólogo, y sería injusto exigirle la pulcritud de la que ellos deben hacer gala, pero en virtud de su incidencia sobre las masas la deficiencia o la desvirtuación de su lenguaje pueden ser desastrosas. Después de todo, algunas de las monstruosidades de la Historia han sido producto directo de tergiversaciones de palabras, como el vocablo "raza", por ejemplo.

Sí, hay que reivindicar, recuperar, rescatar y purificar la palabra "radical": Es demasiado importante como para dejarla en manos de los medios de comunicación. De hecho, es tan importante que sería una de las palabras con las cuales podríamos definir a Jesús, quien es radical en el sentido pleno de la palabra:

  • Radical en su vida. Vida vivida bajo la complacencia perfecta de Dios, en sintonía y armonía total con su voluntad, como nadie ha vivido ni vivirá en esta tierra.
  • Radical en su mensaje. Como se desprende de su enseñanza en el Sermón del Monte y en el tratamiento de los asuntos trascendentales y cotidianos de nuestra existencia.
  • Radical en sus milagros. Que no son meramente portentos sino señales, es decir, signos que hablan de algo mucho más profundo que el mero prodigio.
  • Radical en su obra. A diferencia de la filosofía, la religión o la psicología, que no van más allá de tratar con los síntomas externos del problema humano, Jesús va a la raíz, es decir, al corazón.

También es la palabra con la que se nos debería definir a los cristianos, tal y como por aproximación se dijo de los de Tesalónica en el texto bíblico arriba citado.

Radical... puesta en la óptica correcta ¡qué palabra repleta de buen significado! Ojalá me puedan y te puedan catalogar de esa manera.