Salvación

Recibir o no recibir: ésta es la cuestión

Recibir o no recibir: ésta es la cuestión
Ese rechazo, fruto de la incredulidad, se materializó en su crucifixión. Desecharon sus afirmaciones de ser el Mesías, el Hijo de Dios. Tampoco reconocieron la obra que él había venido a hacer, que no era la construcción de un reino terrenal sino uno celestial
En el mundo de las creencias las palabras entregar y recibir han tenido mucha importancia a lo largo del tiempo. Cuando alguien quería formar parte de una determinada creencia o fe, debía recibir algún tipo de conocimiento, clave o secreto, conocido solo por los adeptos de la misma y que le era entregado una vez comprobado su deseo de pertenencia y haber pasado por algún tipo de iniciación. De este modo, el candidato quedaba constituido en parte de la fraternidad o asociación al recibir lo que se le entregaba.

Tanto en las sociedades tribales más arcaicas, como en otras más desarrolladas, existía un procedimiento establecido para incorporarse plenamente a la agrupación. Por ejemplo, en las sociedades tribales había, y hay, ritos de iniciación de los muchachos (y en algunas regiones de las muchachas) en el momento que llegan a la pubertad, por los que adquieren los derechos de los adultos tal como la tribu los concibe. Los ancianos de la tribu son los custodios y administradores reconocidos del legado, que lo entregan a los aspirantes si pasan las pruebas.

Pero también en otras sociedades, como en Grecia y el Imperio romano, existieron los cultos de misterio, ejemplificados en las celebraciones eleusinas, dionisíacas y órficas. Aquí también los candidatos debían someterse a un ritual establecido, tras el cual entraban de lleno a formar parte de la fraternidad. La insatisfacción con la religión oficial y la búsqueda de algo más trascendente, estuvo detrás de la aparición y crecimiento de todas estas religiones de misterio. Una de las más populares, especialmente entre los soldados romanos, fue el mitraísmo, en el que había que pasar por siete grados para participar de forma plena en los misterios impartidos en ese culto. Misterios que eran recibidos bajo un ceremonial especial.

En tiempos posteriores, la masonería, en la que el aprendiz debe recibir del maestro la instrucción precisa, que se ejemplifica por un simbolismo detallado en palabras, imágenes y signos, plasmada en el sometimiento a un determinado ritual y la obligación solemne del secreto sobre todo lo perteneciente a la logia, sería un ejemplo de asociación en la que el recibir es un acto fundamental para formar parte de ella.

La palabra entregar o transmitir viene de la latina traditio, de la cual procede tradición. De ese modo, la tradición es lo que se entrega, esto es, lo que ha de recibirse. En el judaísmo la tradición terminó por asumir un carácter sagrado; de ahí que fuera necesario recibirla, al ser el depósito que a lo largo de las generaciones se había ido acumulando y que el maestro entregaba al alumno.

En la fe cristiana también la palabra recibir tiene suma importancia. Pero la diferencia con todos esos sistemas de creencias mencionados, y con los no mencionados, es que lo que se recibe no es una cosa, ya sea un secreto, un rito, un misterio o una tradición. Lo que se ha de recibir es una persona. Ni más ni menos. Que luego se reciban otras cosas, como el bautismo, el discipulado, la Cena, etc., no es óbice para establecer que por donde empieza la vida cristiana es por la recepción de la persona de Jesucristo. Si no se le recibe a él, no importa cuántas ceremonias puedan recibirse, faltará lo fundamental y todo lo demás no tendrá valor.

Ahora bien, ¿qué significa recibir a Jesucristo? ¿cómo se le recibe? Tal vez la mejor definición está en este pasaje: 'A lo suyo vino y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios'1, donde por un lado se declara en qué consiste no recibirle y por otro en qué consiste recibirle. La frase 'los suyos no le recibieron' quiere decir que le rechazaron, que no creyeron en él. Ese rechazo, fruto de la incredulidad, se materializó en su crucifixión. Desecharon sus afirmaciones de ser el Mesías, el Hijo de Dios. Tampoco reconocieron la obra que él había venido a hacer, que no era la construcción de un reino terrenal sino uno celestial.

Pero hubo otros que sí le recibieron, consistiendo esa recepción en creer en su nombre, esto es, en reconocer su persona en su plena dimensión, tanto divina como humana, y reconocer su obra, en su dimensión salvadora. Ese reconocimiento de él lleva aparejado otro sobre uno mismo, consistente en la admisión de la propia culpa y perdición. Al recibir a Jesucristo se recibe el remedio, consistente en el perdón de pecados y el otorgamiento de una identidad nueva: hijo de Dios.

No te contentes con recibir algo, sea lo que sea, ni con formar parte de una organización, sea cual sea. Asegúrate, más bien, de recibirle a él, a Jesús, para que formes parte de la congregación de los que están inscritos en el cielo.

1 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, […]Juan 1:11-12

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Fotografía: David Niblack