
Siguiendo el segundo entendimiento del mensaje de que no habrá rescate para España e Italia, llegamos a la conclusión de que en economía hay contingencias rescatables y no rescatables. Son rescatables las que están dentro de unos límites determinados, es decir, si su tamaño es manejable por el rescatador; pero son no rescatables las que sobrepasan, por su dimensión, la capacidad de rescate que tiene el rescatador. Las economías de España e Italia entrarían en esta última categoría.
Otra cosa importante a tener en cuenta es que, incluso en el caso de que pudiera haber rescate, quien finalmente tiene que asumir sus costes son las naciones necesitadas del mismo. Es decir, que nos encontramos ante un préstamo con intereses que sirve solo para hacer frente a los pagos atrasados, pero que por sí mismo supone una nueva deuda, al tener que devolver el dinero prestado. Es decir, la solución es portadora en sí misma de un problema congénito. Pero así es la economía, donde nadie da algo por nada.
La palabra rescate tienen claras resonancias cristianas, ya que en definitiva el mensaje del evangelio es que los seres humanos estamos necesitados de rescate, a causa de la ruina espiritual y moral que el pecado ha producido en nosotros. Lo que pensábamos que podría hacernos auto-suficientes, en realidad solo nos hizo insolventes y he aquí que ahora no tenemos con qué pagar nuestra deuda. La bancarrota declarada a la que hemos llegado es de tal magnitud que necesitamos un rescatador. Pero ahí está el quid de la cuestión. Si la bancarrota es universal ¿dónde está el rescatador que pueda y quiera sacarnos del hoyo en el que hemos quedado postrados? Porque aquí no ocurre como en el terreno económico, que hay naciones de economía más saneada que otras que pueden ser rescatadoras. El insoluble problema humano es que no hay ningún representante del género humano que esté algo más saneado que los demás, para poder ejercer de rescatador. Por eso Juan lloraba mucho, porque no había nadie capaz de realizar tan descomunal obra1.
Pero lo que para los hombres es imposible es posible para Dios. De modo que el acreedor, viendo que nuestro destino era quedar alienados para siempre por el peso de nuestra deuda, se hizo cargo de la misma para que pudiéramos quedar libres de ella y de sus consecuencias. Para ello ese acreedor se hizo hombre y pagó personalmente todo lo que debíamos. Pero a diferencia de los rescates en la zona euro, este rescate no es un préstamo, sino un don. Es decir, es un regalo; algo que procede de la gracia del acreedor hacia los deudores. Además este rescate no solo se limita a saldar nuestra deuda, lo cual ya es más de lo que nunca podríamos imaginar, sino que lleva aparejado la concesión de una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible2, que es de carácter no terrenal sino celestial.
A diferencia de las deudas rescatables y no rescatables que hay en la zona euro, aquí estamos ante un Rescatador que es capaz de rescatar el caso más imposible que pueda haber, no habiendo nadie que pueda decir: “Soy un caso tan perdido que no hay solución para mí”.
¡Qué maravilla de rescate y qué maravilla de Rescatador!
Ahora que las naciones, incluso las grandes, se tambalean, es hora de hacer cuentas y llegar a la conclusión de que toda nuestra jactancia y engreimiento han sido puestos en evidencia y que al final lo que queda es nuestra mísera desnudez. Es tiempo de humillación y de reconocer que necesitamos un mejor rescatador y un mejor rescate. Italia y España, Europa en general, necesitan desesperadamente a Jesucristo.
1 2 Y vi a un ángel poderoso que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y de desatar sus sellos? 3 Y nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro ni mirar su contenido. 4 Y yo lloraba mucho, porque[…]Apocalipsis 5:2-4
2 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos,[…]1 Pedro 1:3
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