
No creo que haya sido un acierto meter a Dios en la campaña electoral por parte de los candidatos para las próximas elecciones presidenciales en España del 20 de noviembre. La frase del señor Rajoy de que si gana hará una política económica “como Dios manda”, ha sido respondida por el señor Rubalcaba con la de que “anda que, como tengamos que esperar a que Dios nos mande algunas indicaciones económicas, vamos listos.”
En el primer caso porque la frase, tomada literalmente, puede, cuando llegue el momento de aplicar medidas, indicar que ésas serían las que Dios tomaría. Como no sabemos todavía cuáles son esas medidas es un tanto aventurado identificarse con la frase, porque pudiera resultar que cuando llegue la hora de la verdad el nombre de Dios quede en entredicho e incluso sea motivo de desprecio y escarnio, como tantas veces ha ocurrido. En el segundo caso porque la frase supone una ofensa hacia una parte del electorado que es creyente y que puede sentir que su sensibilidad religiosa está siendo atacada, por la alusión mordaz a Dios que el señor Rubalcaba ha hecho. Es un principio básico de cualquier candidato en campaña no enajenarse innecesariamente la simpatía de un sector de los votantes, porque las consecuencias pueden salirle caras.
Pero yendo al fondo de la cuestión, ¿tiene algo que ver Dios con la economía, como el señor Rajoy ha afirmado, o no tiene nada que ver, como el señor Rubalcaba ha contestado? En mi opinión la respuesta es que sí, que Dios tiene que ver con la economía, lo que rebate el tono desafiante y burlón del señor Rubalcaba, aunque no necesariamente la política económica de Dios coincida con la que el señor Rajoy aplicará si llega a la presidencia de la nación.
Parto del hecho de que considero que en la Biblia encontramos enseñanza suficiente para saber qué es lo que Dios piensa sobre la economía. Y en primer lugar descubro que hay un vínculo indisoluble entre economía y ética, de tal modo que la honradez, la honestidad, la equidad y la transparencia son principios ineludibles y por eso hay un mandato para que incluso en las transacciones comerciales más pequeñas tales principios las presidan1. Si eso se aplica a la economía doméstica, cuánto más a las grandes operaciones financieras.
También descubro que en la Biblia hay enseñanza suficiente acerca de que el esfuerzo y el trabajo son la fuente de prosperidad general2. La ociosidad, la disipación y la negligencia solo pueden llevar a la pobreza y la miseria, de manera que hay una clase de pobreza que es resultado directo de la pasividad y que no se arregla con subvenciones, sino que más bien la retroalimentan. Igualmente encuentro en la Biblia que hay unas leyes instituidas para proteger a aquellos que, por circunstancias de la vida, han quedado en una situación de vulnerabilidad extrema, hasta el punto de que su condición es tan precaria que los hace víctimas fáciles de explotación y abuso3. Es decir, que hay una consideración hacia los más débiles y se insta a los más favorecidos a ser desprendidos y generosos hacia ellos. Junto con ello se prohíbe expresamente la usura en el préstamo a interés4, cerrando así el paso a la avaricia.
Así mismo percibo en la Biblia que la economía no es un fin en sí, sino que la persona está por encima del valor de las cosas y también del dinero, razón por la cual se instituye un año de remisión que marca unos límites y nos recuerda quién es el verdadero dueño de la tierra y de las personas5. Del mismo modo hallo en la Biblia que se promulga el respeto a los recursos naturales, no sobre-explotándolos por causa de la avaricia y la codicia, sino considerando que son medios para nuestro sustento y que precisan ser racional y sabiamente utilizados6. Además, encuentro en la Biblia que el desastre económico originado por el pecado humano tiene remedio, si solamente somos humildes para dejar toda nuestra soberbia y arrogancia y nos volvemos a Dios7, algo que repercutirá en primer lugar en nuestro propio beneficio.
¿Tiene Dios algo que ver con la economía? Claro que sí. Por eso, señor Rubalcaba, en lugar de mofarse aprenda primero antes de hablar y mida sus palabras. Por eso, señor Rajoy, vaya a este libro para considerar si lo que usted tiene en mente sobre la economía concuerda con lo que allí está escrito.
1 35 "No haréis injusticia en los juicios, ni en las medidas de peso ni de capacidad. 36 "Tendréis balanzas justas, pesas justas, un efa justo y un hin justo. Yo soy el SEÑOR vuestro Dios que os saqué de la tierra de Egipto. […]Levítico 19:35-36
2 Pobre es el que trabaja con mano negligente, mas la mano de los diligentes enriquece.[…]Proverbios 10:4
3 17 No pervertirás la justicia debida al forastero ni al huérfano, ni tomarás en prenda la ropa de la viuda, 18 sino que recordarás que fuiste esclavo en Egipto y que el SEÑOR tu Dios te rescató de allí; por tanto, yo te mando que hagas esto. 19 Cuand[…]Deuteronomio 24:17-22
4 el que su dinero no da a interés, ni acepta soborno contra el inocente. El que hace estas cosas permanecerá firme.[…]Salmo 15:5
5 "Así consagraréis el quincuagésimo año y proclamaréis libertad por toda la tierra para sus habitantes. Será de jubileo para vosotros, y cada uno de vosotros volverá a su posesión, y cada uno de vosotros volverá a su familia.[…]Levítico 25:10
6 2 Habla a los hijos de Israel, y diles: "Cuando entréis a la tierra que yo os daré, la tierra guardará reposo para el SEÑOR. 3 "Seis años sembrarás la tierra, seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos, 4 pero el séptimo año la tierra tendrá co[…]Levítico 25:2-7
7 y se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, y oran, buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra.[…]2 Crónicas 7:14
Copyright de la imagen: