
El primer pasaje es antropológico, es decir, sienta las bases de la doctrina bíblica del ser humano y en el mismo se enseña:
- Nuestra procedencia de Dios por un acto creador. No somos producto del azar, ni de la materia.
- Nuestra naturaleza especial, resumida en la frase a imagen de Dios. Nuestro arquetipo, pues, no son los monos.
- Nuestra diferenciación genérica. Es de carácter sexual: varón y mujer. No hay otra: ni racial, ni étnica, ni cultural.
- Nuestra misión, por la que se nos hace una encomienda en la que hemos de usar las facultades que Dios nos dio. Tal misión tiene dos vertientes: la difusión de la raza, cosa imposible de hacer en el caso de uniformidad del sexo, y gobierno de la creación.
Nótese que todo es común al varón y a la mujer: procedencia, naturaleza especial y misión; el varón no tiene prerrogativas que la mujer no posea. Hay una igualdad neta entre ambos, con la excepción de la distinción sexual, que no implica rebajamiento de uno respecto al otro, sino riqueza y complementariedad, como luego veremos.
Si en este pasaje vemos al varón y a la mujer en sus relaciones ante Dios y ante la creación, en el segundo pasaje los vemos en sus posiciones mutuas, en sus relaciones recíprocas. Aquí es donde aparece el matrimonio-prototipo que Dios instituye. Varias cosas se nos enseñan:
- Nuestra necesidad vital. Adán estaba rodeado de un ambiente perfecto y gozaba de la compañía de Dios, con todo algo esencial faltaba allí.
- Nuestra necesidad vital satisfecha. Tal necesidad vital Dios la suple mediante el matrimonio. El matrimonio no es, pues, invención humana, sino que es idea de Dios y tiene dos componentes: es monogámico y es heterosexual. Todos lo modelos de matrimonio (poligamia, poliandria, homosexualidad) que se apartan de esta norma, son posteriores a la Caída y desviaciones del mismo.
- Nuestra unidad orgánica. La mujer procede del varón, por lo tanto hay un solo principio, un solo origen orgánico. Eso indica que la mujer no puede ser inferior al varón; sería factible pensar tal cosa si Dios la hubiera hecho a partir de otro origen, entonces tendríamos el derecho de deducir que uno de los dos es superior al otro, pero como uno sale del otro, la igualdad, de nuevo es absoluta. De manera que el machismo y el feminismo secular quedan descartados como formas de entender las relaciones entre los sexos.
- Nuestra complementación heterosexual. Si para la soledad de Adán hubiera bastado la amistad, Dios podría haber hecho un clon de Adán u otro varón para suplir la misma. Pero como el propósito de Dios mira a algo de mayor alcance y profundidad, tal necesidad la suple mediante la complementación heterosexual, que es física, psicológica y espiritual. La distinción entre feminidad y masculinidad lejos de ser una fuente de competencia o enfrentamiento es manantial de comunicación recíproca. Allí hay alguien como yo, un ser humano, pero distinto en género, no sólo en personalidad, que yo. Sólo Dios podía haber pensado y hecho algo tan estupendo. Todo lo que reduce o recorta esta distinción de género no es la clase de unión que aquí se establece.
- Nuestra unidad de designio. Manifestada en la expresión serán una sola carne. Tal cosa sólo puede darse, en plenitud, allí donde hay distinción de género. Aquí se cierra el círculo: lo que comenzó siendo unidad orgánica culmina siendo unidad de designio.
- Limpieza y santidad de este estado. Expresada en la frase estaban ambos desnudos... y no se avergonzaban.
Génesis está ahí para que los fundamentos sobre las cosas que verdaderamente importan queden patentes a cada generación. Que Dios nos ayude a nosotros a tenerlas claras.
Versículos relacionados: